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miércoles, 7 de febrero de 2018

LUCÍA Capítulo XIX






Otro miércoles y otro capítulo de Lucía, la historia de esta muchacha que tuvo que enfrentarse a la realidad de la vida y aprender de ella al mismo tiempo.


Y ahora...................

LUCÍA


Pedro Fuentes


CAPÍTULO   XIX







Tal y como había dicho el cardiólogo, al día siguiente, cuando pasó a las diez de la mañana, firmó el alta, le dio a Lucía un montón de indicaciones y varias recetas de los medicamentos que ya de por vida tendría que tomar y les dijo que al más mínimo síntoma de arritmias o dolor en el pecho, no esperasen, que llamasen una ambulancia o un coche si pensaban que éste sería más rápido y fuesen a urgencias.

Lucía tomó nota de todo y empezó a recoger mientras llegaban los informes y el alta que tardaría un poco por los trámites administrativos.

Engracia estaba bastante animada dentro del estado de los últimos días, ya que el médico le había dicho que debería andar mucho, que al principio fuese poco a poco y aumentase la distancia día a día. Le habían puesto un régimen bastante estricto, pero eso no le importaba, no era de mucho comer.

A las once y cuarto, bajaron a la calle y tomaron un taxi que las llevó hasta Raimundo Lulio.

Fueron recibidas en casa por las vecinas de la planta, le comentaron que no se preocupase por nada y que cualquier cosa que necesitase que lo pidiese, pero que tenía que reposar.

Cuando al fin se quedaron solas, Lucía mandó sentarse en el salón a su madre y se dispuso a organizarse, primero la ropa sucia a la lavadora, después la cocina y luego preparó la cama de su madre para que se echase la siesta después de comer.

Mientras la comida estaba al fuego, llamó a Pepe y le comunicó que ya estaban en casa y que el lunes ya empezaría a trabajar. Luego llamó a su tío Genaro y éste quedó en ir un rato por la tarde a hacerles compañía y a quedarse con su madre por si tenía que hacer algún recado. Telefoneó a continuación a su prima para comunicarle que estaban en casa y que el domingo la esperaban a comer y a pasar el día con ellas.

Engracia conectó la televisión y ya parecía que se le pasaban los males, incluso algo del mal genio con su hija. Ésta le había comunicado que el lunes empezaría a trabajar, pero que la vecina se quedaría con ella por lo menos hasta la hora de la cena.

¿Quieres que te traiga algo mientras preparo la comida?

No, ya me esperaré
.
Lucía se apresuró en la cocina y preparó rápidamente unas verduras cocidas y sin sal y unas rodajas de merluza a la plancha. Mientras se preparaban las verduras, puso la mesa. Cuando todo estaba dispuesto, avisó a su madre y ésta se sentó a la mesa.
“Puaf” que malas están estas verduras, les falta sal.

No, madre, no tienen nada de sal, tú no puedes comer con sal y yo, para animarte, tampoco tengo sal, la tienes prohibida, ponte un chorrito de aceite de oliva por encima y si quieres te pico un ajo para darles algo de sabor, yo lo voy a hacer con las mías, además en el hospital no te ponían sal y no te quejabas.

Allí estaba enferma, pero aquí ya estoy bien.
Si quieres seguir bien, tienes que comer sin
 sal, lo han dicho los médicos.

Lucía se levantó de la mesa, fue al trinchante, donde había dejado los papeles y le llevó una hoja a su madre.

¿Ves lo que pone aquí? Todos los alimentos sin ninguna sal, los que ya llevan sal en su elaboración, como el queso, el jamón, los embutidos, etc. Prohibidos, las grasas y los fritos, prohibidos, la leche y derivados, desnatados. ¿Quieres que siga leyendo?

Para eso, mejor no comer o morirme,

Puedes hacer cualquiera de las dos cosas, ya eres mayorcita para aceptar esos sacrificios, pero yo no voy a hacer nada más, no tienes edad para que te de unos cachetes. Procuraré hacer la comida con más especies para darle un sabor más agradable, yo no estoy mala y me sacrifico para que tú no lo pases tan mal.

Esta porquería no la voy a comer, me marcho a la cama.

