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miércoles, 21 de febrero de 2018

LUCÍA Capítulo XX


Un nuevo miércoles, otro capítulo de Lucía  la mujer que llamaron "La muchacha de una sola pierna" cuando llegó del pueblo que tuvo que abandonar por la mala intención de unos y las habladurías de otros.



Y ahora............



LUCÍA


Pedro Fuentes


Capítulo  XX




El domingo, a las diez y media, Rosario salió de su casa, tenía permiso como cada domingo para llegar a las nueve de la noche, sus patronos, el domingo se iban a comer fuera, pero la cena la hacían en casa y Rosario llegaba a tiempo para preparar la cena, así que subió hasta la plaza de Iglesias y allí, compró una bandeja de pastelistas para llevarle a su tía, luego bajó por Juan de Austria hasta Raimundo Lulio. Llamó al timbre y Lucía se apresuró a abrirle, acababa de servirle el desayuno a su madre y ya estaba arreglada.

Se saludaron con un par de besos en la mejilla y luego saludó a su tía que seguía sentada en la mesa.

¿Qué tal, tía? ¿Cómo te encuentras? Ahora en casa supongo que mejor, si quieres voy a ayudar a Lucía con la comida, que verás que tendrá más sabor, casi como si hubiésemos echado sal y luego si queréis, como hace buen día, si el médico te lo permite, bajamos a la calle y andamos un poquito, podemos ir a la plaza de Olavide.
Lucía terció: Si, un ratito me ha dicho el médico que puede salir, además dijo el doctor que es bueno que ande, que vaya cada día aumentando el paseo.

Engracia se animó con la idea y se puso a ver la televisión hasta que las muchachas salieran de la cocina.

Engracia y Lucía entraron en la cocina.

¿Qué vamos a hacer? Dijo Rosario

Si te parece podemos hacer unos macarrones y luego un poco de pollo a la plancha.
Bueno, primero ponemos el pollo con romero, tomillo, un poco de pimienta y orégano, le pondremos a macerar con un poco de aceite para que las hierbas se adhieran.

Mientras iban sacando las cosas y preparándolas, Rosario empezó a cantar, poco a poco se iba animando imitando a doña Concha Pique, la verdad es que lo hacía bastante bien, tenía buena voz y entonaba bien aunque nunca había estudiado ni canto ni música.

Caray, prima, no sabía yo que cantabas tan bien.

¿Qué tal vas de amores? Dijo Rosario
.
Esta noche vendrá, hoy ha sido la jura de bandera y ahora tendrá unos días de permiso, luego vuelve al campamento y ya se licencia.

¿Y después?

No lo sé, estará a la espera de que en su empresa lo envíen creo que a Barcelona.
¿Y te llevará con él?

No hemos hablado de eso, además, yo no me puedo ir, aquí tengo el trabajo y a mi madre.

¿Qué pasará?

No lo sé ni me importa, he pasado con él los mejores ratos de mi vida, puedo vivir de recuerdos toda la vida; si me olvido de él, puedo morirme.

Ya te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir aunque te enfades conmigo, creo que ese chico se está aprovechando de ti
.

No, desde el primer momento que lo conocí hemos tenido claro que nuestra relación tenía principio y fin, él me ha dicho siempre que me tiene mucho cariño y que me quiere, pero que no está enamorado de mi y yo lo quiero, creo que lo amo y que estoy enamorada de él, pero eso no es suficiente, ¿Lo amo? Si, ¿Estoy enamorada de él?

¿Qué es el amor? No lo sé.

Yo tampoco lo sé, pero es tan malo quedarse sola, sin alguien que sabes está ahí y en quien te puedes apoyar cuando lo necesites.

Pero eso no es amor, puede ser amistad, puede ser egoísmo, pero no es amor. Puedes quererlo, porque el roce hace el cariño, pero amor, lo que es el amor, no se encuentra ahí, el amor es ser uno solo de la unión de dos.

Bueno, es muy complicado, no es nada fácil de saber ni entender.

¿Y tú y Fernando? ¿Salís en serio?

No lo sé, salimos, nos vemos a menudo, casi cada jueves y domingo, pero no hemos hablado nunca de nada en serio, la verdad es que Fernando casi cada día me pregunta si sé algo de ti.

Pero si solamente nos veíamos en el autobús y aquel día que fuimos a bailar y empezaron todos mis males
.
¿Qué te pasó con Antonio?

Ya te lo conté, quiso aprovecharse de mí en el coche.

¿Por qué fuisteis a denunciarlo? ¿No sabíais que no pasaría nada?

No se puede pasar por esas, si todas las que hemos estado en sus manos.
 hubiésemos denunciado, quizás ahora no estaría tan tranquilo.

Toda su pandilla hablaba de ti como si hubiesen estado contigo y que fueses una puta, ahora si que no podréis ir al pueblo. Mi madre no sabe nada de nada ni yo le he contado que te he visto aquí en Madrid, pero siempre me dice que le gustaría saber de vosotras y poder veros. En el tiempo que llevo aquí ha venido una vez, al médico, pero no sabe ni dónde estáis, ni si en Madrid o en otro sitio.

