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domingo, 23 de junio de 2013

NOCHE DE BRUJAS (La mujer del cuadro) R

Tal y como prometí, hoy, en la noche del solsticio de verano, conocida como la NOCHE DE LAS BRUJAS, os traigo esta historia ya publicada, el año pasado por capítulos por si alguien no la ha leido.
Antiguamente las gentes se reunían alrededor de una hoguera, en la que ardían los muebles viejos y aquellos malos recuerdos de lo ocurrido durante el año. se contaban historias no publicadas pero transmitidas oralmente de padres a hijos.
Normalmente esta noche las brujas hacían sus aquelarres y se decía que las hierbas cogidas esa noche eran el remedio perfecto para muchas enfermedades.
Esta historia a mi me la contó un hombre muy mayor sentado en la puerta de al lado donde ocurrieron los hechos, tal como me la contaron la cuento, he omitido el nombre del pueblo pero no la zona, sitio donde se cuentan muchas historias de brujas y aquelarres por razones obvias.

Y ahora............

LA MUJER DEL CUADRO
(Pedro Fuentes)
Capítulo I

Cuando Rosendo decidió que ya estaba cansado de vivir en la gran capital, buscó una casa en un pueblo, quería algo tranquilo, pero no un pueblo muerto, tampoco quería algo que en invierno no existiera y en verano se colapsara con visitantes e hijos del pueblo que conservaban una casa y volvían cada verano, llenándose todo de gentes de la capital, con hijos que dejaban solos porque allí no pasaban los coches de la ciudad. A partir de  entonces el peligro eran las bicicletas y todos los sonidos de la naturaleza era apagados por el vociferar .de los niños.
Después de mucho mirar se encontró con un pequeño pueblecito de unos ciento cincuenta habitantes y que en verano se ponía en unos quinientos, pero como el pueblo de al lado, unos siete kilómetros, estaba lleno de vida, encanto y atracciones turísticas, a Mieles del Peñón, que así se llama el pueblo van pocos turistas.
Rosendo, que se dedica a escribir; y según él, se retira para crear su mejor libro, un relato que lleva rondando por su cerebro y que no termina de cuajar porque necesita un sitio tranquilo, al fin lo encontró en Mieles del Peñón, fue a visitar a unos amigos al pueblo de al lado y estos lo llevaron de excursión a comprar miel, el producto más conocido y natural del pequeño pueblo.
Por casualidad vio un pequeño cartel en un balcón que decía “se vende” y un teléfono de la capital, estaba situada la casa en la pequeña plaza del pueblo, a espaldas de la iglesia. Más allá de la plaza, al final de ésta había un pequeño muro que servía de asiento y tras él la montaña y la vista del peñón que daba nombre al pueblo, más arriba una ermita y campo, mucho campo.
La casa, situada entre varias más que había en la plaza, y todas habitadas incluso en invierno fue lo que le impulsó a llamar por teléfono, además de un algo irresistible que le habían contado de aquel pueblecito, varias leyendas salidas de la más remota historia; aquel pueblo fue siempre, según las citadas leyendas pueblo de brujas famosas en el entorno que le rodeaba, allí se celebraba incluso una fiesta tradicional de varios siglos en la que se procesionaba con calaveras y calabazas imitándolas, con velas en su interior las noches cercanas a la de difuntos, a modo de predecesor del moderno halloween.
El propietario resultó ser un señor de avanzada edad, recluido en un asilo en la capital, con sus facultades mentales reducidas y cuyo administrador era su hijo, el cual quedó con Rosendo para la semana siguiente.
Al entrar de la calle en la casa, lo primero que se encontraba era una especie de recibidor sala de estar, con una gran chimenea en su lado izquierdo, al frente una puerta que conducía a las antiguas cuadras, convertidas en pequeño apartamento con un comedor cocina sala de estar, a la izquierda un cuarto de baño con ducha y a la derecha una habitación doble pero un poco reducida por un gran armario que se apoyaba en la pared central. Tanto la sala de estar como la habitación tenían sendas ventanas que daban por la cara posterior de la casa a un pequeño patio que se diría que en sus tiempos fue una pocilga.
A la derecha del recibidor había una escalera empinada que llevaba al piso superior, al llegar a éste, tras pasar una puerta, había una sala recibidor amueblada con dos sofás y una biblioteca bastante extensa, al lado izquierdo de ésta estaba el cuarto de baño completo, a la derecha una puerta con una habitación doble en la que parecía ser dormitorio de matrimonio. Al lado derecho, inmediata a la habitación grande estaba la puerta de la cocina, con todos los servicios a la izquierda y una mesa en el centro. Al fondo una puerta franqueaba el paso a una terraza bastante grande, la mitad de la cual estaba como tendedero, la otra mitad cubierta por una  uralita, con la pica de lavar. Una barandilla por el lado ancho daba sobre la antigua pocilga de la planta baja.
Saliendo nuevamente al recibidor, a la izquierda se encontraba otra habitación doble, con una pequeña ventana sobre los antiguos chiqueros. A la derecha de la escalera había una habitación sencilla y de reducidas dimensiones. En la pared del fondo, dos puertas, la de la izquierda que lleva a un comedor y la derecha a una habitación doble ambas con un pequeño balcón a la plaza.
En la sala superior, a la altura de la puerta del cuarto de baño, se veía en el techo una trampilla que llevaba a la buhardilla, a la que se subía con la ayuda de una escalera transportable.
La casa estaba en bastante buenas condiciones y en un principio a Rosendo le agradó, tenía posibilidades para lo que él quería, podría instalar su despacho en la habitación doble de arriba. La habitación de matrimonio sería su habitación, abriría el comedor porque él no era de comer en la cocina y dejaría las otras dos habitaciones por si legaban invitados. El piso inferior lo dejaría por si estuviese más caliente en invierno al tener la chimenea cerca.
Cuando estuvo tratando con el dueño, le pareció una persona agradable y con muchas ganas de vender lo antes posible.
El precio le pareció correcto, más bien bajo. El propietario le comentó que la casa era la posible herencia de cuatro hermanos el día que su padre muriese y que ninguno de los hermanos quería vivir allí y la residencia del padre costaba mucho dinero.
El anciano vivía en el pueblo, en la casa con su mujer y su hijo mayor, que se dedicaba al cultivo de las tierras, hacía ya  25 años que su padre enviudó, y a partir de entonces se le fue un poco la cabeza, luego, cuando la mujer del hijo, veinte años más joven que él, y de buen ver, desapareció, según dicen las malas lenguas,  se marchó con un francés que había veraneado en el pueblo desde que ambos eran unos críos.
Matías, el marido abandonado, se volvió taciturno y aprovechando que un amigo suyo, también del pueblo, le dio trabajo de guarda de noche en una fábrica que tenía en la capital, dejó a su padre solo en el pueblo y marchó.
El abuelo seguía su vida, era un poco raro, pero en el pueblo todo el mundo le trataba con consideración, una vecina le iba a hacer la limpieza de la casa y él, con un poco de huerta que cultivaba y parte de la cosecha que le correspondía por los terrenos que había cedido para su cultivo a otro vecino decía:
 Yo, mientras tenga para tabaco, unos “chaticos” de vino y unas almendras, ya tengo bastante.
Pronto llegó Rosendo a un buen trato con Matías y fueron al notario para cerrar el trato. Matías era el administrador de su padre desde que éste empezó a perder sus facultades mentales y fue recluido en el asilo.
Capítulo II

