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miércoles, 22 de marzo de 2017

ASÍ DEJÉ DE FUMAR (2ª Parte Cp. 3)





Y Así tremina este relato de "ASÍ DEJÉ DE FUMAR" .Espero que a alguien le ayude para no volver a fumar o por lo menos, entre risa y risa no fume, pero si lo hace, que piense en aquel que fue al médico y éste le dijo:

 Con el tabaco se está usted matando lentamente, 

Y el paciente le contestó: 

Es igual, no tengo prisa.

Y ahora.......................


ASÍ DEJÉ DE FUMAR


Pedro Fuentes


SEGUNDA PARTE



CAPITULO III


Llegó un momento en esta vida que me fumaba 25 brevas canarias, un paquete de tabaco canario “HU”diario, algún cigarrillo liado con picadura de pipa y una o dos pipas diarias de tabaco holandés.

Así seguí hasta una cierta edad en la que mi mujer, que también fumaba, no tanto como yo, solamente me igualaba en el paquete diario de tabaco negro, por aquel tiempo Ducados, enfermó, tuvo una neumonía que la mantuvo en el hospital por tres veces, cuando salió, se planteó, lo peligroso que era el tabaco para ella.

Un día que llegué a casa con un cartón de Ducados bajo el brazo, me dijo:

He pedido hora al médico para que me ponga a régimen porque he dejado de fumar y no quiero engordarme.

Yo, que siempre le había dicho que el día que ella dejase, dejaría yo, le dije:

Me lo podías haber dicho antes, acabo de comprar tabaco, pero como lo dije lo cumplo, me fumo este cartón y lo dejo.

No me fumé sino medio cartón, el resto lo guardé por si me entraba el “mono” y una noche dije:

Como mañana es 14 de Febrero, San Valentín, así me acordaré de la fecha, éste es mi último cigarrillo.

Apagué el cigarrillo, guardé los sobrantes de aquel paquete y cinco sin empezar, varios puros, tabaco de pipa y mi colección de mecheros, entre ellos siete u ocho Zippo y alguno mucho más valioso y hoy, 15 de Febrero de 2017,
hace 17 años y un día que no fumo.

Nuestra perrita Linda, cuando íbamos a comprar tabaco, se sentaba y decía:
¡Guauuu! ¡Guauuuu! Que siempre tenía golosinas para perro le daba un trozo, cuando la puerta estaba abierta y no entrábamos, se sentaba en la puerta y hacía lo mismo. Al cabo de los años, una vez entramos en el estanco a comprar sellos y Linda hizo la misma operación. No sé por qué pregunté el precio de el cartón de tabaco negro, me lo dijo la estanquera, hice un calculo mental y le dije a la mujer:

Mira, desde que dejamos de fumar nos hemos ahorrado “X”.

Esa fue la primera vez que a Linda no le dieron su golosina, tardó mucho tiempo en comprender que ella también había dejado de fumar.

Muchas noches me despierto y todavía estoy soñando que tengo un cigarrillo entre los dedos.

Los cigarrillos que tenía en casa, los regalé a los 5 años.
Aunque intenté hacer régimen, me engordé, pero ahora me canso menos, saboreo mejor las comidas, los olores los percibo mejor, aunque hay algunos que me dan ganas de fumar.

A mi médico le dije:

Cuando cumpla los 70 volveré a fumar, porque ya no me podrá matar,moriré de otra causa.

Siembre digo que dejé de fumar por bocazas ¿Por qué le diría a mi mujer:

Si tú dejas, yo también dejo de fumar.

Dejar de fumar es fácil, solamente hay que querer y ser un bocazas.


FIN




miércoles, 15 de marzo de 2017

ASI DEJÉ DE FUMAR (Segunda parte capítulo II)


Un capítulo más de este relato. especial para aquellos fumadores que no quieren dejar de fumar y desean saber qué excusas no dar.

ASI DEJE DE FUMAR

Pedro Fuentes

SEGUNDA PARTE


CAPITULO II


La amistad con Vicente y toda su pandilla, Paco, Joaquín, Juan Carlos, Pedro, otro Juan Carlos, Rafael, Benjamín y alguno más que ahora mismo no caigo, éramos un grupo compacto que nos lo pasábamos estupendamente y sin hacer daño a nadie.

