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miércoles, 17 de marzo de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO III)

EL VIAJE  III

Pero ¿Qué he hecho yo?

Pedro Fuentes


CAPITULO  III

Ricardo no sabía qué había pasado, pero comprendía que la cosa parecía ser muy gorda, ¿Quién sería la tal Lara? Y ¿El árabe? ¿A qué se dedicaban? Ricardo pensó en hablarles de las horribles muertes de Ciudadela, pero ¿Cómo explicaría lo del baúl? Lo ideal era que creyesen que se habían ido definitivamente del barco antes de los sucesos.

Había hecho muy bien en trasladar los sobres al banco aunque esperaba que no supiesen de la caja del banco, así que decidió que habría que hacer algo lógico, quizás hacer desaparecer la llave, o guardar el dinero en otro sitio más seguro, pero ¿Dónde? No podía comprometer a nadie. Luego pensó que seguramente estarían siguiéndole, así que pensó que si se marchaba a otro sitio, teniéndolos informados, se dedicarían a seguirlo y se liarían pensando que hacía algún movimiento “sospechoso”  

El tiempo era bueno todavía y podría salirle algún viaje, pero era muy difícil, normalmente estos charter se organizaban con tiempo. Podría marchar sin motivo aparente, pero se vería demasiado.

Bueno, voy a Peñíscola a comprar tomates pensó.

 Hacía mucho tiempo que tenía por costumbre irse a Peñíscola por la tarde a pasear por allí, se relajaba, luego echaba una primitiva para la semana y después, subiendo al casco antiguo había encontrado una casa que vendían unos tomates de cosecha propia que llamaban “cor de bou” (corazón de buey en valenciano) tenían la forma de un corazón y eran sabrosísimos.

En verano, y para andar por aquellas poblaciones utilizaba una pequeña moto de 49 c.c., así que la cogió y se fue por la carretera de la costa, en mal estado pero más corta y no tan peligrosa como la Nacional 340. Supuso que para aquello no necesitaría comunicarlo, además le interesaba saber si lo seguían, por eso eligió los caminos menos transitados. 

Peñíscola estaba como siempre en verano, aunque éste ya empezaba a declinar, ríos de gente hacia todas las direcciones, siempre que pasaba por el paseo, rodeado de tanta gente de todas partes pensaba ¿Será posible que con toda la gente que hay por aquí y no me encuentre con nadie conocido?

No lograba quitarse de la cabeza la foto que le habían enseñado de Lara, alguna vez, pensando en ella le recordaba a alguien conocida, pero no de rubia, sino como la conoció, de negro y repintada al estilo “gore”. Habían dicho que era la hija de alguien importante, pero él ni miraba ni leía revistas del corazón y de televisión poca.

Llegó a la casa de los tomates, compró unos kilos, charló un rato con la señora, marchó a por la moto  y se fue directamente a su apartamento. Allí estaba Trouvé dando saltos de alegría, lo cogió en brazos, le puso la cadena y se fue con él a la calle a pasearlo.

Por más vueltas que le daba a la cabeza, no lograba imaginar qué pasaba, ¿Quiénes eran los jóvenes desaparecidos? De ella le dijeron que era la hija de alguien importante, de él no le dijeron nada, pero los servicios secretos de un país árabe estaban detrás del asunto, ¿Y los pasaportes que había en el baúl que tenían fecha de entrada en Túnez para  cuatro días después de la fecha, cuando aun estaban en Menorca? Ricardo ya no sabía a qué atenerse.

Dos días después, estando en el barco, aparecieron por allí los árabes, cuando se acercaron a el “Solitario” Trouvé salió hasta la proa ladrándoles. Ricardo se acercó a ver qué pasaba y al verlos les preguntó: 

¿Quieren subir a bordo? ¿Necesitan alguna cosa?

Solamente queríamos preguntarle una cosa, ¿No llevaba la chica un perro? Dijo el más alto.

Si, era éste, cuando me dejó la nota de dijo que ya que se llevaba tan bien conmigo y que se había olvidado los papeles en casa, que me lo dejaba. Yo luego supuse que iban a algún sitio donde llevar un perro era un problema, así que me lo quedé. 

Cuando llevé el barco a Italia fue conmigo, luego fui a Francia a ver a una amiga que tiene varios y no se llevaba bien con ellos, así que le saqué documentación nueva, la verdad es que para ello hubo que hacer una pequeña trampa y cambiarle el chip y ya, con la nueva documentación me lo traje para casa.

¿Qué hizo con el chip?

Lo tiré a una papelera cuando iba hacia el aeropuerto.

¿Por qué no nos dijo nada de él la vez anterior?

No me di cuenta, como para ustedes el único interés era el chico y yo no lo llegué ni a conocer. 

Sin embargo, cuando vinieron los dos policías españoles, preguntando por la chica si que se lo dije.

