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miércoles, 19 de julio de 2017

LUCÍA Capítulo XII

Un nuevo capítulo de la historia de Lucía, esta muchacha que tuvo que salir de su pueblo natal y marcharse a Madrid donde entró a trabajar en un bar de alterne.

Y ahora ........................................

LUCÍA


Pedro Fuentes

Capítulo  XII


Antes de entrar en su piso, llamó a los vecinos para explicarles todo lo que les había dicho el médico y que no se podría entrar a visitarla hasta que no estuviese en planta.
Una vez informados entraron en el piso.
Ricardo, ¿Quieres ducharte?
Pues si, ya que a mi casa no puedo ir por si a María José le da por pasar por allí, además de todo, es una celosa tremenda y más desconfiada todavía. Aunque quizás si me descubriese alguna aventura me dejaría tranquilo, pero creo que sus hermanos me matarían antes.
Lucía sacó unas toallas de un armario y se las dio a Ricardo.
Ven, te enseñar dónde está el baño, y diciendo esto, cogió a Ricardo por el brazo y tiró de él.
Ricardo sorprendido por el tirón brusco, tropezó, ella paró para que se recuperase y sin haberlo preparado ninguno de los dos, se encontraron con sus cuerpos enfrentados y pegados contra la puerta del baño que estaba cerrada, sin darse cuenta de lo que estaba pasando, sus labios se entreabrieron y un largo beso los unió.
Todo lo demás vino rodado y a continuación, fue un baño relajante, el agua y jabón recorrían sus cuerpos bajo el ligero masaje de sus manos. Secaron sus cuerpos mojados por el agua y sudorosos y se metieron en la cama desnudos como estaban.
Ricardo, ha sido mi primera vez y no sé cómo he podido actuar así y más cuando entre nosotros no hay ni ha habido un sentimiento de amor.
Las cosas son como son, creo que nuestros cuerpos han necesitado de lo ocurrido para relajarnos, yo siento un gran cariño y amistad por ti, pero creo que jamás me he enamorado de nadie, somos dos personas adultas llenas de deseos y ansiedades y eso nos ha unido y desde luego no me arrepiento, pese a haber sido un acto reflejo, ha sido fabuloso y dispuesto a compartirlo siempre que tú lo desees.
Lucía le besó en la boca y sus cuerpos se volvieron a encontrar.
Durmieron durante tres horas y no abrían despertado si no hubiesen tenido un hambre atroz, se levantaron y entre los dos prepararon la comida, después de comer cogieron el coche y marcharon de nuevo al hospital.
Cuando llegaron a urgencias, la enfermera que estaba de guardia, al ser preguntada dijo que no había novedad que todo seguía su curso y que la ausencia de noticias era la mejor de las noticias, luego, en un acto de generosidad le dijo a Lucía:
Ahora que no hay nadie, si lo deseas, te llevaré hasta la puerta para que la veas. Y dicho esto, salió de su garito y llevó a Lucía hasta la puerta, la abrió y dejó que la muchacha mirara dentro. Su madre parecía dormir apaciblemente y la máquina de la pantalla verde seguía con su pitido rítmico.
¿Qué vas a hacer esta noche? Dijo Ricardo. Yo estoy libre y a tu disposición, hasta mañana domingo, a las siete y media no tengo que salir para Alcalá de Henares, si quieres quedarte aquí, yo te haré compañía, pero estando la situación estable como está, creo que deberías irte a casa y descansar, tienes por delante mucho jaleo, ya que tu madre necesitará hacer un fuerte reposo y tú tendrás que estar a por todas, yo tengo que estar toda la semana en el campamento y luego los fines de semana algo me podré escapar pero no todo lo que querría.
Bueno, ya sé lo que se me presenta, me gustaría quedarme, pero será diferente cuando esté en planta que por lo menos podré dormir más cómoda aunque sea a ratos. Creo que siguiendo como están las cosas, si creo que debo ir a dormir a casa y mañana, a las diez, cuando los médicos hagan la ronda, estar aquí para ver cómo está la cosa.
En aquel momento, vieron cómo entraban en la sala de urgencias Pepe y Genaro, fueron hacia ella y le besaron en las mejillas.
¿Cómo está? Dijo Genaro y asintió Pepe.
Estable, está estable dentro de la gravedad, dicen los médicos que es muy grave pero que hasta las primeras setenta y dos horas no se puede decir nada ni remite la gravedad, que si pasan esas horas, el panorama es bueno porque aunque tenga que llevar una vida con algunas limitaciones su calidad de vida no estará mermada.
¿Necesitas algo? No te preocupes por el trabajo, tómate todo el tiempo que necesites.
Gracias por todo, hasta el lunes por la mañana Ricardo, al que ya conoces, está a mi disposición, esta noche, ya que todo está estable, me iré a dormir a casa, él me llevará y me traerá mañana, para el lunes ya te diré algo, pero hasta aquí hay muy buen transporte desde casa.
Sobre todo dinos algo, y si necesitas algo, dijo Genaro, tu madre es fuerte y saldrá adelante.
Salieron los cuatro a la sala de fumadores y se dispusieron a fumar todos menos Pepe que desde que lo operaron, ya no fumaba.
¿No tienes que ir al cuartel, Ricardo?
No, hasta mañana por la noche estaré libre.
Lucía y nosotros te damos las gracias por lo que estás haciendo.
