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miércoles, 26 de julio de 2017

LUCÍA Capítulo XIII

Un capítulo más de la historia de Lucía pero trascendentar en su vida, ya que será el comienzo de una vida con respecto a la sinceridad con su madre.

Y ahora......................

LUCÍA   

Pedro Fuentes

Capítulo  XIII


El domingo por la tarde, a las seis, estaban Lucía y Ricardo el La Paz, no se habían separado en ningún momento, la enferma seguía la recuperación que era favorable, las constantes eran las correctas y se le había retirado la respiración asistida y varios medicamentos, el médico de guardia estaba satisfecho de la recuperación. Incluso autorizó a Lucía a entrar y hablar con ella y la enferma reaccionó bien, recordando todo lo que había pasado y por qué estaba allí.
Ricardo ya estaba preparado para marchar al campamento de Alcalá de Henares, había quedado con dos compañeros en el cruce de Castellana con María de Molina para salir por la avenida de América hacia la Nacional II.
Bueno, Lucía, me tengo que marchar, espero que vaya todo muy bien durante esta semana, el viernes, cuando vuelva, miraré dónde estás, supongo que tu madre ya estará en casa, llamaré al bar, a Pepe para que me diga dónde estás, inventaré algo para estar contigo. Dijo Ricardo y le dio un beso en los labios a Lucía.
Espera, te acompañaré hasta el coche, dijo Lucía cogiendo de la mano a Ricardo.
¿No se mosqueará tu “novia” si te ve en dos fines de semana seguidos?
No, como ya está cerca la “Jura de Bandera”, inventaré algo. De todas las formas, dentro de dos semanas será la jura y estaré en Alcalá muy poco tiempo más porque me licenciarán. Y tendré un poco más de tiempo libre.
Llegaron al parquin y Ricardo abrió la puerta del coche y el maletero, donde puso el “macuto”.
Antes de entrar en el coche se abrazaron y besaron, luego entró en el coche y arrancó.
Salió lentamente el vehículo. Ricardo, por el espejo retrovisor no vio las lágrimas que escaparon de los ojos de Lucía.
Aquella semana, la señora Engracia siguió hospitalizada, el cardiólogo encontró algún problema en unas pruebas y decidió repetirlas y seguir con otras, por lo que la madre de Lucía siguió internada. Lucía siguió acompañándola, ya que Genaro le dijo que no se preocupase y que no pensase en ir al trabajo hasta que su madre no estuviese en casa ya restablecida.
Ricardo se mantuvo durante toda la semana en contacto con Lucía a través de Pepe, al que llamaba cada día. El jueves le dijo que el viernes tenía libre y que en cuanto saliese del Campamento iría por “La Paz”.
El mismo jueves llamó a Mary Luz y le dijo que lo habían arrestado el fin de semana. Esta se enfadó y le colgó el teléfono.
Cuando salió del Cuartel, no pensó ni en pasar por su casa a cambiarse y se fue directamente al hospital. Lucía al verlo entrar en la habitación se lanzó a sus brazos, su madre, al verlos, puso cara de extrañeza sin saber qué pasaba y quién era él.
Lucía se lo presentó simplemente como un amigo que le había ayudado cuando ella tuvo el ataque.
Más extrañada se quedó cuando su hija le dijo que aquel viernes no se quedaría por la noche y que se marcharían a cenar a las nueve. Llegada la hora los dos se despidieron de la enferma y marcharon.
Se fueron los dos a casa de ella donde Ricardo se cambió con ropa de paisano que llevaba en el “macuto”. Luego se fueron a cenar, volvieron a las once y media y se amaron hasta la madrugada.
Por la mañana, Lucía se fue a la residencia y Ricardo se quedó en la casa por temor a que Mari Luz o alguien conocido le viese por la calle.
Engracia, al ver entrar a Lucía, no esperó ni a que se quitase el abrigo, le dijo:
Lucia, ¿Quién era ese? ¿Qué hay entre vosotros dos? ¿Sois novios? ¿Dormís juntos?
Mira, mamá, Ricardo es un muy amigo mío, nos conocemos hace algún tiempo, no somos novios y si nos apetece, hacemos el amor, no hay ningún compromiso entre nosotros, somos dos personas adultas y nos gustamos, cuando él termine la mili, se marchará y ahí habrá terminado todo.
Vamos, no me digas más sois amantes y él lo mismo está casado y tú eres una adúltera, ya sabía yo que trabajar donde trabajas no terminaría bien. ¿Para eso nos marchamos del pueblo? Dijo Engracia y se dio media vuelta en la cama y no dijo nada más en el resto de la mañana.
Lucía salió de la habitación y fue a buscar al médico de guardia, cuando lo encontró le contó lo sucedido y éste, para evitar males peores, mandó a una enfermera para que le pusiese un tranquilizante a la enferma.
Cuando Ricardo llegó a la hora de comer para ir juntos a la cafetería del hospital, Lucía le contó todo y le dijo:
Ricardo, es mejor que esta noche no deje el hospital, se ha puesto muy nerviosa, ya nos veremos la semana que viene, si todo va bien, el lunes le dan de alta y yo volveré a trabajar. Aprovecha para que te vea tu “novia” y nos veremos en el bar y en tu casa.
Comieron juntos y a medía tarde se despidió de ella que le acompañó al parquin y otra vez la despedida fue amarga.
Ricardo se fue a su casa y desde allí llamó a Mari Luz y le dijo que les habían levantado el arresto y que había podido salir del cuartel. Quedó con ella y pasaron el resto del sábado y parte del domingo juntos.

Con el pretexto de ir a buscar a unos compañeros con los que había quedado, dejó a la joven en su casa y se fue al hospital para decirle adiós a Lucía.

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