Fueron unos tiempos en los que nos reafirmamos en las enseñanzas de la niñez y la rebelión propia de la juventud contra todas las normas establecidas, asimismo, como una de las prohibiciones eran, además de no meternos en política y “si hay jaleo aquí, id por otro lado” estaba el no fumar, aunque luego, a los más pequeños, en fiestas, bautizos y comuniones, se les daba un cigarrillo porque hacían gracia y si eran niñas las que cogían el cigarrillo, podían recibir una bofetada porque esa era la primera puerta a traspasar por una niña para convertirse en una “cualquiera”.

Igual pasaba con las bebidas alcohólicas, si el niño se tomaba un vasito de vino o una caña, se estaba haciendo un “hombrecito”, si era una niña, era muy posible que te amenazaban con meterla en un convento.

Bueno, pues nos reafirmábamos con el tabaco que nos hacía “mayores” y en la bebida que creaba hombres de provecho

Luego estaba la cuestión moral, la condenación estaba en el sexo, si era un adolescente el que le robaba un beso a una niña, se estaba convirtiendo en un hombre de provecho, si era una niña, a esa la veremos en casa La Petra,en la calle Auguto Figueroa. Supongo que este comentario sería porque alguno de ellos, en alguna visita furtiva a dichas señas, se habían encontrado con alguna familia femenina.

En fin, los jóvenes de entonces hacíamos lo que podíamos y a lo mejor teníamos unas normas de conducta muchísimo mejor que las de la generación anterior, pero claro ¿Qué generación no ha tenido un enfrentamiento total con la anterior?.

Bueno, pues para no enrollarme más, mi vida fue un eterno “fumeteo”, siempre que digo que me lo fumé todo, mi mujer me dice que no, pensando que “hierba” o “chocolate”, o como lo quieras llamar, no, pues si, a mi lado, incluso en el trabajo, la han fumado, yo me he negado, solamente una vez accedí, estaba haciendo la mili, era conductor de un capitán general, pues bien, lo llevé en el coche oficial al ministerio de gobernación, entonces en la Puerta del Sol, donde ahora está la comunidad autónoma, entonces, el ministro de gobernación era Arias Navarro, muy amigo del capitán general, el cual subía al despacho, para al cabo de unas dos horas que yo tenía que esperar, bajaban, los dos montaban en el coche y yo los llevaba a un club muy exclusivo de mandos del ejército que estaba por la carretera de Extremadura.

En el rato de espera, paseando por el parquin, habían llegado tres furgonetas cargadas de una plantación de “María” que habían cogido. Al que parecía dirigir la operación le pregunté que qué era aquello, me dijo lo que era y le pregunté cogiendo una rama si aquello se fumaba así mismo, me contestó que no, que cuando florece, se deja secar la flor, o algo así, el caso es que me dijo que aquello no hacía nada, yo lo puse en duda y me invitó a su despacho para que le dijese si era verdad o no. Acepté la invitación, terminé con dolor de cabeza y pensando que eran más fuerte los Celtas cortos, después de lo cual, como ya era la hora cogí el coche, con un capitán general y un ministro y los llevé no sé si poniendo en juego parte de la dictadura.

No volví a fumar un “petardo” nunca más, la ramita que corté de lo que llegó en las furgonetas fue conmigo durante años hasta que la perdí en un traslado.



miércoles, 8 de marzo de 2017

ASI DEJE DE FUMAR (2ª parte)

ASI DEJE DE FUMAR 2ª PARTE Comienzo hoy la segunda parte de ......, He llegado a Madrid y  coienza la segunda parte de este relato/memoria, que creo os gustará.



Y ahora..............................







ASÍ DEJÉ DE FUMAR


SEGUNDA PARTE



CAPITULO I


Cuando llegué a Madrid, me costó muchísimo adaptarme, en Madrid no podía estar en la calle, es más, no podía salir solo. No había campo a mi alrededor, encima me matricularon en un colegio que solamente tenía que cruzar la calle y aún así. No podía ir solo, además tenía un acento que en aquellos tiempos, en Madrid no se oía, muchas palabras no se entendían entre el seseo y que no todas las cosas se llamaban igual, en fin, creo que tardé un par de años en empezar a aclimatarme, además las temperaturas de Madrid eran mucho más bajas, yo no sabía lo que era un abrigo hasta que llegué aquí, ademas, ¿Cómo se podía vivir sin mar y sin barcos?

Por aquellos tiempos, empecé a escribir alguna cosilla, me encantaba cuando pedían alguna redacción en el colegio y después la gimnasia, yo era un crío muy fuerte y con la gimnasia me desfogaba.