Bueno, haz lo que quieras, avísame cuando quieras comer que te calentaré las verduras y el pescado y luego una fruta, pero antes de irte, tómate las pastillas que te he preparado al lado del agua en ese plato.

De mala gana y peor cara, Engracia se metió las pastillas en la boca y las tragó con medio vaso de agua, luego se levantó y se dirigió a su habitación.

Al cabo de 15 minutos, sonó el teléfono.

Si, ¿Dígame?

¡Hola! Soy Ricardo, ¿Lucía?

Si, dime, soy yo.

Me ha dicho Pepe que ya estabas en casa, ¿Qué tal está tu madre?
No me digas nada de ella que estoy a punto de matarla, ahora dice que no quiere comer sin sal y se ha ido a dormir sin comer.

Bueno, tranquila, ya se acostumbrará, cuando le venga hambre comerá sin sal y sin comida si hace falta.

El domingo juramos bandera, no podemos salir hasta la tarde. ¿Estarás en el bar por la noche?

No, hasta el lunes no empiezo a trabajar nos veremos después, si te va bien.
Vale, lo haremos así, ¿Tú como estas?

Bien, yo estoy bien, ya nos veremos.

Hasta el lunes entonces.

Colgó el teléfono e inmediatamente llamó a Rosario.

¡Hola, Rosario! ¿Puedes hablar?

Si, dime.

Lucía le explicó lo que le pasaba con la comida de su madre y le dijo:
Tú cocinas habitualmente ¿Sabes que puedo hacer para darle un poco de sabor a los platos?.

No te preocupes, el domingo iré un poco antes y prepararemos alguna cosa que no note que no lleva sal y te explicaré alguna receta. Cuando salgas, compra romero, tomillo, albahaca, pimienta y orégano y llevaré también alguna cosa, si te parece haremos macarrones y pollo a la plancha.

Vale, prima, te espero y gracias por tu ayuda.

Lucía se metió en la cocina y escondió toda la sal que pudo encontrar, luego guardó el poco embutido que había, al fondo del congelador.

Luego fue hasta la habitación de su madre, estaba

 dormida, así que preparó una nota diciéndole que iba a comprar al mercado, que volvería en un momento, luego se acordó de que con el jaleo no había terminado de comer y se sentó en la mesa a terminar el plato, verdaderamente la verdura sin sal no sabía a nada y costaba hasta tragarla.




sábado, 27 de enero de 2018

Miss Daisy




Hemos aumentado la familia


Desde hace 15 días ha aumentado la familia, ha llegado a casa una perrita Teckel de tres meses y medio.



Cuando murió Linda, una caniche de casi 17 años, decidimos que ya no tendríamos más perros, habíamos tenido a la mejor perra del mundo, pero……
Hace unos días, después de pasar por una gripe. Pensé: Cuando Linda vivía, había que sacarla a pasear a las horas que fuesen, con frío, lluvia e incluso nieve, y no me enfriaba, ahora, que me levanto tarde, que me cuido, que duermo mucho, lo pillo todo.
Cuando este comentario se lo hice a mi hija Marina, me dijo: ¿De verdad quieres un perro? Pues he encontrado una perrita en Huesca que te gustará, te envió unas fotos.
A la semana siguiente fuimos a buscarla.

Se llama Miss Daisy porque pensé: Tendré que salir a pasearla, así que yo estaré “Paseando a Miss Daisy”

miércoles, 24 de enero de 2018

LUCÍA

Un nuevo capítulo de Lucía, aquella muchacha a la que llamaron "La muchacha de una sola pierna" Relato que se puede leer en este mismo blog. Ahora contada desde el principio de la historia, con la desagradable situación por la que se vio obligada a dejar el pueblo donde nació y había vivido hasta entonces y marchar a la capital para intentar empezar una nueva vida.


Y ahora...............


