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miércoles, 2 de junio de 2021

EL AFILADOR (Capítulo VI)

 

 

EL  AFILADOR

 

 

Pedro  Fuentes

 

CAPITULO  VI

 

Cuando terminaron de la reconstrucción de los hechos, José Miguel recogió  a Ricardo y  a Pedro con su coche y a los demás les dijo a los agentes que los habían llevado por  la mañana que los devolviesen a sus lugares de origen.

Antes de entrar en el coche dio instrucciones para la tarde y les comunicó a sus compañeros que se verían en la comisaría a las cinco de la tarde.

Una vez en el coche dijo:

Bueno, ¿Dónde me lleváis a comer?

A un restaurante en el puerto donde está mi barco, tomaremos una buena paella y luego iremos al “Solitario” a tomar unos whiskys. Dijo Ricardo.

Bueno, bueno, no tantos que luego hay que trabajar.

¿Tienes los datos de las asesinadas? Edad, estado civil, donde y como las mataron, si se conoce alguna relación entre ellas, con quién se mezclaban, etc. Preguntó Pedro ensimismado y con una mirada ausente.

¡Huy! Te conozco y ya tienes algo entre ceja y ceja.

Si, Ricardo, hay algo que me da vueltas y quisiera confirmarlo lo antes posible, luego querría que fuésemos al bar donde estuvo el “Afilador”, Rodolfo me pareció un buen hombre pero me dio la impresión de que sí conocía a la víctima. Y el “Afilador” un cretino que se debe meter en un montón de líos por su afición a las faldas.

¡Jo! ¡Menudos sabuesos! Dijo José Miguel.

Llegaron al restaurante, al lado del puerto del barco de Ricardo, éste, cliente habitual, había llamado desde el coche por el móvil y ya tenían una mesa para los tres. Trouvé, perro bien educado y que sabe estar, se metió debajo de la mesa, un camarero le puso un cuenco de agua y allí se quedó el animalito.

El propietario y maître del restaurante dijo al verlo: Si por mí fuera prohibiría la entrada a niños mal educados y aceptaría a los perros.

¿Queréis una cervecita mientras hacemos la comanda?

Los tres asintieron y Rafael, el dueño llamó a un camarero y al momento éste apareció con tres cervezas y unas aceitunas.

Bueno, si os parece bien, os puedo traer de primero mientras se hace la paella unos mejillones al vapor y un plato de alcachofas al estilo de la casa, que ahora están en su mejor momento y para beber un buen vino blanco fresquito.

Los tres estaban de acuerdo.

¿Ninguna de las víctimas sufrió agresión sexual? Preguntó Pedro a José Miguel.

No, ninguna, bueno, de la última falta la autopsia, pero parece que tampoco. ¿A las otras también las desnudaron?

Efectivamente, míster Holmes. Pero ahora dejemos el tema que la mesa no es para hablar ni de estos temas ni de trabajo. Dijo José Miguel.

¡Ricardo! ¿Cómo tienes lo del barco? ¿Sigues haciendo charter?

Si, si sale algo lo hago, pero ahora no es el tiempo, mientras tanto me estoy preparando porque desde hace tiempo estoy con la idea de irme a dar la vuelta al mundo en solitario, bueno, con Trouvé.

Al oír su nombre, el animal salió de debajo de la mesa y miró a su amo. Luego, al ver que hablaban de él pero no lo llamaban, tomó un sorbo de agua y volvió a su sitio a los pies de su amo.

Pero eso es peligroso para uno solo, ¿verdad? Dijo el policía

Demasiado peligros y muy duro, yo le aconsejo que no lo haga. Dijo Pedro.

Después de comer se dirigieron al barco, eran las cuatro menos cuarto, siguieron charlando mientras se tomaron un café y un whisky en el barco que estaba impecable de pintura y barnices. A las cinco menos veinte salieron rumbo a la comisaría.

Cuando llegaron lo primero que vieron encima de la mesa fue el informe de la autopsia tres carpetas de informes de las víctimas y un sobre voluminoso lleno de fotografías.