Una vez comprada la casa, en quince días Rosendo se instaló allí. A partir de entonces, cuando se dedicó a charlar con los vecinos, se enteró en parte de la historia de la familia de la casa comprada.
Un vecino, de unos noventa y tantos años, que cada día, al atardecer, salía de una casa cercana a “La Castañera” que así tenía por nombre la casa que había comprado Rosendo y se sentaba en un banco de tronco que estaba adosado a la pared.
Rosendo  se presentó al anciano y éste le contaba historias.
Esta plaza, le dijo un día, era un carrascal, estaba detrás de la iglesia, último edificio del pueblo. Según decía mi bisabuelo, aquí, justo pegado a la iglesia estaba el antiguo cementerio, y toda esta fila de casas, las nuestras, eran el comienzo del carrascal.
Justo donde estaba su casa, había una encina centenaria, daba unas bellotas tan dulces que todo el mundo la llamaba “La Castañera”, esto me lo contaba mí bisabuelo, que decía que su padre lo había visto.
Terminaron cortándola porque como usted sabe, y si no ya lo sabrá, este pueblo tiene tradición de las brujas más famosas del contorno que se escondían y aun hoy dicen que se esconden en las cuevas de los barrancos.
Pues bien, en la carrasca donde hoy está su casa, que quedaba por fuera de la pared del cementerio, se reunían las brujas de los contornos y con sus hechizos, en las noches de luna y sobre todo en la de San Juan en Junio y la de San Fabián en Febrero, en las hogueras de las ánimas, a los difuntos del cementerio, alguno de los cuales habían aparecido a la mañana siguiente con las tumbas profanadas y los lobos, que entonces había muchos, despedazando los restos.
Muchos eran los que decían que en las “fogueras” que hacían, saltaban machos cabríos a dos patas poseídos por los demonios y entre estos y las brujas y brujos procreaban íncubos y súcubos.
Muchas noches, se escuchan las campanas en toque de “alerta” dicen que guiadas por un sacristán que murió hace trescientos años en olor de santidad. Aunque yo no las he oído nunca, pero yo duermo como un tronco.
Otros vecinos le contaron que a veces, al pasar por delante de su casa habían oído lamentos, pero lo achacaban a la gran cantidad de gatos que corrían por el pueblo en los días de celo.
Al principio a Rosendo le hizo gracia que su casa fuese una casa de leyenda y esto le hacía concentrarse más en su trabajo, los artículos que mandaba vía internet a los periódicos y revistas en los que colaboraba.
Cuando flaqueaba o el trabajo, o las ganas de trabajar, buscaba por todos lados información sobre las leyendas del pueblo, cosa ardua y difícil, ya que normalmente no eran escritas y las gentes cada vez, con tanta televisión y tanta “modernidad”, no se reunían por las noches al lado de la chimenea o a la puerta de las casas a contar cosas de “brujas”, encima, cuando alguien empezaba, siempre había una madre o un padre “progre” que decía que los niños se iban a traumatizar. Sin embargo, cuando se hablaba de aquellos temas “ocultos” alguna persona mayor decía: ¡ojo! ¡Qué hay ropa tendida! Ya nadie conocía esa frase o no importaba que los niños supiesen antes de tiempo lo que no debían de saber.
Cuando la mujer de Matías se fugó con “el francés”, le contó un vecino, las campanas tocaron a “arrebato”. Matías se volvió huraño y al poco tiempo marchó del pueblo, no podía soportar las sonrisas que provocaba al pasar en algunos hombres, sin embargo, alguna mujer que otra lo quiso consolar.
Con el buen tiempo Rosendo decidió pintar la casa, para lo cual avisó a un joven que había en el pueblo que se dedicaba a estos menesteres y a chapuzas de albañilería. Decidieron empezar por la vivienda superior y según cómo, seguir por el apartamento del bajo.
Al mover todos los muebles y trastos de la casa, para retirar algunos y apartar otros, Rosendo cogió una escalera que había en la planta baja y la subió para alcanzar la trampilla de la buhardilla. Subió a ésta y allí encontró algún que otro mueble, entre ellos un buró antiquísimo y precioso que necesitaba restaurar y decidió que lo bajaría la planta baja para dedicarse en los largos días de invierno. También encontró un precioso cuadro al oleo de un rostro de mujer de unos treinta años, una mujer elegante y con una tez blanquísima. Lo apartó para bajarlo.
Con la ayuda de una mujer del pueblo, se dedicó a sacar todos los libros para poder retirar la librería y a la vez sacarle el polvo a estos.
La mayoría de los libros eran novelas y se notaba que eran típicos de mujer, por contenido romántico. Otros, los que menos, eran de historia reciente de España y el resto relatos policiacos y de misterios.
A partir de aquel trasiego, Rosendo empezó a oír sobre todo por las noches, ruidos extraños en la casa, al principio lo achacó a que al mover los muebles y pasarlos todos a la sala de estar superior, hasta pintar las habitaciones, el suelo y las vigas se quejaban. A la tercera noche, el ruido ya fue mucho mayor, salió de su habitación, la primera en ser pintada y notó que los ruidos venían de la planta inferior, se dispuso a descender y cuando iba por la mitad de la escalera notó como una corriente fría le pasaba rozando el cuello y le erizaba el vello de su cuerpo, pensó que se había abierto la puerta de la calle, pero no era así. No vio nada extraño y al subir tuvo la misma impresión pero en sentido contrario. Cuando llegó arriba, encontró la puerta de la buhardilla abierta. Pensó que había sido el aire.
No le dio importancia a los hechos y tampoco los comentó a los vecinos.

Capítulo III


Al fin quedó toda la casa pintada, el único problema fue retirar el armario de la habitación de la planta baja, hubo que hacer venir al carpintero del pueblo de al lado, ya que su padre ya estaba jubilado y era el que lo había instalado a medida.
Rosendo al final mandó también arreglar la fachada y pintarla. La casa parecía otra.
Se acercaba la noche de San Juan, la noche de las brujas como se le conoce. Rosendo llamó a una amiga suya y la invitó a pasar el puente allí, San Juan era el viernes, con lo cual, desde la víspera hasta el domingo eran casi cuatro días.
Adela aceptó, era una mujer algo más joven que Rosendo y enamorada de él desde que lo conoció. Este, decía que había vivido tanto tiempo solo que ya no deseaba compartir su mundo con nadie y menos que le intentasen cambiar su vida, pero a Adela le tenía un cierto cariño fruto de tanto tiempo de amistad. Su relación era un mutuo acuerdo, se encontraban cuatro o cinco veces al año, a veces compartían vacaciones e incluso, estando solos los dos habían acordado que en Navidad se reunían para celebrar una gran fiesta en algún balneario de lujo.
Los muchachos corrían por todo el pueblo buscando muebles viejos para quemar en la gran hoguera que se hacía para todo el pueblo en la plaza de detrás de la iglesia, donde se había hecho siempre, a la altura de lo que había sido la pared posterior del antiguo cementerio y cerca de una fuente de la que nadie bebía salvo los forasteros.
La noche de las brujas todo el pueblo bebía para evitar los hechizos y encantamientos, luego llenaban cubos y con escobas viejas y rotas para que no se pudiesen montar las brujas y con ellas, a modo de hisopo rociaban todas las casas del pueblo. El que no lo hacía padecía todos los males durante el año siguiente hasta la nueva  “foguera” de S. Juan.
Siempre se había dicho que el año en que se fugó Leonor, la mujer de Matías con el francés, no habían bendecido la casa.
La rondalla formada por los mozos, ensayaba para la ronda de aquella noche, ya hemos dicho que eran pocos los habitantes, pero para aquellas fechas, venían muchos de los que habían marchado a la capital. Incluso siempre se rumoreaba que vendría una artista de cine y teatro hija del pueblo pero que nunca había vuelto.
Los adolecentes se  disfrazaban de “Dominica la Coja” famosa bruja de los contornos quemada por la Inquisición, luego, para rememorar la historia, se despojaban del disfraz y lo lanzaban a la “foguera”. Se danzaba alrededor de las lumbres, los chicos de ocho o nueve años llevaban calabazas vacías con cortes imitando calaveras y velas encendidas dentro. Era costumbre asar en ellas patatas y cebollas que se tomaban ya al amanecer rodeadas con los buenos vinos de la zona mezclado con la famosa miel del entorno.
Adela llegó al pueblo sobre las cinco de la tarde, en su coche, aparcó justo a la puerta para descargar la maleta. Iba como siempre, recién maquillada y elegantísima, era de esas mujeres que pese a sus cincuenta años hacía volverse a los hombres y al muchas mujeres envidiosas. Rosendo bajó a recibirla y ambos se besaron suavemente en los labios, descargaron la maleta que quedó en la casa y fueron a aparcar en un campo cercano que a tal fin estaba preparado sobre todo cuando en la plaza había fiesta. Luego volvieron andando y cogidos del brazo, ella con sus finos tacones, estaba tan habituada a ellos que le daba lo mismo andar por un sembrado que por la más elegante de las pasarelas. Cuando llegaron a la casa y entraron, medio pueblo los había visto y le contaba al otro medio. Al fin y al cabo era la primera vez que veían a Rosendo con compañía femenina y ¡qué compañía!
No hubo ni qué preguntar, Adela se instaló en la habitación de matrimonio, con Rosendo.
A las nueve Rosendo tenía ya preparada una cena para dos a base de coctel de aguacate con gambas y luego unos solomillos al jerez, la noche sería larga y había que estar bien alimentados.
Después de cenar, salieron de casa con una cesta con patatas y cebollas para asar y dejaron preparado el vino con miel en la planta baja de la casa, dejaron todo preparado y fueron a tomar café al bar del pueblo, Adela se había cambiado por un conjunto más deportivo y un calzado cómodo pero seguía igual de elegante y apetecible, Rosendo la llevaba del brazo y se la presentaba a sus convecinos que quedaban más maravillados que si hubiese venido este año la famosa actriz hija del pueblo.
A las 10 de la noche se encendió la hoguera, la noche era clara y en el horizonte se veía el resplandor de las hogueras de los pueblos cercanos, cada uno pugnaba por la más grande, ese tendría menos maleficios.
Muchas persona, después de estar un rato en la hoguera, con sus cubos llenos de agua de la fuente y puestos cerca para calentar, saltaban y reían bebiendo los buenos caldos de la zona, el Somontano en esa época empezaba a comercializar sus vinos, unas buenas campañas estaban haciendo que España primero y luego el resto del mundo los conociese como los habían conocido los paisanos durante cientos de años.
Mientras los mayores esperaban para “bendecir” las casas, las parejas jóvenes se perdían por los campos cercanos buscando tréboles.
Al pasar el trébole, el trébole, el trébole,
Al pasar el trébole
La noche de San Juan.
Al pasar el trébole, el trébole, el trébole,
Al pasar el trébole
Los mis amores van.