Por cierto, esos chicos ¿En qué lio se han metido que hay tanta gente detrás de ellos? El no lo sé, pero a ella yo la buscaría a partir de Menorca, que fue donde abandonó el barco, aunque había tanta gente y tan diferente en Ciudadela en aquellas fechas. Y barcos de recreo había de todo el Mediterráneo, además de las líneas regulares de ferry.

De todas formas, si abandonaron al perro, supongo que querrían viajar en algún transporte público, sobre todo en España, es un problema viajar con un animal de compañía y raro es el hotel que los admiten.

En el náutico de Ciudadela no vieron a nadie de esas características ni con un baúl de grandes dimensiones, dijo el árabe alto.

Si preguntaron por mi barco, supongo que les habrán informado de mi llegada y estancia allí, estaba en el  contra muelle y allí entran y salen coches de todo tipo, además de que allí amarra el ferry de Alcudia y en fiestas hay muchísimo tráfico, de todas formas, y, cuando rellené la hoja de llegada, ya anoté que viajaba con una pasajera y a la hora de irme, también declaré que partía solo.

No se quien era Lara ni si llegó a presentarse el amigo, novio o lo que fuese, lo único que se es que les he dicho toda la verdad, he pensado mucho sobre el hecho por si me acordaba de algo y lo mismo que les he dicho a ustedes es lo que le dije a los dos policías españoles a los que por cierto también hablé de ustedes. 

No sé ni quienes son ni tan siquiera la nacionalidad, supongo que su presencia aquí y su interrogatorio no es del todo legal cuando hay unos policías españoles por medio, pero prueba de mi buena voluntad es que a unos y otros les he dicho la verdad.

Bueno, dijo el alto, no le molestamos más, es de vital importancia que encontremos al chico porque es el hijo de una familia muy influyente y a ella porque también lo es, le damos las gracias por su colaboración y esperamos que si nos surge alguna duda nos pueda ayudar.

De todas las formas, la policía española sabe de nuestras gestiones y compartimos toda la información. Agradecidos esperamos que no le tengamos que molestar.

El más bajo, que hacía las veces de interrogador malo, miró a Ricardo como si le perdonase la vida y se despidió sin decir palabra, solamente levantó la mano derecha con su dedo índice levantado y el resto recogidos.

El día siguiente, cuando llegó al barco, se encontró con  que lo habían abierto y registrado hasta el último rincón, incluidas las sentinas donde había estado el dinero, en algunos rincones se veían señales de polvo blanco, de los utilizados para buscar huellas dactilares. No había desaparecido nada, los equipos de navegación y el ordenador portátil habían sido conectados y revisadas las memorias. 

Cuando Ricardo vio aquello, no supo si era obra de árabes o de la policía, así que después de revisar todo y comprobar que no faltaba ni roto nada, cerró el barco, se fue al contramaestre del puerto y denunció el hecho, luego a la Guardia Civil e hizo lo mismo.

Ya eran casi las cuatro de la tarde cuando se dirigió a su casa, había pasado lo mismo, también le habían abierto la puerta y revisado todo, ahora no tenía duda, sabían que estaría en el barco y no lo esperaban en el piso. O quizás se repartieron la labor.

Otra vez le tocó revisarlo todo e ir a denunciarlo, el agente que lo recibió, el mismo de por la mañana, extrañado le preguntó por qué lo buscaban.

Ricardo le contó la misma historia que sabían árabes y policía. Le pidió al policía que hiciese constar sus sospechas en las denuncias y que no  tenía  nada más que decir.

A partir de ese momento se dedicó a revisar las hemerotecas a través de internet para intentar enterarse  de quién era Lara. Le costó muy poco encontrarla, después de varias preguntas a Google le puso “fotos de hijas de personas importantes” Lara estaba allí.

¡Dios! En menudo lio me he metido sin comerlo ni beberlo, espero salir de esta lo antes posible, pero ahora nada tiene vuelta atrás, y hacia delante la bola se irá haciendo cada vez más gorda.



jueves, 11 de marzo de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO II)

 

 

 EL VIAJE  III

Pero ¿Qué he hecho yo?

Pedro Fuentes


 

CAPITULO  II

 

Dos días después, en el barco, aparecieron otros dos hombres, esta vez  españoles, se identificaron como policías, también traían una foto, esta vez si la reconoció Ricardo, era Lara.

 Si, esta chica estuvo en este barco, me contrató para ir a Menorca, por S. Juan, pero iba teñida de negro y muy maquillada, parecía mayor, me dijo que en Ciudadela recogeríamos a su novio. 

Allí teníamos que estar dos días, así que quedé con la chica que me dijo que se llamaba Lara que el tiempo en Ciudadela, como eran fiestas yo me iría con unos amigos, y quedamos para el 24 de junio para volver al barco y partir donde ellos dijeran, no llegué a conocer al chico, cuando volví al barco no estaban, se habían llevado el equipaje, me dejaron el dinero que le había dicho que le cobraría por cinco días más y una buena gratificación. 