Ricardo que hasta el momento había estado callado, como era por costumbre dijo:

¿Por qué una de las carpetas en lugar de nombre hay una X?

La segunda todavía no ha sido identificada y de eso hace ya quince días. Le contestó el policía.

¿Hay algo característico que asocie a las tres?  ¿Circunstancias personales?

No, Ricardo, no hay nada que las asocie, solamente que son mujeres, todas de mediana edad, pero la primera y la última llevaban zapatillas de deportes  y ambas estaban haciendo footing, la segunda vestía de calle y la ropa no era de por aquí, parece que era francesa por las etiquetas, no era ropa “made in china”

Los tres pueblos en los que se cometieron los asesinatos están en un triangulo de unos ocho kilómetros de lado y en zona en invierno muy deshabitadas y al final de la zona a la que las personas van a correr o a pasear a los perros.

En ninguna había huellas sino de calzado deportivo, diferente en cada caso y marcas corrientes.

En el segundo caso cerca no había huellas, fue cometido en un tiempo muy seco.

Nunca se encontró el arma homicida, pero sí el tipo de muerte, degüello y luego siete puñaladas, con el mismo cuchillo pero no profundas y luego rasgada la ropa, ninguna sufrió abusos.

La segunda había tenido sexo, consentido, unas tres horas antes, pero no se le hicieron pruebas de ADN.

Ricardo seguía con su interrogatorio, mientras Pedro tomaba notas.

José Miguel le dijo a Pedro:

¿No preguntas nada, Pedro?

No, creo que Ricardo va por un camino por el que sabe andar, yo estoy un poco desconcertado, además, ¿Olvidas que Ricardo es el verdadero sabueso? Yo solamente soy el biógrafo y el que le guarda la relación de los hechos para cuando los necesita.

El es el hombre de acción y yo el intelectual.

Desde luego estáis muy compenetrados, ¿Desde cuándo os conocéis?

Bueno, desde aproximadamente los diez años, yo llegué a Madrid más o menos igual que él, teníamos entonces un amigo en común, luego, en la adolescencia este amigo en común digamos que nos acercó. Nos metimos en todos los líos y juergas de la juventud, al final nuestras vidas corrieron por caminos totalmente diferentes y nos volvimos a encontrar, por casualidad hace un poco más de un año, por dos veces, en un cruce de caminos, nos encontramos y no nos reconocimos, y al cabo de dos meses, cuando la aventura de los árabes nos volvimos a encontrar y esta vez ya sabes todo de nosotros, cuando salgamos de ésta, hemos decidido ir a Madrid a ver a Vicente, el amigo común, al que ya tenemos localizado.

Ahora, como vivimos cerca y compartimos la afición por la navegación, nos vamos a menudo a pescar o navegar, por cierto, cuando esto termine, antes de irte a Madrid, tienes que venir con nosotros a pescar algún atún.

 

jueves, 27 de mayo de 2021

EL AFILADOR (Capítulo V)

 

 

 

EL  AFILADOR

 

Pedro  Fuentes 

 

CAPITULO  V

 

A las siete cuarenta llegó Pedro. Cinco minutos más tarde apareció un Land Rover conducido por el policía que me había dado la declaración para firmar, al verme puso cara de “por poco me meto en un lío”.

Guardaron silencio hasta llegar al lugar de los hechos, Pedro y José Miguel se saludaron efusivamente. Hubo presentaciones e instrucciones de lo que iba a hacer. La zona estaba acordonada y vigilada desde que se descubrió el cadáver para evitar que se pudiesen contaminar las posibles pruebas.

José Miguel dirigía la operación, de vez en cuando hacía parar y preguntaba alguna cosa. Además había ordenado que un policía de su equipo hiciese fotografías e incluso disimuladamente a las personas que curioseaban al otro lado de la cinta de “no pasar policía”

Pedro, al lado de Ricardo tomaba notas de vez en cuando.

