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jueves, 28 de abril de 2022

PLAN 2 (Capítulo I)

 

PLAN 2

 

Pedro Fuentes

 

Capítulo l



Mi nombre es Alfredo y voy a contaros una historia como todas, medio verdad, medio fantasía y donde lo real parece un sueño y los sueños, sueños son como dijo Calderón.

En Altozano del Monte, en pleno Pirineo, entre Huesca y Navarra, se vive muy bien, hay bastante buen ambiente entre los vecinos, cosa muy necesaria porque los inviernos son crudísimos, de hecho por lo menos un mes al año nos quedamos incomunicados por culpa de la nieve y el hielo.

Vivimos de la ganadería, vacas y corderos, tenemos muy buenos prados, en invierno bajamos el ganado al pueblo y cuando llega la primavera, con el deshielo los empezamos a subir a los pastos altos y van subiendo a medida que pasa el frío.

Los inviernos, tan duros y sin el pastoreo, solamente darles de comer y mantenerlos en los establos.

El mayor problema que tenemos es que no hay mujeres, éstas, en cuanto tienen edad, se suelen ir a las ciudades, ya que en el pueblo no hay mucho trabajo para ellas.

En la actualidad hay solamente dos mozas casaderas, una es la hija del tío Paco, dueño del bar de la plaza, precisamente “El tío Paco”. La otra moza es la sobrina de Candela, la dueña del colmado que también está en la plaza. Estas son las dos únicas muchachas casaderas que quedan en el pueblo, luego, más pequeñas hay varias, pero los mozalbetes que vienen detrás, también son muchos más que las niñas.

Los mozos solteros salidos de quintas y de menos de cincuenta años, son 43 contando a Genaro, joven de unos treinta años, pocos saben cuántos y que tiene sus facultades mentales muy disminuidas.

Una noche, viendo la tele en casa del Tío Paco, pusieron un reportaje de hacía no sé cuantos años, de Plan, un pueblecito de Huesca que había organizado unas “caravanas de mujeres” para atraer a mujeres dispuestas a conocer a mozos del pueblo y quedarse allí si llegaba la ocasión. Dejamos las partidas de dominó y de guiñote y se hizo un silencio sepulcral mientras veíamos la tele. Cuando terminó el reportaje empezamos a comentarlo y decidimos que se podría intentar con el ayuntamiento. Como yo soy el secretario decidimos que yo lo tantearía con el alcalde.

Al día siguiente, en cuanto vi al alcalde le comenté la noticia y me dijo que también la había oído y que lo podrían comentar el próximo viernes en el pleno que tocaba.

Los mozos del pueblo, cuando se enteraron que el viernes siguiente se incluiría en el pleno municipal, se empezaron a poner nerviosos, alguno ya soñaba con tener un harén en su casa, otros se veían con una despampanante rubia del brazo, entrando a casa del Tío Paco, ya no tomaría el tinto o la cerveza que tenía por costumbre, pediría un dry Martini, agitado, no mezclado.

La hija del tío Paco, Carmela, moza de buen ver, con mucho desparpajo, estaba por las tardes , hasta las 12 de la noche, en verano, detrás de la barra y atendiendo a las mesas si así hacía falta, los hombres que entraban en el bar, tenían mucho cuidado con lo que decían, porque Carmela no se amedrentaba, sabía qué responderles y hasta se diría que le tenían miedo, la consideraban muy arriada para cortejarla y llevarla al altar, no se le conocía ningún acompañante ni pretendiente.

Pepita, la sobrina de Candela, la dueña del colmado, era también buena moza, más modosita y callada que Carmela, pero ambas eran amigas, tenían la misma edad, 24 y cuando podían salían juntas, tampoco Pepita tenía pretendientes en el pueblo, aunque a ésta si se le había conocido un acompañante hacía unos años, era un mozo del pueblo de al lado, 23 kilómetros montaña abajo, pero cuando le tocó ir a hacer el servicio militar se marchó a la capital y ya no volvió, se colocó allí y le escribió que la iría a buscar cuando saliese adelante. Salió adelante pero en compañía de una paisana con la que se supo que también tonteaba.

Después de esa experiencia, no se le volvió a ver con compañía masculina, los hombres del pueblo se comportaban con ellas como la zorra de la fábula “están verdes”, e incluso, algún envidioso y poco hombre se atrevió a decir de ella que él la había visto en el pueblo de al lado, en fiestas cuando festejaba con aquel mozo, en actitud demasiado cariñosa y que al romper él, ella se refugió en la amistad de Carmela.

En el pleno del viernes, se aceptó por mayoría que se organizaría una “caravana de mujeres” al estilo de la de Plan, se haría en un fin de semana, se recibiría la caravana el sábado por la tarde, con una recepción en el ayuntamiento, luego se les asignaría a las invitadas una casa donde dormirían y desayunarían. Estas casas serían siempre de matrimonios mayores que se ofreciesen, irían de dos en dos y si faltaban casas, se le alojaría en casa del Tío Paco que tenía habitaciones para huéspedes. Luego se haría una cena para todo el pueblo, en la plaza y luego habría baile mientras el personal aguantase, a la mañana siguiente, después del desayuno, se reunirían en la plaza, el párroco les hablaría, solamente cuatro palabras, sobre las bondades del matrimonio cristiano y se irían en el o los autobuses que vinieron, a sus lugares de residencia.

Como secretario del ayuntamiento, me tocó informarme de los pasos a seguir, así que me puse en contacto con el secretario de Plan que me remitió a un agente que se encargaba de organizar todo tipo de actos y festejos.