Es lo normal, nos hemos hecho buenos amigos gracias a las charlas que nos pegamos en el bar.
Estuvieron quince minutos más y luego dijo Pepe:
Bueno, nos tenemos que ir, hoy es sábado y el bar se pondrá hasta los topes, por cierto, las niñas nos han dado recuerdos para ti, Lucía y esperan que tu madre se recupere pronto.
Besaron a la muchacha y dieron un apretón de mano al Ricardo y marcharon.
Son dos buenos amigos tuyos, te ayudarán en todo.
Genaro es mi tío, el único familiar que me queda, bueno, no, en el pueblo tengo una tía de mi madre y su hija, mi prima Rosario.
Estuvieron media hora más en el hospital y luego marcharon hacia Chamberí.
Cuando estaban llegando, Lucía dijo:
Ricardo, supongo que te quedarás conmigo, no sea que te vaya a ver tu chica.
Si tú lo deseas, si, pero ahora que es tarde tendré que pasar por mi casa para recoger mi ropa de militar.
¿Como lo hacemos? ¿Voy contigo o te espero en casa?
Mejor voy solo, tú espérame en casa.
Dejó a Lucía en la puerta de su casa y fue hasta su casa en Galileo, aparcó cerca pero en otra calle y fue hasta su casa, entró rápidamente y recogió las cosas. Al salir, se topó con la vecina.
Hola, Ricardo, ¿No estabas en el cuartel? Si, lo estaba, pero me han dejado salir, junto con otros compañeros, ya que ayer, cuando nos avisaron tuvimos que irnos con lo puesto, ahora me está esperando uno y tenemos que ir a buscar a dos que viven más lejos.
Tu novia vino a ver si estabas.
Si, ya he hablado con ella. Dijo Ricardo con cara de jugador de póquer. Le he dicho que si me sobran cinco minutos iré a verla.
Bajó corriendo las escaleras y cuando llegaron al portal dijo en voz alta para que le oyera la vecina:
¡Vamos, que nos esperan!
Cuando llegó, Lucía había preparado una gran tortilla de patatas y una botella de vino tinto que reposaban encima de la mesa.
Con el cansancio del día, nada más cenar, Lucía dijo:
¿Nos vamos a dormir?
Cogió a Ricardo de la mano y lo llevó hacia la habitación.
La noche fue breve pero intensa, pero cuando amaneció estaban descansados, se ducharon, desayunaron y marcharon hacia La Paz, eran las nueve de la mañana.
Lo primero que hicieron fue ir al despacho de urgencias para preguntar cómo había pasado la noche la enferma.
Sin novedad, las constantes siguen bien y no ha habido ninguna alteración, de todas las formas, luego pasará el médico de guardia y ya les comunicará el doctor como está todo. Dijo la enfermera de guardia.
Lucía respiró profundamente y se relajó.
Verás como todo se arregla, ya han pasado más de veinticuatro horas y todo marcha correctamente. Dijo Ricardo.
No te dije nada anoche, pero cuando fui a casa a por mi ropa, me encontré con la vecina, me dijo que María José había estado por la tarde por ver si yo estaba allí o me pillaba en renuncio, supe salirme del paso y le dije que como nos habían llamado con tanta urgencia, no nos habían dejado ni ir a casa a recoger la ropa y que en un descanso, nos habían dejado ir a Madrid a recoger lo más elemental, que yo había ido con tres compañeros más, que uno me esperaba ya en el coche y ahora nos íbamos a buscar a los otros dos.
Menos mal que no la había engañado nunca, pese a todo, no lo hice nunca, lo que pasa es que me parece que más por miedo que por otra cosa.
La verdad, no sé cómo has podido aguantar tanto tiempo.
Yo tampoco, fue una cosa que vino rodada, nos conocíamos desde hace mucho, salíamos de vez en cuando, pero yo no he llegado nunca a expresarle mi amor, porque no la amo, empezó presentándome a sus padres y a sus hermanos, y lo hizo como “mi novio” no supe decir nada en mi defensa y de pronto me vi ahorrando para casarme.
En realidad, solamente he estado enamorado una sola vez, era un chiquillo y ella, aunque más madura que yo, no dejaba de tener quince años, fue mi primer amor, pero aquello que sentí por ella, no lo he vuelto a sentir. He salido con unas cuantas chicas, pero aquel amor tan profundo y bonito como aquella vez, no lo he vuelto a sentir.
Desde que te conocí, vi que eras una amiga ideal y como amiga te tengo un gran cariño y quizás solo con eso puede ser que pudiese pasar toda la vida a tu lado, pero no siento ese sentimiento de amor, de sentirte parte de mi mismo, de desear una entrega total, no sé si no he sabido expresarme, no sé si con el tiempo pueda sentir algo más, pero ese rayo que te da toda la luz del mundo, no lo he sentido y no quiero que me pase que un día aparezca ante mí ELLA y lo deje todo y a todo el mundo por seguirla hasta el fin del mundo.
No quiero que te hagas ilusiones vanas, según me dijiste ayer, era el primer hombre de tu vida, no quiero que eso te confunda, no es lo mismo ser el primero que el verdadero, algún día vendrá ese que tú esperas y te mereces.
Te entiendo y veo que tienes razón, pero me he sentido tan llena a tu lado, me has hecho sentir como no había sentido nunca, Después de la mala experiencia que tuve con aquel desgraciado en el pueblo, tú me trataste con tanto respeto y tanto cariño, la suavidad de tus caricias, los tiernos besos, tan suave todo que me parecía que era porcelana,

