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jueves, 30 de marzo de 2023

EL AFILADOR (Capítulo XIV)

 

 

 El  Afilador



Pedro  Fuentes

 

CAPITULO  XIV

 

El apartamento estaba en un bloque bastante alto y a unos seiscientos metros del paseo por el que pasaba la carretera de la playa, por donde apareció la moto de Anselmo.

Era un pequeño apartamento de una habitación y una cocina americana con un saloncito  y una terraza bastante grande para lo que era la vivienda.

El ex marido estaba esperando, guardaba unas llaves que su ex le había dejado por si ocurría algo.

Una vez en el apartamento, no encontraron nada de particular, éste estaba bastante desordenado, en el fregadero reposaban un par de platos y cubiertos sin lavar, en la cocina, se encontraba una cazuela con un guiso ya echado a perder. Todo lo demás estaba más o menos en orden. Los policías que los acompañaron, expertos en pruebas, examinaron todo y recogieron alguna cosa que pudiese indicarles ADN o pruebas de terceros.

Algo llamó la atención de Ricardo encima del mueble del comedor, se acercó, cogió una foto en la mano y llamó a los dos amigos.

¡Mirad! ¿Veis la foto bien?

Si, dijo José Miguel, es ella con un perro.

¿Sabe si este era su perro?

No, No ha tenido nunca perro, cuando vivía conmigo imposible, les tengo alergia.

Este perro es Pibe, dijo Ricardo.

¿Estás seguro?

Veo a Pibe cada día, es inconfundible, los que entendemos de perros sabemos que no hay dos iguales.  

¿Sabe si vivía sola o tenía alguna relación? Preguntó el policía.

No, no lo sé, alguien me había comentado que a veces la habían visto acompañada pero no por una persona habitual.

Ya sabe cómo es la gente, cuando hay una separación te vienen con comentarios para ver si reaccionas de alguna forma rara.

Si hubiese tenido una pareja estable, ella misma me lo habría comentado.

Bueno, dijo el comisario, no parece que podamos encontrar nada, hablaré con el juez para informarle y seguramente le llamaré la semana que viene o la otra para que puedan vaciar el apartamento.

¿Sabe si hay testamento o algún seguro de vida?

No, no hay nada de eso, de hecho yo era la única persona que tenía en el mundo.

Hemos recogido varias cosas para pruebas de ADN, cabellos, colillas que había en los ceniceros, y nos llevamos también esta foto, esperamos devolverla lo antes posible.

Se despidieron y los policías se metieron en un coche y los amigos en otro.

¿Dijo el forense a qué hora ocurrió el asesinato? Preguntó Ricardo.

Si, entre las 21 y las 22.

¿Había cenado ya?

No, no había cenado, no tenía más restos de digestión que una bebida isotónica que iba tomando mientras corría y que se encontró medio vacía cerca del cuerpo.

¿Y no hubo señales de lucha?

Si, pero muy poca, el asesino debía estar agazapado por entre los matorrales y la sorprendió y rebanó el cuello sin ningún forcejeo, no le dio tiempo ni a gritar.

O sea, fue una persona fuerte y alta, le debió salir por detrás, la levantó por la cintura y le cortó el cuello de izquierda a derecha. ¿Había huellas de él?

Si, unas zapatillas de deporte corrientes de la talla 43.

¿Iguales en los tres casos?

No lo sabemos seguro, los dos primeros asesinatos ocurrieron con el suelo muy seco.

¿A dónde quieres ir a parar? Dijo José Miguel.

Bueno, en principio el asesino no era mujer, primero porque las mujeres no utilizan el cuchillo para matar.

El asesino es alto, fuerte y sabe manejar el cuchillo, ya que lo empuñó de dentro a fuera, si hubiese sido al revés no la podría degollar como lo hizo, sería seguramente un cuchillo de unos treinta centímetros de hoja y muy afilado, cosa que ya habrán dicho el forense y los especialistas y al ser por detrás, seguramente no se manchó de sangre ni los zapatos. Pero si el  brazo izquierdo, con el que tenía rodeado el cuerpo de la mujer.

No me extrañaría que hubiese pertenecido a algún comando especial.

¿Y? Dijo el Pedro.

Que podremos empezar a eliminar sospechosos, Ya que no hay pruebas, quizás sea más fácil eliminar sospechosos que buscar asesinos, por lo menos mientras no haya pruebas.

