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jueves, 6 de mayo de 2021

EL AFILADOR (Capítulo II)

 

 

EL  AFILADOR

 

Pedro  Fuentes

 

CAPITULO II

 

Tal y como es costumbre, a eso de las siete y media, Trouvé suele saltar sobre la cama y me despierta para ir a pasear, así que me toca levantarme, arreglarme, tomar un café con leche y salir a la calle.

Aquella mañana, como tantas otras nos fuimos hacia el río, por lo que llamamos familiarmente “la ruta del colesterol” a esas horas hay muchas personas corriendo, otros simplemente andando, muchos siendo paseados por sus perros, uno de ellos, un mastín gigantesco y amigo de Trouvé. Como seguíamos el mismo camino, Rodolfo, su dueño y yo decidimos seguir mientras charlábamos de todo como casi cada día que nos vemos.

Cuando llegamos al río, soltamos a los perros y se dedicaron a perseguirse y jugar. Por lo general Trouvé sale revolcado varias veces, incluso a veces se  mosquea y le gruñe a Pibe el  mastín, el cual no le hace ni caso.

Después de jugar un rato, Trouvé, seguido de Pibe, se adentró por entre la vegetación y a los dos o tres minutos nos sobresaltaron con los ladridos, cosa que no suelen hacer, corrimos hacia donde estaban pensando que no se hubiesen encontrado con alguna alimaña.

Cuando llegamos a donde estaban, nos quedamos parados de golpe, lo que allí vimos era terrible, en el suelo, semi desnuda y cosida a puñaladas había una mujer, su cabeza parecía separada del cuello y un gran tajo corría de oreja a oreja.

Cogimos rápidamente a nuestros perros y los separamos.

Sin hablar cogí el teléfono móvil y llamé a la policía.

Nos separamos del lugar sin mirar aquello.

Yo había visto varios casos de accidentes, y muertes violentas pero aquello me dejó tan mal que me desplacé hacia el río y estuve vomitando hasta que llegó la policía,

A partir de aquel momento empezó a aparecer gente, los que iban llegando al río y veían lo que allí pasaba se quedaron. Siempre me ha horrorizado lo macabra que es la gente cuando hay alguna cosa de estas.

La policía local, rodeó la zona con una cinta de plástico, al poco rato llegó la policía científica, el juez para el levantamiento del cadáver, una ambulancia y varias docenas de personas a las que la policía local trataba de dispersar.

Se hicieron mediciones, se buscaron restos o pistas.

 Rodolfo y yo tuvimos que contar lo ocurrido varias veces, nos hicieron fotos del calzado, ya que aquella noche había llovido algo y había huellas en el barro.

Alguien, de los que miraban comentó:

En mi pueblo dicen que cuando se oye el silbato del “afilaor”, anuncia una muerte.

Otra dijo:

Pues en el mío dicen que va a llover y anoche llovió.

Sí, pero también hubo muerte, replicó otra.

Se nos acercaron varias personas y nos preguntaron si conocíamos a la víctima.

No, no podemos hablar, nos ha dicho la policía que no podemos hablar con nadie.

Al fin, después de varias horas de interrogatorios, tanto “in situ” como en el ayuntamiento, donde habían habilitado un despacho para la policía judicial que había venido de la capital.

Por la tarde, por separado, tuvimos que ratificar las declaraciones tanto Rodolfo como yo.

Cuando llegué allí, otra vez me tomaron todos los datos referentes a nombre, domicilio, carné de identidad, etc. Luego me sacaron tres folios escritos a máquina y un policía me dijo:

¡Firme aquí!

Con mucho gusto, pero antes permítame que lea el escrito. Le contesté.

Ya empezamos mal si no se fía de nosotros. Me dijo.

Oiga, perdone, yo me fio de todo el mundo, pero esto es una cosa muy seria y cualquiera se puede equivocar, así que si no le importa, leeré primero estas hojas, y si no le gusta, avise a su superior y se lo diré a él. Le contesté ya con un tono seco y serio.

Bueno, bueno, ¡Léalo!

Después de leer lo firmé, era mi declaración, igual desde el primer momento.