No quiero que eso termine, por lo menos antes de que llegue la hora, quiero que me hagas el amor a cada momento, pero también quiero que no me engañes, que cuando decidas poner fin a lo nuestro, aunque no sea más que cariño y deseo me avises. No quiero sentirme engañada.

miércoles, 12 de julio de 2017

LUCÍA XI


 Bueno, ya estoy aquí de nuevo, vengo de dar una pequeña vuelta por el mundo, he conocido varios países y muchas personas de diferentes culturas y me he enriquecido cada día un poco más, vuelvo y me encuentro con las mismas gentes, unas con ansias de ampliar sus mundos, pero por desgracia, también me reencuentro con aquellos que cuando me fui querían restar y dividir en lugar de los que queremos sumar y multiplicar, la cultura se agranda con el conocimiento y ésta con el encuentro de otras personas con otras ideas, otros idiomas, otros pensamientos.

Con lo pequeño que es el mundo, hay quienes quieren cortar con los vecinos porque piensan diferente y quieren sentirse glorificarse con los que no saben ver más allá de lo que la vista, corta, les engaña, hay otros mundos, otras culturas, otros pensamientos que nos engrandecen al compartirlos con nuestros queridos congéneres.

No seáis “piltrafillas” ¿No os parece que ya somos adultos que no estamos en patios del colegio diciendo? : Con éste ya no me “ajunto” y a ti ya no te hablo porque no me ríes la gracia ni me apoyas en mis ansias de reñir con los hermanos.  

Y ahora un nuevo capítulo de.........................


LUCÍA

Pedro Fuentes

Capítulo XI


Iba transcurriendo el tiempo y Ricardo seguía con sus escapadas de fin de semana, era el único tiempo libre que tenía y cuando los domingos por la tarde marchaba al campamento, le parecía un relax pensar que hasta el viernes por la tarde no veía a su “novia formal”. Luego, cuando el viernes llegaba la hora de dejar en su casa a María José, una bocanada de aire fresco parecía llenarle los pulmones, entonces cogía su Renault Dophine y se marchaba a ver a Lucía con la que le unía una buena amistad.
Aquel viernes, cuando llevaba una medía hora en el bar, Pepe llamó a Lucía.
Lucía, ven, te llaman por teléfono.
Ricardo estaba jugando a la máquina, pero oyó a Pepe, como estaba enfrente del teléfono, vio que Lucía cambiaba el gesto de su cara por un rictus de susto. colgó el teléfono y fue hacia Pepe. Habló un par de palabras con él e inmediatamente llamó a Ricardo y le dijo: Era mi vecina, mi madre se ha puesto mala y la han llevado a La Paz, ¿Tienes el coche cerca, Ricardo? ¿Me puedes llevar?
Si, lo tengo aquí cerca, en la plaza de Arapiles. Vamos.
Salieron a la calle y ni siquiera notaron el frío que hacía. Montaron en el coche y salieron hacia la Castellana para subir hacia Plaza de Castilla y a la Residencia de La Paz.
Ya en La Paz, les enviaron a urgencias, allí estaban la vecina y su marido, cuando les vieron, la señora, dirigiéndose a Lucía le dijo:
Tu madre ha tenido una angina de pecho, está muy grave, pero de todas formas ha dicho el doctor que cuando llegases tú, que le avisemos en recepción de urgencias que te dirá lo que hay.
Rápidamente Lucía y Ricardo se dirigieron a la ventanilla y cinco minutos más tarde, les llamaron y los llevaron a un despacho donde les esperaba el doctor, un hombre de unos cincuenta años, moreno, con una bata blanca en la que encima del bolsillo del pecho, a la izquierda ponía A. Servando.
Siéntense, dijo el doctor y a continuación, dirigiéndose a Ricardo dijo:
La señora Engracia tiene….
Ricardo le interrumpió: perdone, doctor, ella es Lucía, su hija, yo solo soy un buen amigo de ella.
Perdone, dijo el médico, dirigiéndose esta vez a Lucía, su madre tiene una angina de pecho muy severa, ahora mismo está controlada, pero las próximas 72 horas son cruciales. Si pasa éstas sin complicaciones podremos decir con casi total seguridad que se repondrá, pero por ahora no podemos ni dejarla ver, aunque está sedada y dormida, porque dentro de estas 72 horas, las primeras 12 son de extrema gravedad, yo les aconsejaría que se fuesen a casa, descansen y mañana será otro día, no se preocupen que si hubiese alguna novedad les avisaríamos.
No, doctor, yo me quedaré.
No disponemos de habitación para acompañantes, tiene que ser en un sillón en la sala de espera.
Es igual, me quedaré.
Como usted quiera, Señora….
Lucía, soy Lucía.
El doctor les acompañó a la puerta, les dio la mano y dijo:
No se preocupe, Lucía, a la más mínima novedad les avisaremos.