Enfrente del colegio, se ponía una mujer mayor con una cesta y vendía pipas de girasol, regaliz de palo, anisetes y pequeños caramelos y también cigarrillos sueltos, De vez en cuando le compraba unos Celtas cortos, aquello sabía peor que los palitos de calabaza que mi hermano me había dado a probar.

Me dediqué, cuando veía que mi padre tenía llena la caja de picadura a liarme cigarrillos, me había agenciado una carterita de papel de fumar y guardaba todo como oro en paño,

A los catorce años, siempre que reunía dinero, me compraba Antillana sin filtro, no era gran cosa pero si mejor que los Celtas y eran económicos, si mi presupuesto no llegaba, estaban los Ideales, eran cigarrillos liados pero el papel sin pegar, había que apretarlos y con la lengua humedecías el borde del papel y pegarlo, a aquello lo llamaban, no sé por qué “caldo de gallina”, También había unos paquetes de picadura que llamaban cuarterones que eran malísimos y que había que vigilar porque a veces tenían verdaderas estacas.

De todas formas, yo tenía mucha suerte porque mi padre fumaba mucho y yo era el único hermano que fumaba en serio.

A partir de entonces ya era un fumador empedernido, además, con catorce años, ya andaba un poco más suelto, con el pretexto de que me iba al colegio antes, para estar en el patio jugando al futbol o charlando con los compañeros antes de entrar en clase, l medio día comía de prisa y en lugar de irme al colegio, bajaba por la calle Donoso cortés en lugar de subir y me metía en unos billares que había allí, nadie nos decía nada por fumar, es más todos nos escondíamos allí a fumar y a jugar al futbolín, el viejo que estaba allí para vigilar y dar cambio, estaba siempre con la mosca detrás de la oreja, había unas arandelas que en la ferretería que había más abajo, por dos pesetas te daban un montón y éstas, en los futbolines hacían el efecto de una peseta, teníamos mucho cuidado de no echar muchas arandelas porque el viejo se podía dar cuenta, así que de vez en cuando metíamos una arandela y cambiábamos de futbolín como quien cambiaba de equipo.

En mi casa muchas veces, cuando faltaba alguna cosa como la sal, o el azúcar o cualquier otro producto, yo estaba dispuesto a ir a buscarlo, así, entre las propinas que me daban por ir y lo que lograba sisar, siempre tenía algo de dinero que mantenía en el mayor de los secretos, porque mi hermano siempre me estaba pidiendo.

Total, que aprendí a espabilarme, pero mis compañías no eran de lo mejor.

Con el tiempo, me iba alejando cada vez más de mi casa, hice amistad con algunos compañeros de clase que vivían cerca y me aficioné al cine, en realidad era lo único que podías hacer los días que no tenías colegio o cuando llegaban las vacaciones, de cines andábamos bien sobrados en el barrio, casi todos eran de sección continua, estaba el Pelayo en Fernández de los Río, el California en la calle Andrés Mellado, un poco más arriba el Emperador, también en Fernández de los Ríos, en Guzmán el Bueno, uno el Guzmán el Bueno, más hacia Cea Bermúdez y el otro el cine Iris tocando casi a Alberto Aguilera, éste era un poco chungo, en frente tenía un bar Antonio Molina, el cantante de copla y canción española ahora cuando veo a alguna de sus hijas recuerdo que allí, había entrado alguna vez con mi amigo Javier, recuerdo a dos niñas bastante mal vestidas y a la más pequeña con los mocos colgando y muchas veces descalza. Más arriba, también en Donoso Cortés estaba el cine Apolo y a la misma altura, pero en Joaquín María López estaba el Vallehermoso, un poco antes, en la calle Galileo estaba el cine del mismo nombre que luego hicieron de arte y ensayo, estaba también más abajo, a la altura de Fernando el Católico el Magallanes, un poco más arriba, ya en Quevedo, el cine del mismo nombre, al lado de una sala de fiestas, Las Palmeras, capítulo a parte de este mismo autor.

Estos eran los cines que había más cerca y de sesión continua, había otros, bastante cerca que eran de estreno y por lo tanto más caros, de una sola película y a los que por lo general no íbamos mi amigo Javier y yo, forofos del cine, mi amigo fan de las películas policíacas, de terror y del oeste, a mi me gustaban más las comedias, policíacas y de ciencia ficción.