LUCÍA 

Pedro Fuentes

Capítulo  XVIII


Llegó al hospital y subió a la planta donde estaba su madre, no iba nada animada, le costaba llegar, quería a su madre que además se había dedicado toda su vida a sacarla adelante, pero no era una mujer nada expresiva, era incapaz de decirle una palabra cariñosa, encima, los últimos días, desde que se había enterado de su historia con Ricardo, agravado con su trabajo en un bar de alterne o de “putas” como ella decía, no había forma de hablar con ella ni que ella le comprendiese en lo más mínimo, para su madre la vida era así, o eras como dictaban las normas o eras una pecadora, quizás a otras personas las hubiese perdonado, incluso a su prima la hubiese comprendido o aceptado, pero a ella, a su hija, a ella no, su hija era una pecadora.

No es que fuese Engracia muy religiosa o una beata, que no lo era, no había sido nunca, era el qué dirán, era de esas personas que de los diez mandamientos le sobraban nueve, el pecado era el sexo.

Antes de entrar en la habitación, la enfermera habitual, se cruzó con ella y sonriendo le dijo:

Ha pasado el doctor, ha dicho que mañana saldrá, que todas las constantes son buenas y goza de muy buena salud.

Si, pero ahora entraré yo, dijo Lucía y verás como parecerá que se esté muriendo.
Esta mañana he estado en la habitación un rato, me he sentado al lado de ella y me ha estado contando tu vida y milagros, a mi no me importa en absoluto lo que hagan las personas, a ti te veo como una mujer adulta que sabes lo que haces y no ye preocupa lo más mínimo los comentarios de tu alrededor, y lo veo muy bien, tu vida es tuya y solamente tuya.

Si, pero ¿Tú sabes lo que es vivir con una persona así que te machaca constantemente?, es imposible, ya no tengo ganas ni de venir a verla, si no fuese porque es mi madre, desaparecería y no la volvería a mirar a la cara.

Va, venga, anímate, piensa que está aquí encerrada y aburrida, verás como cuando llegues a casa todo irá mejor.

Lucía le sonrió ligeramente y marchó para la habitación. Su madre estaba sentada mirando por la ventana, ya no llevaba ni gotero ni estaba conectada a ningún aparato.
¡Hola! Madre dijo y se agachó para besarla en la mejilla, su madre se quedó estática sin mover ni un solo músculo y le dijo un hola que pareció un adiós.

¿Te ha dicho el médico que mañana nos vamos a casa?

Si, ya me lo han dicho, luego, a la tarde recoges todo lo que puedas y así mañana iremos más de vacío.

Esta mañana he ido a comprar para el domingo cuando venga Rosario a comer.
Supongo que ahora empezarás a ir a ese sitio por las noches, te habrá faltado tiempo para decirle que pronto irás, no me explico como Genaro se ha metido en esos negocios y encima meterte a ti también, claro que con la vida que lleva….., ya se tuvo que ir del pueblo por los escándalos que dio con un forastero que vino destinado allí, claro, que el otro, como no lo conocía nadie, se quedó hasta conseguir otro destino, hasta tu padre, su hermano, dejó de hablarle, al poco tiempo murió, yo creo que del disgusto.
Mi padre murió de un accidente con un tractor.

Si, pero seguro que iba distraído preocupado con lo que había pasado.

Pues cuando el hijo de puta del notario nos echó del pueblo, bien que recurriste al tío Genaro, que si no llega a ser por él, a saber que hubiese  sido de nosotros. Además, ya te hemos dicho todos que aquello es un bar normal y corriente, solo que abre por las tardes y está atendido por camareras que no se van acostando con los clientes.

Pues tú fue lo primero que hiciste y seguro que lo metiste en mi casa  en mi ausencia.
Ricardo tiene su piso aquí cerca y gracias a él yo he podido estar arriba y abajo porque me ha llevado en su coche.

Sí, también el otro te estuvo llevando en su coche y quien sabe si tú no te insinuaste.
A Ricardo lo quiero y me gusta, además, si cuando termine la mili se marcha y no lo volveré a ver, me quedará su recuerdo. Piensa en una cosa, si cuando se marche me dice que me vaya con él, no me lo pienso, ni siquiera cojo ropa interior, ni te aviso, me marcho con él al fin del mundo, ya estoy más que harta de que me trates como una puta cuando he estado atendiéndote en cada momento y encima a mi tío Genaro, que ha sido el único que te ha ayudado, lo tratas de maricón para arriba cuando a ti no te debe importar lo que hagan las personas en su vida privada.
Me voy a fumar a la calle, piensa un poco en lo que te he dicho y espero que recapacites. Se puso el abrigo sobre los hombros, sacó del bolso un paquete de LM y una caja de cerillas y salió por la puerta de la habitación apresuradamente para que su madre no viese las lágrimas que aparecían en sus ojos.