La chica trajo también un perrillo, me lo dejó con una nota diciendo que me lo podía quedar que no se lo podían llevar. 

Supuse que se irían en avión por lo del perro, yo se lo dejé a una amiga mía francesa, que vive en Niza, me lo devolvió porque no se le adaptaba a vivir con sus perros, así que lo tengo yo, Lèonore, mi amiga se lo llevó y lo legalizó, porque no tenía papeles, ahora se llama Trouvé  y  está conmigo, es un perro alegre y feliz.

Por cierto, anteayer vinieron dos tipos creo que árabes a preguntarme por un chico, me enseñaron la foto, también parecía árabe, pero vestido a la europea. Les dije que no lo conocía y les conté lo mismo que les he dicho, salvo lo del perro. 

Se fueron y me amenazaron por si no les había dicho la verdad.

¿No sabe quien era la chica?

No, no tengo ni idea, además, no me cayó simpática en ningún momento y no me fijé en ella ni siquiera con las horas que pasó en el barco navegando, creo que estuvo más tiempo durmiendo que despierta.

¿De verdad no la conoció?

No, no soy muy fisonomista, pero diría que no la había visto jamás.

Es la hija de una persona muy importante y ha desaparecido, lo último que se sabe es que viajó con usted y porque se lo dijo a los árabes del servicio secreto. 

Por el bien de usted, esperamos que lo contado sea verdad. Por cierto, no debe salir de esta población por si le necesitamos.

Mire, dijo Ricardo, yo vivo como ya sabrán de los charter que hago con el barco, por ahora no tengo nada previsto y este verano está bastante flojo, pero si me sale algo tengo que aprovecharlo porque luego el invierno es muy largo, así que si me dejan ustedes el teléfono, si me sale algo los llamaré para estar localizado, no tengo ningún problema y colaboraré con ustedes en todo lo que pueda, pero lo que ya les he dicho es todo lo que sé y así se lo dije a los árabes sin saber ni quienes era , no tengo nada que ocultar.

Bueno, le dejo mi tarjeta, aquí hay siempre alguien, solamente tiene que dar su nombre y pedir hablar conmigo, dijo el agente que había hablado siempre, el otro le miró de reojo y se marcharon los dos.


jueves, 4 de marzo de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO I)

EL VIAJE  III

Pero ¿Qué he hecho yo?

Pedro Fuentes

CAPITULO I


Después de aquella horrible noche, Ricardo se quedó una semana en el convento con el padre Lázaro por varias razones, la primera fue el descansar y olvidar la pesadilla, la segunda por hacerle compañía al sacerdote y la tercera por ver el comportamiento de Trouvé que desde aquella noche era un perro cariñoso y alegre, pese a que todavía seguía la luna llena.

Los paseos por los alrededores eran relajantes y el cura, pese a lo avanzado de su edad, había rejuvenecido física y mentalmente.

Llegó el momento de la despedida y Ricardo y el perro se marcharon, estuvo a punto de regalarle el animal al padre Lázaro, pero éste le insinuó que él no podría atenderlo como era debido, y en el convento no querían que un perro les desconcentrara de sus reglas y normas.

Cuando llegó a casa, tenía una nota de la Sra. Herminia de que dos hombres, altos y fuertes, bien vestidos y de aspecto árabe le estaban intentando localizar.

En el puerto, cuando fue al barco, la secretaria del club, le informó que dos Srs., de las mismas características le andaban buscando.

Ricardo empezó a preocuparse, no sabía qué podía ser, pero que fuesen árabes, le recordó al novio de la “dama de negro”, pero él ni lo había visto, no tenía ni idea de quien era. 

Por si acaso, se preparó una coartada, así que llevó el perro a casa de la Sra. Herminia y le pidió que se lo guardase unos días sin dejarse ver mucho. Luego se fue al barco, sacó de allí todo el dinero que había ocultado en las sentinas y lo llevó a su banco, donde solicitó una caja de seguridad, lo metió dentro de un par de libros y cuatro cosas de valor que tenía que le había legado su hermana cuando murió, recuerdos de su madre y lo depositó todo allí. Luego se fue al barco y esperó en él mientras ponía las cosas en orden por si llegaban otra vez.

Al día siguiente, como si lo estuviesen vigilando, llegaron los dos hombres. Se dirigieron a él con toda la cortesía del mundo, le enseñaron una foto de un muchacho árabe y le preguntaron: ¿Conoce a este joven? 

No, no lo había visto antes, ¿Quién es?

 Este joven estuvo de pasajero suyo en este barco y queremos saber a dónde fue.