Unos años más tarde, en verano, me encontré en el cine California con mi compañero de pupitre del colegio, Vicente, en el colegio teníamos una amistad de patio de colegio y horario escolar, pero aquella tarde, cuando salí a fumar en el descanso, él también salió, empezamos a hablar y entre nosotros nació una gran amistad que perdura. Él tenía una pandilla muy maja y muy compenetrados, del colegio de los Escolapios solamente éramos Vicente y yo, que entonces me había convertido en un lobo solitario.

Mi madre siempre tuvo la ilusión de que yo me haría sacerdote y un poco antes de aquellos tiempos, quizás un año, estuve estudiando en el seminario que los Escolapios tenían en Getafe.

No estaba mal, me adapté muy bien a aquella vida y creo que fue una gran base para mi vida posterior, tenía un director espiritual, el padre Román, un gran sacerdote que supo encaminar la vida del grupo que estábamos a su cargo, él fue el primero que supo que en el cine Guzmán el Bueno, en unas vacaciones, conocí a una chica de más o menos mi edad y que ahora no recuerdo cómo se llamaba, y comprendí que me tiraba más una cara bonita que el celibato.

Seguí mi amistad con el padre Román, tuve la mala suerte de que al poco de que a él lo destinaron a Ecuador, yo, por culpa de un fracaso amoroso entré en la primera mayor crisis religiosa de mi vida.






miércoles, 1 de marzo de 2017

ASI DEJE DE FUMAR (Capítulo III)

Tercer capítulo de ASI DEJE DE FUMAR y fin de la primera parte de este relato. Espero que os guste.

Y Ahora..................................





ASÍ DEJÉ DE FUMAR


Pedro Fuentes


CAPITULO III




Así transcurría mi vida en “Las Nieves” Era un crío bastante solitario, estaba todo el día por el campo, pese a la vigilancia estricta de mi madre que estaba sufriendo siempre por la salud física, mental y religiosa, pero yo me “evaporaba” al menor descuido, siempre con mi perro Chiquito, una especie de Terranova pero un poco más pequeño y un ratonero que no sé de donde salió, creo que lo trajo el encargado de las labores del campo y las cuatro vacas que había allí. El mismo se encargó de cortarle el rabo cuando cachorrito, no sé cómo lo hizo pero me contaba supongo que de cachondeo, de un mordisco, No tenía nombre, todos lo conocíamos por “perro”. El hombre se llamaba Gabino, yo me ría mucho cuando mi padre le decía;

Gabino, ven.

A continuación yo decía en voz baja:

Venga vino.

Un día me regaló un pollito recién nacido que también se llamó Gabino, que se hizo gordo y hermosos, también me seguía. Del mismo grupo era un gato blanco de pelo largo, pero éste no venía si yo no iba de caza con una escopeta de aire comprimido
´
El día que Gabino “El pollito” llegó a la mayoría de tamaño, fue a parar a la sartén, fue un de los momentos más duro de mi infancia,

Por las tardes íbamos a la plaza, delante de la iglesia, en el centro había una fuente redonda, al otro lado de la casa había una pequeña tienda de “de todo un poco” que llevaba la mujer del sacristán, y encima una especie de hostal que era refugio de peregrinos. A la izquierda había dos o tres casas, una la de Panchito, de mote “El Gallo” Taxista en Santa Cruz de la Palma.

No puedo dejar de contar que el año 2000, cuarenta y cuatro años después, cogimos mi mujer y yo un taxi en Santa Cruz y el taxista, su hijo Panchito “El hijo del Gallo” que era de mi edad y jugaba conmigo de crío, me reconoció.

Por el ángulo superior izquierda de la plaza al lado de la tienda desembocaba la carretera que llegaba de Santa Cruz.

En la plaza, además de la fuente circular, había dos araucarias grandísimas y cuatro magnolios cuyas flores vigilaba don Antonio el párroco. Pues bien, por la tarde nos reuníamos allí todos los críos.

Habían dos hermanos que traían dos vacas que llevaban para el establo después de pasar el día pastando, una tarde que estábamos hablando mientras los animales utilizaban la fuente de abrevadero, los dueños comentaron que el domingo habían visto una película de vaqueros y uno se subía encima de una vaca y la domaba, total, que comenzó la polémica y uno de los dos hermanos, el mayor se subió al brocal de la fuente y desde allí saltó encima de uno de los dos animales, el bicho se puso a saltar al más puro estilo vaquero y lanzó al jinete por los suelos, como resultado el muchacho terminó con una brecha en la frente y la vaca se fue directamente hacia su establo seguida de su compañera y el otro hermano del vaquero detrás.