Cuando salió al pasillo, la que si la vio, fue la enfermera con la que había hablado a su llegada

¿Qué te pasa, Lucía?

Nada, lo de siempre, que no tolera que tenga un amigo, me echa la culpa de todos sus males y encima, como trabajo de camarera en un bar de copas dice que soy una puta. Tengo veinticuatro años y jamás he salido con ningún chico en serio, ahora que tengo un amigo que si no fuese por él, no aguantaría lo que estoy pasando con mi madre, me dice que soy una perdida y que no perdonará jamás que nos fuésemos del pueblo y que la gran ciudad me está devorando, porque hasta según ella, fumo.
¿Os tuvisteis que ir del pueblo?

Si, yo  tenia 19 años cuando pasó todo….., Lucía le hizo un breve resumen de lo que ocurrió con Antonio y su padre.

¡Jesús! Menuda vida, ¿Y no pudiste hacer nada?

No, esa gente tiene mucho poder en el pueblo y el sargento de la Guardia Civil estaba de su lado y nos metieron el miedo en el cuerpo.

Gracias a mi tío que me consiguió un trabajo en su bar, donde lo único que pasa es que está atendido por camareras y tenemos comisión por las rondas que consumen, ella dice que estamos practicando la prostitución. Y como encima, el único que nos ha ayudado, mi tío, que es homosexual y se tuvo que marchar del pueblo por eso, mi madre dice que somos todos unos perdidos.

¡Jesús! ¡Jesús! ¿Y todavía pasan esas cosas en los pueblos? Antes de irte, te voy a dar mi teléfono y dirección por si algún día necesitas algo. Yo vivo en un piso con tres amigas que en su día vinimos de diferentes sitios a estudiar y nos quedamos aquí para no tener que dar explicaciones a nadie y no estar atadas a falsos convencionalismos.
Bueno, me voy a fumar a la calle para despejarme.

Y yo voy a pasar por la habitación de tu madre para ver cómo “respira”.


Lucía entró en el ascensor con el cigarrillo ya en la boca y una caja de cerillas en la mano esperando para encender el pitillo nada más salir en la planta baja.


miércoles, 10 de enero de 2018

DECÍAMOS AYER

Volvemos hoy con la continuación de este relato de la vida de Lucía, una muchacha que se vio obligada a marchar a la gran ciudad, marcada por las malas lenguas de unos paisanos que no lograron hacer de ella lo que querían. En los capítulos anteriores, podéis conocer los capítulos anteriores.

Y ahora........


