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miércoles, 24 de enero de 2018

LUCÍA

Un nuevo capítulo de Lucía, aquella muchacha a la que llamaron "La muchacha de una sola pierna" Relato que se puede leer en este mismo blog. Ahora contada desde el principio de la historia, con la desagradable situación por la que se vio obligada a dejar el pueblo donde nació y había vivido hasta entonces y marchar a la capital para intentar empezar una nueva vida.


Y ahora...............


LUCÍA 

Pedro Fuentes

Capítulo  XVIII


Llegó al hospital y subió a la planta donde estaba su madre, no iba nada animada, le costaba llegar, quería a su madre que además se había dedicado toda su vida a sacarla adelante, pero no era una mujer nada expresiva, era incapaz de decirle una palabra cariñosa, encima, los últimos días, desde que se había enterado de su historia con Ricardo, agravado con su trabajo en un bar de alterne o de “putas” como ella decía, no había forma de hablar con ella ni que ella le comprendiese en lo más mínimo, para su madre la vida era así, o eras como dictaban las normas o eras una pecadora, quizás a otras personas las hubiese perdonado, incluso a su prima la hubiese comprendido o aceptado, pero a ella, a su hija, a ella no, su hija era una pecadora.

No es que fuese Engracia muy religiosa o una beata, que no lo era, no había sido nunca, era el qué dirán, era de esas personas que de los diez mandamientos le sobraban nueve, el pecado era el sexo.

Antes de entrar en la habitación, la enfermera habitual, se cruzó con ella y sonriendo le dijo:

Ha pasado el doctor, ha dicho que mañana saldrá, que todas las constantes son buenas y goza de muy buena salud.

Si, pero ahora entraré yo, dijo Lucía y verás como parecerá que se esté muriendo.
Esta mañana he estado en la habitación un rato, me he sentado al lado de ella y me ha estado contando tu vida y milagros, a mi no me importa en absoluto lo que hagan las personas, a ti te veo como una mujer adulta que sabes lo que haces y no ye preocupa lo más mínimo los comentarios de tu alrededor, y lo veo muy bien, tu vida es tuya y solamente tuya.

Si, pero ¿Tú sabes lo que es vivir con una persona así que te machaca constantemente?, es imposible, ya no tengo ganas ni de venir a verla, si no fuese porque es mi madre, desaparecería y no la volvería a mirar a la cara.

Va, venga, anímate, piensa que está aquí encerrada y aburrida, verás como cuando llegues a casa todo irá mejor.

Lucía le sonrió ligeramente y marchó para la habitación. Su madre estaba sentada mirando por la ventana, ya no llevaba ni gotero ni estaba conectada a ningún aparato.
¡Hola! Madre dijo y se agachó para besarla en la mejilla, su madre se quedó estática sin mover ni un solo músculo y le dijo un hola que pareció un adiós.

¿Te ha dicho el médico que mañana nos vamos a casa?

Si, ya me lo han dicho, luego, a la tarde recoges todo lo que puedas y así mañana iremos más de vacío.

Esta mañana he ido a comprar para el domingo cuando venga Rosario a comer.
Supongo que ahora empezarás a ir a ese sitio por las noches, te habrá faltado tiempo para decirle que pronto irás, no me explico como Genaro se ha metido en esos negocios y encima meterte a ti también, claro que con la vida que lleva….., ya se tuvo que ir del pueblo por los escándalos que dio con un forastero que vino destinado allí, claro, que el otro, como no lo conocía nadie, se quedó hasta conseguir otro destino, hasta tu padre, su hermano, dejó de hablarle, al poco tiempo murió, yo creo que del disgusto.
Mi padre murió de un accidente con un tractor.

Si, pero seguro que iba distraído preocupado con lo que había pasado.

Pues cuando el hijo de puta del notario nos echó del pueblo, bien que recurriste al tío Genaro, que si no llega a ser por él, a saber que hubiese  sido de nosotros. Además, ya te hemos dicho todos que aquello es un bar normal y corriente, solo que abre por las tardes y está atendido por camareras que no se van acostando con los clientes.

Pues tú fue lo primero que hiciste y seguro que lo metiste en mi casa  en mi ausencia.
Ricardo tiene su piso aquí cerca y gracias a él yo he podido estar arriba y abajo porque me ha llevado en su coche.

Sí, también el otro te estuvo llevando en su coche y quien sabe si tú no te insinuaste.
A Ricardo lo quiero y me gusta, además, si cuando termine la mili se marcha y no lo volveré a ver, me quedará su recuerdo. Piensa en una cosa, si cuando se marche me dice que me vaya con él, no me lo pienso, ni siquiera cojo ropa interior, ni te aviso, me marcho con él al fin del mundo, ya estoy más que harta de que me trates como una puta cuando he estado atendiéndote en cada momento y encima a mi tío Genaro, que ha sido el único que te ha ayudado, lo tratas de maricón para arriba cuando a ti no te debe importar lo que hagan las personas en su vida privada.
Me voy a fumar a la calle, piensa un poco en lo que te he dicho y espero que recapacites. Se puso el abrigo sobre los hombros, sacó del bolso un paquete de LM y una caja de cerillas y salió por la puerta de la habitación apresuradamente para que su madre no viese las lágrimas que aparecían en sus ojos.

Cuando salió al pasillo, la que si la vio, fue la enfermera con la que había hablado a su llegada

¿Qué te pasa, Lucía?

Nada, lo de siempre, que no tolera que tenga un amigo, me echa la culpa de todos sus males y encima, como trabajo de camarera en un bar de copas dice que soy una puta. Tengo veinticuatro años y jamás he salido con ningún chico en serio, ahora que tengo un amigo que si no fuese por él, no aguantaría lo que estoy pasando con mi madre, me dice que soy una perdida y que no perdonará jamás que nos fuésemos del pueblo y que la gran ciudad me está devorando, porque hasta según ella, fumo.
¿Os tuvisteis que ir del pueblo?

Si, yo  tenia 19 años cuando pasó todo….., Lucía le hizo un breve resumen de lo que ocurrió con Antonio y su padre.

¡Jesús! Menuda vida, ¿Y no pudiste hacer nada?

No, esa gente tiene mucho poder en el pueblo y el sargento de la Guardia Civil estaba de su lado y nos metieron el miedo en el cuerpo.

Gracias a mi tío que me consiguió un trabajo en su bar, donde lo único que pasa es que está atendido por camareras y tenemos comisión por las rondas que consumen, ella dice que estamos practicando la prostitución. Y como encima, el único que nos ha ayudado, mi tío, que es homosexual y se tuvo que marchar del pueblo por eso, mi madre dice que somos todos unos perdidos.

¡Jesús! ¡Jesús! ¿Y todavía pasan esas cosas en los pueblos? Antes de irte, te voy a dar mi teléfono y dirección por si algún día necesitas algo. Yo vivo en un piso con tres amigas que en su día vinimos de diferentes sitios a estudiar y nos quedamos aquí para no tener que dar explicaciones a nadie y no estar atadas a falsos convencionalismos.
Bueno, me voy a fumar a la calle para despejarme.

Y yo voy a pasar por la habitación de tu madre para ver cómo “respira”.


Lucía entró en el ascensor con el cigarrillo ya en la boca y una caja de cerillas en la mano esperando para encender el pitillo nada más salir en la planta baja.


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