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jueves, 17 de agosto de 2017

LUCÍA (Capítulo XVI)


Un capítulo más de la vida de Lucía, la muchacha que tuvo que marchar de su pueblo por culpa de las habladurías de las gentes que más tenían que ocultar.



LUCÍA  

Pedro Fuentes

Capítulo  XVI


Al día siguiente, a las cuatro y media, Lucía estaba esperando a su prima cuando ésta llegó, se dieron sendos besos en las mejillas y Lucía, cogió del brazo a Rosario y tiró de ella hasta la cafetería, allí pidieron dos cafés y se sentaron en una mesa.
Quería hablar contigo antes de subir, para comentarte que hablé con mi madre sobre Ricardo y se puso hecha una fiera, desde entonces no me dirige la palabra, dice que soy una puta, que trabajo en un bar de alterne, que para eso no hacía falta venir a Madrid, en fin, de todo, solamente le ha faltado decirme que para eso hubiese consentido con Antoñito y quizás ahora sería la mujer del hijo del notario, no se si recuerdas a Genaro, el primo de tu padre y a la vez primo de mi padre, él nos ha ayudado mucho aquí en Madrid, es socio del bar en el que trabajo y me protege todo lo que haga falta.
Genaro ¿No salió del pueblo por un jaleo en este caso de pantalones? Dijo Rosario.
Si, creo que si, pero yo no se que sea marica ni me importa, yo solo se que me ha ayudado y protegido, pues bien, hoy ha venido a ver a mi madre y le ha puesto las cosas claras sobre el bar y mi reputación, le ha dicho que conoce a Ricardo y le parece que es un buen chico, aunque no sabe que cuando termine se marchará.
¿Pero te ha dicho algo de un futuro en común? Cortó de nuevo Rosario.
No, todo lo contrario, me ha dejado las cosas claras, además, me ha dicho que casi sin darse cuenta, tiene un noviazgo con una chica a la que no se atreve a decirle que quiere romper y cuando se marche, después de la mili, aprovechará para abandonarla y poner tierra de por medio.
¿Y dices que no es un “cara”?
No, no lo es, simplemente dice que eso que siente no es amor.
¿Sabes que te está destrozando tu vida?
No, me está dando algo que yo no había sentido nunca, yo lo quiero, pero es verdad lo que él dice y mientras dure yo soy feliz, cuando se marche ya veremos lo que siento, pero mientras tanto disfruto de él y de la vida.
Bueno, ahora cuando subamos, no le digas a mi madre los rumores del pueblo, cuéntale las novedades, bodas, bautizos, muertes, cosas de esas y sobre todo, ni a tu madre le cuentes lo de aquí y tampoco a Fernando.
Vale, te prometo que no diré nada a nadie, espero que tu madre no me pregunte nada que no deba saber.
Si lo hace, con decirle que llevas este tiempo fuera del pueblo, que te marchaste unos veinte días después de nosotros y que no te enteras de nada aquí en Madrid, ya está.
Bueno, venga, vamos a subir, se supone que después de ayer, que vinieron Genaro y mi jefe, estará más calmada, porque lleva desde el otro día sin hablarme y no hace más que llorar cuando está a solas conmigo, luego, con las enfermeras y los médicos es otra persona.
Cuando entraron en la habitación. Estaba mirando para el otro lado, hacia la ventana, Rosario, sin decir nada se puso en su campo de visión y entonces le dijo:
¡Hola!, tía, te veo muy bien. ¿No me vas a dar un beso? Y se agachó a la altura de su cara.
Lucía permaneció al lado de la puerta y no dijo nada, esperando la reacción de su madre.
¡Hola! Rosario, cuanto tiempo sin verte, a ti si que se te ve bien, estás más delgada y muy elegante. ¿Qué haces en Madrid?
Servir, ¿se acuerda de los señores de Aspirigüeta? Si, que venían al pueblo a veranear y se quedaban en la fonda mientras le arreglaron la casa de su abuelo, Venancio. En la calle Mayor.
Engracia asintió y sus ojos parecieron alegrarse.
Si, ya me acuerdo, que él era médico aquí en Madrid y ella una gran señora, creo que tenían un hijo, ya mayorcito que no vivía con ellos porque estaba estudiando fuera, a punto de terminar la carrera de medicina.
Esos son, pues bien como la criada que tenían aquí era muy mayor, se iba a jubilar, preguntaron por una moza joven para traerla y que fuese aprendiendo. Mi madre se enteró y como iba a la fonda a trabajar, habló con la señora de mi y me contrataron, así que me vine a final del verano y estuve tres meses aprendiendo de la criada, hasta que se jubiló, ahora estoy yo sola para todo, pero me dejan bastante tiempo libre y me tratan muy bien, además ellos dos solos no dan gran trabajo. Salgo los jueves por la tarde y el domingo todo el día, pero si necesito salir para algo, de cinco a ocho puedo salir cualquier día. Salvo que tenga que acompañar a la señora al médico o a algún recado.
¿Y qué sabes del pueblo? Yo no he vuelto a saber nada de nadie, como nos marchamos de prisa y corriendo. Ya te habrá contado tu prima.
No, solamente que os apetecía cambiar de aires y que aquí ella podría tener más porvenir que en el pueblo, lo mismo que me pasaba a mí. Allí no quedan ya sino gentes mayores, los jóvenes en cuanto se marchan a la mili, ya no vuelven, se vienen a Madrid o a Barcelona y eso si no se marchan a Alemania. Si regresan, es de vacaciones y casados.
¿Así Lucía no te ha dicho nada?
No, que trabaja en una cafetería, hace su turno y el resto del día y los domingos libre. Yo estoy muy bien donde estoy, pero así cambiaría para tener más tiempo libre.
¿Tienes novio aquí?
No, a veces salgo con un chico del pueblo que trabaja aquí en Madrid, el hijo de la panadera. Pero nada serio.
¿Y mi hija, dónde está? ¿No ha subido contigo? Se pasa el día abajo fumando, no para de fumar, no se de dónde ha sacado esa manía.
Estoy aquí, madre, no quería interrumpiros.
Mire, tía, le he traído esto. Mientras hablaba, metió la mano en el bolso y sacó una caja de bombones. Supongo que los puedes comer.
Si, Si puedo, pero hace mucho tiempo que no me regalan bombones, solamente disgustos.
Gracias, hija. Dijo Engracia mientras con manos torpes abría la caja, luego, cuando quitó la tapa, puso la caja delante de Rosario y le ofreció a su sobrina, luego, cogió ella otro y puso la caja en la mesita al lado de la cama.
Lucía miró a su madre, pero ésta no hizo ningún ademán, solo dijo:
Cuéntame cosas del pueblo, Rosario.
No hay nada nuevo, cada vez queda menos gente, los mayores se van muriendo y los jóvenes se marchan, si sigue así, para el curso que viene, cerrarán la escuela, ya no habré niños suficientes, todo el que puede, se marcha a la capital, o al pueblo de al lado, allí han abierto un taller bastante grande y una fábrica de muebles, dicen que lo iban a hacer en nuestro pueblo, pero como no tenemos tren y ellos si, les va mejor para todo.
Siguieron hablando toda la tarde, pero Engracia no se dio cuenta de que su hija se iba a fumar, su prima si la vio porque estaba de frente, pero no dijo nada.
Engracia no sacó para nada el tema de su hija, solamente dijo:
Tu prima creo que sale con un soldado que no es de aquí, por lo que creo que se marchará cuando acabe la mili.
Cuando Lucía volvió de fumar, su prima le hizo una seña y dijo:
Bueno, tía, ya me tengo que ir, como me ha dicho prima que seguramente el fin de semana ya estarás en casa, ya la llamaré e iré allí a veros.
Si, Rosario, ya te llamaré, como tienes el domingo libre, quizás puedas venir a comer y quedarte todo el día. Ahora te acompañaré, ya que ahora que está mejor, me ha dicho el doctor que mejor me vaya a dormir a casa, ya que cada noche en un sofá me va a hacer caer enferma. Mientras esto decía Lucía, fue recogiendo las cosas, abrigo, bolso y una pequeña bolsa para llevar algo de ropa a casa.
Adiós, tía, hasta el domingo.
Adiós, madre, hasta mañana.
Adiós, Rosario, hasta el domingo.
Salieron las dos muchachas y fueron hasta el autobús, como vivían relativamente cerca, fueron hasta la casa de Rosario y Lucía se marchó andando después de despedirse de su prima.