En la sala de visitas, se encontraba la vecina de Lucía, una vez informados de lo dicho por el doctor, quedaron que marcharían a su casa y le prepararían a Lucía una maleta con varias cosas que ésta les preparó en una lista y Ricardo iría a buscar.
Marcharon pues los vecinos y Ricardo y Lucía entraron en la sala de visitas para dar tiempo a que preparasen el encargo. Al cabo de un cuarto de hora salió Ricardo a recoger el encargo y volvió a la hora.
Se sentaron en dos sillones contiguos y Lucía dijo:
Gracias, Ricardo, ya puedes marcharte, yo me quedaré aquí, si necesito algo, si no te importa, te llamaré.
No, no me voy a ir y dejarte aquí sola, me quedaré haciendo te compañía.
Se sentaron el uno al lado del otro pero no hicieron ni por dormir, Lucía empezó a contarle a su compañero lo que había sido la vida en el pueblo, le contó que no había conocido a su padre porque cuando murió ella era muy pequeña, su madre tuvo que dedicarse a la casa, un pequeño huerto y unos animales, conejos y gallinas y un cerdo que compraban cada año siendo un lechón para engordarlo, además se dedicó a trabajar en la limpieza de varias casas, así pasaron los años dedicada a sacar a su hija adelante.
Cuando Lucía llegó al momento de explicarle lo ocurrido con Antonio y cómo tomaron la decisión de marchar a Madrid, a Lucía se le humedecieron los ojos, Ricardo le tomó su mano derecha entre las suyas y se la llevó a los labios y la besó, Lucía acercó su cara a la de él y le rozó ligeramente la mejilla con su boca.
No llegaron a dormir, parecía que se habían intercambiado los roles y era Ricardo el que estaba detrás de la barra oyendo pacientemente a los clientes. Así llegó el amanecer.
A las ocho y media, Ricardo bajó a recepción y desde allí llamó a su “novia” para decirle que lo habían llamado de Alcalá de Henares, del campamento porque estaban haciendo un ejercicio de emergencia y tenían que volver al cuartel, así que hasta el viernes siguiente no se verían.
Al poco rato llamó Lucía a su tío y a Pepe para informarles del estado de su madre.
A eso de las diez, pasó el médico e informó de que el estado de la enferma era favorable, ya que no había habido ninguna alarma, que todo era estable.
Su madre ahora está semi despierta y podrá entrar un momento a verla, usted sola, en setenta y dos horas, si sigue así, la trasladaremos a planta y podrá recibir alguna visita, mientras tanto solamente podrá verla cinco o diez minutos al día.
Lucía, acompañada del médico, pasó a la habitación y se sorprendió al ver a su madre, había envejecido varios años, además estaba despeinada y de su brazo derecho le salía una vía, del gota a gota, llevaba una mascarilla por la que le suministraban oxígeno y a la vez estaba conectada una pantalla color verde en la que se representaban con una línea quebrada los latidos del corazón y emitía un pitido a la vez.
Lucía se acercó a ella y puso su mano sobre la de la enferma, a la vez que con la otra mano le alisó el cabello. La señora Engracia la miró y su boca esbozó una ligera sonrisa, no dijeron nada, a los dos o tres minutos, el médico le puso una mano sobre el hombro y le indicó que tenían que salir.
Cuando salieron, Lucía fue hacia Ricardo, que estaba al lado de la puerta y se dejó caer en sus brazos, mientras lloraba, al cabo de unos minutos, cuando se serenó, él le dijo:
Creo que deberíamos ir a tu casa para que descanses algo y luego volvemos.
No, Ricardo, tú ya has hecho demasiado por mí, tienes tu vida y has de seguir con ella, yo te agradezco mucho lo que has hecho por mi madre y por mí, pero no podemos seguir molestándote, gracias, Ricardo, ahora, si deseas, puedes llevarme a casa, pero tienes que seguir con tus cosas.
No, Lucía, desde el primer momento me ofrecí a ayudarte con todas las consecuencias, este fin de semana, como sabes lo tengo libre y estaré a tu lado para lo que necesites.
Gracias, Ricardo, no sabes lo que te lo agradezco, pero no quiero que pongas en peligro tu relación por mi culpa.
Mi relación está en peligro desde que comenzó, cosa que no debió pasar nunca, así que anda, vamos al coche.
Antes de salir, Lucía habló con las enfermeras y les entregó la pequeña maleta con cosas de su madre por si las necesitasen. Luego salieron, fueron al aparcamiento y cogieron el “Dophine” de Ricardo. Este puso el coche en marcha y salieron Castellana hacia abajo hasta la plaza de Emilio Castelar, subió por General Martínez Campos hasta la Glorieta de Iglesias y bajó por Juan de Austria hasta la casa de Lucía, al ser domingo pudo aparcar en la misma puerta.