Cuando se repetía por segunda vez hizo parar y le dijo a Ricardo:

Por favor, quiere repetir qué hizo usted.

Ricardo volvió a explicar al pie de la letra lo que había hecho en los siete minutos que tardó en llegar la policía.

¿Qué hizo con el perro ese rato?

El animalito sabía que pasaba algo raro y estaba no sé si por el frío o porque veía que yo estaba nervioso, temblando, lo cogí en brazos y ya no lo solté hasta que nos fuimos.

¿Y usted? Dijo señalando al Rodolfo. ¿También cogió a su perro en brazos?

Hubo un conato de risotadas y Rodolfo dijo:

No señor, como ya lo tenía cogido de la cadena jalé de él y nos alejamos, yo estaba muy aturdido y no sabía lo que hacía.

Perdone, señor comisario, dijo Pedro:

¿Puedo hacerle una pregunta al señor?

Proceda, dijo José Miguel que durante el acto oficial trataba a sus amigos de usted.

¿No se acercó en ningún momento a la víctima?

Rodolfo pareció dudar pero luego dijo:

 No, no sé…… estaba muy aturdido.

Según las fotos del calzado que llevaban cuando encontraron a la muerta, en los zapatos de Ricardo, que confiesa que se acercó al río, había mucho menos barros del que tenía usted, cuando habían andado lo mismo más o menos. Dijo Pedro.

José Miguel miró a Pedro y éste apreció una ligera sonrisa, luego miró a  Rodolfo, se acercó a él, con cuidado de no estar en el terreno de Pibe y le preguntó a boca jarro:

¿No se acercó en ningún momento al cadáver?

¡No!, estaba aguantando a Pibe, además me aturdí mucho, tuve miedo, aunque llevo muchos años en España, con los papeles en regla y trabajo, soy extranjero y a veces, sin quererlo, se mira de otro modo a los sudamericanos.

No, no miramos de otro modo a los extranjeros, nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Dijo el comisario y luego le soltó de golpe:

Usted se acercó al cadáver y luego, con esta rama que encontramos detrás de esos matorrales, donde estaba cuando llegó la policía, trató de borrar las huellas, mientras tanto el perro estuvo atado a ese árbol de allí, fíjese en las huellas de la cadena en el tronco y las pisadas inquietas de animal.

Rodolfo, totalmente fuera de sí le contesto:

¡Sí! Me acerqué, ¡pero yo no la maté!, cuando la vi, me pareció conocerla, me acerqué,  no, no era quien yo pensaba, la había visto alguna vez por el pueblo pero no la conocía. Luego me di cuenta de lo que había hecho, me entró el pánico y borré las huellas con unas ramas.

El afilador, que hasta el momento estaba callado, tratando de no llamar la atención dijo:

¡Señor comisario! Ese hombre, el día del asesinato, por la mañana estuvo afilando cuchillos y unas tejeras, uno de los cuchillos era grande, de picar, me dijo que se lo dejara bien afilado, que lo usaba mucho.

Rodolfo, medio llorando dijo:

Sr. Policía, los cuchillos están todos en casa y puede revisarlos.

No se preocupe que lo haré, dijo José Miguel. Y a continuación llamó a un agente que llevaba una carpeta, El comisario abrió la carpeta y sacó una foto, se la enseñó al afilador y le preguntó:

¿Es esta la mujer con la que quedó usted en la cafetería?

Sí, creo que sí, pero no vino, le esperé media hora, el camarero se lo puede confirmar, fue en la cafetería Hamilton, que  está al salir del pueblo por la nacional. Estuve allí desde las siete a las siete y media, primero tomé un café y luego una coca porque me iba a marchar y tenía que conducir.

No se preocupe que también lo comprobaré.

El resto de la mañana estuvieron en la escena del crimen, luego, cuando terminaron, José Miguel dijo:

No pueden marchar de su residencia habitual. Los iremos llamando a todos a comisaría para más interrogatorios.