miércoles, 9 de agosto de 2017

LUCÍA XV




LUCÍA 

Pedro Fuentes

Capítulo  XV


Lo primero que hizo al llegar a su casa fue llamar a Genaro, le habló de lo que había dicho el médico sobre las arritmias y que se tendría que quedar más días, luego le comentó sobre su encuentro con su prima y le pidió consejo por si creía que era bueno visitar a si madre o esperar unos días o a que estuviesen en casa.
Genaro le contestó que no pensaba que pudiese empeorar la situación, pero que mejor se lo comentaba al cardiólogo.
Luego llamó a Pepe y le comentó también lo de las nuevas pruebas que le tenían que hacer a su madre a causa del empeoramiento. Le dijo que continuaba la situación de su madre con respecto a ella y Ricardo y que estaba deseando volver al trabajo, que en cuanto estuviese en casa, buscaría alguien que le hiciese compañía mientras ella iba a trabajar. También le comentó lo de su prima y le pidió consejo, le dijo lo que le había aconsejado Genaro y Pepe también estaba de acuerdo con él.
Aprovechó Lucía para ducharse y arreglar un poco la casa, luego llamó a la vecina para decirle lo que pasaba con respecto al estado de su madre, cogió algo de ropa y unas galletas para comer en el hospital, luego marchó, cogió el metro en Iglesias y fue hasta plaza de Castilla donde cogió un autobús que le dejó en La Paz.
Cuando llegó a la planta donde estaba su madre y preguntó por el doctor, tuvo la suerte de pillarlo cuando se iba a marchar a su casa, le contó lo de la visita de su prima y el cardiólogo dijo que creía que no había problema, pero que le comentara lo del encuentro pero no le dijese nada hasta saber como reaccionaba.
Cuando entró en la habitación su madre le dijo:
Pensaba que ya no ibas a volver hasta mañana.
No, mamá, he ido a buscarte algo de ropa ya que nos tendremos que quedar más días, si tú no haces por mejorar, tendremos que seguir aquí.
Lo único que deseo es morirme y dejarte que sigas con tu mala vida.
Lucía se tragó las lágrimas y con una sonrisa falsa le dijo:
¿Sabes a quién me he encontrado?
A mi prima Rosario, está en Madrid sirviendo en una casa con un matrimonio que va al pueblo a veranear, Su madre y la hermana pequeña siguen en el pueblo, le he dicho que no contase a nadie que me había visto. Quiere venir a verte, pero no le he dicho nada hasta preguntarte a ti.
¿Quieres que venga?
¿Para qué? ¿Para que se entere de lo tuyo y que trabajas en un bar de putas?
Lucía ya no pudo más, se levantó del sillón donde estaba y salió de la habitación, pero no le dio el gusto de verla llorar, esperó a salir de la habitación y lloró tanto que una enfermera pensó que ocurría algo a su madre y entró corriendo en la habitación, al ver todo bien, volvió a salir y cogiendo del brazo a Lucía, la llevó a la sala de visitas y allí la consoló. Una vez más serena, Lucía volvió a la habitación, cogió el tabaco del bolso y se dispuso a salir, pero antes se puso delante de su madre y antes de que se volviese al otro lado le dijo:
Ya se lo he contado todo, no tengo nada que esconder. Tú eres mala y estás descargando en mí todo el odio que acumulas por tener que irte del pueblo. Me voy a fumar a la calle, pero no temas, volveré para que puedas seguir odiándome.
Dicho esto, no esperó ni a la reacción de su madre. Marchó a la calle a fumar.
Cuando volvió a la habitación de su madre, vio que todo estaba igual, preguntó a las enfermeras si su madre había llamado y le respondieron que no, que había comido correctamente y que luego se había dormido un rato, las constantes eran correctas y le habían bajado la medicación un poco por prescripción del doctor.
Lucía entró en la habitación, su madre como de costumbre se puso de espaldas a ella y su hija se dio la vuelta, le miró cara a cara y le dijo:
Voy a llamar a Rosario para que venga a verte, yo también deseo verla y que me cuente cosas, así también te enterarás de los cotilleos del pueblo y todo lo que se ha encargado el notario de difundir por allí, todo rumores con la peor mala leche del mundo.
Además me ha dicho que está en Madrid Fernando, el hijo de Pepita la panadera, aprobó para cartero y está por aquí.
Así que ya sabes, el jueves por la tarde, mañana, tienes visita.
Dicho esto, como su madre no dijo ni que si ni que no, es más, no movió ningún músculo de la cara, Lucía salió y fue al final del pasillo, donde estaba la sala de espera, se acercó al teléfono publico que allí había y llamó al número que le dio Rosario.
Le respondió ella misma:
Casa de los señores de Aspirigüeta ¿Quién llama?
Rosario, soy yo, Lucía, era para decirte que puedes venir mañana por la tarde, además antes de subir a la habitación quiero hablar contigo, porque está de muy mala uva. ¿A qué hora vendrás?
A las cuatro y media si te parece bien.
De acuerdo, yo te esperaré abajo, en la puerta principal. Hasta mañana si Dios quiere.
Adiós, prima, hasta mañana.
Volvió a la habitación, su madre en ese momento estaba charlando con la enfermera que había entrado ya que el médico dijo que había que levantarla y sentarla en el sillón, que ya era hora que se moviese algo y que si se encontraba con fuerza estuviese allí más tiempo que acostada.
Bueno, ya está, vendrá mañana por la tarde a verte.
Yo no quiero ver a nadie.
No terminó de decirlo cuando por la puerta entraron los inseparables Genaro y Pepe.
Ah, ¿Quieres que nos marchemos? Dijo Genaro.
No, no era por vosotros, es que quiere que venga a verme su prima Rosario, la hija de tu prima Amparo, que está sirviendo aquí, en Madrid y yo no quiero que venga para que no vaya al pueblo contando que mi hija trabaja en un bar de alterne y tiene un amante.
Los dos hombres miraron a Lucía los miró a los dos y luego se encogió de hombros.
Engracia, dijo Genaro, No es ninguna lacra trabajar allí, todos nos ganamos la vida decentemente, nadie allí se dedica a la prostitución ni a nada deshonroso, además, tu hija está de encargada y no tiene ni que hablar con los clientes si no le apetece, las chicas que allí trabajan son tan honradas y decentes como cualquiera. Luego, en su vida privada, hacen lo que quieren.
Pepe continuó:
Yo conozco al chico que sale con tu hija y es un hombre normal, trata a tu hija con todo el cariño del mundo y es el que ha estado corriendo con su coche para ir de arriba para abajo ayudando a Lucía mientras tú estás enferma. Por cierto, este domingo “Juran la Bandera” los “reclutas” y no saldrá hasta el domingo por la tarde, pero a partir del miércoles por la tarde ya estará licenciado y estará en Madrid.
Engracia parecía estar mas animada e incluso estuvo charlando de juventud en el pueblo con Genaro, ya que la habían compartido.
Pepe se marcho temprano ya que tenia que abrir el bar. Lucia salió con el con la intención de acompañarlo al parquin y así hablar sobre todo lo sucedido con su madre y todo lo que se habían dicho.
Igualmente, cerca de las nueve se fue Genaro y ella le acompañó hasta la parada del autobús y tuvieron tiempo de hablar de todo lo ocurrido.


