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miércoles, 15 de febrero de 2017

ASI DEJE DE FUMAR (Capítulo I)

Hoy comienzo otra vez a contar historias pero lo haré capítulo a capítulo para poder darle un poco más de emoción.
 Esta primera historia de esta fase, es un poco unas memorías, es una historia real en todo lo que escribo y también en muchas cosas que me callo.creo que os gustará, ya sabeis que si quereis hacer un comentario, al final del capítulo hay una opción que me gustaría que me dieseis, sé que hay lectores que me siguen desde el primer día y que me gastaría que me contáseis desde dónde y desde cuando lo haceis. Lo podeis hacer directamente en el blog o al siguiente correo:

lashistoriasdelbuho@hotmail.com

Así mismo, debajo de la historia de hoy hay los enlaces de la trilogía EL VIAJE, los libros los envían por correo o recadero o se pueden comprar directamente en Madrid. La venta no da beneficios. No es mi afán ganarme la vida sino saber que disfrutar leyendo.


ASÍ DEJÉ DE FUMAR


Pedro Fuentes


CAPITULO I



Ya de crío, con siete años, probé el primer cigarrillo, era tabaco rubio inglés, “Graven A” , venía en unas cajitas metálicas en las que había dibujada la cabeza de un gato negro.

Mi padre fumaba esos cigarrillos de vez en cuando, un día le cogí uno y decidí probar ese “vicio” que tanto satisfacía a mucha gente.

Estaba en el campo, en una finca que se llamaba “Las Nieves” y se encontraba justo al lado del Real Santuario Insular de Nuestra Señora de las Nieves en La Palma, en Canarias.

Era este santuario el de la Patrona de la Isla, donde yo nací y me crié hasta los diez años.



Finca de Las Nieves (Casa que se ve a la derecha de la foto. A la izquierda está la Iglesia y varias casa que había alrededor.


La Isla de La Palma, la más occidental de las islas canarias, si exceptuamos “nom trovada “ isla de S. Borondón, (ver relato en este blog)
Y también la más volcánica y bonita, lugar inigualable para pasar unas hermosas vacaciones, si estas vacaciones se realizan los meses de Julio y de Agosto de cada cinco años, las próximas serán en el año 2020. (Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves) pueden ser las más inolvidables y no porque lo diga yo, enamorado de mi patria chica.

Bueno, pues como voy contando, con el cigarrillo en un bolsillo y tres cerillas cogidas de la cocina me fui a uno de mis lugares favoritos y más alejado de la casa, el nisperero era este árbol de un amaño bastante apreciable,que no tenía nada que ver con los mucho más reducidos que hay en la península, además en aquellas fechas, estaba plagado de nísperos maduros y jugosos y tupidas hojas por lo que era difícil ser localizado desde abajo.

Trepé por el tronco hasta las primeras ramas y allí, de rama en rama llegué hasta casi la copa dejando en el suelo un reguero de huesos y pieles de nísperos, no era cuestión de desperdiciar el viaje.

Llegué a una de mis ramas favoritas, desde donde podía vigilar a mis enemigos sin que me viesen. Estos eran mis hermanos mayores dispuestos a ir contando a mis padres mis aventuras y desventuras.

Una vez colocado cómodamente saqué del bolsillo el cigarrillo un poco maltrecho y del otro, los tres fósforos.

Puse el cigarrillo en la boca tal como había visto en las películas a los vaqueros del oeste e intenté encender la primera cerilla, inútil, hacía aire y se apagó antes de conseguir la llama, cubrí con las manos el segundo fósforo pero no fue suficiente.

Con sumo cuidado vigilé la dirección de viento, puse mi espalada a barlovento y ya a sotavento, cubriendo la cerilla con las manos, logré encender el pitillo, hice una ligera aspiración y el humo casi no llegó a mi boca, entonces aspiré con todas las fuerzas de mis pulmones y el humo me llegó hasta los tobillos, reaccioné con un golpe de tos que a punto estuvo de tirarme por tierra, cuando pasó el ataque, fui graduando las aspiraciones y así terminé con el cigarrillo.

Apagué la colilla que quedó y la tiré al suelo, no sé si fue el mirar para abajo o que moví la cabeza rápidamente, todo empezó a girar alrededor, mi vista se nubló, tuve un momento de lucidez y sacándome el cinturón lo hice pasar por una rama y mi cintura. No es que fuese tan espabilado, es que ya había caído de varios árboles y el sentido de la supervivencia era grande, aunque había quien decía que yo no tenía Angel de la Guarda sino una pareja de la Guardia Civil.

Medio perdí el conocimiento y me dí cuenta de cuantos nísperos había comido al devolverlos todos de golpe.

No se cuanto tiempo transcurrió, al fin me encontré mejor y bajé del árbol.

Cando llegué abajo tapé con tierra los restos de mi aventura alimenticia, luego me fui a un estanque grande que recogía agua para el riego y bebí, me lavé la cara y me mojé la cabeza para quitarme el resto de la nube que todavía no me dejaba ver con claridad.

Me dirigí a casa pensando que ya era hora de la merienda y si no aparecía mi madre sospecharía.

Mientras caminaba seguido por mi perro Chiquito que me había localizado, juré y juré que no volvería a fumar aunque mi madre decía que jurar era un pecado, yo en mi conciencia que ya estaba preparando la Primera Comunión, me convencí de que jurar por algo bueno, no era pecado, tampoco era plan el tener que confesarme con D. Antonio, el párroco de las Nieves por aque tiempo.





La misteriosa dama de negro (EL VIAJE I)


En busca de la puerta del infierno (EL VIAJE II)


¿Pero qué he hecho yo? (EL VIAJE III)