Mi lista de blogs

miércoles, 24 de junio de 2015

YO CONFIESO


YO CONFIESO
Hoy voy a comenzar una nueva etapa, va a ser la publicación de toda mi obra pero con una salvedad, siempre he dicho que todos mis relatos están basados en la realidad, en recuerdos, en vivencias, en historias que han llegado a mí, por diferentes canales, pues bien, este “Yo confieso”, va a tratar de aclarar el fondo de cada historia o relato y las diferencias que existen con la realidad, van a ser un poco unas “memorias”, mis memorias, a través de los relatos; no sé cómo los voy a contar, creo que lo ideal sea por orden cronológico, aunque tendré que agrupar alguna historia para mejor comprensión de los hechos.
Hay además otros relatos que no se han publicado todavía y otros que están a medias, unos y otros, los iré intercalando cronológicamente en el espacio tiempo que se necesiten. Hechas estas aclaraciones, empezaré por el primer publicado.


El Tiovivo

Este relato, me fue contado hace unos treinta años por un señor mayor, nos dijo a los presentes que hacía bastantes años.
Entre los presentes estaba el secretario de ayuntamiento de la población, que acababa de llegar destinado allí y yo, sobrino
político del mismo. Siempre creí que era una leyenda urbana, pero el relatante juraba que era verdad. Ninguno de los dos,
ni él ni mi familiar viven ya.
No voy a decir el nombre de la población, pero diré que era de Gerona.
Nos contó el relatante otra historia que ya nombraré cuando llegue a ella.

EL  TIOVIVO

Pedro Fuentes


Esta historia ocurrió allá por mediados de los 50, en un pueblo de unos de unos 1.800 habitantes y que en aquellos tiempos vivía mayoritariamente de la agricultura y se encontraba situado a unos 18 km de una capital de provincias pequeña, omito el nombre para que no sirva de escarnio entre las poblaciones cercanas.
El protagonista de este relato, se llama Anselmo, hijo de un agricultor, sus ideas no eran seguir viviendo toda la vida de un trabajo tan duro y sacrificado, por lo cual por su mente discurrían ideas para montar algún negocio.
Ocurrió que siendo las fiestas de la capital de la provincia, fue allí para divertirse. Dando vueltas por la feria, se paró delante de un tiovivo no muy grande, con sus caballitos que giraban y subían y bajaban al compás de una música llamativa y monótona pero alegre.
Anselmo vio que subían muchas personas, padres con niños, parejas y algún grupo de chicos y chicas.
Casi cada vez el lleno era absoluto, miró el precio, lo multiplicó por las personas que subían, vio que muchos repetían, calculó lo que podían gastar de luz, en fin, preguntó, se informó del fabricante e incluso supo de alguno que se vendía de segunda mano.
Como tenía algunos ahorros pensó que con una financiación, al fin y al cabo, tenía tierras para poder ofrecer garantías, lo consultó con su padre, a éste no le supo muy bien, pero, Anselmo era su único hijo, él ya era mayor y pensó que mejor eso a que cansado del trabajo de agricultor, se marchase, además, si salía mal, quizás el dinero perdido le haría afianzarse más en el trabajo de la tierra.
Anselmo tenía hasta el sitio perfecto, casi al lado de la plaza Mayor, su abuelo les había dejado una casa ruinosa y que tenía el solar lo suficientemente grande para montar su feria particular, tiró lo que quedaba de ruinas, acondicionó el terreno, pidió los permisos y empezó los trámites de la compra del tiovivo, empezaría por uno de segunda mano, que le daban garantías y luego, según cómo fuese, quizás hasta podría ampliar el negocio.
La inauguración iba a ser a principios de Junio y como aquello, para el pueblo era un acontecimiento, Anselmo invitó a  todas “las fuerzas vivas” del lugar, allí estaba el alcalde, el cabo de la guardia civil, el cura, el médico,  la maestra, la hija del farmacéutico, ya que éste está muy mayor y su hija ya ha acabado la carrera y lo va a sustituir al mando de la farmacia.