miércoles, 31 de mayo de 2017

LUCÍA X

Un nuevo capítulo de Lucía, el relato anterior y posterior de "La muchacha de una sola pierna", una joven se ve abocada a abandonar su pueblo y entrar a trabajar en una "barra americana" de la capital.

(Esta historia se verá interrumpida hasta primeros de JULIO con motivo de un viaje del que tengo que estar desconectado de este blog)






LUCÍA  

Pedro  Fuentes

Capítulo  X


A la noche siguiente, a las once y diez, se abrió la puerta y entró por ella Ricardo, Lucía, que estaba en la caja no lo vio hasta que se aproximó a ella.
Cuando lo vio, le dijo:
Hola, ¿Quieres Ducados?
No, gracias, hoy tengo reserva en casa.
Oye, Ricardo, ¿Estás haciendo la mili?
Si, ¿Se nota? Dijo Ricardo pasándose la mano por la cabeza.
Si, ayer no me di cuenta del corte de pelo.
Estoy haciéndola en Alcalá de Henares. Pero ya me queda poco, cuando juren bandera los reclutas de este remplazo me licencio.
Pareces mayor para hacer la mili.
Bueno, tengo dos años más de la cuenta, pero es que pedí prórroga por estudios.
De todas formas, pareces mayor de lo que eres. ¿Tienes novia?
Si, tengo una medio novia, pero no creo que lleguemos a nada serio, la verdad es que tendría que romper con ella, pero bueno, es un tema del que prefiero no hablar, no soy el clásico sufridor que va por el mundo quejándose. ¿Y tú, qué pasado escondes?, La verdad es que se te ve contenta con tu trabajo.
Si, la verdad es que si, me encuentro bien aquí, un familiar, un tío mío, un hermano de mi padre me ofreció venir una semana a probar porque una de las muchachas se iba a casar, como no tenía estudios y tampoco me gustaba estudiar, probé y ya llevo tres años aquí y no me arrepiento para nada, ya sé que parece que si trabajas aquí, ni los clientes te tienen buena consideración, pero como mi único juez es mi conciencia, no me importa lo que pueden pensar los demás, aunque en mi caso, el problema es que todo el mundo piensa que soy un témpano de hielo y nada asequible, en los dos últimos meses, tú has sido el único hombre con el que he estado hablando tanto rato.
Bueno, yo tampoco voy buscando historias ni royos raros, estoy haciendo la mili, de momento estoy en Alcalá, salgo los viernes por la tarde, cuando llego a Madrid, ella ya me está esperando, no me da tiempo ni a cambiarme, me acompaña a la casa donde vivo, un pequeño piso que heredé de mi hermana que murió, procuro salir de allí a toda prisa, me siento acosado, no tengo un momento para mi, ni para salir con los amigos, si alguna vez intento hablar con ella sobre nosotros, no puedo, se pilla unos cabreos que ya no hay ni quien hable en todo el fin de semana, además, tiene dos hermanos que según ella me perseguirían hasta el fin del mundo y yo, con todo lo que presumo de tener todas las situaciones dominadas, cualquier día, cuando termine la mili, desapareceré.
Luego tú también huyes, todos huimos de algo, todos tenemos un fantasma en el armario.
Si, pero mi fantasma no sale para nada, no quiero que sirva de excusa para que me consuelen o para conseguir dar pena.
Por lo que dices, tú también tienes tu fantasma, pero tampoco quieres que nadie se aproveche de ti consolando tu pena.
Te haces la dura y cierras el corazón porque temes que te hagan daño y sin embargo, pienso que a ti el daño no te lo hicieron en el amor, porque ese daño se perdona, porque el amor no sabe de rencores, todo es susceptible de ser perdonado en el amor.
Efectivamente, no es una pena de amor, un muchacho quiso aprovecharse de mi y como no lo logró, cuando mi madre fue a afearle la situación al padre del muchacho y como fuera que el padre era el cacique del pueblo y mi madre trabajaba para ellos, hizo venderle lo poco que teníamos y marcharnos del pueblo o levantarían tal difamación que no podríamos seguir en el pueblo. Mi madre vendió todo y con la ayuda de mi tío, nos establecimos en Madrid y me dio trabajo aquí, que no tiene nada de indecoroso ni deshonroso.
¿Y no has vuelto a buscar el amor?
No, creo que no se ha cruzado nadie por delante de mi con quien quisiese compartir mi vida.
¿Pero no había nadie en el pueblo que se hubiese fijado en ti?
Bueno, había un buen muchacho que me rondaba, pero cuando nos fuimos del pueblo, ni el familiar más cercano que teníamos allí, una prima de mi madre y su hija, de mi edad, supieron a donde nos fuimos, nadie supo de nosotras.
¿Y no has vuelto a saber de………?
Fernando, se llamaba Fernando, no era nada del otro mundo, quizás no habríamos llegado a nada, estudiaba para funcionario de correos y aspiraba a marcharse del pueblo, no me había dicho nada de salir, pero ya se sabe, en los pueblos, si empiezas a coincidir con un chico, es muy fácil que termines con él.
Ya, eso pasa aquí también, yo quedé con la chica que salía un par de veces o tres para ir al cine y de pronto me vi comprometido, claro que también fue culpa mi por no haber aclarado las cosas antes, pero a veces, porque te sientes solo o quieres cambiar de tipo de vida, no te das cuenta de que le estás haciendo mal a alguien. Yo me siento muy bien charlando contigo, pero eso no quiere decir que por mi parte exista esa chispa que hace unirte a una persona para el resto de la vida.
Cuando termine la mili, la mili, me quieren promocionar en mi empresa y tendré que irme seguramente a Barcelona, creo que será la solución para escapar y quizás así pueda cambiar de vida. Se que es una salida muy cobarde, pero hoy por hoy creo que será la única, sería la solución más correcta, pero con esa chica no hay quien hable, es como si estuviese atrapado en una tela de araña y cada vez que intento moverme, me enredo más.
Pero la vas a hacer sufrir además de hacerla perder el tiempo.
¿Y qué quieres que haga? Tampoco ella piensa si yo sufro o no, cada vez que intento hablar coge un mosqueo tremendo, me deja de hablar pero me llama para ver a dónde vamos a ir esa tarde, luego pasamos la tarde el uno junto al otro pero sin ni siquiera decirme hola o adiós, es una situación de locos y si decido no acudir a la cita, me llama uno de sus hermanos para ver qué me pasa.
Si, la cosa es complicada, pero no te vas a poder esconder ni debajo de una piedra.
Algo tendré que pensar, mientras tanto esperaré a terminar la mili, quizás se me ocurra algo, lo mismo conoce a otro y decide dejarme por alguien mejor que yo.
Si, dijo Lucía riendo, lo mismo tienes que presentarle a alguien, lo mismo aquí encontramos un alma solitaria dispuesta a casarse, o está esperando a que te reenganches en el ejército para dejarte.



miércoles, 24 de mayo de 2017

LUCIA (Capítulo IX)

Nuevo capítulo de este relato de la historia de Lucía, conocida por "La muchacha de una sola pierna"



LUCÍA


Pedro Fuentes


Capítulo  IX





Aquella tarde iba a ser otra más, era viernes, pero últimamente los viernes, se animaba más, estando a veces abierto hasta la una o las dos, el “Ven a verme” habían puesto un rótulo nuevo, máquinas del “millón” nuevas y el tocadiscos era un modelo lleno de luces de colores, era la imitación de un aparato de radio tipo película americana, la música, la de siempre, algo de los cincuenta, todo lo lento de los sesenta y también de actualidad, principio de los setenta, italiana, francesa y bailables suaves.

Eran sobre las doce y media cuando se abrió la puerta, entre el humo del interior y la luz del cartel con tonos rojos y lilas, entró un joven con ojos románticos como dijo Lucía.

Sobre las doce y media, Ricardo, cuando iba andando, camino de su casa, se dio cuenta de que no llevaba tabaco, al llegar al cruce de Donoso Cortés con Magallanes, vio las luces de neón de un club, como era lo único que había abierto, se dirigió a él, empujó la puerta y entró, era un lugar semi oscuro, el humo del tabaco lo invadía todo, una barra a la izquierda, estaba ocupada por una docena de hombres jóvenes, la media de edad no llegaba a los treinta años, a la derecha había tres maquinas, una la primera de discos, en la que sonaba una canción de Martinha, con aquella voz triste que la caracterizaba, “hoy daría yo la vida por no verte más…” las otras tres máquinas eran de “bolas” y varios muchachos, de unos veinte y pocos años jugaban en ellas, en la barra, en el interior se encontraban cuatro chicas, tres jovencitas muy escotadas  que jugaban a los dados o charlaban con clientes, un hombre delgado, moreno con el pelo rizado y la palidez característica de las personas que no ven el sol y se mueven en lugares oscuros y una chica, de edad indefinida, entre unos veinte y  veinticinco años, no era guapa, pero si resultona, iba vestida con una falda de cuero negro y una blusa negra con hilos plateados, con escote de pico por donde más que verse se adivinaban unos pechos de mediano tamaño pero bien puestos.