 

jueves, 20 de mayo de 2021

EL AFILADOR (Capítulo IV)

 

 

EL  AFILADOR


 

Pedro  Fuentes

 

 

CAPITULO  IV

 

He leído en el informe y las declaraciones que tú encontraste el cadáver juntamente con un ciudadano argentino.

Bueno, en realidad fue Trouvé y su perro, un mastín enorme de setenta kilo, de mi amigo y que se llama Pibe.

¿Conoces mucho a Rodolfo?

Hombre, pues no, lo justo desde hace unos meses de pasear con los perros, se llevan bien y juegan bastante y Rodolfo es una persona con la que se puede hablar de cualquier tema y nosotros lo hacemos, hablamos de perros, de lo divino y  de lo humano, pero sabes que me gusta y me precio de conocer a las personas, tanto él como su mujer son una pareja agradables.

¿Pudieron los perros acercarse a la víctima? Es decir, lamer sangre o algo por el estilo, lo digo pos las pruebas de ADN, que no vayamos a encontrar algo que nos despiste.

No, ladraron de miedo, los perros a veces se asustan por el mero hecho de ver a una persona totalmente inmóvil, quien no tiene perros se piensan que los animalitos siempre ladran igual y no es así, por eso, porque los entendimos corrimos hacia allí, comprendimos que algo los había espantado, cuando llegamos estaba a más de tres metros del cadáver, además la tierra estaba húmeda y se hubiesen visto las pisadas por lo menos de Pibe, que pesa unos setenta kilos. Nosotros, como ya habrás visto las declaraciones y por separado, yo, por cierto no sé lo que declaró Rodolfo, Vi de lejos que aquella mujer estaba muerta y bien muerta, es más, me fui para atrás y os llamé, luego me fui a un rincón un poco alejado y estuve vomitando.

¿Qué hizo Rodolfo mientras tanto?

No lo sé, no lo vi, cuando llegó la policía estaba a unos cinco metros a mi derecha, no lo veía bien por las ramas pero estaba pálido como la cera y acariciaba a Pibe que estaba muy nervioso.

¿Es verdad lo que dice la prensa de que ha habido tres casos más? Le pregunté.

No,  dos, muy similares pero hay que esperar a la autopsia, en los dos anteriores fue con un cuchillo de picar muy afilado, recién afilado, pero solamente una puñalada fue mortal, la primera, el resto no eran mortales ni de ensañamiento, fueron como para despistar y no hubo avisos, la ropa les fue arrancada después de muerta y en los tres casos, ese mismo día había estado el afilador en el pueblo, ambas mujeres ha reconocido el afilador que fueron con cuchillos grandes a afilar y que incluso una de ellas estuvo coqueteando con él, pero no pasó nada.

Hemos tenido al afilador veinticuatro horas retenido, interrogándolo porque ha dado la casualidad de que en los tres casos ha estado el mismo día en el pueblo donde se cometieron los asesinatos, además se sabe que va detrás de cualquier cosa que lleve faldas, su mujer le dejó hace tres años acusado entre otras cosas de maltratos. Pero no hay forma, lo único que reconoce es que las tres víctimas habían sido clientes suyas el día que murieron, la segunda estuvo coqueteando con él, le dijo cuatro cosas y quedó con ella aquella tarde en un bar de las afueras del pueblo, fue, pero ella no apareció, se tomó un café y al rato una cola y se marchó a su casa.

¿Crees que ha podido ser el asesino? Le dije a José Miguel.

No, no creo, es un perfecto idiota, pero no creo que sea el culpable, aunque todas las evidencias le señalen a él. Lástima que en los asesinatos anteriores no nos encargamos nosotros y las pruebas que hay no son muy fiables, además no se rastreo bien el terreno y no se encontraron ni huellas ni el cuchillo.

Mañana vamos a seguir rastreando el terreno y vamos a intentar reconstruir los hechos, ya hemos avisado al argentino y llevaremos también al afilador y por supuesto tú.

¿Puedo llamar a Pedro? Como sabes vive en una población cercana y es un tipo muy observador y saca unas conclusiones muy acertadas.