Eran las cinco de la tarde de un día muy caluroso para el tiempo que estaban, cuando todos ellos se reunieron en el solar que ya no aparecía yermo, una valla verde de madera lo rodeaba, una parte estaba plantada de césped y alrededor, por dentro de la valla, la madre de Anselmo había puesto su toque femenino plantando unas flores. 
Se había acercado al evento casi todo el pueblo, incluso algún vecino del pueblo de al lado, más pequeño pero que tenía una central  eléctrica que daba luz a  varios pueblos del contorno  y del cual dependían para la energía.
Para la inauguración, el alcalde, D. José diría primero unas palabras, luego pasaría D. Francisco el cura a bendecir las instalaciones, después todas las  autoridades subirían a los caballitos y darían unas vueltas, para finalmente el público en general podría subir previo pago de la entrada correspondiente.
Los caballitos tenían alrededor un toldo que bajaba y cubría todo el tiovivo y lo protegía de las inclemencias del tiempo y que estaba echada hasta el discurso del Sr. Alcalde, éste, dirigiéndose a la concurrencia les habló de los años de progreso que esperaban a todas las poblaciones de España, gracias al  Caudillo que dirigía los destinos del país.
Alabó  la actitud emprendedora que había llevado a Anselmo a ser precursor de la industria del pueblo y había abierto la puerta del turismo en aquella magnífica villa que él tenía el placer de dirigir.
Al grito de Viva Franco y arriba España, Anselmo que sujetaba las cuerdas del toldo, tiró de ellas y  lo subió, dejando al descubierto el tiovivo resplandeciente, con unas barras que brillaban con el sol de la tarde y unos caballos de todos los colores.
El señor cura, un orondo personaje de unos cincuenta y cinco años de edad, se acercó al tiovivo, le hizo señas aun monaguillo escuálido de unos 13 años y éste le acercó la estola que se puso encima del alba que ya llevaba, el monaguillo sujetó el acetre con su mano izquierda y le acercó a D. Francisco el hisopo, éste lo cogió, lo introdujo en el recipiente y sacudiéndolo sobre los caballitos dijo: in nomine patri et fili……   cuando hubo terminado, Anselmo pidió a los presentes que se subiesen para dar una vuelta de honor.
D. José, el alcalde, con buen criterio dijo a Anselmo y a los demás invitados:
Yo creo que no es conveniente que subamos, delante de todo el pueblo, me parece que seremos pasto de las risotadas del personal.
Todos asintieron menos el monaguillo que se aferraba al cura y que estaba viendo que iba a perderse lo mejor.
Anselmo, hombre de negocios y de mundo, viendo que se le terminaría el acto en un momento contestó:
No, Sr Alcalde, está todo previsto, como han visto Uds. Hay un  toldo que cubre todo el artilugio, así que cuando ustedes estén en la plataforma, yo bajaré el toldo, suben a los caballitos y cuando hayan dado unas vueltas, cuando bajen, subiremos de nuevo el toldo y haremos que la gente aplauda.
Bueno, si es así, sea por el progreso, dijo el Alcalde y todos asintieron, menos el monaguillo que quería pasar lo más desapercibido posible no fuese a quedarse en tierra.
Todos subieron a la plataforma, bajó el toldo y se subieron a los caballitos, primero el alcalde, luego el sacerdote, a continuación el cabo de la guardia civil, la farmacéutica, a quien gustaba el médico, joven, recién llegado al pueblo, se subió delante de él tomando pose de experta amazona, después se montó la joven maestra, también recién llegada y en su primer año en el cargo, subió luego el monaguillo, con los bártulos de la bendición y procurando que no se le viese.
A la voz de adelante, dicha por el cabo, que ya había visto al monaguillo y al que estuvo a punto de descabalgar pero no le dio tiempo, el tiovivo se puso en marcha.
Había dado el artilugio siete vueltas, cuando Anselmo oyó la débil voz del alcalde que decía:
 ¡Anselmo!, ¡ya vale!  
Anselmo, presto a obedecer la orden, se acercó a la palanca del freno, quizás por los nervios, a lo peor por una mala instalación, se quedó con el hierro en las manos y aquello no frenó, se dirigió a donde estaba el interruptor general y no lo encontró, eso fue porque con las prisas del montaje y por falta de luz habían hecho un tendido provisional y directo.
Nadie había para dar órdenes, las personas que lo habrían podido hacer estaban todas atrapadas en un aparato que a falta de freno, la inercia iba acelerando.
Ya llevaban como unas treinta vueltas cuando se oyó al cura que gritaba “¡por Dios!, ¡que paren esto!”.  A la vuelta cuarenta el Guardia Civil gritó:
¡¡Paren esto o fusilo a alguien!!.
Anselmo, desesperado, sudando, manchado de grasa, no sabía qué hacer, a punto del llanto oyó a su padre que le dijo:
 Coge el Land Rover y vete a la central y que corten la luz.
Anselmo una vez más se tuvo que rendir a la sabiduría de su padre. Cogió el coche  y salió a lo que daba de sí. Pasaban de las cien vueltas cuando llegó a dar la orden de corte de energía eléctrica, luego, a la misma velocidad, bajó para poder subir la lona.
Cuando al fin izó el toldo, el espectáculo fue dantesco.
 El Sr. Alcalde estaba a los pies de su caballito vomitando.
El cura se encontraba arrodillado sobre los talones, detrás de su caballo, rezando y llorando. El cabo se mantenía erguido sujetándose a la barra de su caballo, en sus pantalones se notaba que sus esfínteres no le obedecían.
El médico, bastante desmejorado,  arrodillado al lado de la farmacéutica, que estaba tendida y desmayada, le daba aire. La maestra, fiel a su magisterio, se había abrazado al  caballo, estaba medio inconsciente, pero enseñando todo su muslamen, por cierto digno de ver.
 El único jinete que se encontraba erguido era Ricardito el monaguillo que se estaba echando un trago largo de agua bendita.
El pueblo, pese a los años pasados sigue riendo. Anselmo no ha vuelto de Alemania ni de vacaciones, la farmacéutica se casó con el médico, al cura lo enviaron a otro pueblo, el cabo solicitó traslado, el alcalde se retiró de la política y vive de las rentas, la maestra se casó con un rico terrateniente del pueblo de al lado. Ricardito se fue a Madrid a estudiar y no se sabe gran cosa de él.                                                       
FIN


jueves, 18 de junio de 2015

EL DESENLACE DE ENTRE FANTASMAS

Bueno, ya estoy de vuelta, he estado unos días fuera investigando datos que me faltaban para una historia que próximamente publicaré, es un relato que comienza a finales del siglo XIX y termina en nuestros días, es una historia interesante y real como la vida misma.

Pero hasta entonces hoy publico el último capítulo de "ENTRE FANTASMAS".

La semana que viene empezaré a publicar relatos por orden más o menos cronológicos pero contando qué me inspiró y qué hay de realidad y de fantasía, se llamará genéricamente "YO CONFIESO" e intentaré añadir fotografías.

Y  ahora.....................