Pues bien, empujado por los demás crío, y sin que se enterase mi hermano, un hijo del sacristán afanó un paquete de cigarrillos y nos fuimos a un pinar, al otro lado de la carretera de salida de la plaza y detrás de la casa del cura.

Encendieron un par de cigarrillos y se los fueron pasando, yo no quise fumar pero tanto me insistieron que al final, cuando me llegaba el turno, aspiraba un poco, lo justo para que entrase humo en la boca y sin tragármelo lo expulsaba de nuevo.

Esta vez no fue tan nefasto el resultado, estuve bebiendo agua de la fuente durante un rato y la boca pareció recuperarse de la sequedad que me había producido.

Después de aquel día, me fui acostumbrando a coger de vez en cuando algún cigarrillo, e incluso aprendí a liar cigarrillos con la picadura que mi padre hacía con los puros secos.

Uno de los últimos recuerdos que guardo de La Palma, fue que el 9 de Octubre de 1958 don Antonio nos avisó que había muerto Pio XII y que le ayudásemos a repicar a muerto en el campanario, mi hermano y yo estuvimos allí casi todo el día.

El ´día 12 de Octubre de aquel año, embarcamos toda la familia en el barco Miguel Martínez de Pinillos rumbo a Cádiz, nos trasladamos a Madrid.

Recordando recordando, desde aquel primer cigarrillo se ha convertido en las memorias de parte de mi infancia que se puede completar con trozos de mis 6 Relatos palmeros publicados en este blog y editados en la Trilogía “Las historias del búho” publicados en Editorial BUBOK.



En los siguientes enlaces:

LA MISTERIOSA DAMA DE NEGRO  (Tomo  I)

http://www.bubok.es/libros/243574/La-misteriosa-dama-de-negro-y-13-relatos-mas


EN BUSCA DE LA PUERTA DEL INFIERNO  (Tomo  II)


http//www.bubok.es/libros/246379/En-busca-de-la-puerta-del-infierno-El-viaje-II


¿PERO QUE HE HECHO YO?  (Tomo  III)

http://www.bubok.es/libros/249832/Pero-que-he-hecho-yo-y-veintidos-relatos-mas



FIN DE LA PRIMERA PARTE


miércoles, 22 de febrero de 2017

ASI DEJE DEFUMAR (Capítulo II)

Hoy publico el capítulo II de ASI DEJE DE FUMAR una ayuda para todo aquel que quiere dejar de fumar y el que por contrario quiere adentrarse en oscuro humo del tabaco. Pero que sepan que una vez dentro, el mismo humo puede no dejarnos ver la salida, allá él.

Dijo no se quien que era muy facil dejar de fumar, que él lo había hecho unas 2.500  veces.

Y ahora..................

ASÍ DEJÉ DE FUMAR


Pedro Fuentes


CAPITULO II



Estuve algún tiempo sin pensar ni en fumar, ni mirar de frente a todo el tabaco que mi padre siempre tenía.

Mi padre fumaba cigarrillos de tabaco negro canario, de vez en cuando lo mezclaba con rubio como el Graven A, pero después de las comidas se fumaba un puro canario de los denominados brevas y siempre llevaba en el bolsillo de la chaqueta algún puro de grandes dimensiones.

Aquel verano hice la Primera Comunión, con siete años, antes esa era la edad, La recibí en la Basílica de las Nieves de manos de D. Antonio, el mismo que me había bautizado.

No se me ocurrió volver a fumar, no quería tener que confesarme y más cuando se pasaba tan mal fumando, pero mi hermano, cuatro años mayor que yo, un día me dijo:

Vamos, Pedrito que te voy a enseñar una cosa.


Llegamos a un huerto donde había habido calabazas plantadas, ya secas las ramas nadie las cortó,

Mi hermano buscó entra las ramas y cuando encontró unas del grosor y tamaño de un cigarrillo, cortó dos ramas, se puso una en la boca y la prendió con una cerilla e hizo que fumaba, luego, después me la pasó y me dijo:

Fuma.

Me la puse en la boca y aspiré muy lentamente, un humo ardiente me llegó a la garganta, saqué aquello de mi boca y escupí, mi hermano se rió y entre risa y risa siguió fumando aquella porquería.