Bueno, ya puede irse, pero no se marche de la población sin nuestro consentimiento.

Buenas tardes, dije y me apresuré a salir de la habitación.

Ya en la puerta principal, al salir me crucé con el afilador que entraba custodiado por dos agentes.

Aquella noche ni siquiera cené, tenía el estómago bastante revuelto, me metí en la cama, pasé la noche en un duerme vela lleno de pesadillas y escenas del cuerpo cosido a puñaladas, me vinieron a la mente las muertes violentas ocurridas hacía algún tiempo en Menorca y Porto Pino. Trouvé notó mi nerviosismo, saltó sobre la cama y se puso a dormir a mi lado.

Por la ventana, a través de los cristales apareció una luna llena esplendorosa, por mi columna vertebral corrió un escalofrío y empecé a temblar, alargué la mano hacia donde notaba a Trouvé y este me lamió la mano como muestra de cariño.

Los recuerdos pasaron por mi cabeza, todo aquello quedaba atrás; cuanto tiempo parecía haber transcurrido y sin embargo y sin embargo solamente había pasado un año.

 

 

sábado, 24 de abril de 2021

EL AFILADOR (Capítulo I)

 

EL AFILADOR

 

Pedro Fuentes

 

CAPITULO  I

 

Martes 18 de Marzo, estaba en mi apartamento,  escribiendo unas notas para mi amigo Pedro, “mi biógrafo”,  cuando oí en la calle, por un megáfono alguien que gritaba machaconamente:

¡Ya está aquí el afilador, se afilan cuchillos, navajas, tijeras, hachas, todo tipo de utensilios de cocina, máquinas de embutidos! Y hacía sonar un característico silbato de varias notas.

La retahíla duró unos 25 minutos hasta que se perdió en la lejanía,  me trajo recuerdos de el Rastro de Madrid, en los años sesenta, cuando en algún puesto se anunciaban “¡Cuchillos, navajas, mecheros, mujeres en cueros!”. Los tres artículos primeros en voz alta y clara y lo último bajo y entre dientes, para burlar a la censura y a la vez hacerlo más misterioso y apetitoso, se refería entonces a calendarios de bolsillo en el que por delante había fotos de chicas muy ligeras de ropa.

Seguí con mis notas y me olvidé del “afilaor”.

El pueblo donde resido, es una población costera de unos veinticinco mil habitantes, con una larga playa y al fondo de ésta la desembocadura de un río en el que escasamente hay agua.

Las edificaciones no llegan sino a la mitad del paseo que continúa unos dos kilómetros más a lo largo de la playa.

Luego en verano, esa parte del pueblo se llena de turistas, ya que es en esa zona donde están los hoteles y apartamentos, pero eso solamente pasa a partir de mediados de junio, cuando los críos terminan el colegio.

Ahora  había perdido el hilo, la cancioncilla del “afilaor” seguía machacona en mi cabeza mezclándose con la del Rastro, así que decidí coger a mi perro, Trouvé y salir a pasear, Trouvé es un pincher enano, mi gran amigo desde que lo salvé de las garras de Satanás en una de mis aventuras, escrita por Pedro, mi amigo de toda la vida.

Como hacía buen día salimos rumbo al río.  Por las mañanas solemos ir en dirección al puerto, para de camino echarle una ojeada a mi barco y asegurarme de que todo estuviese bien. Pero ese paseo había sido por la mañana temprano.

Al final de las últimas edificaciones me encontré de nuevo con la furgoneta y el megáfono del afilador, tenía las puertas traseras abiertas y con una piedra de afilar iba trabajando, mientras por el megáfono seguía el eslogan. Media docena de mujeres esperaban turno para afilar mientras el individuo les contaba chistes y anécdotas subidas de tono.

Llegamos al río por donde solamente había un hilo de agua, allí solté a Trouvé y estuvo corriendo de un lado para el otro persiguiendo una pelota de tenis que yo le tiraba y con la que él soñaba que era el mejor de los conejos por cazar.

Era la una del medio día cuando volvimos a casa.