 No, no lo conozco ni ha viajado conmigo, ¿Cuándo dice que fue eso? 

 En junio, dijo el árabe hablador, porque el otro, el más bajo no había abierto la boca todavía.

 Imposible, lo hubiese reconocido, además, este verano ha sido fatal y solamente he tenido dos viajes con este barco y un transporte de otro que tuve que llevar, sin tripulantes a Italia. 

¿Con quien viajó en los otros dos viajes? En este punto, el más bajo, que le sacaba una cabeza a Ricardo, se le acercó más y poniéndole el dedo índice en el pecho le dijo con mucho acento: Rápido y sin mentir, porque solamente nos vale la verdad y a ti también si quiere conservar la salud.

Le digo que solamente he tenido dos viajes este verano, uno a Ciudadela en Menorca para S. Juan, que por cierto me dejó tirado allí a mitad del viaje  y otro a continuación por la parte norte de la Costa Brava, por aquí tengo las facturas de los puertos, en el primero llevé a una chica joven que me dijo que íbamos a Menorca y allí recogeríamos a su novio. Como eran fiestas, quedamos que yo me iría dos días con unos amigos y les dejaría el barco, en el puerto, para estar en él, luego, según me dijo, haríamos otro viaje a otro destino, de unos cinco días.

Cuando volví al barco me encontré con que no había nadie, ni equipajes ni  nada, solamente una nota en la que me decía que no seguirían viaje y me pagaba el resto de los cinco días, busqué por el camarote, que era éste y no dejaron nada, así que marché otra vez para la península, no sé nada del novio de la chica, ni siquiera si existía o si estuvo en el barco, ella traía un baúl bastante grande y pesado, yo tuve que embarcarlo y a duras penas pudimos entre los dos, así que supongo que alguien debió ayudarla a descargar y a transportarlo, eso es todo, si quieren comprobarlo les buscaré los justificantes de todo, lo único que sé es que aquella mujer no me gustó, parecía una niña mal educada e imprevisible, además vestía de una manera que parecía mucho mayor de lo que realmente era, y en cuanto a documentación, no se suele pedir salvo que se vaya al extranjero que hay que llevar el pasaporte y visado si hace falta, pero hoy en día, si es un puerto de la Unión Europea no hace falta sino el DNI, así que no lo pedí. 

El segundo viaje fue cuando volví a la península, un grupo de tres parejas me alquilaron para ir al norte de Cataluña, un viaje normal, mucha playa, baños, algo de submarinismo y buenas comidas, pero todos ellos eran bastante mayores, ellas más jóvenes no parecían sus esposas, pero no soy yo nadie para juzgar. 

Pagaron bien y no dieron guerra, no querían que se les viese mucho, pero desde luego ninguno de ellos se parecía ni por asomo al chico de la fotografía.

El otro viaje fue con otro barco, el dueño quería que se lo llevase a Cerdeña, quedaron en llamarme al final de vacaciones para volver a traer el barco. No me han llamado por ahora y la travesía de ida la hice en solitario y a la vuelta, como tenía tiempo, me fui por Niza en avión, aproveché para saludar a una vieja amiga, luego regresé a Barcelona y de allí a casa, como no tenía más reservas y con los tres viajes tenía bien cubierto el año me dediqué a viajar un poco, me fui a Madrid a buscar a un viejo amigo, que por cierto es sacerdote. Anoche llegué y eso es todo bueno, todo no, les juro que no he visto a ese chico ¿Quién  es?  

Eso no le importa, dijo el más bajo, comprobaremos todo, y si nos ha mentido verá las consecuencias. Por cierto, ¿Nos puede describir a la chica?

Si, era más bien rubia pero teñida de negro, pero muy negro, pelo largo, unos dieciocho o diecinueve años pero parecía querer aparentar más, un metro setenta aproximadamente, melena muy larga y suelta y vestida absolutamente de negro con un vestido largo para ser verano, luego se puso un chándal azul para la navegación, incluso le di una gorra para cubrirse del sol, los ojos muy pintados, parecía una de esas “gores” que andan por ahí y bastante mal criada, parecía una nueva rica.

Bueno, dijo el más alto, espero que no tengamos que volvernos a ver.

Ricardo respiró tranquilo cuando se fueron, la historia que medio se había inventado había dado su resultado, además, todo se podía comprobar, lo único que tendría que cubrir era lo del perro, pero mientras no lo mentaran, mejor ni nombrarlo, luego siempre sería correcto definir la última procedencia. 

jueves, 25 de febrero de 2021

EN BUSCA DE LA PUERTA DEL INFiERNO(Cap. VI)



 EL  VIAJE  II


En busca de la puerta del infierno


Pedro  Fuentes


CAPITULO  VI




A los cinco días, cuando solo faltaban  tres días y horas, recibió Ricardo la llamada del sacerdote, le citaba en el convento  para preparar todo para el día 18.