LUCÍA

Pedro Fuentes

Capítulo XVII



Cuando Lucía se quedó sola, pensó:
Bueno, no me apetece meterme sola en casa, es temprano, me voy a acercar al bar a charlar un rato con mis compañeras y con Pepe.
Estaba llegando a la Glorieta de Iglesias, así que tomó Eloy Gonzalo hasta Quevedo, eran las ocho y media de la tarde, hacía mucho frío, se subió el cuello del abrigo, se apretó la bufanda y marchó con paso decidido.
Cuando llegó a Magallanes, a la puerta del “Wayquiqui”, tiró de la puerta y abrió, una nube de humo de tabaco le dio en la cara y le irritó los ojos, dio un paso hacia dentro y al verla las tres muchachas y Pepe pensaron que lloraba, una exclamación salió de sus bocas pensando que traía malas noticias, dejaron lo que estaban haciendo y salieron de la barra para abrazarla, cuando Lucía se dio cuenta del pensamiento de sus compañeros, sonrió y les dijo:
No son malas noticias, al contrario, es el humo del tabaco que ya no estaba acostumbrada.
Las cuatro muchachas se abrazaron al unísono, Pepe se quedó un paso atrás esperando su momento, los clientes que la reconocieron se alegraron de verla de nuevo, ahora ya la conocían como Lucía “la encargada”, aquella chica seria pero leal y de trato agradable. Pepe cuando llegó su turno le dijo:
¿Qué tal, Lucía, como va todo?
Bien, mejor, este fin de semana la enviarán a casa y la vecina me ha dicho que ella la cuidará mientras yo vengo a trabajar.
Entraron a la barra y cada una de las muchachas siguió con lo que estaba cuando llegó Lucía, Pepe la cogió de la mano y estiró de ella hasta hacerla llegar al final de la barra, donde no había nadie, allí pudieron mantener una conversación sobre la enfermedad de la madre y el estado de ánimo de la hija, también preguntó por Ricardo, que no había llamado desde hacía unos cinco días.
Bueno, son los últimos días antes del fin de semana que juran bandera y los tienen más ocupados, hasta el domingo por la tarde no sale del campamento y luego tendrá una semana de permiso hasta incorporarse a su unidad, según me dijo, luego tendrá más tiempo libre. Dijo Lucía.
Parece un buen chico, no me gustaría que te hiciese daño.
No, Pepe, yo ya se el final de esta historia, estoy preparada para ello y no me hará más daño que el de una despedida como amigos, es bonito mientras dure y aprovecharé la felicidad ese tiempo, sé que somos de mundos  diferentes y que él se tiene que ir, pero es tan bonito cuando estamos juntos.
Bueno, Lucía, veo que lo entiendes y que estás hecha a las circunstancias.
Nuestro mundo está lleno de prejuicios, las gentes no piensan nada bueno de nosotros y no admiten las circunstancias que nos traen a este ambiente, se aprovechan de nosotros, viven de nosotros y con nosotros, pero no esperan que salgamos de detrás de la barra. Antes de conocer a “Geny”, yo tuve varias relaciones, pero éstas no querían sino un rato de placer, mientras todo fuera en las penumbras y a escondidas, no había problemas, en nuestro mundo hay mucha promiscuidad, casi nadie quiere ser de una sola persona y o te adaptas a eso o tienes que vivir solo y sin amor, yo he tenido la suerte de encontrar el amor de mi vida y él también, pero lo normal es vivir solo y desesperado. Si tú comprendes eso y sabes que lo tuyo con Ricardo ha tenido un principio y un final, búscate unas metas para cuando esa bonita historia termine.
Si, Pepe, lo se, el final de la historia de  Ricardo y yo se acerca, pero pienso exprimir este tiempo que nos queda hasta el último momento. Mi madre dice que soy una puta porque mantengo esta historia con un hombre sabiendo que no hay futuro, dice que somos unos amantes, que soy la querida de Ricardo, pero no me importa lo que diga, cuando estoy con él, abrazada a él y sintiendo sus besos y caricias, soy la mujer más feliz de este mundo y que solamente de sus recuerdos podré vivir el resto de mi vida y no me importará lo que digan de mi, y si antes de que llegue el fin de mi vida, noto que su recuerdo ya no me hace vibrar, será el momento de planteárselo de otra manera.