Después de comer y hacer diez minutos de siesta frente al televisor me metí en el despacho hasta las ocho, que mi perro se puso a pasear nervioso ante mí. Era la forma de decirme que ya era hora de salir a pasear. La verdad es que aquel animalito gozaba sacándome a pasear.

 

jueves, 22 de abril de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO VIII)

 

 

EL VIAJE  III

 

Pero ¿Qué he hecho yo?

 

Pedro Fuentes


CAPITULO VIII


A los tres días, Ricardo recibió una llamada de José Miguel, fue muy escueta. Ricardo, esta noche, a las nueve reúnete con Pedro a ver el telediario.

Llamó a Pedro y le dijo: Pedro, vente con tu mujer a mi casa, he recibido una llamada de teléfono para que veamos el telediario juntos, cenaremos aquí, ¡venid pronto!

A las ocho y media llegaron Pedro y su mujer al apartamento de Benicarló.

Ricardo había preparado los dos televisores que tenía en casa y el del barco, porque no sabía qué canal tenía que poner. Además colocó una cinta de vídeo para gravar en el fijo.

Abrió el telediario de la 1 con un: 

¡Noticia de última hora!

 Hace escasamente media hora, ha sido desarticulado un comando islamista al parecer de Al Qaeda, han fallecido cuatro árabes de diferentes nacionalidades, en el momento de la detención, al parecer estaban preparando un gran atentado para el once de septiembre. Conectamos con el Ministerio del Interior en el que ahora mismo se están ofreciendo unas declaraciones del ministro.

Esta tarde, en la zona de Levante, ha habido un enfrentamiento entre varios árabes y  una dotación de los GEO, en una casa se encontraban dos árabes que se hacían pasar por obreros en paro y que se dedicaban a hacer trabajos esporádicos en fibra de vidrio y ebanistería. Se les incautaron documentaciones falsas y doscientos mil €. Se dedicaban a comprar teléfonos  de previo pago y diferentes materiales, altamente inflamables,  que se utilizan para arreglo de embarcaciones. 

En otro puerto se localizaron al mismo tiempo dos agentes también árabes que vivían con gran lujo y poseían dos embarcaciones de gran velocidad una, para cometer un tremendo atentado y la otra para facilitarles la huida por mar.

Los citados comandos eran seguidos desde la muerte de un agente terrorista que murió junto con su novia en extrañas circunstancias. 

Se está investigando unas muertes parecidas ocurridas por las mismas fechas y similares circunstancias en Italia.

La localización de los citados individuos se produjo en una población costera gracias a la foto que un turista hizo casualmente.

En los enfrentamientos con los terroristas, se produjeron diversos disparos, siendo abatidos los cuatro árabes. 

Dos policías resultaron heridos levemente. 

Hasta aquí la rueda de prensa, por ahora no se permiten preguntas, este ministerio enviará en su momento una nota de prensa en la que se darán más detalle.

Ricardo y Pedro se miraron y ambos estaban temblando, la mujer de Pedro lloraba asustada.

Ricardo se levantó, sacó una botella de whisky,  tres vasos y se sirvieron abundantemente.

A los dos días apareció por el barco “El solitario” José Miguel con otra botella debajo del brazo y encontró a los dos amigos terminando de arreglar lo que Habel dejó a medias.

¿Puedo subir a bordo? 

Adelante, dijo Ricardo mientras los dos amigos se limpiaron las manos y se la extendieron al policía.

Cuándo dijeron lo de los dos policías heridos, temimos que fuerais vosotros, dijo Ricardo.

No, fueron los dos policías que “investigaban” la desaparición de la pareja en  Menorca, los encontramos con los agentes ricos con los que parece ser que “colaboraban”.

La pareja que murió en Menorca, al parecer simularon un rito  satánico, dijo José Luis. 

Ricardo fue a por hielo y vasos y entre los tres terminaron con la botella mientras el policía les terminó de contar los detalles, pidiéndoles por favor que no desvelaran la identidad de “La misteriosa dama de negro”.


FIN

 

jueves, 15 de abril de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO VII)

 

EL VIAJE  III

 

Pero ¿Qué he hecho yo?

