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viernes, 20 de noviembre de 2015

LA BODA (Relatos palmeros)

Un nuevo RELATO PALMERO, "La boda". Este relato y el resto de los que componen la serie "Relatos Palmeros" se podrán seguir en el segundo tomo de "Las historias del búho" que saldrá a la venta el próximo año 2016.

La boda

Otro relato palmero, los personajes son ficción, pero no los hechos, dentro de las similitudes, yo estaba allí, en el Santuario de Nuestra Señora La Virgen de las Nieves, ya en otro relato comenté que al lado, en la casa de mis padres,  vivía todo el verano.
                                                                             Finca Las Nieves

El Fiat Balilla no era verde, era negro, licencia del autor.

Un día, hablando con mi madre me decía que no era verdad, le tuve que decir lo que decía en esos casos, “Bueno, pues no, lo habré soñado”


RELATO PALMERO
La boda

Pedro Fuentes

Corría el año 1.956 en Santa Cruz de la Palma, cuando la pareja formada por Iraya y Norberto, estaban preparando las cosas para casarse.
Iraya era de muy buena familia, su padre, D. Ramón, un rico terrateniente se dedicaba a la exportación de frutas, principalmente plátano, pero también tomate y empezaba a experimentar con aguacate, el abuelo, Eusebio, era el que había empezado a comprar fincas cuando la gente empezó a emigrar a Cuba y Venezuela.
Ramón se casó con su novia de toda la vida, Adelaida y al cabo de un año, tuvieron a Iraya, luego, a los 6 años nacieron los gemelos, Eusebio y Roque como los abuelos.
Norberto había terminado derecho y trabajaba en el bufete de su padre, D. Alonso, pero a la vez estaba  preparando oposiciones a Notaría, era bastante estudioso y estaba seguro de que las aprobaría, él hubiese esperado más para casarse, pero Iraya le apremiaba y pese a contar tan solo con veinte años, decía que quería ser la primera amiga en casarse y además por todo lo alto en la Basílica de Nuestra Señora de las Nieves.
D. Alonso, el padre de Norberto, no estaba muy de acuerdo en tan temprana boda, pero él lo veía con otros intereses, pensaba que cuando se casase, se olvidaría de las oposiciones o no tendría tantas ganas de estudiar, sobre todo si venían niños pronto; y así podría contar con él en el bufete, ya que cada vez iba a más y si aprobaba para notario, lo enviarían a cualquier sitio de España.
Doña Concha, la esposa de D. Alonso, no estaba tampoco muy de acuerdo, veía a Adelaida, su consuegra una nueva rica y una metomentodo, en cuanto a la niña, su futura nuera, una cursi de tomo y lomo y lo único que quería era un novio con una carrera y guapo como Norberto, su niño, hijo único y tan honrado y trabajador.
Iraya, era una jovencita guapa y con bastante buen gusto. Había hecho los estudios elementales en La Palma, en el colegio de las monjas Dominicas de la Sagrada Familia, más conocido por “La Palmita” donde adquirió una base cultural que amplió con clases de piano, bordados, cocina, etcétera.
Muy coqueta y presumida, solamente pensaba en casarse con Norberto, chico de buen ver y también bastante estirado y lucirlo en las fiestas del Casino y de la alta sociedad palmera, así como pasear los domingos después de la misa de doce en S. Salvador por la calle O´Daly más conocida por calle Real.
La boda, prevista para el 15 de Mayo, iba a ser un gran acontecimiento en La Palma, Adelaida e Iraya lo estaban preparando todo, sería por la tarde, a las seis, tenían ya contratada una rondalla canaria y una soprano, ésta cantaría durante la boda el Ave María de Schubert, la marcha nupcial estaría tocada al órgano por la profesora de piano de Iraya y también acompañaría a la soprano, luego, saliendo de la Basílica tocaría la rondalla y se serviría un vino de honor a los asistentes y curiosos, que se acercasen por Las Nieves. Luego bajarían al Santa Cruz donde se serviría un coctel de bienvenida en el Parador de Turismo y luego la gran cena con baile a continuación.
Aquella tarde, Norberto, tuvo que dejar en su casa su Fiat Balilla verde y con guardabarros negro recién comprado porque tenía solo dos puertas y tenía que llevar a Iraya y a su mamá a hacer recados para la boda, y coger el de su padre, el flamante Fort Taunus tipo familiar del 55.
Ya sabes, le decía Iraya a Norberto, cuando nos casemos, te compras otro coche más grande, además, si tenemos niños pronto, necesitaremos uno como el de tu padre por lo menos.
Cariño, si el coche que tenemos, para nosotros dos es lo mejor, además, está nuevo, me lo acabo de comprar, no tiene ni tres mil kilómetros.
No, cielo, fíjate, no podemos ni llevar a mamá.
Y así quedó zanjada la cuestión del coche.
La tensión iba en aumento a medida que llegaba la fecha de la boda, primero las invitaciones que ya llevaban varios días de retraso, el vestido que no terminaba de quedarle bien, al final habían decidido ir a Tenerife a buscarlo, pero entre pruebas y que a Adelaida también le había gustado uno allí, ya llevaban cuatro viajes a Tenerife  en el “crucerillo” La Palma para pruebas y demás.