miércoles, 2 de agosto de 2017

LUCÍA (Capítulo XIV)




Pero antes, quisiera volver a publicar un alegato contra la mala educación vial de algunos ciclista.


¿DE QUIEN ES LA BICICLETA?
Este alegato no va ni en contra de la bicicleta ni de las personas que deciden ir a pasear con bicicleta para hacer deporte y divertirse un rato. Va contra aquellos ¿progres? Que deciden ir en bicicleta porque ellos son así de modernos y no contaminantes o porque se ha puesto de moda o porque sí, aunque creo que el día que van en coche, se pasan las normas por el forro, porque ellos están por encima del bien y del mal.
1º.- La educación vial, como la otra, la principal, la “sin adjetivos” no se aprende en los colegios, se “mama” en casa. Pueden aprender de memoria todos los códigos, pero si no le enseñan en casa a usarlos, es como el que tiene tos y se rasca la barriga.
2º.- Los pasos de cebra son para dar preferencia de paso a los peatones, no para los ciclistas que pasan montados en bici estos NO tienen preferencia. (Ver código de la circulación).
3º.- Cuando hay un carril bici es para que vayan los ciclistas.
4º.- Los paseos son para las personas, los ciclistas, si hay peatones tienen que apearse de la bicicleta o ir a una velocidad tan moderada que no molesten ni pongan en peligro a ningún peatón, incluidos niños que están dando sus primeros pasos. Por supuesto, si al lado del paseo hay carril bici, que lo hay en muchos, tienen que ir por ese carril si van montados en la bici.
5º.- Los vehículos tienen que pasar a más de metro y medio de separación con las bicis, y viceversa, ya empieza a verse coches con cámaras para filmar a los ciclista que además de adelantar a los coches por la derecha, no respetan el metro y medio.
6º.- Los niños, menores de 16 años, si van en bicicleta, tienen que llevar en todo momento casco. Los mayores de esa edad también en vías interurbanas.
7º.- Los ciclistas también tienen la obligación de conocer y respetar las más elementales reglas del Código de la Circulación, como respetar los semáforos, los stop, los ceda el paso, las direcciones obligatorias, los pasos cebra cuando cruzan los peatones, las preferencias de paso, etc.
8º.- Los ciclistas tienen la obligación de llevar luces y ropa reflectante cuando circulan después de la puesta de sol o días sin visibilidad.
9º.- Cuando van por caminos y senderos, los ciclistas tampoco tienen preferencia si hay caminantes.
10º.- No estaría de más que obligasen a los ciclistas a llevar espejo retrovisor para que vean cuando otro vehículo quiere adelantarlos y faciliten la maniobra, es por la seguridad del ciclista y no del vehículo, a veces, yendo por vías estrechas, además, algunos, el lugar de ir por su derecha van por el centro.
11º.- En los casos de circulación muy densa, si hay coches parados, no dudan en adelantarlos por derecha e izquierda invadiendo el carril contrario.

12º.- Lo mismo pasa en pasos a nivel cerrados, e incluso pasan las vías del tren con el consiguiente peligro.


Y ahora................................................