 

Pedro Fuentes


CAPITULO VII


Habían pasado tres días cuando Pedro llamó a Ricardo

Ricardo, tengo un pequeño problema con el cargador de baterías del barco, hay una cosa que no veo claro, a veces, la batería de servicio, pese a estar conectada al cargador, se descarga, cambio de posición el distribuidor de baterías y vuelvo a la primera y me marca como si hubiese cargado sola.

Mira, ahí tienes por algún lado un contacto que te la descarga, te doy un teléfono de un técnico que me hace algunas cosas, es de confianza y no es caro. A propósito, ¿Qué haces? Tengo que ir a San Carlos a tratar con una agencia para hacer unos charters, como me pilla de camino, ¿Te paso a buscar y charlamos? 

Si, aparca tu coche en el club e iremos con el mío, que está bajo de batería y necesita andar un poco. Te esperaré en la puerta del club para abrirte.

A los diez minutos los dos amigos partían en el coche de Pedro, dieron un par de vueltas por el pueblo para controlar si alguien los seguía y salieron a la carretera. Durante el camino hablaron de banalidades, llegaron a S Carlos y aparcaron.

Ya en la calle Pedro le dijo a Ricardo: ¿Sabes que vi ayer a Habel y a su hermano sentados en el paseo, al lado de dos tipos árabes, bien arreglados? Estuvieron allí mas de tres cuartos de hora y hablaban pero hacían ver que leían un periódico, luego se fueron, los árabes metieron algo entre las páginas, se levantaron dejando el periódico en el banco, Habel lo recogió rápidamente y se lo pasó a su hermano, esperaron diez minutos y se fueron cada uno por su lado, les hice una foto de espaldas con el móvil para que tú los vieses, porque yo solo conozco a los árabes por la descripción que me diste. Sacó el móvil y se lo enseñó.

Si, son ellos, no hay duda. Aquí hay gato encerrado. Ahora mismo voy a llamar a los polis de ayer, me parece que estos van a ser los más de fiar.

Ricardo buscó un teléfono público y llamó al número que figuraba en la tarjeta. ¿Oiga? Quiero hablar con José Miguel. ¿Eres tú? Vale, soy Ricardo, que hablamos el otro día, es para indicarte que mi amigo ha visto  una cosa que me ha contado y me ha extrañado mucho, ayer, por la tarde. Estaban los dos hermanos sentados en un banco y…….

Si que es extraño, ¿Y dices que dejaron un periódico con algo dentro y el cojo lo cogió? ¿Era grueso o delgado?

Si, era algo delgado, yo diría que eran unos papeles.

¿Estáis seguros de que eran ellos los árabes ricos?

Sin lugar a dudas, mi amigo hizo una foto de espaldas pero yo los he identificado sin duda.

Hazme un favor, envíamela al correo electrónico que te voy a dar, cuando te confirma la recepción destrúyela, si alguno de ellos la descubre podéis correr un grave peligro.

A los diez minutos  llegó la confirmación, Pedro borró todas las fotos que tenía almacenadas e incluso sacó la memoria del móvil. Los dos amigos temblaban y se fueron a tomar una copa para reaccionar. 

jueves, 8 de abril de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO VI)


 EL VIAJE  III


Pero ¿Qué he hecho yo?


Pedro Fuentes


CAPITULO VI


A los pocos días Ricardo tuvo que hacer unas reparaciones en el casco del barco, cuestiones de fibra y recordó que Pedro le había comentado de un chico tunecino que le había trabajado en  su barco, así que le pidió el teléfono y le llamó. El mismo día por la tarde vino Habel a hablar con él.

El tal Habel, de rasgos árabes, era muy delgado, pero fibroso, se le notaba fuerte pese a su aspecto y cojo de la pierna derecha, luego supo que había tenido una operación de rodilla para corregir una parálisis ocasionada por una poliomielitis y tenía la movilidad reducida. 

Le enseñó lo que había que hacer. En una maniobra al ir a amarrar, había golpeado la amura de estribor  y se produjo un desconchón y un desplazamiento del candelero que podría producir una entrada de agua entre las capas de fibra.