En cuanto recibió la llamada, cogió el coche y salió para el convento, al perro lo dejó en el apartamento, ya que el sacerdote le había dicho que no era conveniente llevarlo as u presencia antes de la hora señalada, que sería el día 19 a las  04:44 horas, esa era una buena hora, ya que por esas fechas amanece muy temprano, por lo que las horas de peligro eran pocas.

Una vez en el convento, nuevamente en el claustro, hablaron largamente sobre la estrategia a seguir, se desarrollaría todo en exorcismo en el mismo claustro, alrededor del pozo, allí se prepararía todo, Ricardo tendría que llegar como muy pronto a las tres horas, tendría una puerta para llegar al claustro, allí, fuera de la vista estaría el p. Lázaro, con todo preparado, éste daría la orden y todo se pondría en marcha, solamente  ellos dos quedarían allí, ante el peligro, sería a vida o muerte, si fallaba el exorcismo, lo más probable es que no sobreviviesen.

Planearon todo minuciosamente, luego Ricardo marchó a Valencia a comprar una serie de cosas que necesitarían, una vez con ellas marchó a su casa, hizo unos montajes y pasó el resto del día leyendo y buscando informaciones por internet.

A la mañana siguiente volvió al convento y con el sacerdote pasaron todo el día arreglando cosas  y preparándose espiritualmente contra el maligno.

El día 18 a las 15:00 horas dejaron todo preparado para esa noche, Ricardo cogió el coche y se marchó a su casa, comió y se metió en la cama hasta las 24 horas. 

Luego  cogió a Trouvé, lo puso en el trasportín y se dirigió al convento, eran  las  tres  de la madrugada cuando llegó, antes de entrar sacó al perro con la cadena no fuese a irse y perderse, lo paseó para que hiciese sus necesidades, le puso agua y no quiso beber, ya empezaba a esta algo raro, gruñía y estaba nervioso como el día que le atacó en el barco. 

A las 04:30 horas entró en el claustro y cerró la puerta con la llave que había preparada, el p. Lázaro no estaba allí todavía, entraría en el último minuto por la puerta del refectorio, el resto de los frailes estarían en la capilla contigua al refectorio en oración por el buen hacer del exorcismo.

Una vez dentro, Ricardo se dirigió al brocal del pozo que estaba tapado con una madera a manera de trampilla, una cadena de un buen grosor  rodeaba el pozo y pasaba por la polea, en el extremo había unos grilletes que sujetarían al perro por el cuello, el pecho y anterior a los cuartos traseros. 

Una vez atado el animal, Ricardo se situó al lado de la puerta del refectorio por donde entraría el sacerdote, allí habían instalado un cuadro de mandos y varios artilugios, necesarios para cada momento. 

Eran las cuatro y cuarenta horas cuando el P. Lázaro vestido con una casulla blanca, la estola del  mismo color, en una mano el acetre con agua bendita y el  hisopo, en la otra mano el libro de los exorcismos señalados los puntos correspondientes con cintas de varios colores. 

Una vez dentro pasó el acetre a Ricardo y cerró la puerta. Ricardo se acercó con él y puso el recipiente en un taburete al lado del sacerdote y volvió rápidamente a la puerta, ya de reojo vio como el animal se iba transformando en Cancerbero, cuando llegó a la puerta cerrada, lo que vio le hizo temblar. 

El perro rugía, ladraba, mordía la cadena, rascaba la trampilla del pozo. 

El sacerdote, que parecía rejuvenecido y poseído por una fuerza sobrehumana, abrió el libro y empezó a decirle, más que decirle, le lanzaba oraciones, Ricardo no entendía nada, de vez en cuando entendía palabras como Satanás, espíritu maligno, va de retro, vuelve a las tinieblas, el resto eran palabras en latín que salían de su boca como flechas hacia el demonio, éste parecía enfurecerse cada vez más, estaba casi a punto de deshacerse de las cadenas cuando Ricardo recibió la señal del sacerdote, tiró de una palanca y la trampilla del pozo de abrió y el maligno cayó hacia dentro unos cinco metros como habían calculado, la respuesta fue que una nube y un rayo de fuego salieron por la boca del pozo, a continuación como una transformación de entre el fuego y el humo apareció una figura humana, envuelta en una capa y de unos dos metros de alto que quedó flotando encima del pozo con el humo tapándole los pies, la cara estaba desprovista de piel , era una faz totalmente muscular. Con una voz gutural, que más bien parecía sacada del pozo gritó: 

¡Nos volvemos a ver!, mi estratagema ha sido buena, sabía que él te traería a mí, esta vez no te me escaparás, te llevaré al averno, cinco veces me dejaste en ridículo, pero ahora serás mío por toda la eternidad. 