¿No has fumado nunca un cigarrillo de verdad? Yo sí, y sabe mejor que esa porquería.

¿Tu lo has fumado? Me dijo.

Pues claro, le he cogido a papá un graven A y eso si que sabe bien.

¿Y no se enteró?

Pues no, pero cógelo cuando tenga muchos.

¿Por qué no coges uno para mi?

Si es para ti cógelo tú.

Si no me lo coges le diré que tú le has cogido.

Bueno, no te creerá y además le diré que me querías obligar porque a mi no se me ocurriría fumar.

Ya te pillaré, así que anda con ojo.

Bueno, pero mientras tanto fumarás esa porquería.

Por descontado que yo no quería volver a fumar porque no quería pasarlo tan mal como la primera vez, pero con mi hermano estaba compitiendo siempre, la verdad es que aún después de sesenta años, no sé si no tenía picardía para entrar a competir conmigo o que al ser yo el menor de los chicos, era el ojito derecho de mi padre.

Pasaron más de dos años antes de que volviese a coger un cigarrillo y eso que cuando mi padre se sentaba después de comer, a la fresca en la terraza grande de delante de la casa, si no se había acordado de coger, me decía:

Pedrito, ¿Me traes un puro de la caja de los puros?

Siempre era yo porque decía que yo sabía elegirlos.

No se como lo hacía, los olía el olor a puro, sin encender, siempre me ha gustado, miraba que tuviese unas manchas un poco más claras y al apretarlos ligeramente, cedían y no se agrietaba la hoja.

Los que iban quedando, cuando se secaban más, mi padre los cortaba finito con una navaja y ponía la picadura en una caja de madera especial para tabaco. Le ponía un poco de vainilla en polvo y los rociaba con unas gotitas de coñac.

La última vez que vi aquella caja fue después de la muerte de mi padre, creo que se la quedó mi hermano.

Mi padre no era bebedor de coñac, creo que lo usaba para los puros y para enjuagarse la boca si le dolía alguna muela. Era más bebedor de whisky que de otra cosa, le gustaba con agua natural, mitad y mitad, solía tomarlo los días de fiesta antes de comer con almendritas saladas y si venía alguien a comer, cosa muy natural porque hacía unas paellas inmensas, de grandes y buenas, después de comer, en la sobremesa se ponía algo de whisky pero ahora solo.

Cuando mi padre se ponía a hacer la paella yo era su pinche.

Alguna vez, lo mismo que me pedía llevarle el puro, me decía:

Pedrito, ponme un pizquito de whisky (Medida típica canaria que quería decir dos deditos de los de él y no de los míos) Pasé casi un verano hasta que un día me mojé los labios con la bebida, la encontré fuerte pero no me disgusto, fui aumentando la cantidad que previamente había escanciado de más.

Ni que decir tiene que tenía que vigilaba a mi hermano para que no me pillase, pero un día que no estaba yo presente, le pidió el encargo a mi hermano y esa vez si lo pillé yo. Por el gesto que puso no le gustó, pero fue mi carta blanca para evitar sus chantajes.

miércoles, 15 de febrero de 2017

ASI DEJE DE FUMAR (Capítulo I)

Hoy comienzo otra vez a contar historias pero lo haré capítulo a capítulo para poder darle un poco más de emoción.
 Esta primera historia de esta fase, es un poco unas memorías, es una historia real en todo lo que escribo y también en muchas cosas que me callo.creo que os gustará, ya sabeis que si quereis hacer un comentario, al final del capítulo hay una opción que me gustaría que me dieseis, sé que hay lectores que me siguen desde el primer día y que me gastaría que me contáseis desde dónde y desde cuando lo haceis. Lo podeis hacer directamente en el blog o al siguiente correo:

lashistoriasdelbuho@hotmail.com

Así mismo, debajo de la historia de hoy hay los enlaces de la trilogía EL VIAJE, los libros los envían por correo o recadero o se pueden comprar directamente en Madrid. La venta no da beneficios. No es mi afán ganarme la vida sino saber que disfrutar leyendo.


ASÍ DEJÉ DE FUMAR


Pedro Fuentes


CAPITULO I



Ya de crío, con siete años, probé el primer cigarrillo, era tabaco rubio inglés, “Graven A” , venía en unas cajitas metálicas en las que había dibujada la cabeza de un gato negro.