Habel  hizo un presupuesto y quedó con Ricardo para a la mañana siguiente ir a comprar los materiales necesarios, la obra no era costosa, pero había que realizarla en varios días seguidos para permitir que los materiales secasen lo mejor posible.

Durante varios días Habel estuvo trabajando en el barco, el primer día, cuando ya llevaba tres horas trabajando, Ricardo le dijo a Habel:

¿Quieres beber algo? Yo me voy a tomar una cerveza.

Si, yo también.

A partir de ese momento, Ricardo estuvo hablando con él durante bastante rato cuando hacían un descanso o después de terminar la jornada.

Habel llevaba veintitantos años en España, su padre había venido a trabajar, cuando ya estaba establecido aquí, se trajo a toda su familia, su mujer y tres hijos, lo que le hizo tomar esa decisión fue el precario estado de salud de su mujer y la poliomielitis del niño. La madre fue sometida a varias operaciones, la última del corazón y seguía viviendo, ahora en casa de la hija desde la muerte del padre. 

Cuando tuvo una edad suficiente, a Habel lo casaron con una tunecina y se la trajo también. El había trabajado en aquella zona y su hermano menor, ebanista, ahora ambos en el paro, sobrevivían de las ayudas y los trabajos que iban haciendo. En realidad eran buenos profesionales.

Se las daba Habel de medio español, pero en el fondo seguía amarrado a las raíces árabes. 

Ricardo, al que le gustaba saber de las gentes y de otras culturas, lo interrogaba muy sutilmente sobre religión y costumbres.

Un día, ya próximo a acabar el trabajo, cuando ya se había ido Habel hasta el día siguiente, Ricardo se fue a sentar en una terraza del puerto, después de pasear a Trouvé, mientras esperaba a Pedro para tomar unas cervezas, en la mesa de al lado había dos chicos de unos treinta años y con aspecto de estar de vacaciones.

Al poco rato le pidieron fuego, Ricardo se lo dio y encendió un cigarrillo que le ofrecieron.

Uno de los muchachos le preguntó:

¿Conoce a ese árabe que venía con usted cuando salió a pasear al perro?

Si, Me está haciendo un pequeño arreglo en el barco, poca cosa, me lo recomendó un amigo y así le echamos una mano ya que tiene familia a su cargo y está en el paro, pero solamente le conozco de eso.

Ricardo, después de varias preguntas más, notó que le estaban interrogando, pero no por lo que había ocurrido con la pareja de Menorca, era algo diferente, sobre islamistas, querían saber algo sobre Habel. ¿Estarían buscando trabajadores ilegales? 

Cuando llegó Pedro, saludó a Ricardo, cogió a Trouvé en brazos y le hizo cuatro carantoñas, luego se sentó y pidió una cerveza.

Ricardo le dijo:

Estos dos chicos me preguntan si conozco a Habel, les he dicho que me lo había recomendado un amigo, ¿Te hizo algo a ti?

Si, me estuvo arreglando la cubierta, pero no lo conozco sino de eso, nos lo hemos recomendado unos a otros, a mi no recuerdo bien quién lo hizo, alguien del club de Vinaroz, supongo que otro socio, es un chico que trabaja bien y barato, yo lo tuve durante dos semanas e incluso le comenté que por qué no se establecía con su hermano que es ebanista y por cierto muy bueno, y tendrían bastante futuro en los barcos de recreo. Luego estuvieron trabajando para otros. 

¿Hablaron de cuestiones religiosas?

No, pero ya sabéis que clase de gente es, te hacen creer que  son muy liberales, muy europeos, pero luego los ves por ahí y llevan a las mujeres tapadas hasta las cejas y dominadas totalmente, muchas sonrisas y buena cara pero luego te la clavan por menos de nada.

Ricardo, viendo el cariz que tomaba aquello, que era un interrogatorio solapado, les dijo: Bueno, ya está bien, ¿Para quién va el interrogatorio y qué queréis saber? ¿Quiénes sois? ¿A qué venís?