Veo que tienes claros tus sentimientos, sigue adelante y se feliz mientras puedas al fin y al cabo la felicidad son breves momentos rodeados de bellos recuerdo.
En fin, dijo Pepe, espero que sepas lo que hacer en cada momento y cuando llegue el día del adiós, sepas que ha llegado.
Así el lunes ¿ya puedo contar contigo?
Si, según me ha dicho el cardiólogo, el sábado nos iremos para casa, quizás pueda venir ese mismo día, pero como mi madre está tan rara, esperaré a que se serene un poco. Por cierto, el domingo ha quedado en venir a casa Rosario, una prima segunda mía, amiga además del pueblo y sobrina de Geny, me la encontré en la calle, se vino del pueblo después que yo y está aquí sirviendo, se empeñó en ir a ver a mi madre y vino a la residencia, mi madre, que está cabreada conmigo, le hizo un gran papel, ya veremos que  pasa el domingo.
A lo mejor, dijo Pepe, pero lo mismo le da por ponerla contra ti y entre las dos te hagan la vida imposible.
Yo espero que mi prima esté de mi parte, Rosario ya el otro día estuvo hablándole en mi defensa y haciéndole ver que los tiempos han cambiado.
De todas las formas, coméntale esto a Geny y seguro que él le dará un repaso a tu madre, el otro día en el hospital, le habló muy bien y la dejó suave. Asimismo, procura hablarle al cardiólogo por si eso fuera un problema para su corazón.
Ya lo he hecho, me ha dicho que yo tengo que hacer mi vida y que mi madre intentará ahora hacerme un chantaje emocional, que si se pone a llorar, no me preocupe y si veo que le suben las pulsaciones, yo le diga que tenemos que volver al hospital, con el miedo a tener que volver y quedarse diez o quince días y dejarte sola, mejorará automáticamente.
Bueno, Pepe, me voy para casa, ya te llamaré y diré algo, en cuanto vengamos a casa.
Pasaron por el lado de fuera de la barra y Lucía se fue despidiendo de sus compañeras.
Cuando salió a la calle, el frío le dio en la cara, se apretó la bufanda, se puso los guantes y subió el cuello de su abrigo, apretó el paso, llegó hasta la  glorieta de Quevedo y subió por Eloy Gonzalo hasta Juan de Austria y empezó a bajar, prefirió ir por ese camino, por la noche, siempre hacía ese recorrido, era el más iluminado y transitado.
Cuando llegó a su casa, llamó a la vecina por si había novedades. Nada, todo seguía igual.
Le comentó a la vecina que todo seguía bien y que seguramente llegarían el sábado por la mañana.
Cuando se quedó sola, ya en su casa, se preparó un poco de cena, luego se encontraba tan cansada que se metió en la cama y durmió hasta que es despertador le llamó, eran las ocho, arregló un poco la casa, y fue a comprar al mercado de Olavide cuatro cosas por si el sábado venía su madre, tener algo para comer y para el domingo atender a su prima Rosario que vendría a comer.
Le encantaba ir al viejo mercado de Olavide, ya por poco tiempo, pues se hablaba de que lo iban a tirar.
Para Lucía había dos cosas que le daban carácter a aquella parte del barrio, el mercado de Olavide en la misma plaza y Las Hermandades del Trabajo en la calle Juan de Austria lugar donde se reunían por las tardes trabajadores de todas las especialidades para hacerse compañía disfrutando con sus hobbies. Ella y su madre aprovechaban para ir a comer algunos domingos allí, era limpio, barato y acogedor.
Cuando tuvo todo comprado, cogió algo de ropa para muda, para su madre y marchó andando hasta la plaza de Emilio Castelar, donde cogería el autobús. Parecía que alargara el tiempo de llegar a La Paz, ya sabía el panorama que se encontraría.
El día era frío, pero el sol estaba en todo lo alto y apetecía andar. Llegó a la parada del autobús y a los tres minutos pasó éste, a aquella hora no había mucha gente y se pudo sentar. Lo hizo,  al lado derecho, el de la acera y estuvo todo el viaje relajándose viendo a la gente que pasaba.