No creo que tenga en su poder una prenda tipo anorak que por mucho que la lave siempre quedarán huellas de sangre y seguro que tampoco tendrá las zapatillas que se manchó de barro. Pero quizás sería bueno buscar por contenedores ropas de ese tipo o cenizas.

Volveremos a los alrededores del tercer crimen pero ya hicimos una buena batida y no apareció nada.

¡José Miguel! ¿Podrías pedir informes de todos los sospechosos?

Esta hecho, ninguno de los sospechosos tiene antecedentes, faltan de Domingo, alias Dominic, los hemos pedido a la Interpol.

Eran más de las seis de la tarde cuando los amigos decidieron queda para el día siguiente.

¡Pedro! Me voy a pasear a Trouvé y a darle vueltas al asunto, ¿Te vienes? Dijo Ricardo.

No, tengo los artículos atrasados y además quiero pasar a limpio todos los apuntes.

Nos veremos mañana.

 

jueves, 23 de marzo de 2023

EL AFILADOR (Capítulo XIII)

 

 EL  AFILADOR


Pedro  Fuentes



 

 CAPITULO  XIII

 

El apartamento de Anselmo, en la carretera de la costa, dentro de un recinto de seis casas adosadas, con un pequeño jardín, en los bajos, por delante está la puerta del garaje y por detrás, con unas escaleras para cada dos apartamento, el de Anselmo es el segundo de la derecha, tiene una cocina americana y una habitación doble y otra muy pequeña.

El policía, junto con sus dos amigos y tres agentes más se desplazaron allí, primero llamaron a la puerta, al no contestar, llamaron a la vecina del lado derecho, ésta abrió la puerta, a las preguntas del policía, le comunicó que la noche en que desapareció el inquilino, no ha oído ni visto a nadie en la vivienda.

José Miguel le comunicó que iban a entrar, que tenían una orden judicial y que el administrador de la finca tenía llaves por si ocurría cualquier emergencia y que se las había dejado para permitirles la entrada sin causar destrozos.

Una vez dentro, no observaron nada raro, todo estaba en orden, la cama hecha y todo limpio y reluciente, en un cenicero en el balcón había una colilla de un cigarrillo negro, en el cubo de la basura, la bolsa estaba totalmente vacía, por lo que supusieron que se llevó la basura la última vez que salió.

Ricardo se acercó a la casa de la vecina y le preguntó:

¿Dónde tiran ustedes la basura?

A la salida del recinto, a mano derecha hay unos contenedores, en verano los vacían cada día y ahora cada tres días, precisamente han pasado esta mañana.

De todas las formas, se acercó a los contenedores, estaban casi vacíos.

En el resto de la casa no encontraron nada sospechoso salvo tres papelinas conteniendo coca debajo de la bandeja de los cubiertos en un cajón de la cocina.

Bajaron al garaje, allí estaba un utilitario bastante nuevo, propiedad de Anselmo y en la pared del fondo unas estanterías metálicas en las que se depositaban cajas de trastos, libros y un equipo de submarinismo, traje de neopreno, aletas, gafas, tubo y un fusil.

En el coche no había rastro de nada raro, estaba recién limpio, como todo, sin una mota de polvo.

A la hora de irse, Ricardo volvió a preguntarle a la vecina que merodeaba por el jardín:

¿Sabe si Anselmo tiene una señora para la limpieza?

No, ninguna, es muy cuidadoso y siempre, bueno, cuando está en casa, hace la limpieza y cocina.

¿Tiene muchas visitas?

No, muy pocas, alguna vez viene algún amigo, pero son muy discretos, no se oyen ni voces. Cuando hace buen tiempo se sienta en el balcón y lee o escucha música, pero a un volumen que no molesta a nadie.

Se marcharon todos y se llevaron en varias bolsas de plástico pequeñas la colilla encontrada en el balcón, varios cabellos encontrados en el cuarto de baño y las papelinas de la droga.

Creo que no hay duda, no ha desaparecido por propia iniciativa, dijo Ricardo.

¿En qué te fundas? Dijo José Miguel.

No parece que falte ropa ni nada, en moto no se fue y el coche lo tiene en el garaje, andando este lugar está lejos de cualquier sitio y si hubiese venido alguien a recogerlo, la vecina, con lo cotilla que es lo sabría.

¡Bravo! Menudo sabueso. Dijo su amigo Pedro.

Pues yo no veo nada claro. Dijo José Miguel. Y pistas no hay ninguna, ni tan siquiera indicios razonables, le podríamos apretar las clavijas al afilador y ver si canta, pero creo que ese tiene muchas tablas y aunque parezca nervioso, domina la situación, y tampoco le podemos acusar de nada.