Mira, dijo el más hablador de los dos sacando una chapa de la policía. Somos policías y no traemos ninguna orden ni nada parecido, no somos de por aquí, venimos de Madrid y ni los propios policías de la zona o trabajando por aquí nos conocen,  pertenecemos directamente a las más altas esferas de Interior y estamos investigando células islamistas, pero nadie os  va a creer y nadie nos va a reconocer, así que si queréis contestarnos nos haréis un favor.

Os voy a contar una cosa, ya que sois, creo, sinceros. A mí me está pasando algo que os voy a explicar, todo empezó porque alquilé mi barco a una chica que iba a hacer un crucero con su novio o llevarlos a algún sitio que no me dijeron, a él no lo vi en ningún momento. Ricardo les contó con pelos y señales todo lo que ya le había contado a los otros policías y a los árabes.

¿Y esos árabes dices que están también en contacto con los nuestros? Dijo el más callado.

Eso dijeron. Contestó Ricardo.

El más hablador se separó unos quince metros del grupo y se puso a hablar por el móvil, estuvo así durante unos quince minutos, luego colgó y se aproximó al grupo, siguieron hablando sobre el asunto y al cabo de diez minutos sonó el teléfono del policía “hablador” y éste contesto: 

Así que va por ahí la cosa, bueno, nosotros creemos que este señor está colaborando y los “moros” buscan algo más, miraremos de identificarlos.

Si aparecen por aquí de nuevo, tenga esta tarjeta y llámenos. Y se despidieron.

Cuando  marcharon, Ricardo y  Pedro se miraron. El primero en hablar fue Pedro.

Menuda se está montando, aquí hay cuatro grupos distintos o no tan distintos, por lo que he llegado a entender, parece como si lo de la muerte de esa pobre chica y su novio, no tuviesen nada que ver o ha sido el desencadenante de algo muy gordo, y tú estás metido hasta las cachas y de rebote voy yo. ¿Averiguaste quien era el chico árabe que murió con la chica? ¿Era el novio o alguien que se metió por medio?

Mira, Pedro, tienes razón, la cosa está muy negra y yo estoy en medio, y por cómo se está desarrollando todo, te pido, por favor, que ahora que puedes, que no te han implicado en nada, sino por haberme recomendado a Habel, haz el favor de apartarte, mientras esto dure, sepárate de mí, pero no te alejes mucho, tú eres más cerebral que yo, siempre lo has sido, vamos a estar en contacto, si quieres, pero solamente a escondidas, cuando queramos vernos, por algo importante nos llamaremos a preguntar cualquier tontería de navegación o del tiempo, y quedamos para comer o cenar en algún sitio más bien solitario que podamos controlar a las personas de alrededor. Mientras tanto mejor que no te acerques, piensa en lo sucedido y a ver qué se te ocurre.


jueves, 1 de abril de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO V)

 EL VIAJE  III

Pero ¿Qué he hecho yo?

Pedro Fuentes


CAPITULO  V

Cuando terminó aquella tarde de trabajar en el barco hizo lo que tenía por costumbre, irse a Peñíscola a pasear por allí. Había ido por primera vez en el 67, cuando era un pueblecito, unos años después, 11, desde que Berlanga rodó Calabuch y 6 desde el rodaje de El Cid, de Charlton Heston y Sofía Loren, ambas películas en el castillo y la playa norte. Pues bien, en 1967 Peñícola empezaba a despuntar en el turismo.

Le gustaba ver como las gentes se arreglaban para salir a pasear y lucir el bronceado  que había cogido durante el día, mientras se tomaban unos helados antes de la cena. 

Llegó hasta el centro mismo y allí dejo la moto, subió al paseo y no había andado ni diez pasos cuando vio a alguien conocido. Lo había visto en Blanes cuando hizo escala allí llegando de Menorca, en Junio, después de los macabros hechos sucedidos allí.

¡Pedro!, ¡Pedro!, gritó.

Un hombre de su edad aproximadamente, con barba y gafas y acompañado de una mujer, algo más joven y vestidos los dos de esport  y muy morenos por el sol, se dio la vuelta y miró durante unos segundo a Ricardo, luego, más bien recordando al hombre de Blanes que a otra persona, se dirigió hacia él y le dijo: 

Perdone, ¿Le conozco de algo?