Muchas mujeres salían al campo buscando la verbena que tenía que ser recogida en la noche de San Juan porque las leyendas decían:

La verbena, recogida en la noche de S. Juan era febrífugo, sedante, expectorante, antiespasmódico, antirreumático, anti neurálgico, útil en cefaleas y migrañas, digestivo, estomacal, útil en dolores gástricos, depurativo, anti anémico, excelente estimulante de los intercambios metabólicos, diurético, empleado en afecciones renales o hepáticas, usos externos en gargarismos y afecciones dérmicas, astringente, aperitivo, estimulante de las contracciones uterinas en el parto. Ninguna mujer de más de cuarenta años dejaba de tener verbena en casa.

Rosendo y Adela disfrutaban del ambiente de fiesta y bailaban cuando la ronda pasaba cerca, habían sacado dos sillas de casa y junto con los demás vecinos celebraban la fiesta charlando y contado historias de la noche más famosa del año después de la Nochebuena.

Ya eran las dos de la madrugada cuando todo el pueblo en procesión recorrió casa por casa con sus escobas rotas y su agua caliente de la fuente y “bendijeron” casa por casa, luego volvieron a la plaza y se dedicaron a poner en la lumbre las patatas y cebollas.

Empezaba a refrescar y Adela se acurrucaba en el pecho de Rosendo mientras éste la envolvía con su brazo y ambos brindaban nuevamente con un vaso de vino.

Al amanecer todos esperaron para ver la Rueda de Santa Catalina, pero el horizonte estaba cubierto por nubes y no lograron verla. Se terminaron las últimas patatas y cebollas asadas, se tomaron el último vaso de vino con miel y cada cual se retiró a su casa.

Capítulo IV

Rendidos por la fiesta y el alcohol Rosendo y Adela se fueron a la cama y se durmieron apaciblemente hasta casi la una del medio día, cuando despertaron encontraron toda la ropa del armario e incluso la de la maleta de Adela esparcida por el suelo, revuelta y arrugada.

No supieron a qué achacarla, ¿Quizás a unos gamberros que vieran la puerta abierta? ¿Tal vez bebieron más de la cuenta y sin  enterarse armaron semejante revuelo? Quedaron de acuerdo en olvidar el suceso.

El día transcurrió normal, después de arreglar de nuevo la ropa salieron a dar una vuelta, fueron al pueblo de al lado a comer, hicieron turismo y ya, entrada la tarde volvieron a casa, todo estaba tranquilo y en orden, prepararon embutido y pan para cenar y luego salieron a la plaza a tomar la fresca hasta cosa de las once y media, luego entraron en casa y se fueron a la habitación entre arrumacos, cuando ya estaban acostados y abrazados el uno al otro, de pronto sintieron un frio intenso, la ventana se abrió de golpe y un viento frio les hizo apretarse contra la sábana, única ropa que tenían a mano. Rosendo se levantó ya cerrar la ventana cuando se oyó un estropicio en la sala de estar. Salieron corriendo para ver qué había pasado, abrieron la puerta y en ese mismo momento se cerró la que llevaba a las escaleras. Rosendo la abrió y salió corriendo hacia abajo sin pensar que estaba desnudo y persiguiendo a un posible ladrón. Llegó abajo y vio que la puerta de la calles estaba cerrada por dentro, entró en el apartamento después de coger una “troza” de al lado de la chimenea y no vio nada anormal, todo estaba correcto, miró al buró que había bajado de la buhardilla y luego al cuadro de la dama que encontró y por un momento creyó ver una sonrisa socarrona en la dama representada.

Cuando subió nuevamente, Adela, envuelta en la colcha de la cama lloraba y temblaba en un ataque de pánico. Rosendo le preparó una tila y una copita del pacharán que él mismo había preparado con aguardiente de Colungo.

A la mañana siguiente, sábado, todo estaba normal en Mieles del Peñón, las gentes se preparaban para ir a la población de al lado, unos a vender sus productos en el mercado semanal y otros a comprar, podía ser un gran día por la gran afluencia de turistas que había al ser sábado y puente.

Cuando Rosendo se encontró con Gervasio, uno de los vecinos, le preguntó por el golpe de viento frío que había ocurrido. Gervasio le comentó que no había habido el tal viento, que al contrario había sido una noche bochornosa y que incluso tuvo que dormir con la ventana abierta.

Al ver a Rosendo sorprendido le dijo: ¿has visto o ha ocurrido algo raro?

Rosendo le contó lo ocurrido, Gervasio sonrió y le dijo: ¿Es la primera vez que ocurre?

Tan fuerte no, habían ocurrido pequeñas cosas pero no tan fuertes ni tan duraderas.

Por eso internaron al abuelo, decía que veía cosas y que oía gritos, susurros, lamentos, puertas que se abren y cierran con grandes corrientes de aire frío, en el pueblo había quien decía que el abuelo estaba loco y otros que achacaban los hechos a que la casa estaba encantada, siempre hubo comentarios sobre eso, la casa es una buena casa, pero nadie la quería, al final la vendió por poco dinero porque nadie se atrevía a vivir en ella.

Adela salió de la casa y Rosendo le hizo un gesto a Gervasio para que callase y le dijo: Bueno, ya hablaremos, ahora nos vamos al mercado.

Adela perfectamente maquillada no dejaba ver en su rostro la noche de perros que pasó.