¿Ha llegado el ex marido de la tercera víctima? Preguntó Pedro.

Si, ha llegado, vino por la comisaría en cuanto llegó, estaba muy apesadumbrado, mantenía una relación lejana pero aceptable con ella, nos ha dicho que ella no tiene familiares y que él se encargaría de todo cuando el forense y el juez den los permisos, la van a incinerar. Precisamente he quedado con él por si queremos hacer una inspección al apartamento que tenía alquilado antes de tocar nada y vaciarlo.

Precisamente ahora lo voy a llamar para ir para allí. Dicho esto José Miguel cogió el móvil y llamó, se puso de acuerdo con el ex marido y salieron hacia allí, el apartamento quedaba bastante cerca, solamente había que cruzar tres calles, además era bastante cerca de donde apareció asesinada.

 

jueves, 16 de marzo de 2023

EL AFILADOR (Capítulo XII)

 

EL  AFILADOR

 

Pedro  Fuentes



CAPITULO  XII

 

 

Al día siguiente, a las nueve ya estaban los dos amigos en la zona habilitada en el ayuntamiento como comisaría, cuando llegó José Miguel se reunieron los tres alrededor de la mesa del despacho.

¿Alguna novedad? Dijo Ricardo.

No, ninguna, no ha aparecido el camarero y en la moto no hay más huellas que las suyas, es extraño que la moto estuviese bloqueada, quizás alguien lo recogió en un coche y pensaba volver pronto a buscarla. Dijo José Miguel.

El primero de los citados a declarar fue Rodolfo, lo hicieron pasar una vez que los dos amigos habían pasado a la sala de al lado.

Buenos días, señor comisario.

Siéntese, dijo el policía sin levantar la vista de los papeles que estaba leyendo. ¿Tiene algo que declarar que no nos haya contado? Piénselo bien, no queremos que luego averigüemos algo, ya nos ha ocultado cosas de vital importancia y por su bien más vale que coopere en todo. Aquí tiene la última declaración, léala tranquilamente y si tiene algo que comentar me lo dice.

Rodolfo cogió los folios y los leyó detenidamente, luego dijo: Si, señor comisario, es todo correcto, tuve miedo al ver que conocía a la victima y actué sin pensar. ¿Dónde lo firmo?

Una vez firmada la declaración, José Miguel le dijo:

Puede marcharse, pero es posible que le tengamos que llamar de nuevo.

Una vez fuera Rodolfo, entraron los amigos en el despacho. Un policía les indicó que había llegado el afilador, hicieron la misma táctica que la vez anterior. Salieron al balcón a fumar un cigarrillo, luego entraron de nuevo, se sentaron y llamaron para que pasase el afilador.

Entró el afilador, los nervios los llevaba a flor de piel, como siempre, el despacho estaba iluminado por la luz que entraba por un gran ventanal y el sol entraba directamente e incidía sobre la silla donde lo hicieron sentarse. De espaldas al sol, al otro lado de la mesa, estaba José Miguel, al fondo de la habitación en un punto de semioscuridad, en un sillón se situaron Ricardo y Pedro, donde eran casi invisibles para el interrogado que solamente divisaba de ellos una mancha oscura en contraluz.

El comisario. Con una carpeta en la mano le preguntó a bocajarro:

El día que se descubrió el último cadáver,  usted estaba entre los curiosos, ¿Qué hacía allí?

Lo que usted dice, curiosear, vi un montón de gente y quise saber qué había pasado.

 Usted va a cada población un día y había estado el día anterior allí.

Si, pero como me quedaron pendientes varias personas, volví ese día y como fue al final del pueblo donde me faltó el tiempo, pero no me acerque por allí. Ese día no fui, se aventuró a decir el interrogado.

José Miguel, lentamente, con mucha teatralidad, sacó de la carpeta dos fotos y se las colocó en la mesa al afilador acompañadas de una fuerte palmada al colocarlas.

¿Se encuentra o se lo digo yo?

Si, tiene razón, me había equivocado, no me acordaba, cuando oí en el pueblo me acerqué por curiosidad.

¿Vio a alguien conocido alguno de los dos días?

Si, a varias  clientas, al dueño del bar Hamilton y a su camarero.

¿Conoce al camarero? ¿Tiene tratos con él?

¿Quién, yo? No gracias, a mi me gustan las mujeres.