¿No eres Pedro? ¿El amigo de Vicente y mío de Madrid?

Yo soy un turista y estoy aquí de paso y me llamo Luis.

Perdone, lo siento, pensé que era otra persona, dijo Ricardo y empezó a retirarse.

¡Ricardo! Hermano de los caracoles(*), que no aguantas ni una broma, coño. Dijo Pedro cuando ya se iba éste.

Fueron el uno hacia el otro y se fundieron en un abrazo.

¡Jo! Ya no me acordaba de los caracoles.


Yo sí, siempre tuve cargo de conciencia por lo que hicimos, pero ¿Te fue bien, verdad?

Nunca más he sufrido del estómago.

Bueno, espera, te presento a mi mujer, Azucena.

Así que tú eres Ricardo, a ver si algún día conozco a Vicente, solamente oigo a Pedro hablar de vuestras aventuras.

¿Por qué no te diste a conocer en Blanes?

Es una larga historia, ya os contaré. ¿Estáis aquí de vacaciones?

No, en Vinaroz, tenemos un barco allí y pasamos todo el verano en él. ¿Y tú?

No, tampoco, vivo en Benicarló y también tengo un barco allí, con el que me dedico a hacer charter y vivir de ello.

¿Estabais en Blanes con el barco?

No, parte del invierno lo pasamos allí, así estamos cerca de los hijos, que viven por allí.

¿Y tú?, ¿Tienes hijos?, ¿Te casaste?

No a la primera y no a la segunda, la verdad es que estuve a punto varias veces pero todo fue mal, ya iremos hablando de todo ello.

Se sentaron en una terraza, a tomarse unas cervezas y contarse de sus vidas, luego se fueron a  cenar y seguir charlando. 

Quedaron para el día siguiente salir a navegar con el barco de Pedro, querían hablar de todo lo ocurrido sin que pudiesen ser espiados por nadie.

Al día siguiente Ricardo fue temprano a Vinaroz, dejó la moto fuera del Náutico, un poco para despistar, entró en un bar a tomar café y luego, al ver que nadie le seguía entró en el club, Pedro estaba esperando con los motores en marcha y las amarras a punto para ser soltadas. 

Salieron a navegar con el trawler, un barco clásico que Pedro y su mujer habían restaurado. 

Salieron del puerto y prepararon las cañas para pescar al “curry”. Pasaron el día pescando, a medio día fondearon al sur de Peñíscola y se bañaron, hablaron de todo lo pasado en esos caminos separados que habían emprendido hacía ya tanto tiempo.

Eran ya las últimas horas de la tarde cuando llegaron a puerto, amarraron, tomaron una cerveza para refrescarse y se despidieron hasta otro día.

Ricardo les habló de una pequeña parte de lo ocurrido por no complicar a sus amigos con sus problemas.

(*)Ver “Los caracoles” del mismo autor.

jueves, 25 de marzo de 2021

¿PERO QUE HE HECHO YO? (CAPITULO IV)

 EL VIAJE  III

Pero ¿Qué he hecho yo?

Pedro Fuentes


CAPITULO IV

Sospechando lo que sospechaba, el pensamiento primero de Ricardo fue que le convenía desaparecer por una temporada, pero eso era reconocer que había hecho algo en la desaparición de las dos personas, pero de eso era completamente inocente y nadie se iba a creer lo de Cervero, además, si indagaban, podrían enterarse de que también había estado en Porto Pino, más tarde de la muerte de la pareja, pero solamente él  lo sabía, aunque para eso tenía los billetes de avión y el alquiler del coche.

Al día siguiente aparecieron por el barco los policías, Ricardo estaba dándole una mano de aceite de teka a las maderas de la cubierta.

¿Qué desean? ¿No tienen bastante con desmontarme barco y apartamento? ¿O me van a decir que ustedes no fueron?

O ustedes o los árabes, pero me parecen que juegan juntos en el mismo equipo.