ENTRE FANTASMAS
Pedro Fuentes

Capítulo VI

A la mañana siguiente, nada más levantarme llamé de nuevo a Lucía le dejé un nuevo mensaje: Lucía, por favor, dime algo, estoy preocupado, luego pasaré por tu casa, porque tengo que salir.
Lo primero que hice fue ir a lavar el coche por si quedaba alguna mancha de polvo y barro de los caminos del día anterior, luego me fui a una gran superficie a comprar y llegué a casa como hacía una vez por semana. Después de descargar el coche me fui andando hasta la casa de Lucía, llamé por el portero automático, Me respondió Conchita que estaba limpiando, al día siguiente vendría a limpiar a mi casa.
Conchita, ¿Está Lucía?
No, no está, ha debido salir muy temprano porque no la he visto.
¿No ha dejado ninguna nota? Ayer por la noche le dejé un mensaje y no me ha contestado, esta mañana le he vuelto a llamar y tampoco ha respondido.
No, no ha dejado nada, además, me fijado que la cama estaba hecha, no ha parecido dormir aquí, pensé que estaba con usted.
No, no la he visto desde anteayer, ayer tenía que ir por la mañana a la agencia de viajes y no he sabido nada más de ella.
Encima de la mesa hay un sobre grande de una agencia de viajes, pero no hay ninguna nota.
Volví a casa y llamé a su hermano, no sabía nada y no había tenido noticias de ella desde hacía por lo menos quince días.
Esperé cuarenta y ocho horas y entonces fui a la policía, me comunicaron que no podían hacer nada, que era una persona mayor de edad y no había nada que hiciese sospechar que la marcha fuese forzada.
Pasaron las Navidades y el año nuevo y nada se supo. A primeros de Febrero vino su hermano, estuvo hablando con la policía, puso una denuncia, le pidió las llaves del piso a Conchita y se hizo cargo de todo. Habló conmigo, le conté lo mismo que a todos.
A los pocos días vino la policía, me preguntó por mi relación con Lucía, le conté lo de la amistad que había habido entre los dos matrimonios y la que había seguido después de enviudar ambos, le conté que habíamos tenido alguna salida al cine y a cenar o comer y que teníamos previsto irnos de vacaciones juntos, pero había desaparecido unos días antes y que yo mismo anulé las reservas el día de antes, con lo cual perdimos casi todo el importe del viaje, en un sobre, en mi despacho estaba el importe que correspondía a Lucía.
Era en Mayo cuando unos excursionistas se encontraron unos restos humanos en las ruinas de la iglesia templaria, el rigor del invierno, que llovió muchísimo y las alimañas del bosque habían hecho su labor, no se pudo completar ni medio esqueleto, pese a eso, llamaron a la familia por si podían recordar algo sobre alguna cicatriz o dentaduras postizas. La policía descubrió por el hermano de Lucía la habitación del macho cabrío. Inmediatamente todo se convirtió en un crimen satánico y se dejó el caso por si más adelante se podía descubrir algo.
Nunca se resolvió el caso, lo escribí todo, lo metí en mi caja fuerte con una nota diciendo que se abriese el sobre y se leyese a mi muerte.
Si alguna vez este escrito cae en manos de alguien, será que ya he muerto y que se sabrá mi venganza por lo que Lucía me hizo sufrir.
FIN



viernes, 5 de junio de 2015

ENTRE FANTASMAS Capítulo V


Un capítulo más que parece que nos va llevando a un desenlaceaterrador, ¿Qué nos depara esta historia repleta de sobresaltos?