Si, quizás demasiado, tenemos una ficha suya en la que consta una acusación por malos tratos. Después tenemos que su ADN se encontró en la segunda víctima.

Los malos tratos fue la denuncia de mi ex para separarse,  siempre dije que era inocente, que me acusaron en falso y nadie me creyó, se autolesionó, yo no le pongo la mano encima a las mujeres para pegarles y con la segunda víctima ya les dije que sí, que estuvimos juntos, pero luego la dejé en el Hamilton con vida.

¿Qué relación tiene con Dominic, el dueño del bar?

Solamente profesional, le afilo los cuchillos y cuando me pilla la hora de la comida cerca voy allí a comer algo, alguna tarde noche voy a tomar algo, de vez en cuando sale algún “planillo” y cuando cae algo, lo aprovecho.

¿En la furgoneta?

Si, como cuando estoy lejos de casa trabajando o en vacaciones la tengo montada como auto caravana, no me gusta ir a las casas de ellas, no sabes nunca lo que te puedes encontrar allí.

Bueno, aquí tiene todas las declaraciones, ahora vendrá un agente y le acompañará hasta otro despacho para que las lea y firme si cree que son correctas.

Entró un agente y acompañó al afilador.

Después de otro cigarrillo en el balcón intercambiando pareceres, volvieron a sus puestos y un agente le avisó de la llegada de Dominic.

Entró éste y el policía le indicó el asiento.

Señor Dominic, usted estuvo como espectador la mañana que descubrieron el tercer cadáver y un testigo ha declarado que en el segundo también. ¿Es verdad?

Si, en el segundo, alguien me lo dijo, creo que Anselmo, el camarero y nos acercamos los dos.

¿Reconoció entonces a la víctima?

No, no la llegué a ver, luego dijeron que no sabían quién era, luego, con la tercera pasó algo semejante pero me acerqué temiendo que fuese alguna chica conocida.

¿Ha vuelto a saber algo de Anselmo?

No, nada, sigo llamando por el móvil y está apagado.

¿Vive con alguien?

No, tiene un pequeño apartamento en la carretera de la costa, me he acercado allí y está todo cerrado y la vecina no lo ha visto ni oído.

Ricardo, desde la semi penumbra le preguntó:

¿Trabajo para usted Michelle alguna vez?

Si, esporádicamente, en verano.

¿La conoció en España?

Si, me vino a pedir trabajo de camarera.

Bueno, dijo el comisario, le llamaremos de nuevo para firmar las declaraciones.

¡Oiga!, yo tengo un negocio que atender y no puedo estar de aquí para allá.

Pues piense que si le encauso por sospechoso va a perder más tiempo detenido.

Puede marcharse hasta que le avisemos.

Salió Domingo y José Miguel dijo:

Vámonos al apartamento de Anselmo, ya he pedido una orden judicial

jueves, 9 de marzo de 2023

EL AFILADOR (Capítulo XI)

 

EL  AFILADOR

 

Pedro  Fuentes

 

 

CAPITULO  XI

 

A eso de las 5 de la tarde Ricardo llamó a Pedro y quedaron en verse con José Miguel en la comisaría.

 Entró Pedro y le dijo al comisario, ¿Sabes que hay personas en las fotografías que parece que estén en todos los lados?

Si, hay personas que parece que lleguen al lugar del crimen antes que la policía, tenemos que hacer una lista para interrogarles.

Tengo alguna cosa nueva, pero esperaré a que llegue Ricardo.

No pasaron ni tres minutos cuando se presentó en el despacho.

Sentaros que os tengo que decir algo, la primera es que la moto del camarero ha aparecido en la carretera de la costa, estaba en una playa de piedras en donde la carretera pasa justo por encima, se había despeñado, pero el camarero no ha aparecido, la ha encontrado un vecino esta mañana, cuando paseaba al perro, está visto que si tienes perro te ves metido en todos los líos.

He pedido que no toquen nada hasta que le echemos un vistazo, así que ya nos estamos yendo antes de que oscurezca.

Salieron y en el coche oficial se desplazaron hasta el lugar de los hechos, mientras tanto llegaban el policía les dijo:

Hemos identificado a la segunda víctima, la policía rumana nos ha respondido, pero dicen que según sus datos, estaba residencio en Francia, al menos así lo han comunicado unos familiares que viven en Rumanía.