Si, además me encantará saludarlo de nuevo, la vez anterior, si no llega a ser por sus fotos, quizás todavía estaríamos como el 11 de Marzo. Por cierto, llevaremos a Trouvé y a Pibe.

Os pasaremos a buscar a las siete cuarenta y cinco para estar allí a las ocho, que es la hora aproximada a la que encontrasteis el cadáver. ¿Avisas tú a Pedro o lo hago yo?

No, ya lo aviso yo porque si no le vais a dar un susto.

José Miguel se levantó y se despidieron hasta el día siguiente.

A continuación llamé a Pedro y le dije:

¿Pedro? ¡Hola! Soy Ricardo, ¿Te has enterado del crimen de mi pueblo? Bueno, no sé si sabes que yo encontré el cadáver. ¿Sabes que ha venido de Madrid un grupo tipo CSI y que el jefe es José Miguel?

Después de contarle todo, le pedí que viniese y aceptó inmediatamente. Como no, Pedro siempre decía que había aprendido a leer con novelas de Agatha Christie.

 

jueves, 13 de mayo de 2021

EL AFILADOR (Capítulo III)

 

 

EL  AFILADOR

 

Pedro  Fuentes 

 

CAPITULO III

 

A la mañana siguientes, cuando salí a pasear al perro, de dirigí sin dudarlo hacia el puerto, allí me encontré con las personas de siempre, todos hablaban de lo mismo, decían los periódicos que la mujer asesinada, por lo visto era de la población. Al conocerse que  era uno de los dos que se encontraron el cadáver, todo el mundo me preguntaba,  al final, me marché de allí asqueado por lo macabro de las preguntas y el querer saber de los detalles.

Nuevamente me encontré con Rodolfo y el mastín amigos de  Trouvé y mío. Ninguno de los dos, Rodolfo y yo, queríamos volver al río.

Recorrimos el camino comentando lo pasado, Rodolfo estaba un poco indignado, no le había gustado la actitud de la policía, habiendo querido colaborar con ellos, se había sentido acosado por la policía, como se  fuese un sospechoso.

¡Che! ¡No querían que leyese la declaración! Me dijo en su acento porteño.

No te preocupes, son formas de hablar, no pasa nada, a mí también me lo hicieron y le contesté y le dije que si no le gustaba que viniese su jefe.

Ya a la vuelta, en el quiosco de periódicos de casa compre el periódico y me fui al apartamento a leerlo.

La prensa no contaba gran cosa, habían identificado a la víctima, era una mujer de mediana edad, le estaban haciendo la autopsia pero no se sabían más detalles, solamente que parecía que había un sospechoso al que estaban interrogando.

Al parecer se estaba esperando a un grupo de la policía científica que llegaría de Madrid, lo que daba veracidad a rumores de que había habido tres casos similares en la provincia pero que se habían acallado por no sembrar el terror entre la población.

Aquella tarde, a eso de las cinco, recibí una llamada telefónica.

¡Sí! ¿Quién es? Contestó

¿Ricardo? Hola, soy José Miguel ¿Te acuerdas de mí? Del caso de “La misteriosa dama de negro”

Estoy en la policía científica y he venido para investigar el caso del “Afilador” y al ver tu nombre relacionado, me gustaría hablar contigo ¿Puedo verte esta tarde? Nada oficial, ¿Puedo acercarme a tu apartamento?

Desde luego, ¿A qué hora vendrás? Además estaré encantado de saludarte.

Vale, te espero en una hora.

A la hora en punto llegó José Miguel, Trouvé pareció conocerle y se lanzó hacia él.

Le saludé como a un viejo camarada y después le ofrecí un café y un whisky que no despreció.

Nos sentamos en sendos sillones, uno frente al otro, encendimos unos cigarrillos, nos contamos las últimas novedades sobre nuestras vidas y brindamos con el alcohol.

El caso es que ya estaba un poco arto de la antiterrorista y conseguí meterme en la científica, una especie de CSI pero con menos medios y más modesta, vamos a la española.