Norberto, cariño, tienes que acompañarnos a los Llanos  a encargar unas flores para decorar la iglesia.
¡Norberto!, cielo, vamos a Fuencaliente para busca vino para después de la boda en Las Nieves.
¡¡Norberto!!, que hay que escribir los sobres de las invitaciones y ponerles los sellos.
¡¡¡Norberto !!!, ¡¡¡¡Norberto!!!!,  ¡¡¡¡¡Norberto !!!!!.
 ¡¡Cariño!! Ya he vendido el Fiat, se lo he vendido a mi amigo Raúl, lo estrenará el día de la boda para ir a Las Nieves.
¡¡¡Cariño!!! No te puedo acompañar porque tengo que ir a Tazacorte por un problema de una herencia.
Bueno, pues cuando vengas pasarás por El Paso que tengo encargada una seda para hacer unos pañuelos.
Y al fin llegó el catorce de Mayo; y entre todos fueron a Las Nieves para arreglar la Basílica con las flores, Doña Adelaida parecía un comandante en jefe dando órdenes, hasta D. Antonio, el párroco iba de un lado para otro preparando cosas, Norberto iba y venía a Los Llanos a buscar flores con el Taunus de su padre.
La Virgen de Las Nieves relucía, toda la plata del altar fue limpiada, había flores por todos los lados, hasta las maderas del artesonado del techo parecían recién barnizadas, los blusones blancos de los monaguillos habían sido lavados y almidonados, iba a ser seis, Pedrito, el titular y cinco chiquillos más  y dos sacristanes, el fijo y el hijo mayor del fijo.
A las cuatro de la tarde hicieron que se marchara Norberto por aquello de no ver a la novia 24 horas antes de la boda.
¡Amorcito! Vete ya a casa que no me puedes ver hasta mañana y no te olvides, tienes que estar mañana a las seis menos cuarto en la Basílica esperándome. ¿Quién te va a traer?
Me traerá Raúl con el Balilla.
¿Con ese coche vas a venir?
Si, así me despido de él, además mi padre vendrá con el grande con mi madre y los abuelos, llegaremos juntos y aquí mi madre me acompañará al altar como está previsto.
Y llegó el día y la hora, tal como estaba dispuesto, Norberto llegó con su amigo y detrás Don Alonso con el resto de la familia. Antes de entrar, Norberto y Raúl se fumaron un cigarrillo y luego, del brazo de su madre entró hasta los asientos que a tal fin se habían colocado delante del altar, la iglesia estaba rebosante de luz y los invitados, con sus grandes galas llenaban todos los bancos esperando a la novia.
A las seis y diez, Pedrito hizo una seña a D. Antonio y se preparó, que junto con otro monaguillo para abrir paso al cortejo de la novia, que iría acompañada de su padre, dos primos de la novia delante, después dos crías de más o menos la misma edad, una con las alianzas y otra con las arras, a continuación la novia y su padre, ella con un traje elegantísimo, con un pequeño escote que dejaba lucir en su cuello una gargantilla con brillantes y zafiros y luego una especie de corona adornada con pedrería y flores de azahar con un pequeño velo por delante que no dejaba sino ver la boca. Llevaba una larga cola que sujetaban cuatro niñas dirigidas por Anita y Eloísa, las dos amigas de Iraya.
Al entrar por entre las filas de bancos se oyó un murmullo que D. Antonio intentó acallar con un dedo llevado a sus labios por respeto al sitio donde se encontraban.
Llegó al altar, miró a Norberto y comenzó la ceremonia.
Don Antonio empezó con el clásico: Nos hemos reunido aquí para celebrar este santo matrimonio…..
Llegó D. Antonio a la parte de: “Si alguien tiene algo que objetar, que hable ahora o calle para siempre” y guardó uno segundos de silencio mientras los presentes se miraban unos a otros por el rabillo del ojo, sin atreverse a moverse por si alguien sospechaba algo. Un estremecimiento corrió por la espalda de los novios.
Raúl, el amigo del novio, que estaba sentado en los últimos bancos, viendo que perdía a su mejor amigo, salió a la puerta a fumar.
Luego, D, Antonio pidió las arras y las alianzas, y ya con los anillos en la mano, los bendijo y dijo: ¿Iraya, quieres a Norberto como esposo en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las tristezas hasta que la muerte os separe?
Si quiero, dijo Iraya a punto de empezar a llorar por la emoción.
Luego dijo: Y tú, Norberto, quieres a Iraya como esposa en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y las penas hasta que la muerte os separe?
Norberto dijo en voz baja que solamente lo oyó D. Antonio :”NO”
Y salió corriendo hacia la puerta lateral que le quedaba más cerca y que Raúl había abierto antes de la boda.
Allí lo esperaba su amigo con su Fiat Balilla con el motor en marcha, subió y salieron disparados hacia Santa Cruz.
Los más rápidos que salieron vieron como el Fiat Balilla verde reluciente con los guarda barros negros se perdía detrás de la curva de la Dehesa.
Dicen que lo vieron embarcar en “el crucerillo” La Palma. Otros dicen que se fue con la goleta “Evelia” que zarpó aquella tarde noche hacia Tetuán con un cargamento de plátanos.
Se supo que Norberto, al cabo de un año aprobó “notarías” y se fue a Galicia destinado.

FIN




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