Llegaron a la playa y vieron la moto, estaba tumbada sobre el lado derecho, en medio de las marcas de gasolina derramada, era una scooter de 125 centímetros cúbicos, la rueda trasera estaba reventada y el eje roto, no había sino pequeñas abolladuras, en la carretera no se encontraron marcas de frenos ni ruedas o más bien había muchas rodadas porque allí aparcaban coches para bajar a la playa.

No se encontraron manchas de sangre ni nada que pudiese señalar violencia.

Esta moto no ha caído aquí con el motor en marcha, luego no fue un accidente, es un motor de cuatro tiempos, de gasolina, si hubiese caído en marcha, con la gasolina derramada y la bujía haciendo chispa habría ardido en el noventa y nueve por ciento de los casos, lleva cambio automático y no se abría calado. Además, cosa curiosa, la rueda delantera está bloqueada, luego la moto estaba aparcada y cerrada.

Si hubiese sido el dueño, la moto no estaría bloqueada, no sería tan tonto como para tirarla así.  Solamente intentaron esconder la moto, aparcada en la carretera llamaría más la atención.

El propietario ha desaparecido, luego o tiró él la moto para desaparecer o tiraron la moto y lo hicieron desaparecer.

Pedro comentó más bien como un pensamiento en voz alta:

¿Qué hacemos con la foto donde sale él en la reconstrucción del tercer asesinato?

¿Lo descartamos o lo añadimos a la lista de sospechosos?

¿Víctima o verdugo?  “That is the question”  Dijo Pedro.

“Elementary, my dear Watson”. Le contestó Ricardo.

Bueno, bueno, ¿Empezáis a ver algo claro? Dijo el policía

¿No os parece que pueda ser una casualidad?  Lo mismo tenía enemigos, por lo que vimos el otro día, parece que sabe demasiado de todo el mundo.

¿Crees que puede ser un ajuste de cuentas o un intento de chantaje?

Si, yo creo más por un chantaje, dijo Ricardo pero ¿A quien? ¿Quizás conocía al asesino?

Al afilador lo tenía marcadísimo y no le caía bien.

Bueno, primero hay que saber dónde está el camarero, quizás se sintió en peligro y huyó, pero si han acabado con él, ¿Dónde está el cuerpo?

Desde luego aquí no hay rastro de personas ni de sangre, si lo atacaron aquí hay dos incógnitas.  La primera que conocía a la persona que se encontró y subió a algún vehículo con él, La segunda que alguien  lo hizo subir a un coche.

Hay que encontrar al camarero, vivo o muerto, creo que es la clave de todo, lo malo es que a las mujeres querían que se encontrasen y a este no interesa. Dijo José Miguel.

¿Qué se sabe de la segunda víctima además del nombre y que era rumana? Preguntó Ricardo.

La familia de Rumanía, la única que tenía pensaba que estaba en Francia, al parecer, hace unos cuantos años, antes de entrar en la Unión Europea pidió visado para Francia.

Tenemos pedidos informes a la Gendarmería, todavía no han llegado, pero parece que era bastante relajada de moral y vivió un tiempo con un macarra que la hacía prostituirse.

En España ha estado trabajando en algún bar de alterne y no se le conocía una pareja estable, al identificarla hemos encontrado su vivienda, un pequeño piso en las afueras de este pueblo, últimamente no se le conocía trabajo fijo pero vivía bastante desahogada, a veces tenía alguna chica compartiendo el piso, pero no ahora, que vivía sola y no solía tener o recibir compañía masculina.

Mañana tendremos que empezar otra ronda de interrogatorios, he llamado nuevamente al afilador y al dueño del bar, ¡ah! Y a tu amigo el argentino, luego quiero ir a visitar a los vecinos de las tres víctimas y saldrá una orden de busca y captura del camarero.

Y ahora, por la hora que es podemos ir a cenar a algún sitio.

Cerca de mi casa, dijo Ricardo hay un sitio para tomar pescado fresco, yo invito que este medio día he firmado unos contratos para el  verano para pequeñas travesías. Además tenemos que coger a Trouvé que lleva toda la tarde en casa y tiene que salir, donde vamos lo dejan entrar. Si supiesen los antecedentes que tiene, otro gallo cantaría.

 

 

jueves, 2 de marzo de 2023

EL AFILADOR (Capítulo X)

 

EL  AFILADOR

 

Pedro  Fuentes

 

CAPITULO  X

 

Salieron los tres de la comisaría y marcharon con el coche de Ricardo, que luego tenía que hacer un recado y además el policía quería llegar sin ser vistos, entraron en el aparcamiento de delante del Hamilton pero no llegaron hasta la puerta, lo dejaron a un lateral sin que se viese por el gran ventanal.