LUCÍA

Pedro Fuentes

Capítulo  XIV

 El martes, la madre de Lucía tuvo un empeoramiento de su estado, ya le iban a dar el alta cuando tuvo unas arritmias totalmente descontroladas, los médicos no sabían muy bien lo que ocurría, hasta que Lucía le explicó al cardiólogo lo que había pEl martes asado.
Lucía se culpaba de la situación y la amargura le invadía, además, su madre, desde el sábado no le dirigía la palabra y si necesitaba algo, o llamaba a las enfermeras o se lo pedía a su hija en plan ordeno y mando y desde luego sin ninguna señal de gratitud.
Cuando Genaro y Pepe fueron el domingo por la tarde a ver a la enferma, Lucía en un aparte les contó lo ocurrido. Los dos socios, en principio dijeron que ya se le pasaría, que eran los primeros momentos, pero no era ese el parecer de Lucía, que conocía muy bien a su madre.
Por si no se le pasaba, pidió a Pepe, que era al que llamaba diariamente Ricardo, que el fin de semana próximo, no se acercara por el hospital si estaban allí o por el piso de las dos mujeres, hablarían a través de Pepe y quedarían para verse sin que se enterase Engracia.
Lucía, cuando el martes los médicos le dijeron que tendría que quedarse unos días más, quizás una semana, se hundió totalmente y adoptó una postura totalmente pasiva, se sentaba al lado de la cama a leer una revista y de vez en cuando, miraba por encima de la lectura a su madre, si ésta estaba mirando para el lado que estaba ella, se daba la vuelta hacia el otro lado. La muchacha fumaba ocasionalmente, no era una fumadora habitual, pero en vista del mal humor de su madre, se dedicó a salir de la habitación y bajar a la calle a fumar. Además, si se le ocurría que necesitaba algo, cogía el autobús y bajaba hasta su casa, aprovechando para darse una vuelta.
Aquella mañana, decidió dejar el autobús en la plaza de Emilio de Castelar y subir por Martínez Campo dirección a la Glorieta de Iglesias, hacía buen día y pese al frío del otoño que ya estaba dando paso al invierno madrileño, apetecía andar. A la altura de Fernández de la Hoz, decidió desviarse de su camino hasta García de Paredes, allí, en la Iglesia de La Milagrosa, decidió entrar a hacer una visita, estaban en misa, se arrodilló en el último banco y pidió por su madre y por ella. Cuando salió a la calle, casi tropieza con una muchacha de más o menos su edad.
¡Rosario!
¡Lucía, prima!
¿Qué haces por aquí?
Eso digo yo, ¿Vives por aquí? ¡Cuánto tiempo sin verte!
¡Ven! Vamos a tomar un café y charlamos. Entraron en una cafetería en la esquina de Fernández de la Hoz, se sentaron y pidieron dos cortados.
A ver, Rosario, tú primero. ¿Qué haces aquí?
¿Recuerdas que yo siempre quise venir a vivir aquí? Pues bien, un matrimonio que viene a veranear al pueblo, necesitaba una criada, mi madre que lo oyó y sabiendo que en el pueblo no hay ningún porvenir, habló con ellos y me contrataron, así que cuando terminaron las vacaciones, me trajeron con ellos a Madrid y aquí estoy, son muy buenas personas y además ellos dos solos, con lo cual el trabajo no me mata, vivimos aquí al lado, en Martínez Campos. ¿Y tú? ¿Qué pasó? Se habló mucho de lo que os pasó, pero nadie sabía nada, alguien hizo correr que tu madre había…cogido algo en casa del notario o que tú habías tenido un lio con su hijo, pero nadie sabía nada ni a dónde habíais ido.
¡Hijos de la gran puta! El hijo del notario, una noche que me recogió cuando salí de la academia, paró el coche en medio de la carretera, en un camino y me quiso forzar, me rompió la ropa y salté del coche, cuando llegué al pueblo, mi madre quiso que fuésemos al cuartelillo a denunciarlo, el cabrón del guardia llamó al notario y entre los dos lo arreglaron todo para darnos cuatro perras por la casa y el huerto y que nos marcháramos porque ellos negarían todo y con testigos. Nos marchamos y no le dijimos nada a nadie, solamente mi tío Genaro sabía algo, él nos ayudó aquí y me buscó trabajo. Vivimos aquí, cerca de la Glorieta de Iglesias, en Raimundo Lulio, al lado del mercado de Olavide. Mi madre ha tenido un problema del corazón y está ingresada en La Paz. Yo ahora voy para casa a buscar ropa, normalmente llego en autobús, pero hoy he bajado antes por andar.
Fernando ¿Ye acuerdas de Fernando? Siempre que me ve me pregunta por ti, está también aquí, en Madrid, aprobó la oposición y es cartero, alguna vez nos vemos y salimos alguna tarde.
Ni se te ocurra decirle que me has visto, ni a él ni a nadie. A tu madre, si acaso le dices que estamos bien y nada más, que no sabes ni donde vivimos ni nada.
¿Puedo ir a ver a tu madre?, el jueves tengo fiesta por la tarde.
No se, estando como está no se si será aconsejable. ¿Sabes que ha pasado? Verás, yo tengo un amigo al que conoció con eso del ataque y no le sentó bien, dice que somos amantes…….. Lucía le contó toda la historia a su prima Rosario.
¡Dios mío! Pues lo tienes mal, tu madre no se quiere hacer a la idea de que los tiempos cambian y esto no es el pueblo, además, ya somos mayorcitas como para saber lo que queremos. ¿Y con él no habéis hablado del futuro ni de vuestras relaciones?
No, lo que hemos hablado es que mientras dure lo aprovecharemos, además, él cuando acabe la mili se marchará.
¿Y tú lo quieres?
Es el primer hombre de mi vida, me ha ayudado mucho y no sé muy bien si es amor, cariño o agradecimiento, pero desde un principio dice que no está enamorado, que le gusto, que me tiene mucho cariño, que lo pasamos bien juntos, pero que esa llama que arde cuando estás enamorado no la siente.
¿No será un “cara dura” que quiere aprovecharse de ti?
No, porque ya me habría mandado a paseo y sin embargo se desvive por ayudarme a mí y a mi madre. Además, fui yo la que empezó todo, él se encontró en una encerrona cuando me eché en sus brazos la primera vez.
Lucía, se me hace tarde y me tengo que ir, voy a un recado de mi señora.
¿Tienes teléfono? Te llamaré para ver si puedes ir a ver a mi madre y además seguir en contacto, te daré el mío y sobre todo, ya sabes, ni a Fernando ni a nadie de dónde estoy ni qué hago.
La dos muchachas se intercambiaron los teléfonos y salieron de la cafetería, fueron juntas hasta Martínez Campos, donde Lucía marchó hacia Iglesias y Rosario bajó un par de casas más hacia Castelar.

miércoles, 26 de julio de 2017

LUCÍA Capítulo XIII

Un capítulo más de la historia de Lucía pero trascendentar en su vida, ya que será el comienzo de una vida con respecto a la sinceridad con su madre.