No son cinco, serán seis porque el Señor es mi pastor y nada puedes contra El ni contra nuestra Fe,  le contestó el sacerdote, y haciendo una señal a Ricardo, éste encendió cuatro focos situados en cada uno de los cedros y el centro del pozo quedó convertido en una cruz luminosa  en el centro del haz   Ricardo, con una cruz de tea ardiendo, apareció camino del pozo y Lázaro, abriendo el libro empezó a lanzarle exorcismos. 

Satán tapó su cara con la capa dijo: 

¡No!, ¡más no!, ¡no puedo seguir!, ¡me marcho pero volveré!.  

¡No!, no volverás hasta que el Señor nuestro Dios te llame el día del Juicio Final para entregarte a aquellos que no tienen la señal del Padre como rezan los Libros Sagrados.

El diablo desapareció en el pozo y se hizo el silencio, en medio de aquel silencio de pronto se oyó el gemir delicado de Trouvé dentro del pozo, se acercaron a la boca del pozo, Ricardo cogió uno de los focos, iluminó dentro y allí estaba el perrillo mirando angustiado como si no hubiese pasado nada, recogió Ricardo la cadena, cogió al animal con las dos manos y lo levantó hasta ponerlo delante de la luna llena y no pasó nada. 

Bueno, si pasó salieron los siete frailes del convento y cogidos de la mano como si fueran unos chiquillos se pusieron  a dar vueltas al pozo riendo y cantando.

Ricardo, al lado del Padre Lázaro le dijo: ¡Padre Lázaro!, ¿Esto será definitivo?

El padre Lázaro le miró y le dijo: Hombre de poca fe, ¿Acaso  dudas del poder del Todopoderoso?


FIN






jueves, 18 de febrero de 2021

EN BUSCA DE LA PUERTA DEL INFIERNO(Cap. V)



 EL VIAJE  II


En busca de la puerta del infierno


Pedro  Fuentes


CAPTULO  V



Ya en el apartamento, se dedicó a buscar la dirección del convento donde estaba el p. Lázaro, era un antiguo monasterio, en el que había una pequeña representación de monjes de clausura, no se encontraba lejos de allí, así que decidió, al día siguiente marchar hasta allí para localizar al sacerdote y ver qué se podría hacer el caso que le ocupaba.

Quedaban diez días para la luna llena, cogió el coche y se dirigió al convento. Llegó a él y llamó a la puerta. 

Salió a recibirle un hermano de unos sesenta años, de baja estatura, pelo blanco, abundante y bien cortado.

Buenos días, vengo buscando al padre Lázaro, traigo esta carta para él y otra para el superior, mire, son éstas, tenga y por favor, se las entrega al superior. 

Mientras me dan contestación, le esperaré aquí, si no le importa, dijo Ricardo. 

El hermano cogió las dos cartas y sin mediar palabra cerró la puerta dejando fuera al visitante y se le oyó como sus pasos se perdían en el interior. 

Al cabo de media hora apareció de nuevo el hermano y le dijo que pasase al día siguiente, ya que el superior tendría que preparar al sacerdote para la visita.

Ricardo, contrariado marchó hacia el coche, el miedo se apoderó de él al pensar que ya solamente quedarían nueve días.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana volvió al convento, el hermano le franqueó la puerta y lo llevó a presencia del superior. 

Buenos días, ya he leído la carta y también la del p. Lázaro, he hablado con él y le ha reconocido por el nombre, le ha alegrado la futura visita, así que le está esperando, creo que un buen sitio para que puedan charlar tranquilamente es el claustro, así que lo llamaré y lo llevaré allí, antes le acompañaré a usted allí para que lo espere.

Ricardo pasó al claustro, éste era muy amplio, rodeado de arcos apuntados, gótico, del siglo XIV, con un pozo de extraordinaria belleza en el centro y rodeado por cuatro cipreses que indicaban los puntos cardinales y unos cuidados jardines con césped y parterres de flores  y un seto de boj alrededor y haciendo cuatro círculos entre los cedros y equidistantes entre el seto principal y la línea imaginaria que unía los cedros.

 El día era claro y caluroso pero allí dentro estaba fresco y se respiraba esa paz que se siente solamente en los cementerios y los conventos. 

El padre Lázaro apareció por la puerta que conducía al refectorio acompañado por el superior, se acercaron y se dieron la mano con fuerza y cariño. 

El p. Lázaro, pese a sus ochenta y tantos años, seguía siendo una persona fuerte, algo más delgado pero erguido y en su cara no se veían arrugas profundas, era una faz relajada, ojos grandes y nariz puntiaguda. 

Se fue el superior y al quedarse solos los dos, se sonrieron y el sacerdote dijo: 

Bien, hijo, ya he leído la carta del padre Hidalgo, lo que tú sientes en esas pesadillas, ¿No será que te has alejado de Dios y ves el gran peligro que corres?