Tu tía no quiere que sepan de nosotros ni que sepan que trabajo en un bar de putas como ella lo llama y si no fuese porque Genaro nos ayudó y está siempre aquí pendiente de ella, tampoco querría ni verlo. En realidad es una puritana.

Bueno, ya tenemos la comida preparada para darle el último toque luego, como verás, ni al sofrito le hemos puesto sal, con las especias le daremos otro sabor. Si a tía le gusta el ajo, siempre puedes aliñar con ajo, ya sea crudo o frito, además coge una aceitera y ponle dentro unos ajos partidos y un par de hojas de laurel rajadas y aliña con él las ensaladas y las judías verdes. Ahora, si te parece, cogemos a tu madre y salimos a pasear un rato.

Las muchachas salieron de la cocina, ayudaron a Engracia a terminar de arreglarse y salieron a la calle rumbo a la plaza de Olavide, pasearon por la plaza aprovechando que el sol calentaba bastante para el tiempo que estaban, luego subieron por Santa Feliciana hasta Juan de Austria hasta Raimundo Lulio, Engracia iba en medio de las dos jóvenes cogida de ambos brazos, pero hablaba con Rosario, toda la conversación se circunscribía a las preguntas que Engracia hacía sobre la vida en el pueblo y vida y milagro de los paisanos. Rosario, que además de “pasar” de sus vecinos, iba con pies de plomo para no hablar de según qué temas, no sabía qué contestar, Lucía que veía la situación intentaba cambiar de tema, hasta que llegó un momento que le dijo:

Vale, madre, si tanto quieres saber, si quieres hacemos un viaje al pueblo y vemos a la gente.

Si, para que nos pongan como “vuelta de perejil”

No, madre, si acaso me ponen a mi y la verdad es que “me importa un pito” todo lo que puedan decir de mi, de bueno o de malo. La gente habla muchas veces para esconder sus vergüenzas, como dice el refrán, “ninguna puta quiere ser sola” Aprovecha la ocasión, pero si dices que no quieres ir, que sea para siempre, porque habrá pasado tú última oportunidad y solo irás con los “pies por delante” para que te entierren con la familia y se retuerzan en sus tumbas.

Desde luego, Lucía, desde que estás en ese barucho, hablas como un carretero.

Rosario, por cambiar de tema dijo:

Tía, quieres que le diga a mi madre que os he visto y que estáis bien en Madrid.

Bueno, díselo, pero no nombres nada de lo de tu prima.

Por mí puede decir lo que hago y con quién lo hago.

Llegaron a casa, en un momento terminaron de preparar las cosas y comieron, con más o menos armonía. Después del café, Engracia se fue a dormir la siesta y Lucía le dijo a su prima:

¿Has quedado esta tarde con Fernando?

Bueno, no exactamente, nos vemos normalmente en una cafetería de Almagro, si uno no puede ir, pues no va.

Creo que debes ir y si crees oportuno le puedes decir lo que quieras de mi, dónde trabajo y que salgo con un chico, así quizás se olvide de mí.

No, por ahora no diré nada. Si te parece me voy marchando


Bueno, yo me quedo a esperar la llamada de Ricardo, supongo que será a última hora, le pondré una escusa a mi madre y marcharé un rato.

miércoles, 7 de febrero de 2018

LUCÍA Capítulo XIX






Otro miércoles y otro capítulo de Lucía, la historia de esta muchacha que tuvo que enfrentarse a la realidad de la vida y aprender de ella al mismo tiempo.


Y ahora...................

LUCÍA


Pedro Fuentes


CAPÍTULO   XIX







Tal y como había dicho el cardiólogo, al día siguiente, cuando pasó a las diez de la mañana, firmó el alta, le dio a Lucía un montón de indicaciones y varias recetas de los medicamentos que ya de por vida tendría que tomar y les dijo que al más mínimo síntoma de arritmias o dolor en el pecho, no esperasen, que llamasen una ambulancia o un coche si pensaban que éste sería más rápido y fuesen a urgencias.

Lucía tomó nota de todo y empezó a recoger mientras llegaban los informes y el alta que tardaría un poco por los trámites administrativos.

Engracia estaba bastante animada dentro del estado de los últimos días, ya que el médico le había dicho que debería andar mucho, que al principio fuese poco a poco y aumentase la distancia día a día. Le habían puesto un régimen bastante estricto, pero eso no le importaba, no era de mucho comer.

A las once y cuarto, bajaron a la calle y tomaron un taxi que las llevó hasta Raimundo Lulio.

Fueron recibidas en casa por las vecinas de la planta, le comentaron que no se preocupase por nada y que cualquier cosa que necesitase que lo pidiese, pero que tenía que reposar.