Y ahora......................

LUCÍA   

Pedro Fuentes

Capítulo  XIII


El domingo por la tarde, a las seis, estaban Lucía y Ricardo el La Paz, no se habían separado en ningún momento, la enferma seguía la recuperación que era favorable, las constantes eran las correctas y se le había retirado la respiración asistida y varios medicamentos, el médico de guardia estaba satisfecho de la recuperación. Incluso autorizó a Lucía a entrar y hablar con ella y la enferma reaccionó bien, recordando todo lo que había pasado y por qué estaba allí.
Ricardo ya estaba preparado para marchar al campamento de Alcalá de Henares, había quedado con dos compañeros en el cruce de Castellana con María de Molina para salir por la avenida de América hacia la Nacional II.
Bueno, Lucía, me tengo que marchar, espero que vaya todo muy bien durante esta semana, el viernes, cuando vuelva, miraré dónde estás, supongo que tu madre ya estará en casa, llamaré al bar, a Pepe para que me diga dónde estás, inventaré algo para estar contigo. Dijo Ricardo y le dio un beso en los labios a Lucía.
Espera, te acompañaré hasta el coche, dijo Lucía cogiendo de la mano a Ricardo.
¿No se mosqueará tu “novia” si te ve en dos fines de semana seguidos?
No, como ya está cerca la “Jura de Bandera”, inventaré algo. De todas las formas, dentro de dos semanas será la jura y estaré en Alcalá muy poco tiempo más porque me licenciarán. Y tendré un poco más de tiempo libre.
Llegaron al parquin y Ricardo abrió la puerta del coche y el maletero, donde puso el “macuto”.
Antes de entrar en el coche se abrazaron y besaron, luego entró en el coche y arrancó.
Salió lentamente el vehículo. Ricardo, por el espejo retrovisor no vio las lágrimas que escaparon de los ojos de Lucía.
Aquella semana, la señora Engracia siguió hospitalizada, el cardiólogo encontró algún problema en unas pruebas y decidió repetirlas y seguir con otras, por lo que la madre de Lucía siguió internada. Lucía siguió acompañándola, ya que Genaro le dijo que no se preocupase y que no pensase en ir al trabajo hasta que su madre no estuviese en casa ya restablecida.
Ricardo se mantuvo durante toda la semana en contacto con Lucía a través de Pepe, al que llamaba cada día. El jueves le dijo que el viernes tenía libre y que en cuanto saliese del Campamento iría por “La Paz”.
El mismo jueves llamó a Mary Luz y le dijo que lo habían arrestado el fin de semana. Esta se enfadó y le colgó el teléfono.
Cuando salió del Cuartel, no pensó ni en pasar por su casa a cambiarse y se fue directamente al hospital. Lucía al verlo entrar en la habitación se lanzó a sus brazos, su madre, al verlos, puso cara de extrañeza sin saber qué pasaba y quién era él.
Lucía se lo presentó simplemente como un amigo que le había ayudado cuando ella tuvo el ataque.
Más extrañada se quedó cuando su hija le dijo que aquel viernes no se quedaría por la noche y que se marcharían a cenar a las nueve. Llegada la hora los dos se despidieron de la enferma y marcharon.
Se fueron los dos a casa de ella donde Ricardo se cambió con ropa de paisano que llevaba en el “macuto”. Luego se fueron a cenar, volvieron a las once y media y se amaron hasta la madrugada.
Por la mañana, Lucía se fue a la residencia y Ricardo se quedó en la casa por temor a que Mari Luz o alguien conocido le viese por la calle.
Engracia, al ver entrar a Lucía, no esperó ni a que se quitase el abrigo, le dijo:
Lucia, ¿Quién era ese? ¿Qué hay entre vosotros dos? ¿Sois novios? ¿Dormís juntos?
Mira, mamá, Ricardo es un muy amigo mío, nos conocemos hace algún tiempo, no somos novios y si nos apetece, hacemos el amor, no hay ningún compromiso entre nosotros, somos dos personas adultas y nos gustamos, cuando él termine la mili, se marchará y ahí habrá terminado todo.
Vamos, no me digas más sois amantes y él lo mismo está casado y tú eres una adúltera, ya sabía yo que trabajar donde trabajas no terminaría bien. ¿Para eso nos marchamos del pueblo? Dijo Engracia y se dio media vuelta en la cama y no dijo nada más en el resto de la mañana.
Lucía salió de la habitación y fue a buscar al médico de guardia, cuando lo encontró le contó lo sucedido y éste, para evitar males peores, mandó a una enfermera para que le pusiese un tranquilizante a la enferma.
Cuando Ricardo llegó a la hora de comer para ir juntos a la cafetería del hospital, Lucía le contó todo y le dijo:
Ricardo, es mejor que esta noche no deje el hospital, se ha puesto muy nerviosa, ya nos veremos la semana que viene, si todo va bien, el lunes le dan de alta y yo volveré a trabajar. Aprovecha para que te vea tu “novia” y nos veremos en el bar y en tu casa.
Comieron juntos y a medía tarde se despidió de ella que le acompañó al parquin y otra vez la despedida fue amarga.
Ricardo se fue a su casa y desde allí llamó a Mari Luz y le dijo que les habían levantado el arresto y que había podido salir del cuartel. Quedó con ella y pasaron el resto del sábado y parte del domingo juntos.

Con el pretexto de ir a buscar a unos compañeros con los que había quedado, dejó a la joven en su casa y se fue al hospital para decirle adiós a Lucía.

miércoles, 19 de julio de 2017

LUCÍA Capítulo XII

Un nuevo capítulo de la historia de Lucía, esta muchacha que tuvo que salir de su pueblo natal y marcharse a Madrid donde entró a trabajar en un bar de alterne.

Y ahora ........................................