El agente, Don Cesar, no era barato, pero lo organizaba todo hasta el mínimo detalle, organizaría incluso alguna entrevista en radio y televisión a las que irían varios representantes de los mozos, los más presentables; además, unos días un par de días antes, una televisión enviaría a unos un locutor y un cámara para hacer un reportaje que entraría cada día en directo a nivel nacional y luego gravaría la llegada del grupo y entrevistaría a las mozas y mozos en el momento de la despedida.

Fue un mes de preparativos, D. Cesar la verdad es que sabía hacer las cosas, nada más llegar al pueblo, se puso al mando de la operación, primero se reunió con el alcalde y conmigo, traía un guión de toda la operación, supervisó el terreno y eligió los sitios donde se celebrarían los actos, cómo sería el recibimiento, en fin, todo.

Se seleccionaron a las personas que organizarían la cena, D. Cesar traería un par de conjuntos del que era representante, para la cena y el baile.

Hizo un casting para elegir a los mozos que irían a la televisión, les organizó hasta la forma de vestir, buscó el mejor ganado para filmar y usarlo en el “anuncio” del evento que saldría en los canales de televisión, eligió un catering para el agasajo de la llegada y la cena, para el bar de la fiesta, fue el Tío Paco, que reforzaría con tres personas más además de su mujer, su hermano y su hija para atender la barra, parte de las consumiciones iban a sufragar los gastos de la fiesta.

El área de Festejos y Juventud, correría con parte del gasto y los mozos que quisiesen participar en el evento, tenían que contribuir.

El Tío Paco habló con Candela, su marido y Pepita la sobrina para ayudarles en el bar, cosa que ya hacían habitualmente los días de las Fiestas Patronales.

El bar del Tío Paco recibió sillas y mesas nuevas con sombrillas, con la marca de una conocida cerveza, todo ello gracias a D. Cesar a cambio de la publicidad que le harían con las tomas de televisión en la terraza.

A medida que llegaba la fecha de la fiesta, el pueblo cambiaba, se pintaron casas, se arregló la fachada del ayuntamiento, la plaza mayor parecía otra, limpios los porches, ya no calzaban abarcas, se estaban acostumbrando a los zapatos de las fiestas muy importantes.

Las madres que tenían hijos solteros y en edad de merecer, se habían hecho trajes nuevos e incluso sus maridos lucían el traje de los domingos.

En fin, se diría que hasta lavaron y peinaron al ganado y en las calles ya no se veían “boñigas”.

Los mozos en el bar hablaban más alto, todos decían como querían que fuesen las mozas, a Carmela ni se la miraban.

El cura, D. Jonás, desde el primer domingo que se supo lo de la caravana, en la misa de doce todos los sermones iban dedicados a la castidad y al sagrado lazo del matrimonio.



 

 

 

 


jueves, 21 de abril de 2022

....Y NO ESTABA MUERTA (Capítulo VII)

 

 

 

...Ý NO ESTABA MUERTA


Pedro  Fuentes


CAPITULO VII



Eran las diez de la mañana cuando a 500 kilómetros sonó el teléfono móvil de un viejo conocido.

¿Si, dígame?

¡Ricardo! ¡Hola!, ¿Me conoces?

Si, claro, ahora si, José Miguel, ¿Has vuelto a la costa?

No, no, estoy en Madrid, te llamo por dos razones, la primera es saber cómo estáis tú y Pedro, y la segunda es porque quería consultarte algo.

Si, estamos bien, con Pedro de vez en cuando vamos a pescar y está bien ¿Y tú qué tal andas?

Bien, con mucho trabajo pero bien, de eso quería hablarte, tengo un asunto sobre la mesa del despacho que no tiene mucha importancia, se trata de un posible accidente, pero es tan claro, tan perfecto, tan limpio que antes de darle carpetazo y cerrarlo quería comentártelo.

José Miguel le explicó a su amigo el caso de Gertrudis y luego le dijo:

¿Por qué no te vienes a Madrid y vamos a hacer una última inspección del caso?

Bueno, en realidad ahora no hago nada y no me vendría mal un paseo por la capital.

Coméntaselo a Pedro y os venís los dos y así de camino nos vemos y pasamos unos días juntos.

Bueno, te diré algo sobre Pedro y si dice que sí marchamos mañana mismo. Ahora con el AVE es un paseo.

Ricardo habló con Pedro y asintió rápidamente, aquella misma tarde, después de avisar al comisario se fueron a Valencia y desde allí cogieron el tren hasta Madrid.

Llegaron y José Miguel les estaba esperando para irse a cenar.

Bueno, José Miguel, dijo Ricardo, dices que en la casa la mujer oyó una llamada de teléfonos y al correr tropezó y cayó por las escaleras, ¿Desde dónde llamaron?

Desde un móvil de prepago, ya sabéis, estos teléfonos en principio tienen que estar identificados, pero hay varias trampas para ponerlos a nombre falso y éste es uno de ellos.

Esa es una de las causas que hay para sospechar, ¿Se habían recibido más llamadas de este número? Preguntó Ricardo

Si, algunas pero siempre sin ser contestadas, pudiese ser de esos teléfonos que últimamente todo el mundo recibe llamadas, no hay denuncias, pero a veces pasa.

Después de cenar los tres amigos aprovecharon para irse al teatro y luego Ricardo y Pedro se fueron al hotel y quedaron en que a las 10 los recogería José Miguel con el coche e irían a visitar la casa del accidente.

A las diez en punto de la mañana siguiente José Miguel entró en el hotel a recoger a sus amigos cuando estos estaban dejando las llaves en recepción.