Se acercó a la barra y Lucía le dijo:

¿Qué quieres tomar?

Primero una cosa, dijo Ricardo:

¿Tienes tabaco negro?

Si, Ducados

Dame dos paquetes y ponme un Whisky Dic sin hielo, en vaso largo.

Lucía se dio la vuelta, cogió el tabaco, un vaso largo y una botella. Puso todo en la barra menos la botella, la cual destapó y sirvió el líquido, luego trajo una cubitera y con unas pinzas hielo le dijo:

¿Quieres hielo?

Si, tres cubitos.

¿Siempre pides el whisky así?

Si, es la forma de que el agua no ahogue la bebida.

¿Siempre hace tanto humo aquí?

No, a veces no. Pepe ¿Por qué no das al aire para que ventile?

Pepe no dijo nada, acudió solícito a la máquina del aire y la puso en marcha
.
Ricardo sacó un paquete de Ducados empezado y le ofreció a Lucía.

No gracias, no fumo negro y rubio muy poco. Pero me extraña que teniendo un paquete casi recién empezado entraras a comprar tabaco.

Primero una pregunta que ya tenía que haber hecho antes ¿Quieres tomar algo?

No, gracias, pero es que si tomo algo, al cabo de tantas horas terminas llena de líquido.

Bueno, pero aquí estáis para hacer consumir y si no lo hacéis, el jefe te mira de mala manera.

No es mi caso, pero explícame lo del tabaco.

Vivo aquí cerca, pero no tenía sino el paquete empezado, no suelo levantarme a fumar, pero soy un fumador impulsivo y solo en pensar que me puedo quedar sin tabaco me pone nervioso, así que antes de llegar a casa necesitaba comprar, no sabía que estabais aquí  y no hay nada abierto. ¿Lleváis poco tiempo?

No, que va, que yo sepa, lleva cuatro años, pero hace poco que se cambió el luminoso y se pintó. Será que no trasnochas mucho.

No lo que pasa es que yo vivo en Galileo y suelo aparcar por allí y hoy no traía coche y he venido en el 61   y me he bajado en Quevedo por lo del tabaco, pensaba entrar en “Las Palmeras”  pero estaba cerrado y además me parece que hace tiempo de eso. Luego he visto el cartel luminoso vuestro y he entrado, No conocía este sitio, pero me gusta y además me agrada charlar contigo aunque sea una conversación  banal, me fastidia que se acerquen a mi por sacarme una consumición o tener que hablar de mis miserias o que me cuenten la vida de alguien, no estoy solo ni me siento solo, tengo mis problemas como cada hijo de vecino o más, pero no voy por ahí vendiendo la historia de mi vida.

Tienes razón, no hay nada que me fastidie más que esos clientes que quieren que los compadezcas aunque sea mentira.

Yo trabajo aquí porque conocía a los dueños y no tenía trabajo, pero estoy muy bien aquí y muy bien considerada, soy una especie de encargada y además, los clientes fijos creen que me conocen y piensan que no se me pueden acercar, por lo que me dejan tranquila y saben que conmigo no tienen nada que hacer. Además, creo conocer a las personas y los calo enseguida.

Cuando te vi entrar supe que no eras cliente de estos sitios y además pensé: Tiene ojos de enamorado. No quiere decir que estés enamorado sino que eres un romántico y de una sola mujer.

Si entro en sitios así y de cualquier otro tipo, no creo que haya sitios ni buenos ni malos, somos nosotros los que los hacemos buenos o malos, me gusta la soledad y a veces más vale estar solo que mal acompañado, ves, hoy no echo de menos la soledad porque considero que estoy muy bien en tu compañía.

Muchas veces, porque he salido con amigos, hemos terminado en sitios de compañías y mientras ellos han ido con alguna, yo me he quedado en la barra, porque no necesito esas compañías, alguno de esos amigos por llamarlos de alguna forma, han pensado y murmurado que no soy un hombre normal, pero yo pienso que los no normales son ellos, pero por eso no voy pregonándolo por ahí.

Anda, ponme otro medio y te vuelvo a repetir si quieres algo.

Si, te voy a aceptar una limonada y le voy a pedir un Marlboro a Pepe.

Preparó el whisky en la barra y llevó de nuevo la cubitera a parte, junto con la bebida de ella, luego fue hasta Pepe y le pidió un cigarrillo que ella esperó a que se lo encendiese Ricardo.

Pepe y ella hablaron un momento, le dijo algo y ella se volvió a la barra con una sonrisa.
Le he preguntado a Pepe por “Las Palmeras”, parece ser que hubo una pelea con muerte y la Dirección General de Seguridad, hizo cerrar el local.

Había pasado ya una hora y el bar se empezaba a vaciar, Ricardo pago las consumiciones y el tabaco y dijo:

Me llamo Ricardo y nos volveremos a ver, me gusta charlar contigo si no te importa.

Yo me llamo Lucía y me ha encantado conocerte, nos veremos. Buenas noches.

Ricardo se dio la vuelta para ir a la salida y notó que diez ojos le seguían, Pepe y Lucía se miraron y él le hizo con la mano derecha la señal de OK Lucía le guiñó el ojo izquierdo.




miércoles, 17 de mayo de 2017

LUCÍA (Capítulo VIII)



Una semana más con la historia de Lúcía, una muchacha que tiene que adaptarse a una vida detrás de una barra de alterne al ser acusada en su pueblo sin razón al huir de un acosador.



Y ahora................