LUCÍA


Pedro Fuentes

Capítulo  XII


Antes de entrar en su piso, llamó a los vecinos para explicarles todo lo que les había dicho el médico y que no se podría entrar a visitarla hasta que no estuviese en planta.
Una vez informados entraron en el piso.
Ricardo, ¿Quieres ducharte?
Pues si, ya que a mi casa no puedo ir por si a María José le da por pasar por allí, además de todo, es una celosa tremenda y más desconfiada todavía. Aunque quizás si me descubriese alguna aventura me dejaría tranquilo, pero creo que sus hermanos me matarían antes.
Lucía sacó unas toallas de un armario y se las dio a Ricardo.
Ven, te enseñar dónde está el baño, y diciendo esto, cogió a Ricardo por el brazo y tiró de él.
Ricardo sorprendido por el tirón brusco, tropezó, ella paró para que se recuperase y sin haberlo preparado ninguno de los dos, se encontraron con sus cuerpos enfrentados y pegados contra la puerta del baño que estaba cerrada, sin darse cuenta de lo que estaba pasando, sus labios se entreabrieron y un largo beso los unió.
Todo lo demás vino rodado y a continuación, fue un baño relajante, el agua y jabón recorrían sus cuerpos bajo el ligero masaje de sus manos. Secaron sus cuerpos mojados por el agua y sudorosos y se metieron en la cama desnudos como estaban.
Ricardo, ha sido mi primera vez y no sé cómo he podido actuar así y más cuando entre nosotros no hay ni ha habido un sentimiento de amor.
Las cosas son como son, creo que nuestros cuerpos han necesitado de lo ocurrido para relajarnos, yo siento un gran cariño y amistad por ti, pero creo que jamás me he enamorado de nadie, somos dos personas adultas llenas de deseos y ansiedades y eso nos ha unido y desde luego no me arrepiento, pese a haber sido un acto reflejo, ha sido fabuloso y dispuesto a compartirlo siempre que tú lo desees.
Lucía le besó en la boca y sus cuerpos se volvieron a encontrar.
Durmieron durante tres horas y no abrían despertado si no hubiesen tenido un hambre atroz, se levantaron y entre los dos prepararon la comida, después de comer cogieron el coche y marcharon de nuevo al hospital.
Cuando llegaron a urgencias, la enfermera que estaba de guardia, al ser preguntada dijo que no había novedad que todo seguía su curso y que la ausencia de noticias era la mejor de las noticias, luego, en un acto de generosidad le dijo a Lucía:
Ahora que no hay nadie, si lo deseas, te llevaré hasta la puerta para que la veas. Y dicho esto, salió de su garito y llevó a Lucía hasta la puerta, la abrió y dejó que la muchacha mirara dentro. Su madre parecía dormir apaciblemente y la máquina de la pantalla verde seguía con su pitido rítmico.
¿Qué vas a hacer esta noche? Dijo Ricardo. Yo estoy libre y a tu disposición, hasta mañana domingo, a las siete y media no tengo que salir para Alcalá de Henares, si quieres quedarte aquí, yo te haré compañía, pero estando la situación estable como está, creo que deberías irte a casa y descansar, tienes por delante mucho jaleo, ya que tu madre necesitará hacer un fuerte reposo y tú tendrás que estar a por todas, yo tengo que estar toda la semana en el campamento y luego los fines de semana algo me podré escapar pero no todo lo que querría.
Bueno, ya sé lo que se me presenta, me gustaría quedarme, pero será diferente cuando esté en planta que por lo menos podré dormir más cómoda aunque sea a ratos. Creo que siguiendo como están las cosas, si creo que debo ir a dormir a casa y mañana, a las diez, cuando los médicos hagan la ronda, estar aquí para ver cómo está la cosa.
En aquel momento, vieron cómo entraban en la sala de urgencias Pepe y Genaro, fueron hacia ella y le besaron en las mejillas.
¿Cómo está? Dijo Genaro y asintió Pepe.
Estable, está estable dentro de la gravedad, dicen los médicos que es muy grave pero que hasta las primeras setenta y dos horas no se puede decir nada ni remite la gravedad, que si pasan esas horas, el panorama es bueno porque aunque tenga que llevar una vida con algunas limitaciones su calidad de vida no estará mermada.
¿Necesitas algo? No te preocupes por el trabajo, tómate todo el tiempo que necesites.
Gracias por todo, hasta el lunes por la mañana Ricardo, al que ya conoces, está a mi disposición, esta noche, ya que todo está estable, me iré a dormir a casa, él me llevará y me traerá mañana, para el lunes ya te diré algo, pero hasta aquí hay muy buen transporte desde casa.
Sobre todo dinos algo, y si necesitas algo, dijo Genaro, tu madre es fuerte y saldrá adelante.
Salieron los cuatro a la sala de fumadores y se dispusieron a fumar todos menos Pepe que desde que lo operaron, ya no fumaba.
¿No tienes que ir al cuartel, Ricardo?
No, hasta mañana por la noche estaré libre.
Lucía y nosotros te damos las gracias por lo que estás haciendo.
Es lo normal, nos hemos hecho buenos amigos gracias a las charlas que nos pegamos en el bar.
Estuvieron quince minutos más y luego dijo Pepe:
Bueno, nos tenemos que ir, hoy es sábado y el bar se pondrá hasta los topes, por cierto, las niñas nos han dado recuerdos para ti, Lucía y esperan que tu madre se recupere pronto.
Besaron a la muchacha y dieron un apretón de mano al Ricardo y marcharon.
Son dos buenos amigos tuyos, te ayudarán en todo.
Genaro es mi tío, el único familiar que me queda, bueno, no, en el pueblo tengo una tía de mi madre y su hija, mi prima Rosario.
Estuvieron media hora más en el hospital y luego marcharon hacia Chamberí.
Cuando estaban llegando, Lucía dijo:
Ricardo, supongo que te quedarás conmigo, no sea que te vaya a ver tu chica.
Si tú lo deseas, si, pero ahora que es tarde tendré que pasar por mi casa para recoger mi ropa de militar.
¿Como lo hacemos? ¿Voy contigo o te espero en casa?
Mejor voy solo, tú espérame en casa.
Dejó a Lucía en la puerta de su casa y fue hasta su casa en Galileo, aparcó cerca pero en otra calle y fue hasta su casa, entró rápidamente y recogió las cosas. Al salir, se topó con la vecina.
Hola, Ricardo, ¿No estabas en el cuartel? Si, lo estaba, pero me han dejado salir, junto con otros compañeros, ya que ayer, cuando nos avisaron tuvimos que irnos con lo puesto, ahora me está esperando uno y tenemos que ir a buscar a dos que viven más lejos.
Tu novia vino a ver si estabas.
Si, ya he hablado con ella. Dijo Ricardo con cara de jugador de póquer. Le he dicho que si me sobran cinco minutos iré a verla.
Bajó corriendo las escaleras y cuando llegaron al portal dijo en voz alta para que le oyera la vecina:
¡Vamos, que nos esperan!
Cuando llegó, Lucía había preparado una gran tortilla de patatas y una botella de vino tinto que reposaban encima de la mesa.
Con el cansancio del día, nada más cenar, Lucía dijo:
¿Nos vamos a dormir?
Cogió a Ricardo de la mano y lo llevó hacia la habitación.
La noche fue breve pero intensa, pero cuando amaneció estaban descansados, se ducharon, desayunaron y marcharon hacia La Paz, eran las nueve de la mañana.
Lo primero que hicieron fue ir al despacho de urgencias para preguntar cómo había pasado la noche la enferma.
Sin novedad, las constantes siguen bien y no ha habido ninguna alteración, de todas las formas, luego pasará el médico de guardia y ya les comunicará el doctor como está todo. Dijo la enfermera de guardia.
Lucía respiró profundamente y se relajó.
Verás como todo se arregla, ya han pasado más de veinticuatro horas y todo marcha correctamente. Dijo Ricardo.
No te dije nada anoche, pero cuando fui a casa a por mi ropa, me encontré con la vecina, me dijo que María José había estado por la tarde por ver si yo estaba allí o me pillaba en renuncio, supe salirme del paso y le dije que como nos habían llamado con tanta urgencia, no nos habían dejado ni ir a casa a recoger la ropa y que en un descanso, nos habían dejado ir a Madrid a recoger lo más elemental, que yo había ido con tres compañeros más, que uno me esperaba ya en el coche y ahora nos íbamos a buscar a los otros dos.
Menos mal que no la había engañado nunca, pese a todo, no lo hice nunca, lo que pasa es que me parece que más por miedo que por otra cosa.
La verdad, no sé cómo has podido aguantar tanto tiempo.
Yo tampoco, fue una cosa que vino rodada, nos conocíamos desde hace mucho, salíamos de vez en cuando, pero yo no he llegado nunca a expresarle mi amor, porque no la amo, empezó presentándome a sus padres y a sus hermanos, y lo hizo como “mi novio” no supe decir nada en mi defensa y de pronto me vi ahorrando para casarme.
En realidad, solamente he estado enamorado una sola vez, era un chiquillo y ella, aunque más madura que yo, no dejaba de tener quince años, fue mi primer amor, pero aquello que sentí por ella, no lo he vuelto a sentir. He salido con unas cuantas chicas, pero aquel amor tan profundo y bonito como aquella vez, no lo he vuelto a sentir.
Desde que te conocí, vi que eras una amiga ideal y como amiga te tengo un gran cariño y quizás solo con eso puede ser que pudiese pasar toda la vida a tu lado, pero no siento ese sentimiento de amor, de sentirte parte de mi mismo, de desear una entrega total, no sé si no he sabido expresarme, no sé si con el tiempo pueda sentir algo más, pero ese rayo que te da toda la luz del mundo, no lo he sentido y no quiero que me pase que un día aparezca ante mí ELLA y lo deje todo y a todo el mundo por seguirla hasta el fin del mundo.
No quiero que te hagas ilusiones vanas, según me dijiste ayer, era el primer hombre de tu vida, no quiero que eso te confunda, no es lo mismo ser el primero que el verdadero, algún día vendrá ese que tú esperas y te mereces.
Te entiendo y veo que tienes razón, pero me he sentido tan llena a tu lado, me has hecho sentir como no había sentido nunca, Después de la mala experiencia que tuve con aquel desgraciado en el pueblo, tú me trataste con tanto respeto y tanto cariño, la suavidad de tus caricias, los tiernos besos, tan suave todo que me parecía que era porcelana,