No, padre, he tenido que decir alguna pequeña mentira para poder venir, el problema es más grave que todo eso, es una larga historia. 

Ricardo le contó con pelos y señales todo lo ocurrido desde que Lara llegó al barco. 

El cura cambió la expresión de su cara, ya no era ni relajada ni sonriente, parecía que le hubiesen echado diez años encima.

Cuando Ricardo terminó la historia el padre le dijo: 

¿Sabes qué es todo esto? El maléfico te ha elegido para conducirte a mí, Satán es más listo de lo que parece, tiene unos poderes extraordinarios, no me ha podido localizar porque no he vuelto a pensar en él, y mi estado ha sido de gracia desde que vine aquí, pero la última vez que lo eché de un ser humano, juró vengarse y llevarme con él, ahora sabe donde estoy y para librarme de él, tengo que acabar enviándolo al infierno, así que necesito unos días para prepararme, además, no puedo hacer un exorcismo sin permiso de mis superiores y no sé si me lo van a dar porque en el fondo piensan que estoy loco, dame tu teléfono y te llamaré, tú también tienes que colaborar. 

Tenemos que aprovechar la luna llena, tiene que actuar a través del perro y será en la primera luna llena. Mientras tanto, tú tienes que estar también en estado de gracia, así que tendrás que volver al redil y arrepentirte de todos tus actos antes del día. 

Si, padre, así será, pero hay una cosa, solamente quedan ocho días y doce horas para la luna llena.


jueves, 11 de febrero de 2021

EN BUSCA DE LA PUERTA DEL INFIERNO(Cap. IV)



EL VIAJE  II


En busca de la puerta del infierno


Pedro  Fuentes


CAPITULO  IV 


A las ocho cincuenta y cinco de la mañana entró por la puerta principal del colegio donde pasó parte de su infancia y juventud. Llegó hasta el portero y le dijo: 

El padre Hidalgo me está esperando. 

Sí, ya me lo ha dicho, sígame, por favor, le contestó. Y lo llevó hasta el despacho del director, que era el mismo de siempre, ahora le parecía viejísimo el colegio, pero bien conservado, unos techos altísimos y arcos que acortaban visualmente el pasillo, pasaron por la puerta de sala de profesores, sala de estudio, capilla, enfermería y al fondo, a la derecha el despacho, con el nombre en la puerta, P. Hidalgo –DIRECTOR-. 

El portero llamó dos veces con los nudillos y empezó a abrir mientras le decían desde dentro:

 ¡Adelante!

Al tiempo que entraba Ricardo, el p. Hidalgo se levantó, le alargó la mano y con la mano izquierda de cogió el brazo derecho a Ricardo. 

¡Muchacho, Ricardo! ¡Cuánto tiempo! Me alegro de verte. 

Ricardo lo miró y vio que tenía la misma cara, alto, fuerte, y con aquellas gafas oscuras de concha que no se quitaba nunca y que los muchachos  habían imaginado miles de historias de porqué las llevaba, desde que eran para esconderse hasta que servían para vigilar sin ser visto en los exámenes.

Ricardo no sabía qué hacer, qué pretexto darle, al final decidió contarle parte de la realidad, que tenía un sueño que se repetía casi cada noche y era la aparición de Cancerbero que le atacaba y se despertaba asustado envuelto en sudor frío y a veces con fiebre, luego le venía a la mente la imagen del p. Lázaro y las conversaciones que tenía con él cuando era su confesor y pensaba que querría verlo y charlar con él.

Bueno, el p. Lázaro ya sabes que era un sacerdote que estuvo autorizado por los obispos para hacer exorcismos y de hecho hizo varios y siempre con gran éxito, al final, creemos que por culpa de la tensión cayó en una profunda depresión, decía que Satán había jurado vengarse de él  por las veces que lo había ridiculizado, que tenía que esconderse de él, como no tenía más familia que nosotros y quería volver por su tierra, acepto de muy buen agrado retirarse a vivir sus últimos días en un convento en la parte de Valencia. Y allí está con sus ochenta y cinco años, paseando, rezando y preparándose para cuando Dios lo llame. Cuando recibí tu correo, lo consulté con el psiquiatra que lo llevó aquí y me dijo que no sabía, pero que si la persona que lo iba a ver era de su confianza, que lo mismo le hacía un bien, así que decidí darte la dirección, pero antes, ¡cuéntame! ¿Qué es de tu vida? 

Según me explicaste en el correo vives en un barco y te dedicas a llevar turistas, bueno, si es lo que te gusta y disfrutas con ello, adelante. 

¿Te casaste? ¿Tienes hijos? 

No, padre, sigo soltero y sin compromiso, una vecez estuve a punto de casarme pero ella murió,  además, acuérdese que cuando vine a este colegio me mandó mi hermana que era mi única familia y como no tenía hijos me trató como tal, pero yo ya era monaguillo en mi pueblo y mi vida ha ido bastante encarrilada al lado de la Iglesia, luego hubo un tiempo que sufrí una grave crisis cuando murió ni novia y ahora soy un católico poco practicante. 