LUCÍA

Pedro Fuentes

Capítulo  VIII


Genaro quedó con las dos mujeres para llevarlas a comer, fueron por la cuesta de Santo Domingo, esquina a Fomento allí, en un restaurante gallego, Genaro tenía mesa reservada,  comieron e hicieron la sobremesa, Engracia aprovechó por preguntarle si
sabía algo del pueblo, le contestó que ni sabía ni quería saber, que cuando se tuvo que ir, el pueblo había muerto para él.

Lucía había hablado con Genaro para acercarse al Corte Inglés porque quería comprarle ropa a su madre y yendo con él no podría “pasar” como hacía normalmente.

Para terminar la tarde fueron al teatro. Luego volvieron a  casa.

Engracia parecía algo más animada, ya que según le parecía a ella, eso de ser la encargada le daba más honorabilidad, pero seguía en sus trece.

Cuando llegaron a Madrid, Engracia había llamado a Rosario, la prima de Lucía, más que nada por saber qué se decía en el pueblo y no perder el contacto con la familia, no le dijo nada a su hija y menos después de lo que el notario  había encargado que dijesen gentes de su entorno y ya no volvió a saber nada del pueblo, un día le insinuó a su hija por qué no llamaba a su prima, habían sido muy amigas y además Rosario siempre decía que se quería ir del pueblo aunque fuese a servir. 

Ahora les haría compañía a las dos.

Lucía le contestó que ni hablar y que lo que tenía que hacer era buscarse alguna amistad entre las vecinas o conocidas de las tiendas donde compraba.

Así fue pasando el tiempo, cuando operaron a Pepe, ella ya sabía lo que tenía que hacer en el bar, además, sus compañeras se lo tomaron a bien, ya que Lucía era una chica seria y responsable y les ayudaba en todo, les preparaba las bebidas, cobraba las consumiciones y si algún cliente se salía de tono, ella sabía en qué momento intervenir haciéndole un quite y yendo a hablar con el cliente. ella  no se dejaba pisar el terreno  y ahí se acababa todo.

Genaro pasaba casi cada día por allí, sobre todo a la hora de cerrar, los sábados hacía casi todo el turno y cuando cerraban, acompañaba a su sobrina a casa.

Cuando Pepe salió del hospital y empezó a salir a andar un poco, aprovechaba para pasar por el bar un rato, pero iba más bien como cliente, pero las chicas agradecían su presencia, Pepe tenía un don de gentes innato, él siempre lo decía, para estar en una barra, hay que ser bastante psicólogo y para estar como ellas, había que saber escuchar a los clientes y a la vez aconsejar, porque la mayoría de los hombres iban allí por dos razones, una porque no eran felices porque se encontraban solos y en su casa no les escuchaban y la otra porque pensaban que si iban dando lástima, allí les compadecerían y a lo mejor, engañaban a alguna.

Al cabo de tres meses, le dieron el alta a Pepe, llegó algo más grueso, aunque seguía siendo muy delgado pero más moreno, las salidas a pasear y no pasarse las tardes encerrado en el bar le habían sentado bien.

Todo era normal ya, Pepe parecía más cansado, nunca dijo de qué lo operaron, pero de vez en cuando se sentaba en un taburete que había detrás de la barra, al lado de la caja, él decía que tantos días de inactividad, le habían pillado desentrenado.

De todas formas, Lucía estaba siempre pendiente de aliviarle el trabajo.

Las tres niñas como él las llamaba, también colaboraban en su bienestar y él no dejaba de protestar, diciendo que le estaban acostumbrando mal.

Genaro, ahora que estaba Pepe allí, iba menos, pero seguía pasando muchas horas.

Durante la convalecencia de Pepe, lo había invitado junto con Genaro a comer algún domingo en su casa, cosa que también agradecía Engracia, además, algún domingo que se quedaron a comer en casa de Engracia, luego los tres, ellos dos y ella se iban de paseo, Lucía se quedaba en casa leyendo, ya que era el único día que cerraban el bar.

La vida de Pepe era un secreto total, vivía solo en un piso en el mismo edificio que una hermana mayor que era quien se había ocupado de él mientras estaba en el pos operatorio.

Rumores decía que él y Genaro, Geny, como él lo llamaba; se entendían.

Genaro se había ido del pueblo hacía ya muchísimos años porque lo acusaron de homosexual, de cierto no se sabía nada, pero en aquellos tiempos, había en muchos pueblos un fariseísmo, tremendo y según a quién le cayeras mal, te podían hundir para siempre, Genaro dio la callada por respuesta y marchó a Madrid donde nadie le conocía y nadie pudo decir nada de él, había hecho amistad con Pepe, pero de ninguno de los dos se supo jamás que llevaran una doble vida y que no fuesen sino buenos amigos, aunque a nadie le importaba nada ni tenían por qué meterse en sus vidas.

El tiempo fue transcurriendo rutinariamente, Pepe, Genaro y Engracia estrecharon su amistad y rara era la semana, el domingo, que no salían al cine, al teatro o a merendar.

Uno de los sitios predilectos era una churrería en la Glorieta de Iglesias, allí se reunían personas mayores, muchas de ellas, eran antiguas vedettes y se les conocía porque gastaban más en coloretes y maquillajes que en comer, normalmente iban acompañadas de galanes otoñales.

También se llenaba aquella churrería de estudiantes que pasaban horas y horas estudiando ante dos cafés.

Lucía aprovechaba  para quedarse en casa leyendo o preparándose ropa, alguna vez, si los tres amigos iban al cine y le gustaba la película que iban a ver, se marchaba con ellos, pero en cuanto acababa, volvía a casa a sus cosas.
   

miércoles, 10 de mayo de 2017

LUCÍA (Capítulo VII)

Nuevo capítulo de LUCÍA, el bar "Ven a verme" sigue funcionando, hay novedades, cada día que pasa hay alguna novedad que nos va descubriendo la vida de Lucía, esta muchacha a la que la vida le ha llevado a vivir en el Madrid de principio de los años setenta, lejos totalmente de su ambiente y a la que la gran ciudad trata de engullir.