Cogieron el coche de Rosendo y se marcharon de compras, se quedaron a comer en un pueblo cercano y regresaron a media tarde. Para entonces medio pueblo sabía que la casa “encantada” daba señales de su existencia. La única persona que no sabía nada era Adela, pero ésta temblaba cada vez que pensaba en la noche.

Después de cenar salieron con sendas sillas a fumar y a tomar la fresca en la plaza.

Subieron a la casa cuando era la una de la noche. Nada parecía extraño, el silencio era absoluto, nada recordaba los dos días anteriores, se fueron a dormir, Adela estaba muy cansada, se había tomado una pastilla para dormir, Rosendo un whisky con hielo, se metieron en la cama, Adela le dio un beso a Rosendo y se desearon buenas noches mientras se cogían de la mano.

Dormían profundamente cuando Adela se despertó sobresaltada, soñaba que iba deslizándose sobre una pista de hielo y un viento  helado le daba en la cara, de pronto la pista se terminaba y no podía frenar, cayó al vacío y se despertó, no sabía dónde estaba, gritó, Rosendo se despertó y encendió la luz, Adela no estaba a su lado, había caído de la cama arrastrando la ropa.

La cara de Adela era de niña enrabiada y Rosendo se echó a reír, luego ella también al ver lo ridículo de la situación, pero sus risas se helaron de golpe. De la planta baja les llegó un grito desgarrador de mujer, luego un disparo y después un silencio sepulcral.

Rosendo reaccionó al cabo de unos segundos que le parecieron horas, con el pijama corto de verano que llevaba bajó las escalera de cuatro en cuatro, la puerta de la calle estaba cerrada como él la dejó. Fue al pequeño apartamento y vio que estaba cerrada por dentro, cogió una llave que había encima de la chimenea y con ella empujó la de dentro y abrió, no había nada, fue hasta el buró y vio a los pies de éste un gran charco de sangre todavía fresca, no supo qué hacer, de pronto se volvió asustado, detrás de él algo se había movido, giró rápidamente y vio una figura de mujer envuelta en una sábana, gritó asustado, la figura también gritó, era Adela asustada por el grito de Rosendo. Se abrazaron y Rosendo le indicó donde había visto la sangre. El suelo estaba impoluto, no había ningún rastro de sangre.

Salieron a la calle por si alguien había oído el grito y el disparo, nadie parecía estar despierto, solamente un gato negro cruzó la plaza de derecha a izquierda, Adela recogió sus dedos corazón y anular bajo el pulgar y dejando el índice y meñique estirados tocó con las puntas de estos el marco de madera tres veces, luego estirando la mano de nuevo se santiguó tres veces, tiró del brazo de Rosendo que se quedó petrificado y lo hizo entrar, cerrando la puerta tras de él.

Se sentó en la cama, encima de la almohada, con las rodillas encogidas y rodeadas por sus brazos, mientras de su boca salían suspiros y gemidos, esta vez Rosendo preparó sendos whiskys bien cargados y con hielo hasta arriba del vaso largo, se fue a la habitación, se sentó al lado de Adela casi con la misma posición, brindó con un vaso en cada mano y luego pasó uno a su compañera. En la mesita de noche quedó la botella a la espera con una cubitera al lado, pocas palabras se dijeron hasta que casi al amanecer, con una botella y dos vasos vacíos cayeron rendidos, más borrachos que cansados.

Cuando despertaron a medio día, se ducharon, se dijeron pocas palabras y Adela le dijo para finalizar: Rosendo, me voy, vente conmigo, por favor.

No, no puedo ir contigo, quiero descubrir qué pasa y hacer lo que vine a hacer, escribir el libro.

No me pidas que vuelva, si quieres verme tendrá que ser muy lejos de esta casa.

Rosendo la acompañó hasta el coche, ella abrió el maletero, él puso la maleta dentro, se dieron un beso que a ambos les supo al último.



Capítulo V

Rosendo entró en la casa, se preparó un bocadillo, una cerveza y se puso a escribir unos artículos que tenía bastante retrasados, supo la hora que era cuando empezó a sentir hambre nuevamente, eran las ocho y media, dejó el portátil, subió al lavabo, se lavó un poco, se peinó y salió a la calle cerrando la puerta, cosa que casi nunca hacía, se fue al bar del pueblo, un poco más abajo y entró, allí encontró a los parroquianos de siempre y a la Sra. María que atendía la barra y la cocina.

Buenas tardes, a todo el mundo.

Buenas, le contestaron los parroquianos en general, uno le dijo: ¿Ya ha marchado la señora?

Si, tiene que trabajar, pero volverá pronto, cuando tenga fiesta de nuevo.

Gervasio que estaba por allí le dijo: ¿Ha ocurrido algo nuevo en la casa?

No, nada anormal, de vez en cuando parece oírse a las brujas del pueblo con sus risotadas, pero nada nuevo, como las escobas las tengo guardadas bajo llave y el aspirador no lo saben conducir pues bueno, aquí paz y después gloria.

Por cierto, estoy pensando buscarme un perro que me haga compañía, ¿Alguien sabe de alguien que tenga cachorros y quiera vender alguno?

En el Rincón del Vero hay un refugio de animales y hay recogidos perros de todo tipo y edades, son muchos los turistas que abandonan por los contornos.

Vale, gracias, ya me acercaré por allí.

Sra. María, ¿Me podría preparar unos huevos fritos con longaniza de Graus?

Sí, señor Rosendo, enseguida los hago. ¿Quiere vino?

Sí, claro, tinto de la tierra.

Se sentó en una mesa y se puso a leer el periódico.

Terminó de tomarse los huevos, pidió un café, se lo tomó, pagó, se despidió de los paisanos y se marchó para casa.

Cuando llegó fue directamente al cuarto de baño, cogió un bote de polvos de talco y bajó a la planta baja, entró en la habitación y abrió el armario, que siempre estuvo semi vació, esparció polvos regularmente por todo el suelo, luego fue haciendo lo mismo hasta la  puerta de la calle. Cada estancia por la que pasaba la cerraba y si tenía llave se la ponía en el bolsillo.

Subió las escaleras, quitó la bombilla que había a mitad de esta, llegó a la puerta superior y la cerró por dentro y retiró la llave también, esparció polvos de talco en la sala y se metió en su habitación, también cerró la puerta y se metió en la cama a dormir, estaba bastante cansado y esperaba que si había jaleo, ya habría dormido y descansado algo. Leyó un rato y al momento le entró el sueño, apagó la luz y metió debajo de la almohada una linterna, el llavero con todas las llaves recogidas y un cuchillo de grandes dimensiones.

No sabía cuánto había dormido cuando oyó un susurro y algo así como un aliento que le llamaba: ¡Rosendo, Rosendo, despierta!

Rosendo al oír aquella voz que repetía su nombre, fue despertándose muy suavemente. La voz venía como de muy lejos, pero a la vez sentía un aliento en su oído ¡Rosendo, Rosendo, despierta!

Cuando por fin se despertó, sintió que un escalofrío recorría su cuerpo, la muchacha del cuadro estaba allí, en su cama, sobre él, pero no le pesaba, solamente sentía como si una corriente de aire frío le entraba por todos los poros de su cuerpo. Rosendo quiso sujetarla por los hombros pero sus manos de hundieron en una especie de sustancia viscosa fría y repugnante.

Rosendo, Rosendo, repetía la voz de ultratumba, ¡Sígueme! La figura se levantó y cruzó la habitación flotando un palmo por encima del suelo.

Rosendo metió la mano debajo del armario, sacó el cuchillo  y lo lanzó hacia la figura, éste se clavó en la puerta y la figura desapareció a través de ella.
Cogió la linterna y las llaves y abriendo la puerta siguió a la figura que parecía esperarle y seguía llamándole: ¡Rosendo, Rosendo, sígueme!