Buenos días, dijo el comisario, el coche nos espera.

Subieron al coche y marcharon hacia Chamartin, al barrio de Ciudad Jardín-Prosperidad, localizaron el chalet, una casa ya antigua pero bien cuidada con un jardín muy arreglado. En el porche una mujer, en una silla de ruedas eléctrica tomaba el sol.

Llamaron al timbre y del interior, cuya puerta estaba abierta salió una mujer de unos treinta y pocos años, alta y esbelta.

¿Qué desean? Dijo la mujer a dos metros de la puerta de hierro forjado donde estaban parados los tres amigos.

José Miguel sacó su placa y se la enseñó mientras decía:

Soy el comisario José Miguel Martínez y venimos a terminar un formulismo sobre el accidente que sufrió la señora Gertrudis.

Fina miró a Gertrudis y ésta asintió con la mirada para que abriese la puerta.

Una vez en el jardín se dirigió a Gertrudis y le preguntó si era ella, Fina intervino y le dijo:

No habla, solamente le puede responder por señas, moviendo los párpados, una vez para decir si, dos para no, varias veces para decirle que no sabe o no comprende. Si conoce el alfabeto para sordos con las manos también le puede decir alguna cosa corta.

Bien, gracias, intentaremos entendernos, suponemos que usted es la señorita de compañía, ¿Vivía en la casa cuando ocurrió el accidente?

No, yo fui contratada después, cuando salió del hospital.

¿Está el marido de la señora?

No, está trabajando, no vendrá hasta la tarde.

Bueno, puede retirarse, luego querremos hacerle unas preguntas a usted, ¿La señora nos entiende bien?

Si, contestó Fina a la vez que Gertrudis parpadeó una vez.

Fina se alejó hacia el interior y los tres amigos se sentaron en unas sillas que movieron hasta ponerlas enfrente de la silla de ruedas.

¿Se llama usted Gertrudis?

Esta asintió

Según el informe, usted se encontraba en el piso superior de la casa cuando sonó un teléfono en el recibidor, llamó a su marido que estaba aquí en el porche y no le oyó, quiso bajar por las escaleras y tropezó con algo y cayó por las escaleras.

Gertrudis iba afirmando mientras José Miguel leía el informe.

¿Sonaba el teléfono más veces así?

Si.

¿Cuándo contestaban decían algo?

No.

¿Respondía también el teléfono su marido? Preguntó Ricardo.

Si.

¿A él le decían algo?

La mujer parpadeó una vez, hizo una pausa y parpadeó dos veces mientras que abriendo la mano derecha movió los dedos pulgar y meñique arriba y abajo.

¿Quiere decir que a veces si y a veces no?

Si.

¿Cuándo cogía el teléfono su marido se equivocaban?

Parpadeó una sola vez mientras volvía a mover la mano.

¿Tiene usted teléfono móvil? Preguntó Pedro mientras iba anotando cosas en una libreta

No.

¿Y su marido?

Si.

¿Habla mucho por él?

Si.

¿Más que por el fijo?

Si.

¿Perdió el conocimiento cuando cayó?

La mujer expresó duda.

¿Oía algo?

Si.

¿Vio algo?

Si.

Empleando el abecedario para sordos dijo:

L U Z - T U N E L.

¿Quiere decir que vio un túnel en el que al fondo se veía una luz blanca y cegadora? Preguntó Pedro.

Si, si, si.

¿Cuándo dejó de verla?

La mujer dudó, luego otra vez con las manos dijo:

A M B U L A N C I A.

¿Le importaría que viésemos la escalera? Dijo José Miguel.

La mujer, con un movimiento de las manos hizo girar la silla sobre sí misma y recorrió el espacio hacia la puerta.

Los tres amigos la siguieron. Una vez en el recibidor vieron el teléfono, la puerta como quedaba abierta, subieron por la escalera, en el descansillo de arriba, cubierto por moqueta, Ricardo recorrió el espacio entre la habitación de matrimonio y la escalera, comprobó que la moqueta estaba bien sujeta, pegada al suelo, luego recorrió todos los bordes de ésta.

Ricardo le dijo algo a Pedro y éste bajó hasta el porche, sonó el teléfono fijo y Fina salió de la cocina a descolgarlo.

¡Diga! ¡Dígame! ¿Quién es? Nada, no responde nadie. Dijo Fina y colgó de nuevo.

Pedro entró en la casa y cerrando la mano derecha, dejó el dedo pulgar hacia arriba, José Miguel sonrió y empezó a bajar por las escaleras seguido de Ricardo.

Abajo les esperaba Gertrudis.

Por la puerta de la calle apareció un hombre de estatura media, delgado, con gafas y una barba espesa pero arreglada.

¿Se puede pasar? Preguntó.

Ricardo le preguntó:

¿Es usted el esposo de la señora Gertrudis?

No, no, soy el psicólogo y vengo una o dos veces por semana, hoy no tocaba venir, pero he ido a un recado aquí cerca y me he acercado pero solamente de visita.

Soy el comisario y hemos venido a hacer una visita rutinaria para poder cerrar el caso, pero ya que está usted aquí, me interesaría consultarle unas cosillas, ¿Le importa que salgamos al jardín y hablemos un momento?

En absoluto, estoy a su disposición.

Y salieron los dos. Ricardo le preguntó a Fina:

¿A qué hora suele venir el esposo?

Depende, normalmente sobre las cuatro o cinco de la tarde, pero a veces viene más tarde pero suele avisar, cuando ha sonado el teléfono pensé que sería él.