Mi padre fumaba esos cigarrillos de vez en cuando, un día le cogí uno y decidí probar ese “vicio” que tanto satisfacía a mucha gente.

Estaba en el campo, en una finca que se llamaba “Las Nieves” y se encontraba justo al lado del Real Santuario Insular de Nuestra Señora de las Nieves en La Palma, en Canarias.

Era este santuario el de la Patrona de la Isla, donde yo nací y me crié hasta los diez años.



Finca de Las Nieves (Casa que se ve a la derecha de la foto. A la izquierda está la Iglesia y varias casa que había alrededor.


La Isla de La Palma, la más occidental de las islas canarias, si exceptuamos “nom trovada “ isla de S. Borondón, (ver relato en este blog)
Y también la más volcánica y bonita, lugar inigualable para pasar unas hermosas vacaciones, si estas vacaciones se realizan los meses de Julio y de Agosto de cada cinco años, las próximas serán en el año 2020. (Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves) pueden ser las más inolvidables y no porque lo diga yo, enamorado de mi patria chica.

Bueno, pues como voy contando, con el cigarrillo en un bolsillo y tres cerillas cogidas de la cocina me fui a uno de mis lugares favoritos y más alejado de la casa, el nisperero era este árbol de un amaño bastante apreciable,que no tenía nada que ver con los mucho más reducidos que hay en la península, además en aquellas fechas, estaba plagado de nísperos maduros y jugosos y tupidas hojas por lo que era difícil ser localizado desde abajo.

Trepé por el tronco hasta las primeras ramas y allí, de rama en rama llegué hasta casi la copa dejando en el suelo un reguero de huesos y pieles de nísperos, no era cuestión de desperdiciar el viaje.

Llegué a una de mis ramas favoritas, desde donde podía vigilar a mis enemigos sin que me viesen. Estos eran mis hermanos mayores dispuestos a ir contando a mis padres mis aventuras y desventuras.

Una vez colocado cómodamente saqué del bolsillo el cigarrillo un poco maltrecho y del otro, los tres fósforos.

Puse el cigarrillo en la boca tal como había visto en las películas a los vaqueros del oeste e intenté encender la primera cerilla, inútil, hacía aire y se apagó antes de conseguir la llama, cubrí con las manos el segundo fósforo pero no fue suficiente.

Con sumo cuidado vigilé la dirección de viento, puse mi espalada a barlovento y ya a sotavento, cubriendo la cerilla con las manos, logré encender el pitillo, hice una ligera aspiración y el humo casi no llegó a mi boca, entonces aspiré con todas las fuerzas de mis pulmones y el humo me llegó hasta los tobillos, reaccioné con un golpe de tos que a punto estuvo de tirarme por tierra, cuando pasó el ataque, fui graduando las aspiraciones y así terminé con el cigarrillo.

Apagué la colilla que quedó y la tiré al suelo, no sé si fue el mirar para abajo o que moví la cabeza rápidamente, todo empezó a girar alrededor, mi vista se nubló, tuve un momento de lucidez y sacándome el cinturón lo hice pasar por una rama y mi cintura. No es que fuese tan espabilado, es que ya había caído de varios árboles y el sentido de la supervivencia era grande, aunque había quien decía que yo no tenía Angel de la Guarda sino una pareja de la Guardia Civil.

Medio perdí el conocimiento y me dí cuenta de cuantos nísperos había comido al devolverlos todos de golpe.

No se cuanto tiempo transcurrió, al fin me encontré mejor y bajé del árbol.

Cando llegué abajo tapé con tierra los restos de mi aventura alimenticia, luego me fui a un estanque grande que recogía agua para el riego y bebí, me lavé la cara y me mojé la cabeza para quitarme el resto de la nube que todavía no me dejaba ver con claridad.

Me dirigí a casa pensando que ya era hora de la merienda y si no aparecía mi madre sospecharía.

Mientras caminaba seguido por mi perro Chiquito que me había localizado, juré y juré que no volvería a fumar aunque mi madre decía que jurar era un pecado, yo en mi conciencia que ya estaba preparando la Primera Comunión, me convencí de que jurar por algo bueno, no era pecado, tampoco era plan el tener que confesarme con D. Antonio, el párroco de las Nieves por aque tiempo.





La misteriosa dama de negro (EL VIAJE I)


En busca de la puerta del infierno (EL VIAJE II)


¿Pero qué he hecho yo? (EL VIAJE III)