ENTRE FANTASMAS
Pedro Fuentes
Capítulo  V
Pasaron cuatro semanas, las salidas al cine y a cenar con Lucía, cada vez se hicieron más a menudo, aquella tarde habíamos quedado porque quería comprarse un vestido y quería que le dijese como le quedaba.
Después de recorrer varias tiendas, terminó comprándose un conjunto de falda y blusa a juego que verdaderamente le quedaba muy bien, era de unos tonos pastel, pero a la vez alegre y que le realzaban sus encantos personales.
Estoy cansada de andar, ¿por qué no vamos a mi casa, preparo algo para cenar y nos quedamos allí a charlar? Me dijo.
Bueno, la verdad es que yo también estoy un poco cansado, casi perdonaría la cena por no andar.
Entramos en su casa, como tantas veces había ido siempre, tanto su casa como la mía eran viviendas habituales y casi comunes cuando vivíamos los cuatro.
En la nevera tengo un vino blanco buenísimo, abre la botella y pon dos copas mientras me cambio. Me dijo.
No hacía falta nada más, sabía dónde estaba todo, abre botellas, copas, cubitera, salva manteles, en fin, todo.
Cuando Lucía entró en el salón, venía con una bandeja con pan tostado, pan normal, patés, queso, jamón, y pastas saladas. Nos sentamos en el sofá, el uno junto al otro y nos pusimos a picar mientras charlábamos animadamente, cuando acabamos con las viandas también se terminó el vino, Lucía se había descalzado y se sentó a medias sobre su pierna izquierda, cuya rodilla me rozaba la mía derecha.
¿Quieres un whisky con hielo?
Si, le contesté, pero poco whisky y mucho hielo, he bebido mucho ya. Le contesté.
Volvió con los vasos y se sentó a mi lado, más cerca e los que estaba antes, nuestros muslos se tocaban, su falda se quedó bastante corta y un botón de la blusa desabrochado dejaba entrever un sujetador negro de copa que cubría lo justo de sus pechos, me ofreció un vaso y brindamos, bebimos un sorbo y me besó, ese fue el comienzo de una larga noche, en todo momento me sentí seducido, comprendí que todo aquello estaba preparado, pero el caso es que no me acordé de mi mujer, no creía que eso fuese posible.
Los encuentros se repitieron, Lucía tenía perfectamente calculada cada cita, siempre en su casa, yo me quedaba toda la noche y luego marchaba a mi piso, donde seguía con mi rutina hasta el encuentro siguiente.
Faltaba poco para Navidad y decidimos marchar a Canarias para pasar diez días y celebrar las fiestas allí. Unos días antes, después de un encuentro en su casa, cuando desperté, vi que no estaba a mi lado en la cama, pensé que estaría en la ducha o en la cocina, pero el piso estaba en completo silencio, en la mesa del comedor una nota me decía que había ido a la agencia de viajes a recoger los billetes, así que me duché, me arreglé y cuando ya me iba para casa, vi una habitación cerrada, la verdad es que nunca había visto aquella puerta abierta, intenté abrir la puerta y noté que estaba cerrada por dentro, el pestillo estaba puesto y cerrada de un tirón, busqué un palillo, lo metí por el pequeño agujero del pomo e hice saltar el muelle, con lo que la puerta se abrió, volví a cerrar el pestillo con la puerta abierta y me preparé para dejarlo todo a punto para cerrar si era sorprendido. La habitación estaba totalmente a oscuras, palpé la pared para encontrar el interruptor de la luz y encendí, un repelús recorrió mi columna vertebral, aquello parecía una capilla, pero en lo alto del ara, había la imagen de un macho cabrío a dos patas, todo estaba lleno de signos demoniacos, en un rincón había dos muñecos de unos diez centímetros de altura, hechos en cera que representaban a Lucía y a mí, cogidos de la mano. En un rincón, en el suelo se encontraba una caja llena con cinco o seis muñecos más pero descabezados y seccionados los brazos y las piernas, me pareció ver en aquellos restos las figuras de Fidel, Rosa Mary y María del Pilar.
¡Dios mío! Grité y aquella habitación pareció agitada por un terremoto, cerré la puerta y salí corriendo.
Llegué a mi casa y me senté en mi sillón del despacho, estaba tiritando, no sé si de frío o de miedo, pese a lo temprano del día y que no había desayunado, cogí un vaso, le puse cuatro dedos de whisky y tomé dos sorbos largos de un tirón, luego me senté de nuevo y me puse a pensar.
Lucía practicaba cultos al diablo, las muertes de mis seres queridos habían sido provocadas por magias negras o vudú, estaba aterrorizado, iría a la policía. No, no podía demostrar nada, las gentes no creen en eso, me harían pasar por loco y si le decía algo a ella, me eliminaría como había hecho con los demás.
Tenía que trazar un plan, había que eliminar a aquella servidora de Satán, de pronto me acordé de algo, había leído de un pueblo abandonado en la provincia de Tarragona donde se decía que había habido dos muertes, una parecía un ritual satánico, la otra no se sabía, además era una zona boscosa donde era posible que habitasen alimañas de todo tipo, así que preparé todo, incluso cogí un cuchillo de grandes dimensiones de cocina y desparejado de los dos juegos que había en casa, preparé ropa vieja y otra mejor por si tuviese que cambiarme, lo llevé todo al coche y lo escondí en una bolsa, luego, a eso de las doce, cuando me llamó Lucía para decirme que ya tenía los billetes, le invité a una excursión, a hacer unas fotos en unas ruinas, a eso de unos tres cuartos de hora donde había habido una iglesia templaria que me gustaría retratar para el libro que estaba preparando.
Le dije que iría al parquin a por el coche y que me esperase en un cruce cerca de su casa para recogerla y que comeríamos por el sitio porque si no la luz no sería buena para las fotos y que se pusiera ropa cómoda y calzado para el campo porque tendríamos que andar un poco.
Bajé a por el coche, lo puse en marcha y salí al encuentro de Lucía.
Llegamos al sitio y bajamos del coche, lo dejé aparcado entre unos matorrales y no se veía desde el camino de tierra, después de pasar un pequeño bosque, aparecieron ante nosotros las ruinas de una edificación que parecía un templo del siglo XIV. Las paredes estaban invadidas por hiedras y zarzas, saqué de una bolsa una cámara Réflex y otra más pequeña, me las colgué al cuello y le día a Lucía para que lo llevase un trípode, en el fondo de la bolsa, envuelto en una toalla vieja estaba el cuchillo.
Mientras le hacía preparar el trípode frente a una pared de las ruinas, cuando estaba de espaldas, le asesté una puñalada en el omóplato izquierdo con toda la fuerza que pude, el cuchillo se hundió más de veinte centímetro, antes de que rodase por el suelo le di dos puñaladas más, una vez muerta, la arrastré hasta un viejo colchón medio quemado que había en el interior del edificio, le quité toda la ropa y cualquier tipo de joya o anillos que pudiese llevar, me limpié con la toalla también el cuchillo, me quité toda la ropa y el calzado que llevaba, manchados de sangre y lo metí en otra bolsa. Empezaba a oscurecer, me dirigí al coche, con un tuvo de goma saqué gasolina del depósito del coche y me dirigí a un camino secundario, con las luces apagadas, a unos cincuenta quilómetros de allí y en un descampado que se había convertido en un basurero incontrolado, hice un montón con toda la ropa y toallas y lo rocié de gasolina, hasta que quedó todo bien empapado, le prendí fuego y marché lo antes posible, di otro rodeo y pasé por Tortosa, ya era de noche y con el viento que hacía, no había nadie por las calles, paré cerca de un puente y tiré el cuchillo al Ebro así como los carretes velados de las cámaras fotográficas.
Llegué a casa y revisé toda la ropa que llevaba por si había manchas de sangre, llamé varias veces al teléfono de Lucía, la segunda vez le dejé un mensaje en el buzón de voz, le dije:
Lucía, ya he llegado, Si llegas antes de las doce, por favor, llámame.
Me duché, me fui al despacho biblioteca y me tomé un par de whiskys.

NOTA.- La semana que viene estoy de viaje, en busca de unos datos necesarios para terminar una historia basada en hechos reales y que me llevará entre otros sitios a Cuba. No sé si podré publicar el último capítulo de "Entre fantasmas" En el supuesto de que no pudiese, lamento demorar una semana más esta intrigante historia.

viernes, 29 de mayo de 2015

ENTRE FANTASMAS IV

¿Qué está pasando? ¿Cuanto tardan los espíritus en abandonar su entorno de la vida real? ¿Vivirán siempre a nuestro alrededor? ¿Están en otra dimensión? ¿Qué nos quieren decir?

Y ahora......................