Entró José Miguel por la puerta de la calle y dirigiéndose a Gertrudis le dijo:

Bueno, señora, por ahora hemos terminado, pero tenemos que hablar con su marido, así que esta tarde volveremos sobre las cinco y media, díganle que nos espere, que solamente nos falta hablar con él para cerrar el caso.

Puso su mano sobre la mano derecha de Gertrudis y se despidió de ella:

Encantado de conocerla, lamento que sea en estas circunstancias, pero veo que usted es muy fuerte y sabrá salir adelante.

Los tres amigos se marcharon.

Vamos a la comisaría, tenemos que hacer un poco de trabajo y luego nos vamos a comer ¿De acuerdo?

Ricardo y Pedro asintieron.

Pasaron el resto de la mañana haciendo averiguaciones y comentado varias cosas, Pedro cogió todo el expediente y lo leyó de arriba abajo, algunas veces preguntaba algo a José Miguel y otras recalcaba otras en las que no parecía haber caído Ricardo.

Ricardo y Pedro, como ya sabemos todos por otros casos, habían sido nombrados colaboradores de la policía, bueno, Pedro siempre decía que Ricardo era el colaborador, que él era solamente su biógrafo.

Cuando terminaron las averiguaciones que estaban haciendo, se marcharon a comer cerca de la comisaría, luego volvieron, dieron un nuevo repaso a los papeles y marcharon al chalet de Ramón y Gertrudis.

Llegaron a las cinco y veinte, llamaron a la puerta y Fina les abrió, entraron en el salón y allí estaban Ramón y Gertrudis, Fina se marchaba cuando José Miguel le dijo que se quedase.

Bueno, estamos aquí porque tenemos que charlar con ustedes para poder cerrar este caso, dijo José Miguel, a continuación mi compañero dará lectura al expediente, e hizo una seña a Pedro que comenzó la lectura. Cuando llegó a la llamada de teléfono paró.

Ricardo le dijo a Ramón:

Usted dice que no escuchó el timbre, sin embargo cuando declaró por primera vez dijo que estaba en el porche y con la puerta abierta, ¿Se ratifica en lo dicho entonces?

Si, no oí nada, quizás estaba muy concentrado en lo que hacía o en la calle pasó alguna moto y no escuché nada.

Sin embargo nosotros hemos hecho la prueba esta mañana y el timbre se oía perfectamente desde el porche, más que desde la habitación de matrimonio donde estaba su esposa, tampoco oyó la voz de su mujer llamándole desde arriba, pero bueno, quizás usted sea más duro de oído que todos nosotros, pero la verdad es que el teléfono suena una barbaridad. Usted, señorita Fina ¿Tiene aquí un móvil para llamar al teléfono fijo y probarlo?

Fina sacó un móvil del bolsillo del vestido y marcó. El teléfono sonó fuerte. Vale, puede colgar, dijo José Miguel y preguntó a Ramón ¿Lo ha oído bien?

Si, señor comisario, fuerte y claro.

Y usted, Srta. Fina, ¿Tiene otro móvil?

No, ninguno más.

Pedro sacó un teléfono y marcó un número.

Dentro de un bolso en la mesita de al lado del sofá cama sonó débilmente un teléfono.

Nadie se movió, Fina miró extrañada, José Miguel preguntó ¿De quién es ese teléfono?

Fina respondió, es de una amiga mía que me dijo que se lo guardase.

Es curioso, dijo Ricardo, ese teléfono de tarjeta prepago está a nombre de un hombre que murió hace tres años y es desde ese mismo teléfono desde donde se realizó la llamada del día del accidente.

Eso no prueba nada, dijo Ramón.

Ya, ya lo sabemos, pero desde ese teléfono se llamaba muy a menudo a su casa y a su teléfono y al teléfono de su despacho.

Sigue sin probar nada.

Si, ya lo sabemos, pero si ese teléfono está en poder de la Srta. Fina y además recibe llamadas de su móvil algo pasa, si además el curriculum de la citada señorita Fina es totalmente falso, tampoco es auxiliar de geriatría, es más, trabajó de camarera hasta hace dos años que conoció a Ramón y desde entonces mantiene una relación con él. Esto tampoco prueba nada, pero las evidencias se van multiplicando.

En ese momento llamaron a la puerta y Pedro fue a abrir, era Jesús, el psicólogo, entró, se sentó al lado de Gertrudis y le cogió la mano, de los ojos de ella brotaron dos lágrimas.

Pedro siguió leyendo, ahora relataba cómo Gertrudis salió al descansillo superior y llamaba a Ramón.

Gertrudis, en muy pocos momentos has perdido el conocimiento, por lo que hemos hablado contigo y con tu psicólogo, ¿Recuerdas haber tropezado con algo? Preguntó Ricardo.

Gertrudis hizo señas a Jesús y éste dijo:

Dice que no había nada en el suelo, sin embargo siempre tuvo la impresión de haber tropezado.

Cuando volví a casa del hospital, revisé todo y no había nada en el suelo ni nada había rodado por la escalera con mi mujer.

Ricardo le preguntó a boca de jarro: ¿Colocó bien la alfombra?

Si, pero no tenía ninguna arruga.

Ese si parece que le delata bastante, dijo José Miguel.

No tienen ninguna prueba, solamente suposiciones, ningún juez me condenaría por tener una aventura extramatrimonial.

Pedro sacó de entre los papeles una fotografía y se la dio a Ricardo, éste se la enseñó a Ramón ¿Qué ve aquí?

Una alfombra, la de arriba.

¿Y no ve nada?