Y ahora..................


LUCÍA


Pedro Fuentes


Capítulo  VII





La vida de Lucía transcurría entre su casa y el bar, alguna vez, chicos ajenos al bar, intentaron aproximarse a ella, pero cuando conocían su trabajo, había dos reacciones, una huir de ella como si fuese una apestada y la otra confundirla con una chica fácil, ya que llegaban a la conclusión de que el trabajo que hacía estaba muy cerca de la prostitución o ser una chica dada a hacer “favores”.

En el bar, dos de las tres chicas que hay ahora, ya que al poco tiempo de casarse Lola, contrataron a Rita, no tenían ningún inconveniente, si conocían a algún cliente que les agradase, en irse con ellos después del horario del bar. La tercera tenía un “novio” al que ella mantenía. En este caso, para evitar injerencias y malos royos, Pepe le había comentado a la chica que no era bueno que entrase en el bar, ya que su novia no rendía lo que debía y  además a cada momento estaban los dos de cháchara.

Lucía era la única que no mantenía ninguna relación estable ni se le conocía ningún cliente que charlase con ella más de lo estrictamente necesario, los trataba correctamente y con una sonrisa en la boca pero nada más, incluso  si podía evitarlo, no dejaba que la invitasen a nada, no le molestaba esa actitud a las tres compañeras, porque aunque luego las comisiones se repartían entre todos, a la hora de mayor trabajo, las ayudaba en el trabajo ingrato de preparar las bebidas y retirar los servicios de encima de la barra y manejar el lava vajillas.

Lucía, en ese afán de mantenerse libre del asedio de los clientes y no buscar en ningún momento nada que les pudiese hacer creer que algún ser le pudiese agradar sexualmente, algunos clientes habituales y alguna de las chicas, la habían rebautizado como la “muchacha de una sola pierna”

Un  día, apareció por allí Genaro y en un aparte, al fondo de la barra y aprovechando que siendo la primera hora, todavía no había sino cuatro clientes, llamó a Lucía y a Pepe.
Lucía, no creo que sepas y por eso te lo digo ahora, que yo soy uno de los dos propietarios de este local.

Tú te viniste con tu madre a Madrid por lo que os pasó con el hijo del notario y él mismo, yo me tuve que venir antes, por un escándalo que hubo porque yo era homosexual, la familia lo ocultó y tu padre, mi hermano, también me dio de lado. Tú has encajado aquí bien, no te has metido dentro del ambiente pero has sabido estar en tu lugar, yo como copropietario y como amigo de Pepe, siempre he ejercido de protector contigo, sin perder ni un ápice de saber qué hacías y qué no, así que aunque no eres la más antigua, aprovechando que a Pepe lo tienen que operar y estará por lo menos tres meses de baja, te vamos a nombrar encargada, cuando vuelva Pepe, seguirás de encargada de las muchachas mientras él se dedicará a lo mismo que ahora pero más descargado de trabajo, mientras Pepe no está, yo tomaré el mando y en principio vendré cada día hasta que tú tomes confianza y luego espaciaré mis visitas. Ni que decir tiene que te aumentaremos el sueldo.

Cuando terminó la charla, le dijo a Pepe, vete tranquilo que verás como todo, tu operación y el bar irán bien.

Cuando Pepe marchó hacia el otro lado del local, le dijo a Lucía:

No te vayas, que quiero hablar un poco contigo. No sé si tu madre te ha dicho algo, pero voy muchas tardes a visitarla, quisiera que de vez en cuando saliese conmigo a dar una vuelta, o ir al cine, o simplemente a tomar un chocolate con churros, pero se aferra a su casa y sufre porque te ve que no sales con gente de tu edad, que por las mañanas te levantas tarde y has dejado también las clases y el día de fiesta que tienes sales con ella simplemente. Tu madre echa de menos el pueblo y aquí, hasta tiene miedo de salir a la calle, el próximo día de fiesta, pasado mañana, dile que os voy a ir a buscar a las dos y vamos a salir por ahí.

Lucía le dijo a Genaro:

¿A partir de cuando tengo que ejercer de encargada y cual va a ser mi función?

Bueno, la función ya la sabes, en principio lo que haces ahora, es decir, apoyar a las muchachas, pendiente de si tienen algún problema con los clientes, vigilar que todo lo que se consume se cobre, que ningún cliente se pueda propasar con alguna de las niñas, hacer la caja y llevar control de las consumiciones extras de las invitaciones a las niñas, hacer  las listas de pedidos de bebidas y tabacos y recaudar la máquina de discos y la del “millón”, además de comprobar y dar los permisos justificados de las niñas, etc.

Vas a empezar la semana que viene, estarás toda esa semana con Pepe y a la siguiente él ya no vendrá y va a estar unos tres meses fuera, aunque supongo que después de tres semanas, aunque sea a darse una vuelta, pasará bastante rato por aquí, además, los sábados estaré yo por aquí y así te podré llevar a casa.

Bueno, espero no defraudaros.

Cuando aquella noche Lucía llegó a casa, lo primero que hizo fue decirle a su madre lo del cambio de categoría y el aumento de sueldo, aunque esto último todavía no lo sabía pero que suponía sería sustancial, ya que en ningún momento les habían escatimado nada ni a ellas ni al resto de las chicas.

Luego le contó a su madre que al día siguiente vendría Genaro para irse los tres a celebrarlo.

Su madre se alegró pero en el fondo a ella no le gustaba el trabajo de su hija, sabía que no era lo que parecía eso de estar en un bar de “alterne”, su hija estaba contenta allí, pero ella no perdía la esperanza de que llevase una vida normal, con un empleo normal y con un novio y luego un marido y que le dieran nietos. Además se habían tenido que ir del pueblo, su pueblo de toda la vida y jamás podrían volver, ni para morir.