Cuando al fin se quedaron solas, Lucía mandó sentarse en el salón a su madre y se dispuso a organizarse, primero la ropa sucia a la lavadora, después la cocina y luego preparó la cama de su madre para que se echase la siesta después de comer.

Mientras la comida estaba al fuego, llamó a Pepe y le comunicó que ya estaban en casa y que el lunes ya empezaría a trabajar. Luego llamó a su tío Genaro y éste quedó en ir un rato por la tarde a hacerles compañía y a quedarse con su madre por si tenía que hacer algún recado. Telefoneó a continuación a su prima para comunicarle que estaban en casa y que el domingo la esperaban a comer y a pasar el día con ellas.

Engracia conectó la televisión y ya parecía que se le pasaban los males, incluso algo del mal genio con su hija. Ésta le había comunicado que el lunes empezaría a trabajar, pero que la vecina se quedaría con ella por lo menos hasta la hora de la cena.

¿Quieres que te traiga algo mientras preparo la comida?

No, ya me esperaré
.
Lucía se apresuró en la cocina y preparó rápidamente unas verduras cocidas y sin sal y unas rodajas de merluza a la plancha. Mientras se preparaban las verduras, puso la mesa. Cuando todo estaba dispuesto, avisó a su madre y ésta se sentó a la mesa.
“Puaf” que malas están estas verduras, les falta sal.

No, madre, no tienen nada de sal, tú no puedes comer con sal y yo, para animarte, tampoco tengo sal, la tienes prohibida, ponte un chorrito de aceite de oliva por encima y si quieres te pico un ajo para darles algo de sabor, yo lo voy a hacer con las mías, además en el hospital no te ponían sal y no te quejabas.

Allí estaba enferma, pero aquí ya estoy bien.
Si quieres seguir bien, tienes que comer sin
 sal, lo han dicho los médicos.

Lucía se levantó de la mesa, fue al trinchante, donde había dejado los papeles y le llevó una hoja a su madre.

¿Ves lo que pone aquí? Todos los alimentos sin ninguna sal, los que ya llevan sal en su elaboración, como el queso, el jamón, los embutidos, etc. Prohibidos, las grasas y los fritos, prohibidos, la leche y derivados, desnatados. ¿Quieres que siga leyendo?

Para eso, mejor no comer o morirme,

Puedes hacer cualquiera de las dos cosas, ya eres mayorcita para aceptar esos sacrificios, pero yo no voy a hacer nada más, no tienes edad para que te de unos cachetes. Procuraré hacer la comida con más especies para darle un sabor más agradable, yo no estoy mala y me sacrifico para que tú no lo pases tan mal.

Esta porquería no la voy a comer, me marcho a la cama.

Bueno, haz lo que quieras, avísame cuando quieras comer que te calentaré las verduras y el pescado y luego una fruta, pero antes de irte, tómate las pastillas que te he preparado al lado del agua en ese plato.

De mala gana y peor cara, Engracia se metió las pastillas en la boca y las tragó con medio vaso de agua, luego se levantó y se dirigió a su habitación.

Al cabo de 15 minutos, sonó el teléfono.

Si, ¿Dígame?

¡Hola! Soy Ricardo, ¿Lucía?

Si, dime, soy yo.

Me ha dicho Pepe que ya estabas en casa, ¿Qué tal está tu madre?
No me digas nada de ella que estoy a punto de matarla, ahora dice que no quiere comer sin sal y se ha ido a dormir sin comer.

Bueno, tranquila, ya se acostumbrará, cuando le venga hambre comerá sin sal y sin comida si hace falta.

El domingo juramos bandera, no podemos salir hasta la tarde. ¿Estarás en el bar por la noche?

No, hasta el lunes no empiezo a trabajar nos veremos después, si te va bien.
Vale, lo haremos así, ¿Tú como estas?

Bien, yo estoy bien, ya nos veremos.

Hasta el lunes entonces.

Colgó el teléfono e inmediatamente llamó a Rosario.

¡Hola, Rosario! ¿Puedes hablar?

Si, dime.

Lucía le explicó lo que le pasaba con la comida de su madre y le dijo:
Tú cocinas habitualmente ¿Sabes que puedo hacer para darle un poco de sabor a los platos?.

No te preocupes, el domingo iré un poco antes y prepararemos alguna cosa que no note que no lleva sal y te explicaré alguna receta. Cuando salgas, compra romero, tomillo, albahaca, pimienta y orégano y llevaré también alguna cosa, si te parece haremos macarrones y pollo a la plancha.

Vale, prima, te espero y gracias por tu ayuda.

Lucía se metió en la cocina y escondió toda la sal que pudo encontrar, luego guardó el poco embutido que había, al fondo del congelador.

Luego fue hasta la habitación de su madre, estaba

 dormida, así que preparó una nota diciéndole que iba a comprar al mercado, que volvería en un momento, luego se acordó de que con el jaleo no había terminado de comer y se sentó en la mesa a terminar el plato, verdaderamente la verdura sin sal no sabía a nada y costaba hasta tragarla.