No

Si se fija, hay una marca, es la marca que dejó la pata del mueble que hay pegado a la pared, usted levantó el mueble y atrapó la alfombra para que formase una arruga, ésta es la marca de la pata del mueble y esta otra raya es la que quedó en la alfombra al doblarse.

No pueden probar nada.

¿Está seguro? Dijo José Miguel, ¡señorita Fina!, usted puede ser acusada de cómplice o solamente de engaño manifiesto al falsear los papeles y poco más, si colabora con la policía.

Yo no hice nada, es más, siempre me dijo que conseguiría traerme a casa hasta que se solucionase lo de la petición de divorcio, solamente me pidió que llamase por teléfono el día señalado a la hora indicada, para eso me dio el teléfono de tarjeta, además lo usaba para llamarme, cuando yo llamaba a la casa si cogía su mujer el teléfono colgaba, si lo cogía él, se iba al despacho y lo llamaba al móvil. No me dijo nunca lo que iba a hacer, solamente que preparaba algo importante, incluso le había hecho un seguro de vida a su mujer. El curriculum y el resto de papeles me los dio él.

¡Calla! No digas nada, ¿No ves que no tienen pruebas?

¡Ramón! Queda detenido por intento de asesinato de su mujer. Dijo José Miguel e hizo una seña por la ventana y entraron dos policías uniformados que esposaron a Ramón y a Fina y se los llevaron.

Gertrudis lloraba a lágrima viva, hizo un esfuerzo y apretando la mano de Jesús abrió la boca y dijo:

Algo sospechaba. Hacía un par de años que no era el mismo.

Los tres amigos se despidieron de Gertrudis y de Jesús y salieron de la casa.



Epílogo

Ramón fue juzgado por intento de asesinato en primer grado y al pago de una fuerte indemnización a su esposa, además fue condenado a 18 años de prisión.

Fina consiguió un trato con la justicia por colaborar con la fiscalía, fue condenada a 4 años pero no llegó a entrar en prisión al no tener antecedentes.

José Miguel, Ricardo y Pedro después de irse a cenar para celebrarlo, quedaron en verse más a menudo pero sin investigaciones por medio, cosa que duda el policía porque allá donde van parece que llaman al delito y terminan envueltos en algún caso, cosa que Pedro agradece porque así puede seguir escribiendo, que es lo que le gusta, ya lo dice él:

Yo solo soy el biógrafo de Ricardo, que lleva toda la vida metiéndose en jaleos.

Jesús se convirtió en inseparable de Gertrudis, que no volvió a andar pero recuperó la movilidad de los miembros superiores y puede hablar. Al cabo de un año se convirtieron en marido y mujer, cuando le fue conseguida la anulación a Gertrudis.

FIN


 

miércoles, 20 de abril de 2022

....Y NO ESTABA MUERTA (Capítulo VI)

 

....Y NO ESTABA MUERTA


Pedro  Fuentes



CAPITULO VI



Ya me siento mejor, por lo menos ahora ya saben que estoy viva, que oigo todo y puedo responder.

La rehabilitación va muy bien, según los médicos, ya sé que no podré andar nunca más, pero eso no sería lo peor de todo, lo peor es no sentir, el sentirse como una planta, ahora ya puedo mover los brazos, bueno, de momento el que no tengo escayolado, pero dicen que cuando me quiten el yeso, podré y cada día mejor. El habla no lo he conseguido, pero por lo menos puedo comer y tragar por mi misma, además, lo más importante, puedo controlar los esfínteres.

Tengo ganas de llegar a casa, me han dicho que será pronto, Ramón me ha explicado que van a hacer unas reformas para que pueda moverme con la silla por mi misma en la planta baja y que me arreglará la sala de estar como habitación, podré salir al jardín y al patio trasero, también me ha hablado de que sería interesante, mientras recupero la movilidad de los brazos y pueda valerme sola, ponerme una persona que me ayude y haga las labores de la casa, dice que pondrá un anuncio y miraremos quién viene por el empleo.

Cada día en la rehabilitación descubro algo nuevo, hoy puedo mover mejor los dedos y los brazos, esto abre un montón de posibilidades, creo que podré utilizar un PC, esto me facilitará la comunicación y me abre la gran puerta de Internet, ya utilizaba el ordenador como uno de mis entretenimientos, además de que en mi trabajo era la primera herramienta, estoy acostumbrada a las hojas de cálculo y procesadores de texto, además comparto con mucha gente cadenas sociales y recibo informaciones de todo el mundo, dentro del mal que me ha pasado, no ha sido lo peor, Dios cuando te cierra una puerta, te abre otras.

Va pasando el tiempo y ya pronto me quitarán la escayola de la clavícula y el brazo, la de la pelvis durará un poco más, pero debido a la inmovilidad de las piernas, dice el traumatólogo que no hay mucho peligro de movimientos bruscos, la verdad es que semejante comentario me ha parecido un poco de mal gusto en el fondo, pero me lo he tomado a risa.

Está visto que el psicólogo que me trata está haciendo un buen trabajo, es un hombre de mi edad y me comenta que lo mejor que hago por mi bienestar es el tomarme la vida con ese ánimo, cualquier persona que haya pasado por algo similar a lo mío, estaría hundido en una fuerte depresión.

Todas mis conversaciones son a base del si y el no de mis párpados y algún truco más que hemos inventado, guiñar el ojo derecho o izquierdo para respuestas no tan tajantes como afirmar o negar, tres cierres lentos de párpados cambiar la pregunta por tener dudas y lo más, desde que puedo mover las manos y los dedos, estoy aprendiendo un lenguaje de signos a base de las letras del abecedario. Cuando llega Ramón y nos oye reír, casi se enfada pensando cómo podemos hacerlo en mi estado.