miércoles, 3 de enero de 2018

FELIZ 2018


FELIZ 2018


Después de esta larga pausa, necesaria para centrarme e investigar en la nueva etapa que quiero desarrollar, vuelvo a este blog, dispuesto a seguir el contacto con todos vosotros.

En la actualidad, estoy escribiendo dos novelas, que me están dando más trabaja del que esperaba, además sigo con los relatos pequeños y grandes como los que he publicado hasta ahora.

El próximo capitulo que publique, sera LUCÍA  Capítulo  XVII y será el día 11 de Enero, seguiré publicando, pero ahora cada quince días, los que no conozcan esta obra, pueden consultar en el blog los capítulos anteriores y los que no la recuerden, del mismo modo pueden
hacerse al día.

HASTA PRONTO, AMIGOS.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Queridos lectores, a partir de hoy, por motivos técnicos, dejo de publicar relatos, espero que la pausa sea lo más breve posible.

Hasta pronto.

jueves, 17 de agosto de 2017

LUCÍA (Capítulo XVI)


Un capítulo más de la vida de Lucía, la muchacha que tuvo que marchar de su pueblo por culpa de las habladurías de las gentes que más tenían que ocultar.



LUCÍA  

Pedro Fuentes

Capítulo  XVI


Al día siguiente, a las cuatro y media, Lucía estaba esperando a su prima cuando ésta llegó, se dieron sendos besos en las mejillas y Lucía, cogió del brazo a Rosario y tiró de ella hasta la cafetería, allí pidieron dos cafés y se sentaron en una mesa.
Quería hablar contigo antes de subir, para comentarte que hablé con mi madre sobre Ricardo y se puso hecha una fiera, desde entonces no me dirige la palabra, dice que soy una puta, que trabajo en un bar de alterne, que para eso no hacía falta venir a Madrid, en fin, de todo, solamente le ha faltado decirme que para eso hubiese consentido con Antoñito y quizás ahora sería la mujer del hijo del notario, no se si recuerdas a Genaro, el primo de tu padre y a la vez primo de mi padre, él nos ha ayudado mucho aquí en Madrid, es socio del bar en el que trabajo y me protege todo lo que haga falta.
Genaro ¿No salió del pueblo por un jaleo en este caso de pantalones? Dijo Rosario.
Si, creo que si, pero yo no se que sea marica ni me importa, yo solo se que me ha ayudado y protegido, pues bien, hoy ha venido a ver a mi madre y le ha puesto las cosas claras sobre el bar y mi reputación, le ha dicho que conoce a Ricardo y le parece que es un buen chico, aunque no sabe que cuando termine se marchará.
¿Pero te ha dicho algo de un futuro en común? Cortó de nuevo Rosario.
No, todo lo contrario, me ha dejado las cosas claras, además, me ha dicho que casi sin darse cuenta, tiene un noviazgo con una chica a la que no se atreve a decirle que quiere romper y cuando se marche, después de la mili, aprovechará para abandonarla y poner tierra de por medio.
¿Y dices que no es un “cara”?
No, no lo es, simplemente dice que eso que siente no es amor.
¿Sabes que te está destrozando tu vida?
No, me está dando algo que yo no había sentido nunca, yo lo quiero, pero es verdad lo que él dice y mientras dure yo soy feliz, cuando se marche ya veremos lo que siento, pero mientras tanto disfruto de él y de la vida.
Bueno, ahora cuando subamos, no le digas a mi madre los rumores del pueblo, cuéntale las novedades, bodas, bautizos, muertes, cosas de esas y sobre todo, ni a tu madre le cuentes lo de aquí y tampoco a Fernando.
Vale, te prometo que no diré nada a nadie, espero que tu madre no me pregunte nada que no deba saber.
Si lo hace, con decirle que llevas este tiempo fuera del pueblo, que te marchaste unos veinte días después de nosotros y que no te enteras de nada aquí en Madrid, ya está.
Bueno, venga, vamos a subir, se supone que después de ayer, que vinieron Genaro y mi jefe, estará más calmada, porque lleva desde el otro día sin hablarme y no hace más que llorar cuando está a solas conmigo, luego, con las enfermeras y los médicos es otra persona.
Cuando entraron en la habitación. Estaba mirando para el otro lado, hacia la ventana, Rosario, sin decir nada se puso en su campo de visión y entonces le dijo:
¡Hola!, tía, te veo muy bien. ¿No me vas a dar un beso? Y se agachó a la altura de su cara.
Lucía permaneció al lado de la puerta y no dijo nada, esperando la reacción de su madre.
¡Hola! Rosario, cuanto tiempo sin verte, a ti si que se te ve bien, estás más delgada y muy elegante. ¿Qué haces en Madrid?