ENTRE FANTASMAS
Pedro Fuentes
Capítulo IV


Fueron unos días terribles, anduve como sonámbulo un par de semanas, suerte de la ayuda que en todo momento me prestó Lucía, era incapaz de hacer nada, estaba cansado y dormido todo el día.
Le pedí a Lucía que no me protegiese tanto, que tendría que salir adelante solo, no podía estar dependiendo de ella y más cuando parecía que se hubiese trasladado a mi casa, venía a primera hora de la mañana, se iba a media tarde y me dejaba la cena preparada, se encargaba de todo, la casa, la ropa, la comida.
Lucía, por favor, no me puedes proteger tanto, tengo que salir adelante por mi mismo, siempre he sido bastante autosuficiente, mira, a partir de mañana, voy a vivir solo, te juro que si necesito algo te llamaré y lo mismo te digo a ti, si necesitas algo, llámame.
Pareció sentarle mal lo que le dije, así que como ya al día siguiente no vino a casa, me las arreglé para llamarle y pedirle unos consejos y solución a mis dudas con la lavadora, eso suavizó un poco las cosas y quedó más contenta.
Al cabo de una semana, me llamó para decirme que había encontrado una señora para las faenas de la casa, que quizás me pudiera interesar, le dije que sí, pero solamente unas cuatro horas un día a la semana, quedó en que me la traería por la tarde para que la conociese.
A las cuatro de la tarde vino con la señora, Conchita. Era una mujer de más de cincuenta años, un poco gruesa y no muy agraciada, pero parecía saber lo que se hacía, trabajaba en varios sitios y sus referencias eran buenas, incluidas las de Lucía para la que también trabajaba. Quedamos que pasaría por casa los jueves por las mañanas, de nueve a una.
Empecé de nuevo con mis escritos de historia, frecuentaba la biblioteca y de vez en cuando asistía a conferencias.
Un día que había decidido ir al cine, cuando fui a comprar la entrada, me encontré a Lucía que también había decidido ir a aquella película, así que entramos juntos, cuando salimos, ya a las nueve y media de la noche, le dije:
¿Quieres que vayamos a tomar algo a algún sitio?
De acuerdo, ¿qué quieres hacer, una cena en serio o a tomar unas tapas?
Creo que han abierto aquí cerca un sitio nuevo, con una variedad importante de tapas muy elaborada, ¿Quieres que probemos?
De acuerdo, vamos, me cogió del brazo y nos echamos a andar, el sitio estaba a unos quince minutos, la noche era agradable pese a estar en invierno. Llegamos al bar, la verdad es que el sitio estaba bien, las tapas eran apetitosas y la cerveza en su punto.
Volvíamos para su casa y como no hacía frío, aunque nos alejábamos un poco, buscamos el paseo marítimo y fuimos subiendo por él hasta la casa de Lucía. Cuando llegamos me dijo:
Lo he pasado muy bien, ya no me acordaba de cuando salíamos los cuatro, espero que lo repitamos, aunque sea para recordar viejos tiempos.
Llegamos a su casa, abrió el portal, me besó en la mejilla y se marchó.
Me dirigí a mi casa, a 10 minutos de allí, pasé por la puerta del hospital, cuantas veces había estado allí en menos de cuatro meses y cuanta gente había perdido, Fermín, María del Pilar a la que hacía 23 años que no veía y que tuvo que venir al pueblo donde vivo para morir, luego murió mi mujer, dos lágrimas cayeron de mis ojos y mi tristeza apareció de nuevo y encima, esa misma tarde había estado con Lucía, la viuda de mi mejor amigo, en el cine y tomando tapas y lo habíamos pasado bien, a ella no parecía influirle todo lo pasado.
Por mi mente pasaron los sucesos ocurridos en el momento de las tres muertes, simple casualidad, yo no creo en nada de eso, pero fue tan extraño todo, ¿Era real todo lo que me había ocurrido? ¿Lo había soñado? ¿Estaba equivocado y fueron señales? Lo había hablado con Lucía, ella si que decía creer en ello, su comentario fue:
Han venido en espíritu antes de emprender el camino para despedirse de ti, he leído que eso ha pasado muchas veces.
Si, pero se han despedido de mí y no de ti.
Quizás tú sin saberlo ni creer en ello eres más receptivo, tienes una sensibilidad mayor, tendríamos que probar, a lo mejor tienes muchas aptitudes para ser un buen médium, ¿No has tenido nunca la sensación de conocer a una persona o sentir que sabes lo que está pensando alguien que pasa por delante de ti?
Si, pero eso nos pasa a todo el mundo, a veces ves a alguien y no te fijas y luego, lo ves de nuevo y piensas que lo conoces de algo y otras veces crees conocerlo porque se parece a alguien que en algún momento has conocido.
Llegué a casa bastante fastidiado por los recuerdos y pensamientos, vi la luz del buzón de voz del teléfono encendida, cogí el auricular y esperé.
“Tiene un mensaje nuevo. Mensaje número 1, recibido hoy a las 23 horas 10 minutos: Hola, Raúl, quiero que sepas que lo he pasado muy bien contigo, tendremos que repetirlo. Buenas noches”.
Algo se estremeció dentro de mi, no quería pensar lo que aquella llamada significaba, Lucía era la viuda de mi mejor amigo y la amiga de mi difunta esposa, no la había visto nunca como una persona del sexo opuesto que me pudiese interesar, además, el dolor que me había dejado la muerte de Rosa Mary, estaba en mi corazón, no creía que pudiese asociar el placer con el recuerdo de mi esposa, siempre había sido un esposo fiel y ahora me costaría tener relaciones con otra mujer.
Me fui a dormir, pero a la media hora estaba levantado leyendo una novela de ciencia-ficción, nada, no podía dormir, estaba desvelado, los hechos acaecidos en los últimos meses me martilleaban la cabeza, ¿Cómo me cambió la vida placentera que llevaba con lo que se me había venido encima? ¿Era posible que el ser humano tuviese tal capacidad de aguante? ¿Habría terminado todo o todavía podían empeorar las cosas? ¿Y los sentimientos? ¿Quedaba en mi corazón espacio para volver a amar?
Fui a la cocina, me preparé una taza de leche caliente con cacao, cogí unas galletas y me senté en la mesa hasta terminarlo todo, luego me metí en la cama y lentamente me fue entrando un sopor que me hizo quedarme dormido.

viernes, 22 de mayo de 2015

¿AVISAN LOS ESPIRITUS?

Hoy publico el tercer capítulo de este relatos cuyo manuscrito llegó a mis manos sin conocer de dónde vino.

¿Casualidad? ¿Avisos desde el mas allá?¿Somos conscientes de que alguien nos llama?¿Por dónde bagan los espítitus? ¿Están a nuestro alrededor?