Ramón siempre ha sido una persona bastante inestable e incapaz de aceptar los golpes de la vida. Se ha pasado gran parte de su vida escondiendo sus alegrías y frustraciones en el fútbol, capaz de llorar por la pérdida de un partido pero incapaz de hacerlo por una película sensiblera.

Es un hombre bueno, honesto y honrado, pero si no fuese porque yo le he empujado a hacer las cosas en esta vida, no sé a donde habría llegado, pero creo que no muy lejos, laboralmente está muy bien considerado, la prueba está en que ahora que hemos tenido este problema, le han dicho que se tome el tiempo que necesita y va a ratos a trabajar o lo hace por Internet desde casa, es Informático en una gran empresa y tiene un buen equipo humano al que sabe dirigir con mano izquierda pero con firmeza, la que no tiene para el resto de los mortales.

La enfermera que rezaba a mi lado cuando estaba en coma, viene a visitarme siempre que puede, al ver mis progresos se ha alegrado muchísimo y me ha dicho que si quiero le puede decir al capellán que pasa por el hospital que me puede visitar, le he dicho que sí, que puede pasar cuando quiera.

La tarde siguiente ha pasado el sacerdote, cuando he oído su voz la he reconocido, él también estuvo a mi lado cuando estaba en coma, me cogió la mano derecha, me la apretó y me dijo algo así como:

Valor, hija, Dios no te abandonará.

Me ha preguntado si era Católica, le he contestado que sí, pero que últimamente me encontraba un poco alejada de la Iglesia. Entonces me ha ofrecido la Sagrada Comunión, le he dicho que sí.

Después de una breve charla me ha dado la absolución y sacando una cajita que llevaba en el maletín que le acompañaba, me ha dado la Comunión.

Cuando ha llegado Ramón me ha comunicado que ya han empezado las obras para adaptar el cuarto de baño, así como la sala de estar, ha retirado todos los muebles, salvo un par de sillones, va a poner una cama regulable eléctricamente, la pequeña grúa es eléctrica y en principio, si mejora algo mi movilidad, la podré usar yo sola, ya que además se puede desplazar en recorridos cortos, en el despacho ha sacado todo su equipo informático, mesa, sillones articulados, ha mandado hacer otra instalación en una de las habitaciones de la planta superior y allí montará su despacho, en el de abajo pondrá una mesa a la medida de una silla de ruedas y todos los archivadores y una pequeña biblioteca a baja altura, que se pueda utilizar desde la silla.

Dice Ramón que va a poner el anuncio de que necesitamos una persona para hacerme compañía y trabajos de casa, que en principio cree que la necesitaremos las veinticuatro horas del día, luego, según mi recuperación podríamos reducir el tiempo y dejarla solamente para mañana y tarde, ya que él tiene que empezar a ir al trabajo.

Me parece bien, le he hecho saber que le preguntaremos a la enfermera que viene a rezar y quizás sepa de alguien.

Ha dicho Beatriz, la enfermera, que abajo, en recepción hay una lista de personas que cuidan enfermos y disminuidos físicos, que tienen mucho cuidado de a quién incluyen en la lista y piden muchas referencias.

Hoy la rehabilitación ha sido muy dura, a veces termino llorando de dolor y frustración, pero hoy ha sido demasiado, los estiramientos que tengo que hacer me cuestan mucho, además ya he empezado a hacer pesas para fortalecer las manos y los brazos, incluso el escayolado, según el fisio, estos tienen que ser mis brazos y mis pies para el futuro, luego me hace estiramientos y masajes en las piernas, dice que hay que seguir haciéndolos para que la sangre corra por ellas y que no se queden en tejido muerto, que siempre queda la esperanza de que con el tiempo se descubra algo que pudiese solucionarme la movilidad, que hoy por hoy no existe, pero la medicina es una ciencia que cada día está avanzando.

Jesús, el psicólogo, ha venido, viene dos veces por semana y a partir de hoy pasará a una vez. Cuando me manden a casa tendrán que llevarme a su consulta hasta que estime necesario, lo mismo que la rehabilitación, que será diaria y me tienen que traer.

Le he dicho a Jesús que no quiero que me lleven a casa todavía, que aquí estoy acompañada y allí lo mismo se me cae la casa encima. Decirle todo esto, por señas y con el alfabeto para sordos de las manos, es un gran trabajo, pero Jesús me hace que cada vez mis frases sean lo más largas posibles, además, muchas veces me dice que no me entiende, yo creo que lo hace a propósito para obligarme a trabajar.

Hoy, entre el fisio y Jesús, he terminado llorando, este último, que no demuestra lástima en ningún momento me dice que es que va a cambiar el tiempo y que además quiero la vida cómoda del hospital, que ya va siendo hora de enfrentarme a la rudeza de la vida y que veré cuando esté en casa que me podré valer por mi misma para hacer muchas cosas, que podré salir y entrar cuando sepa moverme con la silla de ruedas y que seré libre.

Esta mañana han venido a buscarme a primera hora, para levantarme tengo un artilugio, como una pequeña grúa que me colocan y luego giran para sentarme en la silla de ruedas, dice Ramón que en casa me van a poner una más pequeña y eléctrica, que con el tiempo esa operación la podré hacer yo sola.

Me han hecho unas radiografías e inmediatamente ha venido el trauma y me ha dicho que me quita la escayola del húmero y la clavícula, que la de la pelvis me la dejará algún tiempo más.