El corazón de Rosendo parecía explotarle dentro de su pecho, le parecía oír todos los huesos de su cuerpo rozando unos contra otros y no sabía si sus rodillas le iban a resistir o bajaría las escaleras rodando, un sudor frío le inundaba la espalda. Cuando llegó al recibidor, enfocó el suelo con la linterna, los polvos de talco estaban impolutos sobre el suelo y ni siquiera se movían al paso de la corriente de aire frío que él sentía y que salía de la figura de la mujer del cuadro... Esta traspasó la puerta del apartamento y entró, Rosendo abrió de prisa con la llave y también pasó. La figura se dirigió a la habitación y también traspasó la entrada, se dirigió al armario y desapreció junto con la corriente de aire. Abrió Rosenda y no vio nada, solamente oía: ¡Rosendo, Rosendo, búscame, estoy aquí dentro!

Rosendo sacó toda la ropa, dejó el armario completamente vacío, pero allí no había nada. Se dio la vuelta y entonces se dio cuenta de dos cosas, en el marco del cuadro solamente había un lienzo en blanco y sobre el buró había un libro que antes no estaba, en él, en la ajada portada podía leerse en letras doradas mate ya por el paso del tiempo “Diario”. Abajo, a la derecha, escrito a mano y con tinta un nombre “Leonor”.


Capítulo VI

Cuando Rosendo vio aquello, ya no tuvo dudas, pensó que algo nuevo y extraño le estaba pasando, algo que cambiaría el curso de su vida, su corazón empezó a entrar en un estado de excitación contenida, ya no era miedo ni siquiera a lo desconocido, subió a la planta superior con el diario entre la manos, cogió una botella de whisky, una cubitera y un vaso largo, se fue a su sillón favorito, el que iba consigo a todas las casas en las que había vivido desde hacía treinta años, puso una lámpara de pie a su lado y se sentó, bebió un buen trago que degustó a lo largo y ancho de su boca antes de tragarlo, encendió un Romeo y Julieta, sopló el polvo que había en el libro, lo abrió por la primera página y leyó:

23 de Junio de 1.963.- Me llamo Leonor, tengo 15 años y me han regalado este diario que voy a escribir durante toda mi vida.
Hoy es la noche de S. Juan y esta será la primera vez que saldré por la noche con mis amigos y amigas……

Rosendo leyó y leyó el resto de la noche, cuando empezaba a amanecer preparó una cafetera grande, había terminado con un cuarto de la botella de whisky y fumado tres Romeo y Julieta, entonces se dio cuenta de la tremenda humareda que había en la sala de estar, así que cuando volvió con un termo lleno de café, abrió una ventana delante y otra detrás y creó una corriente de aire que nada tenía que ver al de las apariciones.

Cuando ya el sol de junio empezó a calentar, Rosendo cerró el diario después de leer el final.

23 de Junio de 1.985.- Hoy mi diario cumple veintidós años, le he sido tan fiel como a mi marido, mi diario me cree y mi marido no, sigue con sus tremendos celos, ha llegado un momento que me da mucho miedo, los últimos tiempos sospecha y cree que le engaño con Jean Pierre. No sé cómo decirle que no es verdad, que lo único que pasa es que Jean Pierre y yo nos conocemos desde críos, desde que empezó a venir al pueblo con sus padres a veranear, pero no hay ni ha habido jamás algo más que esa amistad, además, él volverá hoy a París para casarse con la novia de toda la vida.

Le tengo tanto miedo a mi marido que le he pedido a Jean Pierre que me lleve con él por lo menos hasta San Sebastián, porque no puedo más, no soporto los malos tratos de mi marido y ese infierno de los celos, al principio pensé que era porque me quería, pero ahora sé que no, está enfermo y no quiere curarse.

Mañana, cuando amanezca le he dicho a Jean Pierre que si decido ir con él estaré al lado de su coche para irnos, si no, que no me espere.

Hoy será el último día que te escriba, diario mío y tú, Matías, si alguna vez lees esto, quiero que sepas que te quiero y te he querido siempre desde hace veintidós años cuando salimos juntos la primera vez y cuando encontraste aquel trébol, en la noche de S. Juan me lo ofreciste y te declaraste, yo tenía quince años como en la canción y jamás ha habido otro hombre que no fueses tú.

Rosendo se duchó, se arregló y cogió el coche, se fue a Barbastro, aparcó y se fue a la comisaría, allí pidió ver al comisario, éste le recibió, luego salieron juntos, pidió su coche y un Land Rover con una dotación de cuatro hombres.

Llevaron a Rosendo hasta el aparcamiento, cogió su coche y los otros dos le siguieron hasta Mieles del Peñón, allí aparcaron delante de la casa de Rosendo y entraron, el pueblo ya se había reunido a la puerta, un policía guardaba la puerta, los demás entraron en el apartamento de la planta baja, allí retiraron el armario de la habitación, luego con dos picos y una pala empezaron a tirar la pared, era una falsa pared, cuando tuvieron un agujero de aproximadamente un metro, a la señas del comisario pararon y éste con una linterna miró en el interior. Luego, volviéndose sacó el teléfono móvil de su bolsillo e hizo una llamada.

Soy el comisario Alfredo Martínez, cursen una orden de detención contra Matías Requejo,  sospechoso de asesinato de su esposa Leonor. En la mesa de mi despacho están sus señas en Zaragoza.

EPILOGO

Rosendo siguió viviendo en su casa de Mieles del Peñón, donde escribió su libro “La mujer del cuadro” que obtuvo un rotundo éxito, luego siguió con otros de gran éxito.

Cuando se celebraron las exequias por Leonor, Jean Pierre llegó desde París con su mujer.

Adela volvió al pueblo y se instaló con Rosendo en la casa, después de pasar por la iglesia donde los casó un cura campechano, párroco y amigo del pueblo.

Rosendo y Adela cada 22 de Junio se marchan y vuelven el 26 como muy pronto. Los vecinos dicen que no se  han oído ruidos la noche de San Juan, en la casa que ya no llaman “la carrasca” sino la casa de Leonor.

FIN

jueves, 20 de junio de 2013

APARECE LA MOTO DEL CAMARERO (Capítulo XI de EL AFILADOR)

Ya ha aparecido la moto del camarero travesti.
¿Intenta alguien despistar a la policía?
Se ha identificado a la segunda víctima.
¿Se aclara la cosa o se complica más?
Seguid leyendo que la cosa se complica.

El día 23 de Junio, como es el solsticio de verano y se celebra en medio mundo la noche de las brujas, publicaré entero el relato LA MUJER DEL CUADRO, una historia que me contaron un día como verídica y yo no sé se si es así o no, leedla y contadla esa noche alrededor de una hoguera, como era tradición antaño, cuando no había televisión.

Y ahora............