Y ahora.................
ENTRE FANTASMAS

Pedro Fuentes

Capítulo III

El día 10 de Noviembre, estaba en una biblioteca pública, cerca de mi casa, donde iba bastante a menudo, por lo menos dos veces por semana, a consultar algún dato que necesitaba para mis trabajos de historia contemporánea, cuando andando por un estrecho pasillo, con estanterías llenas de libros a ambos lados, cuando empezando por un extremo de las filas superiores y luego siguiendo por las demás al llegar al final, pero en dirección contraria, saltaban los libros como si alguien los estuviese empujando con fuerza al pasillo, de tal forma que si llego a permanecer allí hubiese sido enterrado por los libros, algunos de considerable tamaño y peso.
Corrí hacia el final más cercano, hacia la sala donde estaban los pupitres, nadie se movió, nadie parecía sentir el estruendo, me quedé mirando el pasillo y ante mi asombro, los libros volvieron a su posición original. Solamente yo presencié la movida, no quedaba ningún libro fuera de su lugar. Lo primero que pensé fue que me había quedado dormido leyendo y lo había soñado, pero ni estaba en mi pupitre ni tan solo sentado, me encontraba de pie justo a la entrada del pasillo de más de cincuenta metros de largo por dos de ancho. Miré para atrás y vi como el bibliotecario seguía escribiendo en unas fichas, impávido al follón organizado, las personas que había en la sala, desde jóvenes de catorce o quince años, a venerables ancianos, nadie levantó la cabeza ni para verme mover de un lado para el otro. Fui hasta el bibliotecario y le dije:
Se me han caído unos libros en el pasillo.
Me miró por encima de sus gafas de cerca, luego al pasillo y me contestó:
Veo que ya los ha recogido ¿Los ha dejado en su sitio?
Si, perfectamente, ya sabe que me conozco este local casi tan bien como usted.
Me fui a sentarme pero vi que eran las ocho de la tarde y había quedado con Rosa Mary en una cafetería a la vuelta de la manzana, así que me despedí del funcionario, fui a mi mesa, recogí mis cosas, las metí dentro del portafolios, me puse el abrigo y el sombrero y salí del local.
Al dar la segunda vuelta a la esquina, casi enfrente del bar donde había quedado, vi como un montón de gente se arremolinaba, por un lado apareció una ambulancia y un par de motos de la Policía Local permanecían con las respectivas luces azules encendidas, los agentes intentaban apartar al gentío.
Un sudor frío corrió por mi espalda, apreté el paso y terminé corriendo en dirección a los policías, al llegar al primero, al que conocía de vista, le dije:
¡Agente! ¿Qué ha pasado?
Han atropellado a una mujer.
Por favor, ¿Saben quién es? Mi mujer ha quedado conmigo aquí mismo y a las ocho, ¿Puedo ver a la atropellada?
Pase conmigo, de dijo mientras me estiraba por un brazo para poder pasar por el corro de gente, luego levantó la cinta delimitadora y nos acercamos al lugar donde una figura humana yacía oculta por el consabido envoltorio metalizado dorado. Apartó un poco y pude ver la cabeza ensangrentada de Rosa Mary.
¡Dios mío, es ella!
Caí de rodillas frente al cadáver y con las manos en mi cara comencé a llorar.
No sé cuanto tiempo pasó, cuando me vi rodeado por los brazos de Lucía que había llegado y al verme se arrodilló junto a mí y me abrazó.
Fueron unos momentos terribles, luego llegó la ambulancia y dijo que no podía hacer nada hasta que llegase el juez para el levantamiento del cadáver.
Al fin llegó el juez, venía acompañado por dos policías y el secretario que resultó ser el mismo que el de mi visita al anatómico forense con la identificación del cadáver de María del Pilar.
Algo le dijo el secretario al juez, me miró y se acercó a mí y me dijo:
¿Conoce a esta mujer?
Si, es mi esposa.
¿Iba usted con ella cuando ocurrió el accidente?
No, yo estaba en la biblioteca, había quedado con ella a las ocho y salí de allí unos minutos más tarde, cuando llegué aquí todo había pasado, pero no sé lo que ocurrió.
Según algún testigo, los hechos fueron los siguientes:
Un coche avanzaba por la calle a una velocidad correcta, de pronto perdió el control y se subió a la acera, con tan mala fortuna que pilló en su camino a la mujer que ahora yacía muerta, no fue fuerte el atropello, pero al caer había dado con la cabeza en un bordillo de un alcorque donde hay plantado un cerezo rosa ahora pelado por el otoño recién estrenado.
Tanto el conductor, que lloraba en un rincón apenado, como algún testigo, coincidían en el relato del accidente.
El conductor no paraba de decir:
Iba solo en el coche, pendiente de todo, aminoré la velocidad porque sé que hay un paso de peatones, ni tan siquiera oía la radio ni llevaba prisa, de pronto noté como si alguien tirara del volante hacia la derecha, quizás reventó una rueda, tal vez la suspensión se rompió, fue algo extraño, el golpe fue muy pequeño, ni el capó del coche está abollado.
La policía hacía mediciones y comprobaba todo lo que habían dicho el conductor y los testigos.
Al fin se hizo el levantamiento del cadáver y lo llevaron al anatómico forense para hacerle la autopsia.
Yo estaba ido, no sabía qué hacer, Lucía me cogió del brazo y me metió en el bar, allí me pidió una tila y para ella un café, mientras tanto me cogió la mano y me intentaba consolar.
¿Sabes que esta vez también tuve a la misma hora una presencia extraña?
¿Qué te pasó?
Estaba en la biblioteca y se cayeron cientos de libros que luego se pusieron solos en su sitio, pero nadie más lo vio, aunque había bastante gente y el bibliotecario tiene la mesa mirando hacia aquel pasillo.
Después me acompañó a casa, me dio dos valium con un vaso de leche tibia e hizo que me acostara.
Me quedaré aquí mientras tú duermes, por si llaman por teléfono, mientras tanto, antes de meterte en cama haz una lista de a quién tengo que llamar y lo haré por ti.
Los amigos ya los conoces, en cuanto a los familiares te doy el teléfono de su hermano y del mío, diles que avisen a toda la familia, además, toma ésta es la tarjeta del seguro de la funeraria para que des el parte y ellos se encarguen de todo.

viernes, 15 de mayo de 2015

¡FANTASMAS! ¿Nos dicen algo?

¿Cuantas veces nos avisan o visitan fantasmas, o quizás espíritus? ¿Qué nos quieren decir? ¿Es posible que sea más a menudo y no nos enteremos?

Y ahora..................