Ha venido Ramón y me ha comunicado que los arreglos de casa ya están hechos, hemos comprado una furgoneta adaptada, pero todavía no se la han entregado, mientras tanto los desplazamientos hasta el hospital, cuando nos vayamos a casa, como no está muy lejos los haremos con la silla de ruedas o en ambulancia.

Dice Ramón que cree que ya tenemos cuidadora, que vendrá esta tarde para conocerme y que yo dé el visto bueno.

Después de comer, a primera hora de la tarde, ha venido la aspirante a cuidadora, ha llamado y Ramón le ha abierto la puerta, ha entrado y mi marido me la ha presentado, es una mujer de unos treinta y tantos años, alta y elegante, no parece que sea una cuidadora.

Ha presentado un curriculum muy bueno, hasta hace unas semanas estaba en una casa de un matrimonio de ancianos, él estaba muy mal, ella, algo más joven y se conservaba mejor, el anciano murió y ella se fue al extranjero a vivir con una hija, antes de irse le escribió unas referencias muy buenas a Fina, que así se llama.

Ramón le hizo saber cuales serían sus obligaciones, eran aproximadamente lo que hacía con los ancianos, a mi me pareció bien salvo que parecía más la señora de una casa que la cuidadora.

El sueldo le pareció correcto pero quería estar asegurada,

Le tomamos el número de teléfono y le comunicamos que le diríamos algo en un par de días.

Cuando marchó, Ramón me preguntó qué me parecía.

Como pude le dije que las manos las tenía muy arregladas para estar tanto tiempo en la casa de los ancianos.

Ramón me contestó que según había hablado con ella, con el anciano no tenía mucho trabajo, porque en la casa además tenían una asistenta y ella lo único que hacía era leerle el periódico, hacerle compañía y sacarlo a pasear. Además la candidata era auxiliar de geriatría y enfermería con un curso de quiromasaje, había trabajado también, antes de con el anciano en un geriátrico, pero le daba más el trabajar en una casa, lo único que quería eran dos tardes libres a la semana que ya verían cómo lo combinaría, aunque al principio comprendía que no podría ser ya que mi movilidad era muy reducida y dependía de alguien, aunque él, Ramón también se podría hacer cargo.

A los dos días Ramón la llamó y le dijo que quedaba contratada, entonces estuvo viniendo al hospital para aprender los cuidados que me tenía que hacer, tanto de rehabilitación como de enfermería.

La verdad es que Fina parecía muy competente y aprendía rápido. Es muy agradable en el trato y perece tener una buena cultura.

Al fin ya estamos en casa, Gertrudis parece estar contenta de haber salido del hospital, aunque ahora le esperan mayores sacrificios para salir adelante.

Bueno, ya estoy aquí, la rampa y la habitación ha quedado bien, el despacho ha quedado solamente con mi PC y el resto del equipo informático, el cuarto de baño ha quedado bien y en el salón al lado del sofá Ramón ha hecho poner un sofá-cama bastante cómodo para que duerma Fina.

jueves, 7 de abril de 2022

....Y NO ESTABA MUERTA (Capítulo V)

 

....Y NO ESTABA MUERTA



Pedro  Fuentes


CAPITULO V


Cuando me llamaron no lo podía creer, me comunicaron que había abierto los ojos pero que eso podía ser un síntoma muy bueno pero también el principio de una larga y penosa rehabilitación.

Dejé todo lo que estaba haciendo y salí rápidamente para el hospital, entré a la UVI pese a que no era hora de visita, estuve con mi mujer, le dije que estaba allí, que me dijera si me oía y me respondió con un abrir y cerrar de ojos afirmativo, le comuniqué que no podía permanecer allí más rato y que iba a hablar con el doctor, que luego, a la hora de visitas volvería y que además le tenían que hacer muchas pruebas.

Salí y una enfermera me comunicó que el doctor me estaba esperando.

Entré en su despacho y se levantó de la mesa para darme la mano y felicitarme.

Bueno, su esposa ha dado un paso muy importante, pero hay un problema, después de todos los exámenes realizados, no hay ninguna razón para la pérdida total de movilidad, salvo la de las extremidades inferiores que hoy por hoy la medicina no tiene solución para ella, hay una rotura de dos vértebras y la médula espinar que le ocasiona una invalidez total en las piernas, el resto del cuerpo, no hay causa ninguna para que esté paralizada, su cerebro aparentemente no está dañado físicamente, pero es un campo muy desconocido su interior, así que podemos pasar mucho tiempo sin mejoras, puede recuperar alguna movilidad y algún sentido, como ha recuperado la vista, el movimiento de párpados y ojos y el raciocinio, le hemos hecho pruebas, todavía solamente una parte y su cabeza responde correctamente, tiene una lógica correcta y unos reflejos mentales de una persona normal. Por eso puede ser problemática la recuperación, porque no hay causa física para la inmovilidad. Quizás se recupere poco a poco o se cierre y quede dormida para el resto de su vida o pasen años, cuanto más años pasen peor será, porque sus músculos y nervios se irán agarrotando.

Mañana le pasaremos a planta y la someteremos a una rehabilitación total, así que hoy ya no podrá pasar a verla, cuando venga mañana a primera hora la llevaremos a planta y queremos que usted esté presente, es posible que en esa rehabilitación, sobre todo la psíquica porque no conocemos qué le hace seguir así y quizás nos pueda dar la clave.

Nos tendrá que rellenar un cuestionario para que sepamos qué preguntas hacerle, son cosas sobre todo de la vida de ella y ustedes antes del accidente, por ejemplo si trabajaba y en qué como fue su vida en común, relaciones, si tienen más familia, qué hobbies tienen, si hablaba otro idioma, afición a la lectura, etc.