EL AFILADOR

Pedro Fuentes

CAPITULO  XI
A eso de las 5 de la tarde Ricardo llamó a Pedro y quedaron en verse con José Miguel en la comisaría.
 Entró Pedro y le dijo al comisario, ¿Sabes que hay personas en las fotografías que parece que estén en todos los lados?
Si, hay personas que parece que lleguen al lugar del crimen antes que la policía, tenemos que hacer una lista para interrogarles.
Tengo alguna cosa nueva, pero esperaré a que llegue Ricardo.
No pasaron ni tres minutos cuando se presentó en el despacho.
Sentaros que os tengo que decir algo, la primera es que la moto del camarero ha aparecido en la carretera de la costa, estaba en una playa de piedras en donde la carretera pasa justo por encima, se había despeñado, pero el camarero no ha aparecido, la ha encontrado un vecino esta mañana, cuando paseaba al perro, está visto que si tienes perro te ves metido en todos los líos.
He pedido que no toquen nada hasta que le echemos un vistazo, así que ya nos estamos yendo antes de que oscurezca.
Salieron y en el coche oficial se desplazaron hasta el lugar de los hechos, mientras tanto llegaban el policía les dijo:
Hemos identificado a la segunda víctima, la policía rumana nos ha respondido, pero dicen que según sus datos, estaba residencio en Francia, al menos así lo han comunicado unos familiares que viven en Rumanía.
Llegaron a la playa y vieron la moto, estaba tumbada sobre el lado derecho, en medio de las marcas de gasolina derramada, era una scooter de 125 centímetros cúbicos, la rueda trasera estaba reventada y el eje roto, no había sino pequeñas abolladuras, en la carretera no se encontraron marcas de frenos ni ruedas o más bien había muchas rodadas porque allí aparcaban coches para bajar a la playa.
No se encontraron manchas de sangre ni nada que pudiese señalar violencia.
Esta moto no ha caído aquí con el motor en marcha, luego no fue un accidente, es un motor de cuatro tiempos, de gasolina, si hubiese caído en marcha, con la gasolina derramada y la bujía haciendo chispa habría ardido en el noventa y nueve por ciento de los casos, lleva cambio automático y no se abría calado. Además, cosa curiosa, la rueda delantera está bloqueada, luego la moto estaba aparcada y cerrada.
Si hubiese sido el dueño, la moto no estaría bloqueada, no sería tan tonto como para tirarla así.  Solamente intentaron esconder la moto, aparcada en la carretera llamaría más la atención.
El propietario ha desaparecido, luego o tiró él la moto para desaparecer o tiraron la moto y lo hicieron desaparecer.
Pedro comentó más bien como un pensamiento en voz alta:
¿Qué hacemos con la foto donde sale él en la reconstrucción del tercer asesinato?
¿Lo descartamos o lo añadimos a la lista de sospechosos?
¿Víctima o verdugo? “That is the question” Dijo Pedro.
“Elementary, my dear Watson”. Le contestó Ricardo.
Bueno, bueno, ¿Empezáis a ver algo claro? Dijo el Policía
¿No os parece que pueda ser una casualidad?  Lo mismo tenía enemigos, por lo que vimos el otro día, parece que sabe demasiado de todo el mundo.
¿Crees que puede ser un ajuste de cuentas o un intento de chantaje?
Si, yo creo más por un chantaje, dijo Ricardo pero ¿A quien? ¿Quizás conocía al asesino?
Al afilador lo tenía marcadísimo y no le caía bien.
Bueno, primero hay que saber dónde está el camarero, quizás se sintió en peligro y huyó, pero si han acabado con él, ¿Dónde está el cuerpo?
Desde luego aquí no hay rastro de personas ni de sangre, si lo atacaron aquí hay dos incógnitas.  La primera que conocía a la persona que se encontró y subió a algún vehículo con él, La segunda que alguien  lo hizo subir a un coche.
Hay que encontrar al camarero, vivo o muerto, creo que es la clave de todo, lo malo es que a las mujeres querían que se encontrasen y a este no interesa. Dijo José Miguel.
¿Qué se sabe de la segunda víctima además del nombre y que era rumana? Preguntó Ricardo.
La familia de Rumanía, la única que tenía pensaba que estaba en Francia, al parecer, hace unos cuantos años, antes de entrar en la Unión Europea pidió visado para Francia.
Tenemos pedidos informes a la Gendarmería, todavía no han llegado, pero parece que era bastante relajada de moral y vivió un tiempo con un macarra que la hacía prostituirse.
En España ha estado trabajando en algún bar de alterne y no se le conocía una pareja estable, al identificarla hemos encontrado su vivienda, un pequeño piso en las afueras de este pueblo, últimamente no se le conocía trabajo fijo pero vivía bastante desahogada, a veces tenía alguna chica compartiendo el piso, pero no ahora, que vivía sola y no solía tener o recibir compañía masculina.
Mañana tendremos que empezar otra ronda de interrogatorios, he llamado nuevamente al afilador y al dueño del bar, ¡ah! Y a tu amigo el argentino, luego quiero ir a visitar a los vecinos de las tres víctimas y saldrá una orden de busca y captura del camarero.
Y ahora, por la hora que es podemos ir a cenar a algún sitio.
Cerca de mi casa, dijo Ricardo hay un sitio para tomar pescado fresco, yo invito que este medio día he firmado unos contratos para el  verano para pequeñas travesías. Además tenemos que coger a Trouvé que lleva toda la tarde en casa y tiene que salir, donde vamos lo dejan entrar. Si supiesen los antecedentes que tiene, otro gallo cantaría.

 

viernes, 14 de junio de 2013

¿DONDE ESTA EL CAMARERO? (El afilador Capítulo X)

¿Donde está Anselmo el camarero travesti?.

¿Ha desaparecido?

¿Otra posible víctima?

Habrá que leer el capítulo X y siguientes para esclarecer algo.

Cada vez se complica más la cosa.

Y ahora........
EL AFILADOR

Pedro Fuentes

CAPITULO  X
Salieron los tres de la comisaría y marcharon con el coche de Ricardo, que luego tenía que hacer un recado y además el policía quería llegar sin ser vistos, entraron en el aparcamiento de delante del Hamilton pero no llegaron hasta la puerta, lo dejaron a un lateral sin que se viese por el gran ventanal.
Entraron en el local y buscaron con la mirada por toda la barra, era la hora del medio día, todavía no habían llegado los que iban a comer y ya se habían ido los del desayuno, por lo que el local estaba semi vacío. Detrás de la barra estaban dos chicas que no podían esconder que venían del este de Europa.
Se sentaron en tres taburetes y José Miguel le dijo a la camarera que se acercó:
¿No está Anselmo?
No, hoy no ha venido.
¿Es su día libre?
No, no ha venido, ¿No quieren que les atienda yo?
El comisario sacó la placa y le dijo:
¡Policía! Queremos hablar con Anselmo Fernández, el camarero de aquí.
No, no está, no ha venido hoy, no sé qué ha pasado, pero llamaré al jefe que está de mal humor porque no ha avisado.
Salió deprisa la muchacha y subió por una escalera lateral. Al momento bajó y dijo:
Ahora mismo viene el jefe.
Bajó el hombre que la vez anterior se había cruzado con ellos en la puerta y se presentó.
Buenos, días, si buscan a Anselmo, no ha aparecido, tenía que abrir él pero no ha venido ni avisado, lo he llamado por el móvil y está apagado, hemos ido a su casa y no está, la vecina nos ha dicho que anoche no lo vio ni ha oído ruido, y eso que en cuanto llega a su casa se dedica a oír discos de Sarita Montiel, a la que imita haciendo de travesti.
¿No dijo nada ayer antes de irse ni dejó nota? ¿Suele hacer eso?
No, será todo lo que sea, pero es serio y cumplidor en el trabajo, anoche salió con la moto a la misma hora de siempre, cerramos entre los dos, él salió hacia el norte, por la carretera del interior y yo me fui a mi casa.
Ricardo dijo:
Desde aquí hasta la carretera del la costa hay una buena tirada, ¿Cómo sabe que fue por allí?
Porque yo para ir a mi casa tengo que tirar hasta cerca y él iba delante de mí.
Tendrá que venir por la comisaría a firmar la declaración de todo esto.
Una pregunta, dijo Pedro:
¿De donde es usted?
Español, soy de Barcelona.
Pero el acento que tiene no es de catalán y Dominic tampoco es catalán.
Me llamo Domingo, como usted ya sabe. He estado por todo el mundo, he sido marino mercante, pero ya hace unos años que me establecí aquí.
Hace diecisiete días, cuando apareció la mujer muerta en el pueblo de al lado, la tarde anterior estuvo aquí el afilador, le había afilado los cuchillos y además había quedado aquí con ella, luego, como cosa de hora y media después dice que vinieron los dos, tomaron unas cervezas y ella recogió la moto y se fueron cada uno para un lado, ¿Los vio entonces? Piénselo bien, la moto estaba aquí delante de la puerta principal y es de vital importancia saberlo.
No recuerdo, yo diría que no, además, salvo que haya problemas estoy arriba en mi despacho.
¿Podemos ver el despacho?
Bueno, está algo desordenado, pero si quieren subir pueden hacerlo, acompáñenme.
Subieron los tres, efectivamente estaba bastante desordenado, había una mesa pegada a la ventana por el lado izquierdo, Ricardo se acercó, se sentó en el sillón giratorio y dijo:
Si estaba sentado aquí, solamente con levantar la vista se ve todo el aparcamiento, si llegaron sobre las ocho y medía a nueve, con las luces encendidas porque era de noche los tuvo que ver.
A lo mejor bajé a la barra para algo, contestó.
Desde la barra los vería mejor al entrar, piénseselo bien porque esta tarde, cuando pase por la comisaría tendrá que confirmarlo por escrito.
Salieron a la calle y antes de entrar en el coche vieron como el jefe no perdía detalle desde la ventana.
¡Jo! Yo me retiro y os dejo el puesto a vosotros. Dijo José Miguel, Lleváis el caso como si lo hubieseis hecho toda la vida, espero que no os dé por dedicaros al crimen porque lo íbamos a tener mal para cogeros.
Dejaron a José Miguel en la comisaría y marcharon, después de quedar por la tarde. Pedro cogió su coche y se fue a su casa,
Ricardo había quedado a comer con los gerentes de una agencia de viajes que querían organizar para el verano una serie de charter a Ibiza y a las Columbretes.
 