Todo lo que les dije a ustedes y a los otros es la pura verdad, y si quieren algo más de  mí, después de todo lo ocurrido, me parece que van a tener que traerme una orden judicial.

No, venimos para informarle que se han descubierto, según las pruebas de ADN los restos de la pareja en Menorca. Vd.  ¿No sabía nada?  

Nada ¿de qué?

De la horrible muerte de la pareja, la misma noche que usted pasó en Menorca. Nos dijo la primera vez que había estado el día y medio con sus amigos. ¿Pueden ellos confirmarlo?

Si, claro, éramos un pequeño grupo y pasamos las fiestas  juntos, no se si ustedes las conocen, son multitudinarias, todo el mundo está en las calles, las noches se pasan en vela y de día se duerme un poco allí donde se puede. Pero dicen que tuvieron que reconocerlos por el ADN, ¿Tan grave fue la cosa? ¿O murieron quemados o algo así?

Murieron despedazados por alguna o algunas fieras, se habla de perros salvajes o incluso lobos, parece ser que fue más de uno.

Pero, yo no he oído nunca que allí pudiese haber lobos o animales salvajes.

O eso o un rito satánico.

¡Dios mío! ¿Pero eso existe?

No sabemos nada más que eso, ¿Usted no supo nada de las muertes? Cuando salió de Ciudadela ya se sabía todo eso y la gente estaba horrorizada.

Cuando fui a Capitanía del puerto a pagar y marcharme las chicas de la oficina estaban hablando de algo que había pasado, la verdad es que ni pregunté que yo recuerde, aunque si, quiero recordar que pregunté algo, pero pensé que era cuestión de peleas o algo así en medio de la algarabía de las fiestas.

Lo que extraña ahora es el baúl, de éste no se sabe nada, con ellos no estaba, y usted dice que en el barco tampoco. ¿Tiene la nota que dijo que le dejaron?

No, no le di la mayor importancia, como cobré el viaje más una gratificación me marché para ver si aprovechaba el viaje y podía hacer otro charter y cuando hice que me limpiaran el barco como hago siempre que termino un viaje supongo que terminaría con el resto de las basuras.

Bueno, venimos a informarle que habían aparecido los cuerpos y ya lo hemos hecho ¿Ha averiguado quienes eran?

Me metí en internet y al final tengo la sospecha bastante clara de quién era ella, la verdad es que no me lo hubiese imaginado nunca, pero a él les juro que ni se quien era ni lo he visto jamás. 

Cuando se fueron sin decir nada, y ella me había dicho que no le interesaba que lo vieran, fue cuando le ofrecí a Lara quedarse solos en el barco hasta que zarpásemos, luego cuando desaparecieron y me dejaron todo pagado e incluso una indemnización por no seguir el viaje pensé que querían ocultarse más o tenían planeado cambiar de barco, que sigo pensando que es lo que debieron hacer o facturaron el baúl o lo sustituyeron por algo más cómodo y manejable, yo lo subí al barco y me las vi y me las deseé, pero llegué a sospechar que él estaba metido en algo gordo, drogas o algo así, claro que tampoco conocía a ella en aquellos momentos, luego aparecieron los dos gorilas árabes y ya no sé qué pensar, aunque en internet decían que era de gente de mucho dinero. Por cierto, colaboro con ustedes todo lo que haga falta, pero les rogaría que los apartaran de mi, me han llegado a amenazar veladamente, sobre todo el más bajito, que parece un orangután y no creo que aquí, en España tengan ningún derecho ni autoridad.

Bueno, se hará lo que se pueda. Ahora nos vamos.

Esperen, quiero comentarles algo, pronto serán las fiestas de Mahón y se suelen hacer charter y cruceros, a Menorca, tengo unos posibles clientes para un viaje, si me sale, ya los avisaré de las fechas y por donde estaré.

Cuando se fueron los policías, Ricardo se quedó más tranquilo, les había hablado muy bien y además quizás me quitasen a los árabes de encima. 

Lo del supuesto viaje a Menorca era una forma de desaparecer unos días, ahora habría que hacer algo para conseguirlo, aunque fuese un crucero sin ganancias.