Quizás ahora el padre Lázaro me arregle un poco.

La charla duró casi media mañana, luego el sacerdote le dio la dirección del convento y le escribió una nota de su puño y letra para el superior de la orden del convento y para el padre Lázaro.

Salió Ricardo del colegio y se dirigió la  estación del Ave, cerró el billete de vuelta, comió algo mientras esperaba la salida, llamó a Herminia que le dijo que todo iba bien y que Trouvé era un encanto, que se lo quedaría para siempre. 

Montó en el primer AVE  que salía para Valencia, se puso los cascos, eligió música clásica, puso el respaldo inclinado y durmió hasta casi su destino. 

Quedaban once días.





jueves, 4 de febrero de 2021

EN BUSCA DE LA PUERTA DEL INFIERNO (Cap. III)



 EL VIAJE II


En busca de la puertadel infierno


Pedro  Fuentes


Capítlo  III



Era de noche cuando aterrizó en Barcelona, difícilmente iba a encontrar hotel para dormir yendo con perro, así que se dirigió a la estación de Sanz para esperar al primer tren para Vinaroz o Benicarló. 

Una vez en la estación dio agua y comida al perro, se fue a una cafetería de la estación abierta y pidió un bocadillo y una cerveza, luego se fue a una máquina expendedora de billetes y sacó  uno para un media distancia que salía a las ocho y media de la mañana, luego buscó un banco cerca de las entradas a los andenes y echó una cabezadita hasta la hora de salir.

A su hora cogió el Alaris. 

Ya en Benicarló se dirigió primero a su casa donde se duchó, comió algo, miró la correspondencia  y se fue al puerto acompañado de su perro Trouvé, la historia era que se lo habían regalado unos franceses en Italia porque se iban a vivir a Inglaterra y tenían verdaderos problemas para llevar al animal por los controles que hay en las islas para introducir perros.

Una vez en el barco vio que todo estaba en regla, preguntó al contramaestre y no había habido nada raro mientras su ausencia. 

Luego se conectó a internet e intentó localizar el colegio donde conoció al padre Lázaro.

 Cuando localizó el teléfono y la dirección, no eran las mejores fechas, en pleno verano, llamó y al fin le contestaron, con mucha cortesía le dijeron que por teléfono no le podían informar, que conocían al padre Lázaro, que no estaba en el colegio porque ya era muy mayor, pero no le podían dar las señas salvo expreso deseo de él, por lo cual tenía que hacer la solicitud y el Padre Superior le contestaría después de consultar al p. Lázaro. Ricardo preguntó si lo podría hacer por internet y le contestaron que en principio si pero que hiciese constar todos sus datos y el motivo de la entrevista.

Inmediatamente se puso a ello y envió el correo esa misma mañana. 

La semana siguiente se dedicó al mantenimiento del barco, dar grandes paseos con su perro y consultar en correo electrónico por si había contestación y consultar las noticias sobre los muertos en las dos noches de luna llena y buscar si eran las primeras o había habido ataques anteriores, según lo consultado no, algún caso algo semejante pero localizadas las bestias que los produjeron. 

Cuando faltaban 14 días para la próxima luna llena llegó el correo esperado, lo citaban en Madrid en la dirección del colegio, el director era precisamente un sacerdote que había sido su profesor de latín cuando él estudiaba y tenían un buen recuerdo mutuo, llamó para confirmar la cita para dentro de dos días.

No sabía qué hacer con Trouvé, la Sra. Herminia le dio la solución, lo podía dejar en el apartamento que ella iría varias veces al día a pasearlo, además, como uno de los dos días tenía que limpiar le haría compañía. A Ricardo se le erizaron los cabellos pensando que podría pasar algo, pero el animalito se llevaba bien con ella y faltarían once días cuando él volviese.

Como la cita era por la mañana del segundo día, por la tarde, después de comer se fue con su coche hasta Valencia y cogió el último Ave para Madrid, no sabía dónde iba a estar el padre Lázaro, pero esperó que sería en Madrid o en ciudad cercana.

Se alojó en Madrid muy cerca del centro y aprovechó para ir aquella noche al teatro,  vio una obra de Jardiel Poncela, se acordó de aquel amigo de la juventud que le preguntó en Blanes si era Ricardo, qué pequeño es el mundo, Pedro le había aficionado al teatro, qué mala suerte haberse comportado como lo hizo en Blanes, a veces la realidad era más fuerte que la ficción, ¡Qué grupo tan bueno tenía! ¿Qué será de ellos? ¡Cuánto tiempo!  Si salía del lío en que estaba metido podría intentar encontrarlos.