jueves, 6 de junio de 2013

SOSPECHAS Y SOSPECHOSOS Capítulo IX de "El afilador"

Una semana más y un nuevo capítulo de "El afilador". La novela de intriga protagonizada por José Miguel el comisario, Ricardo el aventurero y yo, Pedro, el narrador de los hechos.

Espero que os guste, porque ya se están preparando nuevos casos de Ricardo colaborando con su amigo José Miguel, el comisario.

Y ahora..........

EL AFILADOR

Pedro Fuentes

CAPITULO  IX

Ya en la comisaría se encontraron con  José Miguel, el cual les tenía preparadas un montón de fotografías y los dosier de las tres víctimas.
Id mirando esto mientras viene el afilador.
¿Se hicieron pruebas de ADN de las mujeres primera y segunda?
No, no se hicieron, quisieron hacer todas las averiguaciones a nivel local y están faltos de medios y no tienen la experiencia que tenemos nosotros que hacemos eso cada día.
¿Podríamos descubrir restos de sangre en los casos anteriores con la lámpara de ultravioleta?
Pero no en todos los casos, pese a lo que dicen los del CSI hay productos que las camuflan. Pero lo intentaremos en la medida de nuestras posibilidades.
Al final, con diecisiete policías distintas los criminales nos van a pasar la mano por la cara, terminan estando mejor preparados que nosotros, el clásico “divide y vencerás”
En este caso, los sospechosos no lo saben, así que si les pedimos el ADN para “comparar” a lo mejor le metemos el miedo en el cuerpo a alguno.
Una pregunta, Ricardo, dijo José Miguel
¿Por qué parece que estés más centrado en el caso segundo que en el primero y tercero?
Creo que ahí está la clave, parece un asesinato totalmente diferente a los otros.
Sí, creo que tiene toda la razón del mundo, creo que han intentado copiar los otros dos, cuando identifiquemos la X estará todo resuelto. Dijo Pedro.
¿Y si mientras tanto hay un cuarto difunto o ya lo han cometido y no lo hemos encontrado?
No, José Miguel, dijo Ricardo y continuó, no, estos asesinatos están cometidos en un escaparate, al asesino le interesa que se descubran los cadáveres.
¿Estas fotos son solamente del último asesinato? Me refiero a las de la gente que hay curioseando. Dijo Pedro
Si, de los otros dos hay de las escenas del crimen y del cadáver en cada momento.
Hay personas de las tres poblaciones en ellas, yo llevo bastante tiempo por esta zona y me resultan conocidas y supongo que a Ricardo también.
Si, he tenido esa sensación al mirarlas. Contestó Ricardo.
Creo que algunas sí, pero será más difícil ponerles nombres.
Quizás eso sea más fácil cuando las señaléis, se las pasaremos a la guardia urbana de cada pueblo, ellos están en la calle todos los días y conocen a más gente.
Entró un agente en el despacho y dijo:
Señor comisario, está aquí el dueño del perro grande y el afilador.
Haga pasar primero al del perro y al otro lo dejaremos esperar un poco, hasta que empiece a ponerse nervioso.
A sus órdenes, señor comisario.
Vosotros dos debíais pasar a la habitación de al lado, por esta otra puerta, podréis oír lo que diga. Dijo el comisario a sus amigos.
Entró Rodolfo y José Miguel lo hizo sentarse. Usted dirá
Mire, señor comisario, hoy he estado paseando el perro en compañía de Ricardo y hemos hablado un poco sobre el tema y él tiene razón, cometí una tontería el otro día cuando me acerqué al cadáver y encima borré las huellas, me asusté mucho, porque sí conocía a la víctima, verá, era una mujer un poco bastante liberal, precisamente aquella tarde, cuando después de comer fui a pasear a Pibe, cerca del río, me encontré con ella, ya la conocía porque salía con un compatriota mío, pero el caso es que venía de correr, se paró conmigo y se estuvo insinuando, no sé lo que hubiese pasado si no estuviese el perro conmigo, me cogió del brazo y se pegó a mi y supongo que alguien nos habría visto, además, también estuvo a mi lado por la mañana cuando fui a afilar varios cuchillos de cocina y unas tijeras.
Querríamos ver esos cuchillos con una linterna especial que indican si hay manchas de sangre, no podemos hacerlo sin orden judicial o permiso de usted, si pedimos permiso al juez, como hay evidencias, nos lo dará, pero si es tan inocente como dice, cosa que no dudamos, suponemos que no tendrá inconveniente en que dos agentes nuestros se acerquen con usted a su casa y hagan la prueba, no tardarán ni cinco minutos.
Lo mismo pasa para poderle tomar una muestra para la prueba de ADN, en principio es totalmente voluntaria salvo que el juez lo considere oportuno, simplemente es cogerle un poco de saliva con un palillo con algodón.
Si, señor comisario, pueden tomar la muestra y revisar los cuchillos, pero ¿Y si hemos cortado carne con alguno de ellos?
No hay problema, las señales no son las mismas. Dicho esto, el policía descolgó el teléfono y apareció un agente en la puerta.
Agente, avise Gómez y García para acompañar a este seños a su casa con la lámpara de ultravioleta y que a la vez le tomen una muestra de saliva para el ADN.
Señor Rodolfo, aunque tarde, ha sido usted inteligente al venir a confesar su error.
Cuando se fue Rodolfo el policía llamó a sus amigos, salieron al balcón y se fumaron unos cigarrillos mientras comentaban la jugada.
Creo que podemos descartar al amigo de Ricardo, si salimos bien de esta os voy a proponer como colaboradores de la policía.
¿Eso quiere decir confidentes? Dijo Pedro riendo.
Cuando terminaron los cigarrillos dijo José Miguel:
Bueno, vamos a ver si ya hemos puesto nervioso al afilador.
Entraron en el despacho y esta vez se quedaron los tres. Llamaron por teléfono e hicieron pasar al afilador que se sentó en una silla frente a los tres amigos.
Bueno, díganos ahora toda la verdad si no quiere meterse en problemas, si no lo está ya.
¿Eran clientes suyas las tres muertas?
Si señor
¿Las había visto y hablado con ellas?
Si, sobre todo con la segunda.
¿Cómo se llamaba?
Se hacía llamar Michelle, pero no era francesa, ella decía que sí pero era rumana o checa.
¿Tuvo relaciones con ella? Díganos la verdad, tenemos medios para averiguarlo.
Bueno, quedé con ella en un bar, ya se lo dije, pero no llegó.
¿Quiere decir que no tuvo relaciones con ella?
No, yo me fui después de esperarle media hora,
Si, y también nos dijo que bebió un café y una cola y salió del bar cargado de coñac y cubata.
Le vamos a hacer una prueba de ADN, bien voluntariamente o lo que es peor por petición del juez, con lo cual tendrá que ser encausado, lo cual quiere decir que le podemos meter entre rejas, usted dirá si colabora o no.
La tal Michelle mantuvo relaciones sexuales tres horas antes de su muerte, a esas horas tenía que estar con usted, ¿Fue con usted? Y no me mienta que todo se sabrá.
No, señor comisario, no la vi. Se lo juro, no la vi.
Usted, cuando salió del Hamilton para irse a su casa, vio que llegaba la mujer, dejó su moto allí y se marchó con usted en la furgoneta, se fueron a las afueras, cerca de donde la encontraron y allí estuvieron relajándose.
No es verdad, eso se lo ha tenido que decir el marica del camarero. Siempre que voy al Hamilton me tira los tejos.
¿Accede a hacerse las pruebas de ADN? ¿Quiere un abogado? ¿Conoce a alguno? Está metido en un gran problema y lo tiene difícil.
Si, tiene razón, la vi, pero yo no la maté, estuvimos en la furgoneta, nos pasamos allí como una hora, luego la llevé al Hamilton, pero la moto no era suya, era de una amiga.
Si, me pueden hacer las pruebas del ADN. Yo la dejé el  bar a eso de las nueve menos algo, entramos y tomamos una cerveza, el camarero no estaba, nos atendió una chica, ellas se lo pueden confirmar.
José Miguel avisó a un agente y le tomaron muestras de saliva para el ADN, a continuación le dijo: Todo será comprobado, la prueba tardará unos días, ni se le ocurra desaparecer porque lo encontraremos donde sea.
Por cierto, con las otras dos mujeres ¿También tuvo lío?
No señor comisario, le juro que no.
No jure más que ya le hemos pillado en renuncio demasiadas veces y además con las pruebas que tenemos y su ADN como resulte culpable la cadena perpetua no se la quita nadie. Puede marcharse.
Los tres amigos se miraron y dijo José Miguel: Vamos a tomar una cerveza al Hamilton.