ENTRE FANTASMAS

Pedro Fuentes

Capítulo II

Cuarenta y cinco días después, estaba sentado delante del televisor cuando en la habitación del fondo de la casa, la de Rosa Mary y mía, se abrió la ventana de golpe, miré por el balcón y no noté que hubiese aire como para hacer corrientes.
¡Rosa Mary!, ¿Qué ha pasado? Nadie me respondió, entonces recordé que había salido con Lucía de compras. Llegué a la habitación y la ventana estaba abierta de par en par, pero la persiana se encontraba bajada, solamente se veían las rendijas entre las lamas separadas.
No puede ser la corriente, no pasa ningún aire por esas rendijas. Sin saber por qué razón miré el reloj despertador de la mesilla de noche, eran las siete y cuarenta y ocho minutos. Cerré la ventana y me fui de nuevo al salón.
Al momento entró mi mujer y Lucía, venían pálidas como la cera, les pregunté:
¿Qué os pasa? Parecéis asustadas.
¿No has oído nada? Me dijo Rosa Mary.
Sí, he oído algo, pero no ha sido ruido, la ventana de la habitación, que estaba cerrada y con la persiana semi bajada, se ha abierto de golpe.
Aquí delante, tres casas más abajo ha habido una explosión, no se sabe de qué, parece que ha sido una bombona de gas, pero ha sido aquí delante, no detrás. Dijo Lucía.
No, aquí delante no he oído nada, tenia la televisión puesta, pero el volumen no estaba tan alto. De todas formas, no he oído nada, solamente he notado como una onda expansiva, pero imposible que abriese la ventana por detrás y sin embargo ésta, que está más cerca no se hubiese enterado.
Voy a bajar a la calle, pare ver qué ha pasado, Dije
Espera, bebemos agua y bajamos contigo, dijo Lucía.
A los tres minutos llegamos a la calle, la policía había acordonado la zona, una casa, el último piso de una casa de cinco alturas, estaba reventado, de la cocina solamente quedaba la mitad de dentro, lo que era la fachada y ventana estaban en la calle derruidas, la mujer que vivía allí, por la explosión, había muerto, había sido arrojada por el derrumbe producido y yacía en la calle, entre cascotes tapada con una especie de manta dorada, estaban esperando al juez, mientras tanto, los expertos casi aseguraban que era una bombona de gas que había explotado.
Se oían comentarios de todo tipo, los que más hablaban y hacían conjeturas eran los recién llegados.
Uno de los habitantes de la casa, de un piso inferior, que había corrido al oír el ruido, como lo conocía de haber hablado con él alguna vez le pregunté:
¿Se sabe que ha pasado?
Oficialmente no, pero a las siete cuarenta y cinco, lo sé porque estaba sonando el reloj carillón que tengo en el salón, se ha oído un estruendo, luego el ruido de los cascotes y demás que llegaban a la calle, me asomé a la ventana y vi a la muerta en la calle, parecía chamuscada por todo el cuerpo, salí corriendo y aquí estoy, que no podemos entrar hasta que vengan los técnico por si hay peligro de derrumbe.
Lo que pasó en casa, le dije a Rosa Mary y Lucía, ocurrió justo a la misma hora, debió ser un efecto extraño de la onda expansiva, le preguntaremos a los vecinos de aquí y de casa a ver si alguien más lo sintió.
Nosotras estábamos en la tienda que hay cinco casas más abajo y nos enteramos porque una clienta entró corriendo y gritando, estaba un poco más cerca y lo vio todo, incluso cómo salía despedida la mujer, pero no sentimos sino un ruido, no muy fuerte, pero nos pareció cualquier otra cosa, como cuando descargan el contenedor de vidrio. Comentó Rosa Mary mientras Lucía asentía.
El día siguientes, por la mañana, llamaron a mi puerta, un policía preguntaba por mí.
¿Don Raúl Fernández?
Sí, yo soy, ¿qué desea?
Traigo una citación judicial para que me acompañe, tiene que identificar el cadáver de la vecina suya que ayer falleció en la explosión.
¿Yo? ¿Por qué?, si yo no la conocía, me parece que solamente la he visto una vez y por la calle.
Bueno, eso se lo tendrá que decir al secretario del juzgado cuando vea el cadáver. Ahora, ruego me acompañe, un coche nos espera en la calle, luego le devolveremos a su casa, es un puro formulismo, al parecer no se ha encontrado documentación que pueda demostrar quién era ella.
Permítame que le deje una nota a mi esposa que ha ido a comprar, para que no se asuste cuando llegue. Dicho esto, tomé un bloc de notas de una mesita del recibidor y le dejé una nota.
“Cariño, he salido a hacer una gestión, ahora vuelvo”.
Cogimos el ascensor y bajamos a la calle, donde nos esperaba un coche. Subimos y nos fuimos al Anatómico Forense.
Dos veces he estado en ese sitio y si volviese mil veces, siempre me impresionaría.
Cuando llegamos, un forense y el secretario del juzgado me acompañaron a la sala donde estaba, encima de una mesa de mármol el cadáver boca arriba y tapado con una sábana.
El secretario me dijo:
Le hemos llamado, porque en el bolso de la mujer muerta hemos encontrado un diario en el que en la última página le nombran a usted.
¿A mí?
Si, ¿Es usted don Raúl Fernández?
Si, yo soy, pero hay muchas personas con el mismo nombre.
¿Vive usted en el paseo Marítimo nº 46 – 5º - D?
Si, efectivamente.
Acérquese, me dijo e hizo una seña al forense que destapó la cara de la difunta.
Mírela atentamente, al parecer hace años que no se ven.
La miré fijamente, me fijé en sus facciones, barbilla, orejas, nariz, pelo y de pronto dije:
¡Dios mío!, si es María del Pilar hace por lo menos 20 años que no la veía.
¿Entonces la ha identificado?
Sí, creo que sí, fue una novia que tuve en mis años jóvenes.
Eso es lo que pone en el diario, lea, me dijo el secretario:
“Hoy le he visto, menuda sorpresa, resulta que me traslado y tengo por vecino a Raúl Fernández, después de 23 años que me dejó, mi corazón ha dado un vuelco, creo que todavía le quiero. He pasado por su lado, casi nos hemos rozado y no me ha conocido, tengo que hablar con él, me abandonó pero yo le sigo queriendo. Hablaré con él e intentaré reconquistarlo”.
Me quedé de piedra, qué pequeño es el mundo y qué grandes las casualidades, otra vez alguien parece anunciarme su muerte. Pensé mientras el secretario rellenó un informe y me preguntó todo lo que supiese de María del Pilar. Le di todos los que recordaba y luego me acompañó a la salida donde me esperaba el guardia con el coche, montamos y me llevó de nuevo a casa.
Cuando llegué, mi mujer me esperaba nerviosa, alguien le había dicho que iba acompañado de un policía.
Le conté todo lo sucedido y encima me puso mala cara al saber que había tenido relaciones con otra mujer y que encima vivía a nuestro lado.




miércoles, 6 de mayo de 2015

¿VIVIMOS ENTRE FANTASMAS?