No quiero que eso termine, por lo menos antes de que llegue la hora, quiero que me hagas el amor a cada momento, pero también quiero que no me engañes, que cuando decidas poner fin a lo nuestro, aunque no sea más que cariño y deseo me avises. No quiero sentirme engañada.

miércoles, 12 de julio de 2017

LUCÍA XI


 Bueno, ya estoy aquí de nuevo, vengo de dar una pequeña vuelta por el mundo, he conocido varios países y muchas personas de diferentes culturas y me he enriquecido cada día un poco más, vuelvo y me encuentro con las mismas gentes, unas con ansias de ampliar sus mundos, pero por desgracia, también me reencuentro con aquellos que cuando me fui querían restar y dividir en lugar de los que queremos sumar y multiplicar, la cultura se agranda con el conocimiento y ésta con el encuentro de otras personas con otras ideas, otros idiomas, otros pensamientos.

Con lo pequeño que es el mundo, hay quienes quieren cortar con los vecinos porque piensan diferente y quieren sentirse glorificarse con los que no saben ver más allá de lo que la vista, corta, les engaña, hay otros mundos, otras culturas, otros pensamientos que nos engrandecen al compartirlos con nuestros queridos congéneres.

No seáis “piltrafillas” ¿No os parece que ya somos adultos que no estamos en patios del colegio diciendo? : Con éste ya no me “ajunto” y a ti ya no te hablo porque no me ríes la gracia ni me apoyas en mis ansias de reñir con los hermanos.  

Y ahora un nuevo capítulo de.........................