Entraron en el local y buscaron con la mirada por toda la barra, era la hora del medio día, todavía no habían llegado los que iban a comer y ya se habían ido los del desayuno, por lo que el local estaba semi vacío. Detrás de la barra estaban dos chicas que no podían esconder que venían del este de Europa.

Se sentaron en tres taburetes y José Miguel le dijo a la camarera que se acercó:

¿No está Anselmo?

No, hoy no ha venido.

¿Es su día libre?

No, no ha venido, ¿No quieren que les atienda yo?

El comisario sacó la placa y le dijo:

¡Policía! Queremos hablar con Anselmo Fernández, el camarero de aquí.

No, no está, no ha venido hoy, no sé qué ha pasado, pero llamaré al jefe que está de mal humor porque no ha avisado.

Salió deprisa la muchacha y subió por una escalera lateral. Al momento bajó y dijo:

Ahora mismo viene el jefe.

Bajó el hombre que la vez anterior se había cruzado con ellos en la puerta y se presentó.

Buenos, días, si buscan a Anselmo, no ha aparecido, tenía que abrir él pero no ha venido ni avisado, lo he llamado por el móvil y está apagado, hemos ido a su casa y no está, la vecina nos ha dicho que anoche no lo vio ni ha oído ruido, y eso que en cuanto llega a su casa se dedica a oír discos de Sarita Montiel, a la que imita haciendo de travesti.

¿No dijo nada ayer antes de irse ni dejó nota? ¿Suele hacer eso?

No, será todo lo que sea, pero es serio y cumplidor en el trabajo, anoche salió con la moto a la misma hora de siempre, cerramos entre los dos, él salió hacia el norte, por la carretera del interior y yo me fui a mi casa.

Ricardo dijo:

Desde aquí hasta la carretera del la costa hay una buena tirada, ¿Cómo sabe que fue por allí?

Porque yo para ir a mi casa tengo que tirar hasta cerca y él iba delante de mí.

Tendrá que venir por la comisaría a firmar la declaración de todo esto.

Una pregunta, dijo Pedro:

¿De donde es usted?

Español, soy de Barcelona.

Pero el acento que tiene no es de catalán y Dominic tampoco es catalán.

Me llamo Domingo, como usted ya sabe. He estado por todo el mundo, he sido marino mercante, pero ya hace unos años que me establecí aquí.

Hace diecisiete días, cuando apareció la mujer muerta en el pueblo de al lado, la tarde anterior estuvo aquí el afilador, le había afilado los cuchillos y además había quedado aquí con ella, luego, como cosa de hora y media después dice que vinieron los dos, tomaron unas cervezas y ella recogió la moto y se fueron cada uno para un lado, ¿Los vio entonces? Piénselo bien, la moto estaba aquí delante de la puerta principal y es de vital importancia saberlo.

No recuerdo, yo diría que no, además, salvo que haya problemas estoy arriba en mi despacho.

¿Podemos ver el despacho?

Bueno, está algo desordenado, pero si quieren subir pueden hacerlo, acompáñenme.

Subieron los tres, efectivamente estaba bastante desordenado, había una mesa pegada a la ventana por el lado izquierdo, Ricardo se acercó, se sentó en el sillón giratorio y dijo:

Si estaba sentado aquí, solamente con levantar la vista se ve todo el aparcamiento, si llegaron sobre las ocho y medía a nueve, con las luces encendidas porque era de noche los tuvo que ver.

A lo mejor bajé a la barra para algo, contestó.

Desde la barra los vería mejor al entrar, piénseselo bien porque esta tarde, cuando pase por la comisaría tendrá que confirmarlo por escrito.

Salieron a la calle y antes de entrar en el coche vieron como el jefe no perdía detalle desde la ventana.

¡Jo! Yo me retiro y os dejo el puesto a vosotros. Dijo José Miguel, Lleváis el caso como si lo hubieseis hecho toda la vida, espero que no os dé por dedicaros al crimen porque lo íbamos a tener mal para cogeros.

Dejaron a José Miguel en la comisaría y marcharon, después de quedar por la tarde. Pedro cogió su coche y se fue a su casa,

Ricardo había quedado a comer con los gerentes de una agencia de viajes que querían organizar para el verano una serie de charter a Ibiza y a las Columbretes.