Ahora cuando salga, mi enfermera se lo dará y le señalará un despacho donde pueda rellenarlo.

El doctor llamó a su enfermera y ésta entró, recibió las instrucciones e hizo que le siguiese, me acomodó en un pequeño despacho sala de estar y me entregó un cuadernillo y un lápiz.

Cuando termine, yo estaré aquí fuera, tómese el tiempo que necesita.

Estuve hora y media para responder a todo tipo de cuestiones incluidas de nuestra vida sexual en común.

Después de terminar, salí, le di el cuadernillo a la enfermera y quedé en volver al día siguiente a las nueve y media.

El resto de la mañana lo pasé llevando el parte de baja a la empresa donde trabaja la mujer, una multinacional en la que ejercía de administrativa, estuve hablando con su jefe de relaciones laborales y le expliqué la situación, le indiqué que en principio había que esperar pero que salvo un milagro, habría que solicitar la inutilidad total, en este caso, la empresa tiene un seguro colectivo y un plan de pensiones del que se podrá disponer su fuese necesario y la Seguridad Social empezaría a pagarle como pensionista, que gracias al tiempo cotizado y a los años, sería una cantidad bastante importancia.

Todo esto permitiría abordar unos gastos de rehabilitación que podían ser muy costosos.

Hablé con sus compañeros que no se imaginaban lo grave del accidente, una de sus compañeras quedó en recoger los efectos personales de Gertrudis para guardarlos hasta que yo le llamase para entregármelos.

A la mañana siguiente, cuando volví al hospital me indicaron que una vez retirados los respiradores, oxígeno y demás ayudas, había reaccionado bien y no parecía tener ningún problema, sus constantes vitales eran las correctas y el hematoma del cerebro había remitido pero seguía con la inmovilidad más absoluta salvo el parpadeo y movimiento de los ojos.

El doctor me hizo pasar para que hablase con ella con cuidado de que le hiciese preguntas sencillas a las que me pudiese responder con el movimiento de los párpados pero que intentase que moviese los dedos, en éstos habían hecho pruebas y no los movía, pero no los tenía agarrotados, en fin, seguíamos en las mismas, no había razón para que no se moviese salvo las piernas que no parecían tener solución, todo parecía efectos de un shock del que no se sabía cuando se recuperaría.

A medio día fue trasladada a planta, seguía con la alimentación por goteo y estaba conectada a un monitor que informaba y vigilaba de todas sus constantes vitales.

Me entregaron unas cuartillas con los horarios y el tipo de rehabilitación y me pidieron que estuviese presente en muchas de ellas porque a veces sicológicamente un familiar cercano podía ser positivo.

A los quince días se había avanzado algo. Con la ayuda de una enfermera empezó a comer alimentos más o menos sólidos, había que abrirle la boca para introducírselos, pero luego los tragaba, movía la cabeza lateralmente y los dedos de ambas manos los abría y cerraba. Le quitaron el monitor y el gotero, y pasaba la mayor parte del día sentada en una silla de ruedas, por lo cual la llevaba a pasear por los pasillos de la planta, luego me dieron permiso para sacare al jardín del hospital. La vista estaba recuperada e incluso veía la televisión y entendía todo lo que oía.

Una semana después tenía movilidad reducida en el brazo sano, las radiografías del fracturado junto con la clavícula daban buen aspecto y pronto le quitarían la escayola.

Ya abría la boca por ella sola y podía comer alimentos más sólidos puesto que podía masticar. Controlaba bastante los esfínteres y avisaba según un código inventado moviendo el pulgar hacia abajo. Incluso sonreía cuando se lo pedíamos y lloraba, muchas veces, cuando no la veía nadie, lloraba.

Vino por la habitación la enfermera que rezaba a su lado cuando estaba en coma y se habituó a venir antes de entrar o al salir del turno si la hora no era intempestiva.

El doctor que la había despertado, la visitaba junto con otros doctores cada día y me decía que era muy bueno que hiciese progresos aunque fuesen pequeños, porque esto era la puerta que se abría a otros mayores.

Me comunicó que en cuanto se le quitasen las escayolas, la mandarían a casa y que tendría que seguir con la rehabilitación, también me envió a un fisioterapeuta para que me indicase qué tenía que hacer para conseguir la mayor movilidad posible en casa.

En la casa lo teníamos bastante bien, es un chalet, no muy grande pero tiene una planta baja bastante amplia, con un salón comedor, la cocina, un cuarto de baño, al que habrá que sacarle la bañera y poner solo ducha, una sala de estar y un pequeño despacho, la sala de estar se puede reconvertir en habitación y el recibidor, por la cocina se puede salir a un patio trasero y por delante la puerta de la calle que lleva a un porche y el jardín que separa la casa de la calle. Los únicos escalones son del porche al jardín, pero hay espacio suficiente como para hacer una rampa por la que pueda subir y bajar una silla de ruedas.

En la parte alta, en el piso hay tres habitaciones y un baño, además del descansillo que da a las escaleras, alrededor del cual están las habitaciones. En el techo del descansillo hay una trampilla que se baja y sale una escalera que lleva a la buhardilla, que no se usa sino para guardar trastos.

La solución será que Gertrudis disponga de la planta baja y yo me quedaré en la habitación de matrimonio, ya que en la de abajo no cabe una cama de matrimonio, una silla de ruedas y una pequeña grúa elevadora para trasladar a Gertrudis de un lado al otro e incluso a la ducha y a la taza del wc que también hay que cambiarlo.