Hola, amigos, he vuelto después de este mes dedicado a vacaciones y recopilación de datos necesarios para poder terminar unos relatos basados en hechos reales,pero antes de poder publicarlos, os cuento el primer capítulo de esta historia que un día me pasaron en un manuscrito anónimo, he buscado e indagado si es real o no, pero no he podido llegar a la verdad, quizás algún lector pueda tener noticias y aclarar mis dudas.

Y ahora...............

ENTRE FANTASMAS

Pedro Fuentes

Capítulo I


Era una noche sofocante de un dieciséis de agosto.
De pronto sentí un chorro de aire frío sobre mi nuca, hombros y parte superior de la espalda, noté una tenue caricia sobre el brazo derecho, algo tan suave como una pluma se deslizó en contacto con mi piel, rápidamente me volví, ante mí, había algo plano, traslúcido y etéreo.
Dado mi escepticismo pronto empecé a dar una explicación lógica a lo vivido. Entre sueños, con el calor que hacía, me había echado sobre la cama, al lado de la ventana y con el torso desnudo, me quedé dormido envuelto en sudor, a eso de las tres se empezó a desencadenar una típica tormenta de verano, cambió el viento y una racha de aire frio, acompañada de la brisa húmeda del mar entró por la ventana abierta del piso en el paseo Marítimo, con la fuerza de la racha, la cortina, de diseño, de translúcidos colores se desplazó sobre mi espalda, rozándome suavemente. Abrí los ojos y las luces del paseo, a través de la transparente cortina color crema y pintada a mano con círculos dispersos e irregulares, me hicieron ver lo que no había.
Tengo por costumbre cuando me despierto por la noche, mirar el reloj despertador y ver a qué hora me despierto, eran las tres y trece minutos, ajusté un poco la ventana para evitar el aire frío de la tormenta y un poco destemplado, me envolví en la sábana y me quedé dormido.
A las ocho de la mañana sonó insistentemente el teléfono, lo cogí y conocí la voz de Lucía, la mujer de Fermín, mis mejores amigos.
¡Federico! Me dijo, Fermín ha muerto esta noche.
¡Cómo! ¿Qué dices? No puede ser, ¿Cómo ha sido?
Anoche, después de cenar, cuando estábamos viendo la tele, empezó a sentirse mal, como no se le pasaba y sabes que tenemos aquí, al lado el hospital, fuimos a urgencias porque decía que no quería meterse en la cama así.
Resultó ser un ataque de miocardio, le volvió a repetir y a eso de las tres y diez falleció. Intentaron todo, pero fue imposible.
No te he llamado antes porque ya no se podía hacer nada, pero ahora no sé ni qué hacer ni a quién recurrir y como sabes que no tenemos familia en la ciudad, te quiero pedir que me eches una mano.
Ahora mismo voy, Lucía, mientras tanto siéntate en algún sillón y mira de relajarte.
Mi mujer, que también se había despertado con el teléfono, al oírme, se sentó en la cama y estaba tapándose la cara con ambas manos y llorando. Cuando me oyó colgar, me dijo:
Me voy contigo, mientras te vistes preparo café y nos vamos.
Así hicimos y en menos de diez minutos salimos a la calle, no tuvimos ni que coger el coche, somos vecinos y en hospital queda entre el piso de ellos y el nuestro, en cinco minutos entramos, preguntamos en recepción y nos enviaron a una habitación habilitada para estos casos antes de que lleguen los servicios funerarios para enviar el cuerpo al tanatorio, ya que en este caso, los médicos habían pensado que no era necesaria la autopsia.
Subimos a la primera planta y enseguida vimos a Lucía, estaba en un sillón, al principio del pasillo, sentada sujetaba su cabeza con las manos y apoyados los codos en las rodillas, su aspecto era lamentable, cuando Rosa Mary la vio, corrió hacia ella y sin dejarla ni levantarse la estrechó entre sus brazos y le acarició la cara y le meció los cabellos. Cuando yo llegué ya estaban levantadas y me uní a las dos en un abrazo.
Fue muy duro, avisamos a su familia y amigos, a los que venían de fuera tuvimos que buscarles alojamiento, salvo a los padres de Fermín y Lucía que se quedaron en su casa, los dos hermanos de ella se vinieron a casa. Arreglamos todos los papeles y preparamos la incineración que se hizo al día siguiente.
Tal como Fermín había dicho siempre, a los dos días, en la embarcación de un amigo fuimos a depositar las cenizas a alta mar.
Mi mujer no se separó de Lucía en ningún momento y la amistad que nos unía se hizo aún mayor.
A los cuatro días, estando en casa, después de cenar le dije a mi mujer:
¿Sabes que la noche que murió Fermín, justo a la misma hora algo me despertó?
Tu sabes que yo no creo en esas cosas, que soy totalmente escéptico en cuestión de apariciones y de fantasmas, pero aquella noche me despertó una corriente de aire frío y me tocó la espalda y el hombro, le eché la culpa al viento y a la cortina, pero cada vez que recuerdo eso y a Fermín, un escalofrío me recorre la espalda y me pone los pelos de punta.
Rosa Mary, mi esposa me contestó:
Yo he leído muchas cosas de eso y ni creo ni dejo de creer, supongo que hay algo después de la muerte, mucha gente dice que han recibido mensajes cuando un ser querido ha muerto, quizás Fermín antes de irse te quiso avisar.
Eso son casualidades de la vida, a veces las casualidades son más numerosas que los hechos, pero preferimos creer cosas más irreales y etéreas, mis sentimientos hacen que al recordar a mi amigo me emocione y quiera creer que lo que fue casualidad fuese el último adiós de Fermín. Además, ¿Por qué iba a despedirse de mí y no de Lucía o de su madre por ejemplo?