Servir, ¿se acuerda de los señores de Aspirigüeta? Si, que venían al pueblo a veranear y se quedaban en la fonda mientras le arreglaron la casa de su abuelo, Venancio. En la calle Mayor.
Engracia asintió y sus ojos parecieron alegrarse.
Si, ya me acuerdo, que él era médico aquí en Madrid y ella una gran señora, creo que tenían un hijo, ya mayorcito que no vivía con ellos porque estaba estudiando fuera, a punto de terminar la carrera de medicina.
Esos son, pues bien como la criada que tenían aquí era muy mayor, se iba a jubilar, preguntaron por una moza joven para traerla y que fuese aprendiendo. Mi madre se enteró y como iba a la fonda a trabajar, habló con la señora de mi y me contrataron, así que me vine a final del verano y estuve tres meses aprendiendo de la criada, hasta que se jubiló, ahora estoy yo sola para todo, pero me dejan bastante tiempo libre y me tratan muy bien, además ellos dos solos no dan gran trabajo. Salgo los jueves por la tarde y el domingo todo el día, pero si necesito salir para algo, de cinco a ocho puedo salir cualquier día. Salvo que tenga que acompañar a la señora al médico o a algún recado.
¿Y qué sabes del pueblo? Yo no he vuelto a saber nada de nadie, como nos marchamos de prisa y corriendo. Ya te habrá contado tu prima.
No, solamente que os apetecía cambiar de aires y que aquí ella podría tener más porvenir que en el pueblo, lo mismo que me pasaba a mí. Allí no quedan ya sino gentes mayores, los jóvenes en cuanto se marchan a la mili, ya no vuelven, se vienen a Madrid o a Barcelona y eso si no se marchan a Alemania. Si regresan, es de vacaciones y casados.
¿Así Lucía no te ha dicho nada?
No, que trabaja en una cafetería, hace su turno y el resto del día y los domingos libre. Yo estoy muy bien donde estoy, pero así cambiaría para tener más tiempo libre.
¿Tienes novio aquí?
No, a veces salgo con un chico del pueblo que trabaja aquí en Madrid, el hijo de la panadera. Pero nada serio.
¿Y mi hija, dónde está? ¿No ha subido contigo? Se pasa el día abajo fumando, no para de fumar, no se de dónde ha sacado esa manía.
Estoy aquí, madre, no quería interrumpiros.
Mire, tía, le he traído esto. Mientras hablaba, metió la mano en el bolso y sacó una caja de bombones. Supongo que los puedes comer.
Si, Si puedo, pero hace mucho tiempo que no me regalan bombones, solamente disgustos.
Gracias, hija. Dijo Engracia mientras con manos torpes abría la caja, luego, cuando quitó la tapa, puso la caja delante de Rosario y le ofreció a su sobrina, luego, cogió ella otro y puso la caja en la mesita al lado de la cama.
Lucía miró a su madre, pero ésta no hizo ningún ademán, solo dijo:
Cuéntame cosas del pueblo, Rosario.
No hay nada nuevo, cada vez queda menos gente, los mayores se van muriendo y los jóvenes se marchan, si sigue así, para el curso que viene, cerrarán la escuela, ya no habré niños suficientes, todo el que puede, se marcha a la capital, o al pueblo de al lado, allí han abierto un taller bastante grande y una fábrica de muebles, dicen que lo iban a hacer en nuestro pueblo, pero como no tenemos tren y ellos si, les va mejor para todo.
Siguieron hablando toda la tarde, pero Engracia no se dio cuenta de que su hija se iba a fumar, su prima si la vio porque estaba de frente, pero no dijo nada.
Engracia no sacó para nada el tema de su hija, solamente dijo:
Tu prima creo que sale con un soldado que no es de aquí, por lo que creo que se marchará cuando acabe la mili.
Cuando Lucía volvió de fumar, su prima le hizo una seña y dijo:
Bueno, tía, ya me tengo que ir, como me ha dicho prima que seguramente el fin de semana ya estarás en casa, ya la llamaré e iré allí a veros.
Si, Rosario, ya te llamaré, como tienes el domingo libre, quizás puedas venir a comer y quedarte todo el día. Ahora te acompañaré, ya que ahora que está mejor, me ha dicho el doctor que mejor me vaya a dormir a casa, ya que cada noche en un sofá me va a hacer caer enferma. Mientras esto decía Lucía, fue recogiendo las cosas, abrigo, bolso y una pequeña bolsa para llevar algo de ropa a casa.
Adiós, tía, hasta el domingo.
Adiós, madre, hasta mañana.
Adiós, Rosario, hasta el domingo.
Salieron las dos muchachas y fueron hasta el autobús, como vivían relativamente cerca, fueron hasta la casa de Rosario y Lucía se marchó andando después de despedirse de su prima.