 

miércoles, 29 de mayo de 2013

IDENTIFICAN A LA TERCERA VICTIMA (El Afilador capítulo VIII)

Hoy no es día de publicar, pero el resto de la semana me pilla de travesía, así que tendréis el adelanto del capítulo.

La cosa se complica, los tres amigos se empiezan a enfrentar a los sospechosos.

Y ahora..........

EL AFILADOR

Pedro Fuentes

CAPITULO  VIII

Cuando llegaron nuevamente a la comisaría se encontraron con uno de los agentes que el comisario había enviado a interrogar al ex marido de la tercera víctima. Este había contado que en las fechas señaladas había ido al pueblo de su actual mujer por enfermedad grave de su madre, habían estado a quinientos cincuenta kilómetros durante tres días, luego había vuelto,  había regresado la tarde que encontraron el cadáver. Su mujer se quedó cuidando a la enferma. Nada sospechoso, estaba muy compungido ya que mantenía una relación cordial con su ex.
Ricardo le dijo a José Miguel:
Mañana saldré a pasear a Trouvé como cada día, me haré el encontradizo con Rodolfo para ver si le saco algo de la víctima. Después, si no te importa, me gustaría volver a leer los informes y ver todas las fotos con Pedro.
Yo estaré aquí toda la mañana, a las diez estaré en la oficina, tiene que venir el afilador para volver a interrogarlo y quisiera que estuvieseis presentes.
Salieron de allí Ricardo y Pedro con Trouvé y decidieron pasear un rato con el perro, que había estado todo el día entre despachos y restaurante, suerte que el dueño de éste le puso una bandeja con un poco de arroz sobrante con un poco de carne que salió de unas sobras a las que el animal no les hizo ascos.
¿Te fijaste, Pedro que el camarero del Hamilton sabía mucho de todo el mundo? Estoy seguro de que conocía a la segunda víctima. Creo que el Hamilton esconde algo, parece que es un sitio que se frecuenta por más gente de la que aparenta.
Y Rodolfo, qué extraña su actitud, esconde algo y no sé qué es, creo que sí, que efectivamente conocía a la tercera mujer.
¿Será conocido el que mantuvo relaciones sexuales con la mujer X? Es raro que no se haya podido identificar, quizás no sea francesa, el afilador nos podrá decir que tipo de acento tenía. ¿Habrán podido coger muestras para el ADN del amante?
Ambos amigos se intercambiaban las preguntas y Pedro tomaba notas.
Trouvé vagabundeaba todo lo que la correa extensible le permitía, yendo de farolas a árboles, de vez en cuando marcaba alguno y seguía su marcha, si se cruzaba con algún macho se ponía en guardia, en cambio si era hembra, fuese del tamaño que fuese, se estiraba y andaba con más garbo, estiraba la poca cola que tenía y saludaba moviéndola de un lado para otro, viéndolo ni Ricardo se acordaba de lo mal que lo pasó por su culpa y todo el mal que hizo. El animalito tampoco era consciente de lo que sucedió en su vida anterior hasta que Ricardo y el padre Lázaro lo salvaron.
Llegaron los amigos a la puerta del apartamento de Ricardo, donde estaba la moto de Pedro, quedaron para el día siguiente y Pedro cogió la moto para ir a su casa, tenía dos opciones, una un camino secundario muy poco transitado en esas fechas o la carretera nacional con muchísimo tránsito, aquella tarde noche cogió la carretera para hacer los siete kilómetros que le faltaban para su casa, le dio un poco de miedo el camino, tan oscuro y solitario, no era miedoso, pero no le seducía la idea del camino con lo que estaba pasando.
Al fin llegó a su casa, estaba solo, su mujer había tenido que marchar unos días por asuntos familiares.
Se duchó, luego se preparó un bocadillo y una cerveza y mientras comía se puso a repasar sus notas, luego escribió un rato con el PC y a eso de las diez, llamó a su mujer, le deseó buenas noches y se metió en la cama a leer una novela.
Ricardo cuando llegó a su casa hizo más o menos lo mismo, le puso pienso al perro, se duchó y luego, como no tenía pereza si era en cuestión de comida, se preparó unos huevos fritos con chorizo y patatas y abrió una botella de Rioja, encendió la tele y vio los telediarios.
A la mañana siguiente, a la misma hora de siempre salió a pasear a Trouvé camino del puerto, no llevaba ni diez minutos cuando se encontró con Rodolfo y Pibe, se saludaron como cada día y siguieron paseando juntos mientras hablaban de cualquier cosa menos futbol, Ricardo es enemigo acérrimo del futbol y no le gusta perder ni un segundo en la vida hablando de éste.
En un momento que se produjo el silencio, Ricardo le dijo a Rodolfo ¿Sabes que ya han identificado a la víctima?
Si, ya me he enterado, resulta que es amiga íntima de un compañero de trabajo mío.
Si la conocías, yo creo que debes comentárselo al comisario, si hay algo que no le gusta es que le escondan algo, yo lo conozco porque nos vimos complicados en un problema donde había unos terroristas y es una persona muy seria y buen policía pese a su juventud, mi amigo Pedro, él y yo, desde entonces mantenemos la amistad y como además le ayudamos en alguna investigación, nos aprecia y nos escucha las sugerencias que le hacemos.
Siguieron el paseo y al final de éste, Rodolfo dejó a su perro en casa y se fue a comunicarle a José Miguel lo que me había dicho.
Después de desayunar dejé a Trouvé en casa y me fui a esperar a Pedro, yo tenía que hacer unos recados y me interesaba coger el coche para ir después de la comisaría.
Llegó Pedro y le dije:
Aparca el coche que vamos con el mío.
Así lo hizo y cuando subió al mío me dijo:
He pasado la noche dándole vueltas a alguna cosa y creo que tendríamos que hablar con el camarero y saber qué hizo aquella noche y con el afilador. Hay un par de cosas que no veo claras y además creo que es de vital importancia quien tuvo relaciones con la mujer X y de qué nacionalidad era.