LUCÍA

Pedro Fuentes

Capítulo XI


Iba transcurriendo el tiempo y Ricardo seguía con sus escapadas de fin de semana, era el único tiempo libre que tenía y cuando los domingos por la tarde marchaba al campamento, le parecía un relax pensar que hasta el viernes por la tarde no veía a su “novia formal”. Luego, cuando el viernes llegaba la hora de dejar en su casa a María José, una bocanada de aire fresco parecía llenarle los pulmones, entonces cogía su Renault Dophine y se marchaba a ver a Lucía con la que le unía una buena amistad.
Aquel viernes, cuando llevaba una medía hora en el bar, Pepe llamó a Lucía.
Lucía, ven, te llaman por teléfono.
Ricardo estaba jugando a la máquina, pero oyó a Pepe, como estaba enfrente del teléfono, vio que Lucía cambiaba el gesto de su cara por un rictus de susto. colgó el teléfono y fue hacia Pepe. Habló un par de palabras con él e inmediatamente llamó a Ricardo y le dijo: Era mi vecina, mi madre se ha puesto mala y la han llevado a La Paz, ¿Tienes el coche cerca, Ricardo? ¿Me puedes llevar?
Si, lo tengo aquí cerca, en la plaza de Arapiles. Vamos.
Salieron a la calle y ni siquiera notaron el frío que hacía. Montaron en el coche y salieron hacia la Castellana para subir hacia Plaza de Castilla y a la Residencia de La Paz.
Ya en La Paz, les enviaron a urgencias, allí estaban la vecina y su marido, cuando les vieron, la señora, dirigiéndose a Lucía le dijo:
Tu madre ha tenido una angina de pecho, está muy grave, pero de todas formas ha dicho el doctor que cuando llegases tú, que le avisemos en recepción de urgencias que te dirá lo que hay.
Rápidamente Lucía y Ricardo se dirigieron a la ventanilla y cinco minutos más tarde, les llamaron y los llevaron a un despacho donde les esperaba el doctor, un hombre de unos cincuenta años, moreno, con una bata blanca en la que encima del bolsillo del pecho, a la izquierda ponía A. Servando.
Siéntense, dijo el doctor y a continuación, dirigiéndose a Ricardo dijo:
La señora Engracia tiene….
Ricardo le interrumpió: perdone, doctor, ella es Lucía, su hija, yo solo soy un buen amigo de ella.
Perdone, dijo el médico, dirigiéndose esta vez a Lucía, su madre tiene una angina de pecho muy severa, ahora mismo está controlada, pero las próximas 72 horas son cruciales. Si pasa éstas sin complicaciones podremos decir con casi total seguridad que se repondrá, pero por ahora no podemos ni dejarla ver, aunque está sedada y dormida, porque dentro de estas 72 horas, las primeras 12 son de extrema gravedad, yo les aconsejaría que se fuesen a casa, descansen y mañana será otro día, no se preocupen que si hubiese alguna novedad les avisaríamos.
No, doctor, yo me quedaré.
No disponemos de habitación para acompañantes, tiene que ser en un sillón en la sala de espera.
Es igual, me quedaré.
Como usted quiera, Señora….
Lucía, soy Lucía.
El doctor les acompañó a la puerta, les dio la mano y dijo:
No se preocupe, Lucía, a la más mínima novedad les avisaremos.
En la sala de visitas, se encontraba la vecina de Lucía, una vez informados de lo dicho por el doctor, quedaron que marcharían a su casa y le prepararían a Lucía una maleta con varias cosas que ésta les preparó en una lista y Ricardo iría a buscar.
Marcharon pues los vecinos y Ricardo y Lucía entraron en la sala de visitas para dar tiempo a que preparasen el encargo. Al cabo de un cuarto de hora salió Ricardo a recoger el encargo y volvió a la hora.
Se sentaron en dos sillones contiguos y Lucía dijo:
Gracias, Ricardo, ya puedes marcharte, yo me quedaré aquí, si necesito algo, si no te importa, te llamaré.
No, no me voy a ir y dejarte aquí sola, me quedaré haciendo te compañía.
Se sentaron el uno al lado del otro pero no hicieron ni por dormir, Lucía empezó a contarle a su compañero lo que había sido la vida en el pueblo, le contó que no había conocido a su padre porque cuando murió ella era muy pequeña, su madre tuvo que dedicarse a la casa, un pequeño huerto y unos animales, conejos y gallinas y un cerdo que compraban cada año siendo un lechón para engordarlo, además se dedicó a trabajar en la limpieza de varias casas, así pasaron los años dedicada a sacar a su hija adelante.
Cuando Lucía llegó al momento de explicarle lo ocurrido con Antonio y cómo tomaron la decisión de marchar a Madrid, a Lucía se le humedecieron los ojos, Ricardo le tomó su mano derecha entre las suyas y se la llevó a los labios y la besó, Lucía acercó su cara a la de él y le rozó ligeramente la mejilla con su boca.
No llegaron a dormir, parecía que se habían intercambiado los roles y era Ricardo el que estaba detrás de la barra oyendo pacientemente a los clientes. Así llegó el amanecer.
A las ocho y media, Ricardo bajó a recepción y desde allí llamó a su “novia” para decirle que lo habían llamado de Alcalá de Henares, del campamento porque estaban haciendo un ejercicio de emergencia y tenían que volver al cuartel, así que hasta el viernes siguiente no se verían.
Al poco rato llamó Lucía a su tío y a Pepe para informarles del estado de su madre.
A eso de las diez, pasó el médico e informó de que el estado de la enferma era favorable, ya que no había habido ninguna alarma, que todo era estable.
Su madre ahora está semi despierta y podrá entrar un momento a verla, usted sola, en setenta y dos horas, si sigue así, la trasladaremos a planta y podrá recibir alguna visita, mientras tanto solamente podrá verla cinco o diez minutos al día.
Lucía, acompañada del médico, pasó a la habitación y se sorprendió al ver a su madre, había envejecido varios años, además estaba despeinada y de su brazo derecho le salía una vía, del gota a gota, llevaba una mascarilla por la que le suministraban oxígeno y a la vez estaba conectada una pantalla color verde en la que se representaban con una línea quebrada los latidos del corazón y emitía un pitido a la vez.
Lucía se acercó a ella y puso su mano sobre la de la enferma, a la vez que con la otra mano le alisó el cabello. La señora Engracia la miró y su boca esbozó una ligera sonrisa, no dijeron nada, a los dos o tres minutos, el médico le puso una mano sobre el hombro y le indicó que tenían que salir.
Cuando salieron, Lucía fue hacia Ricardo, que estaba al lado de la puerta y se dejó caer en sus brazos, mientras lloraba, al cabo de unos minutos, cuando se serenó, él le dijo:
Creo que deberíamos ir a tu casa para que descanses algo y luego volvemos.
No, Ricardo, tú ya has hecho demasiado por mí, tienes tu vida y has de seguir con ella, yo te agradezco mucho lo que has hecho por mi madre y por mí, pero no podemos seguir molestándote, gracias, Ricardo, ahora, si deseas, puedes llevarme a casa, pero tienes que seguir con tus cosas.
No, Lucía, desde el primer momento me ofrecí a ayudarte con todas las consecuencias, este fin de semana, como sabes lo tengo libre y estaré a tu lado para lo que necesites.
Gracias, Ricardo, no sabes lo que te lo agradezco, pero no quiero que pongas en peligro tu relación por mi culpa.
Mi relación está en peligro desde que comenzó, cosa que no debió pasar nunca, así que anda, vamos al coche.
Antes de salir, Lucía habló con las enfermeras y les entregó la pequeña maleta con cosas de su madre por si las necesitasen. Luego salieron, fueron al aparcamiento y cogieron el “Dophine” de Ricardo. Este puso el coche en marcha y salieron Castellana hacia abajo hasta la plaza de Emilio Castelar, subió por General Martínez Campos hasta la Glorieta de Iglesias y bajó por Juan de Austria hasta la casa de Lucía, al ser domingo pudo aparcar en la misma puerta.